La revolución es una App

Contenidos del libro.

La revolución es una App

Cómo la informática redefine a la economía política

Juan Fernández Zaragoza

Julio 2022


La revolución es una App

Cómo la informática redefine a la economía política

Parte 1: Lo que hay que debatir son los sistemas económicos.

Capítulo 1: El socialismo y el capitalismo no son sistemas económicos.

Capítulo 2: Los sistemas económicos son entidades informáticas.

Capítulo 3: Responder al debate es el problema científico más importante.

Parte 2: Los paradigmas políticos de siglos anteriores son obsoletos.

Capítulo 4: El liberalismo ya no sirve.

Capítulo 5: El materialismo dialéctico tampoco.

Capítulo 6: Si podemos decir esto es porque estamos sobre hombros de gigantes.

Parte 3: Podemos reescribir El Capital.

Capítulo 7: El capital es una red social.

Capítulo 8: Por eso se concentra.

Capítulo 9: La historia es la historia de la disputa de redes.

Capítulo 10: Podemos hackear el capital.

Parte 4: La revolución es una app.

Capítulo 11: Cambiar de perspectiva es revolucionario.

Capítulo 12: Es suficiente que los movimientos sociales escalen como startups.

Capítulo 13: Podemos empezar ya mismo.


Índice

Capítulo 1: El socialismo y el capitalismo no son sistemas económicos        7

El socialismo y el capitalismo son propiedades de los sistemas económicos        7

Qué son los sistemas económicos        7

Los sistemas económicos y sus propiedades        8

La economía política        10

La realpolitik        13

Cómo podría ser malo el socialismo        14

Cómo podría dejar de ser malo el socialismo para quien creía que lo era        16

Nuestra tarea        18

Capítulo 2: Los sistemas económicos son entidades informáticas        20

Mercado liberal        20

El buen funcionamiento de un sistema económico depende del funcionamiento de la sociedad        21

El mercado perfecto        23

Sistema soviético        24

La pregunta sobre la robustez en la economía política        29

Volver a la realpolitik        30

Capítulo 3: Responder al debate es el problema científico más importante        32

El problema bien planteado        33

Es el problema científico más importante del presente        34

La izquierda y la derecha        36

Capítulo 4: El liberalismo ya no sirve        39

El liberalismo ya no sirve        40

Si los sistemas fueran perfectos, serían perfectos        43

La tragedia de los comunes y el colapso ambiental        46

Automatización y mercado        48

Problemas sistémicos        49

Retroalimentación positiva de diferencias de poder        50

Tenemos un problema a resolver        51

Capítulo 5: El materialismo dialéctico tampoco        52

Una revolución copernicana        52

De qué se trata el materialismo dialéctico        54

La economía se puede modelar con dos clases        55

Este modelo es predictivo de la cultura        60

Intereses irreconciliables        60

Interacciones endógenas        61

Emergencia de la cultura        64

Este modelo es predictivo de la historia        67

El materialismo dialéctico no permite diseñar sistemas económicos        68

El materialismo dialéctico no permite diseñar sistemas políticos        69

Lo que hace al autoritarismo es la falta de robustez de los modelos        69

El materialismo dialéctico llevó al sistema soviético        71

El sistema soviético es constitutivamente poco robusto        72

El estalinismo estaba en Marx        73

La revolución no se hizo en Alemania        74

El materialismo dialéctico tiene fecha de caducidad        75

Marx no abrazaría el materialismo dialéctico        75

Capítulo 6: Si podemos decir esto es porque estamos sobre hombros de gigantes.        77

La historia del modelado formal tiene tres grandes etapas        77

Todo comenzó con Newton        78

La mecánica estadística y el modelo neoclásico        80

La informática y la complejidad organizada        88

Una buena alternativa        91

Si tiene un modelo predictivo desde abajo, el sistema es robusto        92

La emergencia y la robustez        93

El mercado tiene estructura        94

El socialismo funcionó en escalas pequeñas        95

Iniciativas desde abajo: los movimientos sociales        96

Las redes sociales        98

Los sistemas económicos        99

Hay islas de eficiencia en el mercado        100

Hay empresas sin activos “materiales”        101

Hacia un nuevo marco teórico        102

Capítulo 7: El capital es una red social        105

Formamos redes por no ser perfectamente racionales        105

Las islas de organización explícita en el mercado        106

El efecto de red en la productividad depende de la tecnología de organización        108

El capital es la capacidad de poseer una empresa        115

Capítulo 8: Por eso se concentra        117

Si la tecnología de organización fuera perfecta, la dinámica sería idéntica a la de las plataformas de conectividad        117

Con el desarrollo tecnológico, el capital se concentra        121

Capital privado y relaciones salariales        124

Extensiones al modelo        131

La propiedad privada de las empresas sin activos “materiales”        132

La forma general del usufructo: el liderazgo de redes        133

Este modelo explica mejor la competencia encarnizada entre capitalistas        137

El surgimiento del imperialismo        141

Por qué Marx y Smith vieron lo que vieron        143

Corrimientos hacia la izquierda del punto óptimo de productividad per cápita        144

Hacia un modelo continuo de la historia        146

Capítulo 9: La historia es la historia de la disputa de redes        148

Espartaco son los otros        149

La ecólisis es la forma general de las “revoluciones” económicas        151

Cómo evolucionaron las concepciones de poder        160

Por qué va a desaparecer el dinero        162

El origen networkista del Estado y la civilización        164

El futuro de la economía        165

Regresión salarial        165

Ensilamiento tecnológico        169

Ecólisis futuras        169

Despotismo ilustrado        171

El fin del mercado        171

Capítulo 10: Podemos hackear el capital        175

Cómo salvarnos de Facebook        175

Las revoluciones desde arriba son irrepetibles        177

La trampa de la frontera estatal        178

La trampa de la frontera empresarial        181

Cómo hackear al capital        183

Hackear al capital es la mejor opción que tenemos        186

Capítulo 11: Cambiar de perspectiva es revolucionario        189

La intención debe ser efecto, nunca causa        190

Capítulo 12: Es suficiente que los movimientos sociales escalen como startups        192

Qué hacen las empresas para generar efectos de red        193

Capítulo 13: La revolución empieza hoy mismo (mergear con el 12)        195


Parte I

Lo que hay que debatir son los sistemas económicos


Capítulo 1: El socialismo y el capitalismo no son sistemas económicos

Ni el socialismo ni el capitalismo son sistemas económicos.

Entender por qué no lo son es fundamental para debatir el futuro.

Cuando se planteó la distinción entre capitalismo y socialismo era imposible notar que no son sistemas económicos. En tiempos de los clásicos de la economía política, no existían las herramientas conceptuales y de modelado que permiten hacer esa distinción.

No existía la informática, disciplina cuyo objeto de estudio son los sistemas y sus procesos[1].

Hoy la informática existe, pero se sigue discutiendo entre socialismo y capitalismo.

El socialismo y el capitalismo son propiedades de los sistemas económicos

Así como las flores pueden ser amarillas o rojas, pero ni el amarillo ni el rojo son flores, los sistemas económicos pueden ser capitalistas o socialistas.

Si el mundo fuera gris (a excepción de las flores), y cada especie conocida de flor tuviera un único color, confundiríamos flores y colores.

El día que nace la bioingeniería, la distinción entre flores y colores es más fácil de hacer.

Qué son los sistemas económicos

Los sistemas económicos son soluciones generales al problema económico[2].

Problema económico

El problema económico es: Dada una población, ciertos recursos y cierta tecnología disponible, ¿qué se produce, cómo se produce, y cómo se distribuye lo producido?

Solución general

Una solución general se da en forma de procedimiento capaz de responder varias preguntas de la misma forma.

Por ejemplo:

Para el problema “si yo tengo 20 melones y los quiero repartir equitativamente en 4 cajas, ¿cuántos melones debo meter en cada caja?” la solución particular es: 5 melones.

En cambio, una solución general es el algoritmo de la división, un procedimiento general que soluciona ese problema en cualquier situación particular posible (por ejemplo, para repartir cualquier cantidad de peras en cualquier cantidad de bolsas).

Ejemplos

Algunos ejemplos de sistemas económicos son:

  • Hacer preguntas que se respondan por “sí” o por “no” respecto de qué hacer. Tirar una moneda hasta determinar una respuesta general.
  • Pedirle a una persona o a un grupo de personas que elija absolutamente todo en una asamblea.
  • Dividir los recursos equitativamente entre la población, permitir que cada uno decida qué producir y cómo con su parte y la tecnología disponible. Habilitar el intercambio como medio de distribución.

Los sistemas económicos y sus propiedades

Los procedimientos que responden al problema económico pueden tener distintas propiedades[3]. Por ejemplo, pueden ser más o menos libres, más o menos justos, o más o menos buenos. Esto tiene, por supuesto, cierta carga de subjetividad.

Qué son el socialismo y el capitalismo

“Capitalismo” y “socialismo” son términos que tratan sobre la distribución del poder, especialmente el poder económico. Son términos análogos a “democracia” y “plutocracia” en el ámbito de la política.

Distribución del poder político

Democracia

Demos: Pueblo

Kratos: Poder

Poder en el pueblo.

Plutocracia

Ploutos: Riqueza

Kratos: Poder

Poder según la riqueza.

Distribución del poder económico

Social - ismo: Poder en la sociedad.

Capital - ismo: Poder según el capital.

Esto no necesariamente implica que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas haya sido socialista, así como que la República Popular Democrática de Corea se llame así tampoco implica que Corea del Norte sea democrática.

Por el momento, sólo es importante tener en cuenta que distinguiremos los términos capitalismo de economía de mercado y socialismo de sistema soviético.

De la misma manera, podemos distinguir república representativa constitucional, que es un sistema de gobierno, de la democracia como propiedad de los sistemas de gobierno[4].

Suspendamos el juicio, por un momento, sobre si la economía de mercado es capitalista o si el sistema soviético es socialista.

Volveremos sobre este último punto más adelante.

La economía política

Dicho esto, podemos definir a la economía política como el análisis y la valoración de los sistemas económicos según las propiedades que estos tienen.

Estas propiedades son definidas y asignadas por quienes practican la disciplina, y pueden ser prácticamente infinitas. Más ejemplos de propiedades de sistemas económicos, que podrían tener otras definiciones, son:

  • Libertad vs. sometimiento: Si las personas pueden elegir qué hacer libremente o si alguien lo elige por ellas.
  • Justicia vs. injusticia: Si la distribución de poder económico es merecida o no.
  • Individualista vs. colectivista (una definición posible): Si la población se entiende como totalidad compacta y homogénea o como una suma de individuos diversos y autónomos.
  • Individualista vs. colectivista (otra definición posible): Si la población se analiza como una mera colección de individuos atomizados, o si se comprende su interdependencia.
  • Verde vs. violeta: Si el sistema económico lleva a que la gente use más proporción de ropa verde o más proporción de ropa violeta.

Una propiedad distinguida es la de si los sistemas económicos son buenos o malos. Esta se define de manera indirecta.

Si lo hacemos racionalmente, primero se eligen, priorizan y ponderan cuáles son las propiedades deseables de los sistemas económicos.

Luego, a partir de esa priorización, se clasifican los sistemas económicos en orden de preferencia.

La economía política englobaría, entonces, una serie de problemas:

  1. Definición de propiedades: Cómo definir cada propiedad (“justicia” quiere decir X, “democracia” quiere decir Y, etc).
  2. Valoración de propiedades: Elegir, priorizar y ponderar propiedades deseables (“justicia” y “democracia” son importantes, “socialismo” algo menos, etc).
  3. Asignación de propiedades a sistemas: Qué valor asignar a cada propiedad deseable de cada sistema económico (la economía de mercado es algo capitalista, relativamente democrática, etc).
  4. Valoración de sistemas: Definir qué tan bueno es cada sistema según su valor respecto de cada propiedad (como la economía de mercado es esta cantidad de capitalista, esta cantidad de justa, esta cantidad de X, la considero esta cantidad de buena).

Una vez definidas las propiedades, asignar valores a las propiedades de un sistema es como asignarle un punto en un espacio. Por ejemplo, si un sistema A es muy justo pero poco libre, le podemos asignar el siguiente punto:

Si un sistema B es muy libre pero poco justo, le asignamos el punto siguiente:

Llamamos “espacio de propiedades” al plano[5] cuyos ejes de coordenadas representan a las propiedades deseables de los sistemas económicos. En este espacio, cada punto representa una respuesta a la serie de preguntas ¿qué tan libre es el sistema? ¿qué tan justo es el sistema? (para todas las propiedades deseables).

Notemos que dos sistemas económicos distintos pueden tener las mismas propiedades. En otras palabras, dos procedimientos distintos que resuelven el problema económico pueden ser considerados igualmente libres, igualmente justos, etc. Por este motivo, dos sistemas distintos pueden compartir un punto en el espacio de propiedades.

Una vez asignados los puntos en el espacio, la valoración de los sistemas se hace a partir de la priorización entre propiedades establecida.

Por ejemplo, si valoramos el socialismo y las libertades individuales, estas serán nuestras propiedades deseables. Una vez establecida una priorización entre las mismas, tendremos puntos distintos en el espacio de propiedades que serán considerados igualmente buenos.

Por ejemplo, si yo le doy exactamente el mismo valor a las libertades individuales que al socialismo, voy a considerar igualmente buenos a:

  1. Un sistema con muchas libertades individuales y poco socialismo.
  2. Un sistema con valores intermedios de libertades individuales y socialismo.
  3. Un sistema con mucho socialismo y pocas libertades individuales.

Estos tres casos se encuentran en una misma línea recta. Como le doy igual importancia a las libertades individuales y al socialismo, cualquier sistema que se encuentre en dicha recta me parecerá igualmente bueno. Cualquiera que esté a su derecha me parecerá mejor, y cualquiera que esté a su izquierda me parecerá peor.

Las líneas de este tipo se llaman curvas de indiferencia. Las curvas de indiferencia son un modo usual de representar la priorización entre propiedades deseables.

Todos los puntos del espacio de propiedades pertenecen a alguna curva de indiferencia:

En general, se suele valorar más una propiedad cuanto menos presente está. Por ejemplo, si el mundo carece absolutamente de libertades individuales y es absolutamente socialista, entonces vamos a valorar más a las libertades individuales que al socialismo y viceversa.

Esto hace que, en general, las curvas de indiferencia sean convexas hacia el origen:

Recordemos que las curvas de indiferencia significan lo siguiente: todos los puntos que se encuentran sobre una misma curva nos parecen igualmente buenos. Asimismo, todos los puntos que se encuentren por encima nos parecen estrictamente mejores que los de la curva, y todos los puntos que se encuentren por debajo nos parecen estrictamente peores.

La realpolitik

No todos los sistemas económicos posibles existen en la realidad.

Por ejemplo, jamás existió el sistema económico que consiste en responder a qué hacer dividiéndolo en preguntas de sí o no y tirando una moneda muchas veces.

Además, por diversos motivos, algunos sistemas económicos pueden ser más difíciles de implementar sobre la sociedad humana que otros.

Por lo tanto, es posible que no tengamos la opción de llevar a la práctica nuestros sistemas económicos favoritos.

Los sistemas económicos implementables para una sociedad en un estado tecnológico particular son menos que los concebibles, o en otras palabras, los que pueden describirse formalmente. Esto es porque los procedimientos económicos tratan con las personas, los recursos y la tecnología existente, que tienen sus modos propios de funcionar. Por ejemplo, no se puede pedir a las personas que vuelen ni a los recursos que sean infinitos.

De manera análoga, existen un montón de algoritmos conocidos y caracterizados formalmente, pero a los niños se les suele enseñar sólo los algoritmos de la suma, la resta y la división. Esto es porque los niños ya existen y tienen su propio funcionamiento, que hace difícil que implementen todos los procedimientos que se pueden definir formalmente, como el cálculo de una derivada o una integral.

La realpolitik es el análisis de la economía política a la luz de la implementabilidad, es decir, el análisis de qué sistemas económicos son implementables en un momento dado, qué tan factible es llevar a cabo el cambio entre sistemas, y la consideración de esas respuestas, además de la economía política, a la hora de elegir qué sistema económico implementar.

Cómo podría ser malo el socialismo

La definición de socialismo que dimos aquí parece tramposa. Si socialismo es la propiedad de que el poder económico sea equitativo ¿Quién sería capaz de decir que no es deseable? ¿Cómo podría ser algo malo?

La definición no es tramposa, pero incluso dicho así, tiene sentido que haya gente que honestamente considere que el socialismo es malo.

Esto es por el motivo siguiente:

Un sistema económico, como procedimiento que lleva a cabo una sociedad, es una entidad dinámica y compleja.

Esto puede hacer que haya interdependencias y restricciones entre distintas variables, y por lo tanto, que no para todo punto del espacio de propiedades exista un sistema (por ejemplo, que no exista ningún sistema que sea a la vez muy justo, muy libre, muy socialista y muy individualista).

De esta manera, puede darse que el buen rendimiento en algunas propiedades deseables implique el mal rendimiento en otras.

Por ejemplo: tanto la productividad de un sistema económico como el cuidado del medio ambiente son propiedades deseables. Ahora bien, por cómo funciona la producción y los ecosistemas, hay niveles de productividad que son inalcanzables sin dañar el medio ambiente, porque los recursos naturales de la tierra son finitos. En ciertos casos, aumentar la productividad implica disminuir el cuidado del medio ambiente.

En casos así, es posible considerar extrínsecamente mala a una propiedad deseable que implique el mal rendimiento de otras propiedades deseables más prioritarias.

Así podría ser malo el socialismo. Si se diera que:

  • Valoramos el socialismo y las libertades individuales,
  • Estas últimas nos parecen más importantes que el socialismo, y
  • En la práctica, todos los sistemas socialistas llevaran al sometimiento individual,

entonces podríamos llegar a considerar que el socialismo es extrínsecamente malo.

Existe una distinción más sutil: si se diera que no todos los sistemas socialistas concebibles llevaran al sometimiento individual, pero sí los implementables, podríamos considerar: el socialismo es bueno en la teoría, pero malo en la práctica.

Por otra parte, si consideramos que la economía de mercado es el mejor sistema económico, por llevar la mejor combinación de propiedades deseables que se pueda implementar, y si además consideráramos que la economía de mercado es capitalista, podríamos afirmarnos capitalistas de manera extrínseca. No necesariamente porque no queramos que el poder económico sea equitativo, sino porque creemos que la mejor combinación de propiedades deseables se encuentra en la economía de mercado.

Observemos que muchos defensores de la economía de mercado preferirían no usar el término capitalismo, que fue acuñado, precisamente, por los opositores de la misma.

Cómo podría dejar de ser malo el socialismo para quien creía que lo era

Así como no se conocen todos los algoritmos matemáticos, no se conocen todos los procedimientos que resolverían el problema económico.

Hay más sistemas económicos que la suma total de los segundos vividos por seres humanos.

De todos estos, muchos son insólitos.

Otros, meramente impracticables.

Otros eran impracticables y ya no. Por ejemplo, responder a un millón de preguntas de “sí” o “no” de manera aleatoria tomaba mucho tiempo antes de que existieran las computadoras. Hoy se puede hacer de manera prácticamente inmediata.

Tenemos, entonces, la siguiente clasificación de los sistemas económicos:

Recordemos las condiciones que harían al socialismo algo extrínsecamente malo y hagamos algunas observaciones:

  1. Nadie es capaz de afirmar que, de todos los sistemas económicos concebibles, no existe ninguno que sea estrictamente mejor que el actual (para cualquier postura plausible en economía política).
  2. En principio, pueden existir sistemas que antes no eran implementables, que ahora sí lo sean, y que sean estrictamente mejores que el actual.
  3. Quizás, alguno de estos sistemas sí permite que sean compatibles el socialismo y las libertades individuales. Para el ejemplo antes mencionado, esto implicaría que el socialismo deje de ser malo.

Todo el razonamiento que hemos llevado a cabo sobre el socialismo vale también de manera inversa, es decir, con foco puesto en las libertades individuales en relación al socialismo. Aunque son menos en número, hay personas que consideran que las libertades individuales son extrínsecamente malas, por parecer incompatibles con el socialismo.

Nuestra tarea

El conjunto de sistemas económicos es vasto, y está inexplorado.

La implementabilidad de los sistemas económicos depende, en parte, de la tecnología disponible. Incluso después de haber descubierto un sistema (a nivel formal), puede ser necesario desarrollar nueva tecnología para implementarlo.

Esto implica que las conclusiones de la economía política deben ser revisadas constantemente, de acuerdo a las posibilidades y conocimientos de cada época.

Al comienzo de este capítulo, describimos un mundo gris en que nadie distinguía entre flores y colores hasta que surgió la bioingeniería. Además, no era posible hablar de flores o colores más que a partir de las flores coloridas que se podían encontrar naturalmente.

Antes de la bioingeniería, sólo existían las flores rojas, azules y amarillas. Aunque para nosotros, que sí distinguimos entre flores y colores, todos los colores primarios son bonitos, para ellos el rojo implicaba la falta de azul y el azul implicaba la falta de rojo.

Obligados a elegir, quienes priorizaban el azul al rojo consideraban que el rojo era feo y viceversa. Esta valoración era extrínseca, no intrínseca, pero con la costumbre no es tan fácil distinguir la diferencia.

Después de surgir la bioingeniería, las flores pudieron diseñarse. A partir de ese momento, ya no fue necesario elegir entre rojo y azul: era posible tener rojo y azul al mismo tiempo en una flor violeta.

Después de la bioingeniería, notaron que lo que creían que era una discusión entre el azul y el rojo era, en realidad, una discusión entre la flor azul y la flor roja a las que se habían acostumbrado. Ahora podían diseñarse nuevas flores.

La discusión acérrima entre los colores rojo y azul pasaba a ser inconducente.

Ahora había una serie de problemas a resolver en conjunto: ¿qué nuevas combinaciones de colores podían darse? ¿qué había que hacer para llevarlas a cabo? ¿cuáles eran implementables sólo en la teoría, y cuáles en la práctica? ¿qué significa que algo pueda ser implementado en la teoría y no en la práctica? ¿con qué métodos se puede analizar la plétora de preguntas incipientes? ¿cómo colaborar y aprender de quienes antes eran oponentes?

Hoy, discutir entre capitalismo y socialismo es encontrarse en el mundo gris, con el manual de bioingeniería bajo el brazo, debatiendo entre colores primarios.

Ni el socialismo ni el capitalismo son sistemas económicos.

Los sistemas económicos son los procedimientos que responden al problema económico, y tenemos una disciplina que estudia formalmente a los procedimientos: la informática.

Es una herramienta que no existía cuando empezó la discusión entre sistemas económicos, pero ahora sí. La informática redefine la economía política.

Hasta que surgió la informática, no teníamos siquiera las herramientas para plantear esta línea de investigación.

Estamos frente a un océano inexplorado, y hasta navegarlo, toda discusión del pasado es fútil.

Tenemos una serie de problemas a resolver en conjunto.


Capítulo 2: Los sistemas económicos son entidades informáticas

Dijimos que los sistemas económicos son procedimientos que responden al problema económico: dada una población, ciertos recursos y cierta tecnología, ¿qué producir? ¿cómo producirlo? ¿cómo distribuir lo producido?

Como los sistemas económicos son procedimientos, son (por definición) entidades informáticas[6]. Aunque decir que son entidades informáticas es sinónimo de decir que son procedimientos, el uso del término “informática” nos recuerda que hoy tenemos una serie de herramientas conceptuales para analizar los sistemas económicos con las que antes no contábamos.

En el capítulo anterior notamos que “capitalismo” no era sinónimo de “economía de mercado”, y que “socialismo” no era sinónimo de “sistema soviético”. Mientras que los primeros son propiedades, los segundos son sistemas.

Veamos de qué se tratan los sistemas económicos, es decir, los procedimientos que responden al problema económico. Presentemos dos procedimientos, a los que llamaremos “mercado liberal” y “sistema soviético’”.

Mercado liberal

El procedimiento al que llamamos “mercado liberal” es el siguiente[7]:

Para comenzar, hace falta:

  1. Tener los recursos divididos entre las personas.
  2. Tener un medio de intercambio indirecto determinado (dinero).
  3. Tener asignada una cantidad de dinero inicial para cada individuo.

Luego, el sistema evoluciona del siguiente modo[8]:

  1. Cada persona puede trabajar para transformar ciertos recursos en otros.
  2. Si dos personas lo acuerdan, pueden intercambiar parte de los recursos que poseen, o parte de su trabajo, por dinero.

Con este procedimiento, siempre queda definido qué producir, cómo producirlo y cómo distribuirlo.

El buen funcionamiento de un sistema económico depende del funcionamiento de la sociedad

El buen funcionamiento del mercado liberal, como procedimiento, depende a su vez de cómo funciona la población, los recursos y la tecnología.

Recordemos que habíamos distinguido entre soluciones generales y soluciones particulares o efectivas a los problemas. En el caso de la división de melones en cajas, la solución efectiva era “5 melones” y la solución general era el algoritmo de la división.

Dada una solución general, o en otras palabras, un procedimiento (como el algoritmo de la división), la respuesta particular que se da efectivamente en cada situación depende de aquello sobre lo que se aplique el procedimiento (para el algoritmo de la división, depende del dividendo y el divisor).

Los sistemas económicos son soluciones generales, es decir procedimientos. De esta manera, podemos distinguir el sistema económico de la actividad económica efectiva.

El sistema económico es el procedimiento que define qué hacer. Es el análogo del algoritmo de la división. Por ejemplo, el mercado liberal o el sistema soviético.

La actividad económica efectiva es lo se hace efectivamente. Es el análogo a la respuesta particular “5 melones”. Por ejemplo, que se cosechen diez toneladas de trigo, se distribuyan equitativamente, etc.

Dado un sistema económico, la actividad económica efectiva depende de la población, los recursos y la tecnología, del mismo modo que la respuesta dada por el algoritmo de la división depende del dividendo y el divisor. Por ejemplo, la actividad que lleva a cabo una persona no sólo depende de estar inmersa en un contexto de mercado, sino también de lo que ella quiera hacer con su tiempo.

Llamamos “factores extraeconómicos” a la población, los recursos y la tecnología sobre los que se aplica un sistema económico.

La diferencia entre el algoritmo de la división y el sistema económico es que el segundo es un procedimiento constante. No tiene un inicio y un fin, como la división, sino que es un proceso que los factores extraeconómicos llevan a cabo constantemente.

Esto lleva a la siguiente propiedad: Dado un sistema económico, hay una relación de retroalimentación entre la evolución de la actividad económica efectiva y la de los factores extraeconómicos:

  • La actividad económica efectiva depende de los factores extraeconómicos.
  • La actividad económica efectiva afecta a los factores extraeconómicos.

Por ejemplo, a medida que el sistema evoluciona:

  • Qué produce la sociedad depende de cuántos recursos haya.
  • Cuántos recursos hay depende de qué produce la sociedad, y de cómo funcionan los recursos (por ejemplo, los árboles crecen mucho más rápido que lo que tarda en formarse el petróleo).

La evolución de la economía depende, entonces, de cómo interactúa el procedimiento o sistema económico con los factores extraeconómicos.

Que un sistema económico funcione bien, es decir, que mantenga sus propiedades deseables a través del tiempo, depende del funcionamiento de la población, así como de los recursos y la tecnología.

Por lo tanto, para saber si un sistema va a funcionar bien, hace falta tener buenos modelos de cómo funcionan los factores extraeconómicos.

Sin embargo, la sociedad es tan compleja que varias personas afirman que funciona de manera distinta (por ejemplo, que tiene modelos distintos de cómo se darán diversos fenómenos sociales, que hacen predicciones empíricas diferentes). Esto lleva a que parte de los desacuerdos en economía política sean empíricamente resolubles.

Por ejemplo:

Supongamos que la única propiedad económica deseable es la equidad.

Dos personas podrían concordar respecto de qué tan equitativa es cada distribución particular de los recursos y el dinero en un sistema económico. Sin embargo, uno de ellos puede tener un modelo de los factores extraeconómicos que afirma la aplicación de cierto sistema económico llevará a la concentración de poder en pocas manos, y el otro tener un modelo distinto de los mismos, que afirma que la concentración de poder no sucederá. En este caso, estarán en desacuerdo sobre qué tan bueno es el sistema económico, pero su desacuerdo sería empíricamente resoluble.

En resumen, como el funcionamiento de los sistemas económicos depende del funcionamiento de los factores extraeconómicos, la valoración de los sistemas económicos se hace a partir de modelos de cómo funcionan los factores extraeconómicos.[9] 

Todo desacuerdo respecto de cómo funcionan los sistemas económicos (es decir, de predecir cómo el sistema se va a comportar efectivamente) es, en principio, un desacuerdo científico.

El problema es que se trata de desacuerdo científico sobre un sistema complejo, lo cual aún es difícil de tratar[10].

Diremos que las posiciones en economía política tienen un aspecto normativo y un aspecto descriptivo. El aspecto normativo es la definición de propiedades deseables de los sistemas, y el aspecto descriptivo es la explicación de cómo tienden a funcionar y evolucionar los diversos sistemas. Muchas veces, los desacuerdos se dan en la parte descriptiva, y son empíricamente resolubles (considerando que la valoración extrínseca de propiedades deseables se debe, fundamentalmente, al aspecto descriptivo de las posiciones).

El mercado perfecto

Para ciertas personas, el mercado liberal es óptimo, es decir, es el mejor sistema económico posible[11].

Como toda valoración de los sistemas económicos, esto se basa en algunas ideas de cómo funcionan los factores extraeconómicos. En particular, parte de un modelo descriptivo del mercado llamado “modelo de competencia perfecta”.

En dicho modelo, las personas son:

  • Perfectamente racionales.
  • Capaces de atención infinita.
  • Poseedoras de información perfecta.

A su vez, la sociedad funciona de modo tal que:

  • Toda acción es prácticamente inmediata.
  • Las personas son prácticamente infinitas, a tal punto que las diferencias en el reparto inicial de bienes y dinero son insignificantes en relación a la cantidad de bienes y dinero existentes.

Dados estos supuestos, los intercambios entre personas se agregarían naturalmente en las curvas de oferta y demanda, determinando un sistema de precios en equilibrio que garantizaría el funcionamiento eficiente de la economía, de un modo que no tendería a acrecentar injusticias ni concentrar el poder naturalmente.

Por supuesto que las personas no son perfectamente racionales, ni son infinitas, ni tienen información perfecta. Esto es claro incluso para quienes defienden al mercado liberal como el mejor sistema económico posible, pero no es un problema.

Los defensores de la optimalidad del mercado liberal, como cualquier persona que propone un modelo formal de la realidad, reconocen que sus supuestos son idealizaciones. Las idealizaciones son supuestos que no son exactamente ciertos (porque son simples y la realidad es compleja), pero que sin embargo, se parecen mucho a la realidad, como cuando redondeamos números para comunicarlos más fácilmente.

La idea por detrás de una idealización es que pese a que no sean exactamente ciertos, la sociedad funciona como si estos supuestos se dieran. En este caso, quienes usan el modelo de competencia perfecta consideran que el modo en que los individuos interactúan hace que el sistema, a nivel macroscópico, funcione de modo similar a como funcionaría si los supuestos fueran exactamente ciertos.

Idealizar es simplificar una descripción con la conciencia de que por simplificar se cometen algunos errores, y considerar que tales errores serán insignificantes.

Para algunos sistemas, las idealizaciones funcionan bien. Para sistemas caóticos, no. Para los sistemas complejos, algunas idealizaciones funcionan mejor que otras.

Por ejemplo, las idealizaciones sobre las partículas de gas sirven para predecir relativamente bien cómo se va a distribuir el hidrógeno en una habitación.

Sin embargo, las mismas idealizaciones aplicadas a los átomos que componen un pez terminarían prediciendo que estos se dispersarían. Esto no sucede (y si sucediera, sería terrible para el pez).

En el pez, los átomos se agregan en estructuras complejas. En el pez, la idealización de las partículas que lo componen deja de servir.

Analizaremos en detalle las cuestiones de modelado en el capítulo 6.

Sistema soviético

El procedimiento al que llamamos sistema soviético es el siguiente:

Para comenzar, hace falta:

  1. Estructurar la población en un árbol dirigido[12] con un correlato geográfico.

Naturalmente, el punto requiere algo más de explicación.

Pese a que este no es el modo más simple de presentar cómo funciona el sistema soviético, es un modo de entenderlo informáticamente que nos brindará herramientas para efectuar un análisis informático y sistémico del mismo.

Además, la familiaridad con el vocabulario que introduciremos es fundamental para pensar la política actual.

Breve repaso sobre grafos[13]

Un árbol dirigido es un tipo de grafo dirigido.

Los grafos dirigidos son descripciones generales de estructuras, y se componen de puntos, o nodos, y flechas. Los puntos representan cosas, y las flechas representan relaciones dirigidas entre cosas.

Una relación dirigida es una relación que distingue entre sus dos elementos. Por ejemplo, “X ama a Y” no implica que “Y ama a X”, lo cual hace que “amar a” sea una relación dirigida.

En cambio, “X salió a comer con Y” implica que “Y salió a comer con X”. “Salir a comer con” no es una relación dirigida. 

Un árbol dirigido es un grafo dirigido que se forma así:

  1. Se parte de un nodo inicial llamado nodo raíz, 
  2. Todo nuevo nodo se conecta al árbol mediante una sola flecha, que apunta a un nodo que ya forma parte del árbol.
  3. No se añade ninguna otra flecha al árbol.
  4. Los nodos que al final no son apuntados por ninguna flecha se llaman hojas.

Se llama subárbol a cada “recorte” del árbol principal que toma como raíz a alguno de sus nodos:

Notemos que cada subárbol tiene su propio nodo raíz.

De vuelta al sistema soviético

Para la siguiente exposición, es conveniente tener presente la estructura del árbol dirigido.

En el caso del sistema soviético, cada subárbol[14] de personas es llamado soviet. El nodo raíz de cada subárbol es llamado delegado.

El soviet que contiene al nodo raíz del árbol completo (que es, precisamente, el árbol completo) es llamado soviet supremo. Su delegado es llamado delegado general (o secretario general).

Cada uno de los soviets que se forman por un nodo sólo apuntado por hojas es llamado soviet de base. Estos soviets tienen un delegado, pero ninguno de sus miembros es delegado de un soviet más pequeño.

Habíamos dicho que toda la estructura del árbol tiene un correlato geográfico. Esto quiere decir que cada uno de los soviets de base se forma con las personas que pertenecen a un mismo barrio.

Cada soviet representa a la región compuesta por todo su subárbol (es decir, la suma de todos los barrios de los soviets de base que lo componen).

Cada soviet es representado por su delegado.

Para comenzar, entonces, hace falta estructurar a la población en un grafo dirigido con un correlato geográfico.

Luego, el sistema evoluciona del siguiente modo:

  1. Cada soviet lleva a cabo una asamblea para decidir qué hacer, en que participan los delegados de los soviets inmediatamente inferiores en la jerarquía. Lo que sucede en la asamblea depende de lo que sucede en las asambleas de sus soviets inmediatamente inferiores y de lo que sucede en la asamblea del soviet inmediatamente superior.

  1. En un comienzo, la asamblea recibe tareas a llevar a cabo. Estas fueron asignadas por el soviet inmediatamente superior, y son comunicadas a la asamblea por el delegado del soviet que está llevando a cabo la asamblea en cuestión.

  1. Se analizan y evalúan las preferencias y necesidades de los soviets inmediatamente inferiores, que son comunicadas a la asamblea por sus respectivos delegados. Estas se priorizan y compatibilizan con las tareas que fueron asignadas al soviet en cuestión. En función de la compatibilización establecida entre los requisitos del soviet superior y las necesidades de los soviets inferiores, se define qué actividad debe llevar a cabo cada uno de los soviets inferiores (lo que es, en otras palabras, la actividad del soviet que está llevando a cabo la asamblea).

  1. Se transmite la decisión de qué se pretende hacer al soviet inmediatamente superior, y, de existir, la necesidad de intercambiar recursos con otros soviets para llevar a cabo la actividad en cuestión. Este punto vale para todos los soviets menos para el soviet supremo.

  1. Cada soviet lleva a cabo la actividad dispuesta por su asamblea.

De esta manera, el funcionamiento del sistema soviético procesaría la información verbalmente, en asambleas de distintos niveles de jerarquía.

La información se comprime a la vez que se procesa mientras sube en la jerarquía. Cada soviet resuelve lo que puede resolver por sí mismo y eleva las peticiones de ayuda.

Así como el mercado es óptimo dados ciertos supuestos sobre la población, los supuestos sobre las personas para que el sistema soviético sea óptimo son:

  • Que éstas son capaces de abarcar la economía; es decir, que pueden efectuar cálculos que optimicen el rendimiento de la economía.
  • Que éstas son comunicadoras perfectas; es decir, que los delegados son capaces de representar de manera objetiva y no sesgada lo que se discutió en cada soviet.
  • Que éstas son buenas; es decir, que llevan a cabo los cálculos y la comunicación honestamente.
  • Que se pueden conformar; es decir, que el sistema eventualmente se equilibre, o en otras palabras, que eventualmente todos los soviets llevan a cabo la actividad dispuesta por su soviet inmediatamente superior. 

El concepto de abarcabilidad de la economía requiere un análisis más minucioso:

Que las personas sean capaces de abarcar la economía no implica que el secretario general del partido comunista pueda entender y definir cada detalle de la producción, sino que el sistema soviético es capaz de descomponer el problema de manera tal que las distintas personas puedan abarcar la parte que les corresponde de manera adecuada.

Para esto, se asume que cada soviet funciona de manera relativamente autónoma, es decir, que intenta resolver el problema económico para su subárbol, y que las peticiones que hace a otros soviets son efectuadas después de haber procesado al menos una parte de la información.

Si no hubiera relativa autonomía, la información del sistema le llegaría al soviet supremo sin ningún tipo de preprocesamiento. Eso sería abrumador e inabarcable para su asamblea.

Si hay relativa autonomía, el preprocesamiento que se lleva a cabo en cada soviet reduce las opciones de decisión que su soviet superior tiene sobre él. Al reducir lo que se comunica, se omiten minucias que el soviet superior ignorará, y por lo tanto, no podrá tomar decisiones al respecto. Al preprocesar la información, cada soviet fija parte de su actividad y reduce el espacio de decisión que tiene su soviet superior sobre él mismo.

Esto lleva a otro concepto informático, el de modularidad. Decimos que un problema puede modularizarse satisfactoriamente cuando puede resolverse por partes.

Por ejemplo:

  • Encontrar los divisores de un número es fácilmente modularizable. Los divisores del número 48 son los divisores del número 12 y los divisores del 4.

  • Saber si una palabra forma parte de una cadena de caracteres no es fácilmente modularizable. Podemos saber que “ár” forma parte de una cadena de caracteres y que “bol” también, pero eso no nos dice si “árbol” forma parte de la misma o no.

En el caso del sistema soviético, la modularidad absoluta implicaría que el óptimo global de la producción nacional podría encontrarse buscando los óptimos globales de cada región tomada aisladamente, y a su vez, encontrar estos buscando los óptimos globales para las asambleas barriales tomados aisladamente, de manera que ningún delegado tenga que hacer ninguna petición a otros soviets. En definitiva, la modularidad absoluta del sistema soviético implicaría que el óptimo global se podría alcanzar si cada individuo hiciera lo mejor posible con los recursos que tiene a su alcance, sin ningún tipo de interdependencia.

La falta absoluta de modularidad implicaría que sería imposible encontrar buenas soluciones al problema económico sin tomarlo de manera holística e integral. Esto implicaría que preprocesar la información en cada soviet impediría llegar a buenas soluciones, porque

esto se haría sin tener en cuenta que pasa en otros soviets.

Algunos defensores de la economía de mercado argumentaron en favor de la misma presentando los problemas informáticos del sistema soviético. En particular, Hayek y Von Mises atacaron el supuesto de abarcabilidad de la economía[15].

Otros, como Adam Smith, consideraron que el problema económico podía modularizarse mediante el mercado, porque con él, el óptimo social se podía alcanzar si cada persona buscaba su óptimo personal.

Para el caso del mercado, dijimos que los supuestos eran idealizaciones. En el caso soviético sucede lo mismo.

La pregunta principal cuando se tienen supuestos idealizados es cómo afecta al funcionamiento del sistema el hecho de que los supuestos no se cumplan perfectamente.

Esta pregunta es la pregunta sobre la robustez, y vale para todos los sistemas económicos:

¿Cómo varía el rendimiento del sistema según el error de sus supuestos? Si los supuestos se dan de manera casi perfecta, ¿el rendimiento es casi óptimo? ¿o empeora muy rápido con errores pequeños?

La pregunta sobre la robustez en la economía política

Dijimos que la evolución de un sistema económico depende del funcionamiento de los factores extraeconómicos. Cuando se defienden, tratan, analizan o diseñan los sistemas económicos, se hace a partir de un modelo de los factores extraeconómicos. Por la complejidad de la realidad, es prácticamente imposible que estos modelos no idealicen un poco.

La pregunta sobre la robustez de un sistema económico, en economía política, es: ¿cómo varía la bondad del sistema a medida que la población se aleja de los supuestos idealizados?

Decimos que el sistema es robusto si para pequeñas diferencias entre la realidad y sus supuestos idealizados el sistema no empeora significativamente.

Por el contrario, decimos que no es robusto si el sistema se vuelve rápidamente peor frente a tales diferencias.

Una vez modelados tanto los factores extraeconómicos como el sistema económico que se quiere establecer sobre los mismos, el propio modelo puede alterarse para entender qué tan robusto es el sistema. Esto puede hacerse cambiando levemente el modelo de los factores extraeconómicos y observando cómo evolucionaría el sistema económico tras ese cambio. Si el nuevo modelo predice que el sistema será bueno tras dichas modificaciones, puede inferirse que el sistema económico es robusto.

Como veremos, los modelos de sistemas complejos deben ser computacionales. Esto implica que sólo puede analizarse formalmente la robustez de sistemas complejos haciendo uso de computadoras. En otras palabras, el análisis de la robustez de los sistemas económicos es una herramienta nueva para la economía política.

Volver a la realpolitik

Una vez definida la robustez de los sistemas económicos, podemos volver sobre el concepto de realpolitik.

Hemos dicho que la implementabilidad, así como la facilidad de implementar los sistemas económicos depende del funcionamiento de los factores extraeconómicos.

Ahora bien, los modelos de los factores extraeconómicos siempre son idealizaciones.

Entonces, para que un sistema sea implementable en la práctica, su implementabilidad debe ser una propiedad robusta ante el error de modelado de los factores extraeconómicos (siempre existente, porque todo modelo idealiza algo).

Históricamente, la realpolitik observó que ni la economía de mercado liberal ni la economía soviética podían implementarse perfectamente. Entonces buscaron pequeñas variaciones implementables, que eran más robustas ante los errores de sus supuestos.

Un ejemplo de estas variaciones es el Estado.

Una descripción simplificada de cómo funciona el Estado es añadir un paso más al procedimiento de mercado: en cada iteración, todas las personas transfieren una parte del dinero que tienen a una cuenta común. Cada cierta cantidad de tiempo, votan un conjunto de personas para que administre dicha cuenta, es decir, para que determine qué intercambios hacer con el resto de la población desde la cuenta común (que entonces podrá contar con recursos propios y contratar trabajo).

Históricamente, la exploración de sistemas económicos a la luz de su implementabilidad sólo podía llevarse a cabo por prueba y error en la realidad. Por definición, todo procedimiento que existe es implementable. Hay buenos motivos para pensar que es muy difícil implementar un procedimiento que se intenta llevar a cabo varias veces sin éxito.

Como cambiar radicalmente de sistema económico es difícil y costoso, el método de prueba y error sólo pudo explorar pequeñas modificaciones a los dos grandes sistemas económicos conocidos (por ejemplo, distintas actividades del Estado en la economía de mercado, o distintos modos de interacción entre soviets como fue el caso de la NEP de Lenin[16]).

En la sección anterior explicamos cómo el problema de la robustez de los sistemas económicos puede ser analizado formalmente.

La robustez puede (y debe) ser estudiada formalmente si queremos hacer economía política. Es fundamental para entender la bondad de los sistemas económicos, sobre todo si queremos explorar opciones sustancialmente distintas a los sistemas ya conocidos.

La informática y la teoría general de sistemas estudian la robustez de sistemas desde hace décadas.

El estudio formal de la robustez debería dar por tierra expresiones como “funciona bien en teoría pero no en la práctica”. Una buena teoría económica debería ser robusta y basarse en un buen modelo de cómo funciona la población, por lo que no debería tener sentido que algo funcione bien en la teoría y no en la práctica.

Para estudiar formalmente la robustez de sistemas, es necesario apelar a vocabulario sistémico e informático. Esto enriquecerá la economía política y el futuro de la realpolitik.

Recordemos que el conjunto de sistemas económicos es abrumadoramente grande, y que por motivos obvios, no podemos analizar su implementabilidad o robustez por prueba y error.

Por lo tanto, el enfoque y análisis sistémico es fundamental para pensar tanto la economía política como la realpolitik.

Como adelanto de capítulos posteriores, podemos hacer una observación informática. El mercado es un procedimiento distribuido. El sistema soviético, en cambio, es centralizado. En muchos sentidos, los algoritmos distribuidos son más robustos que los centralizados.

La robustez vale para las cosas buenas, pero también para las cosas malas.


Capítulo 3: Responder al debate es el problema científico más importante

Hemos distinguido entre los sistemas económicos y las propiedades de los sistemas económicos. Observamos, además, que el conjunto de sistemas económicos todavía permanece inexplorado.

Notamos que, en principio, podría existir un sistema económico que combine libertades personales y socialismo, y que este podría ser preferible para todo el mundo, incluso para personas que prioricen tales propiedades deseables de manera distinta.

Si creemos que éste existe, y que la investigación proyectada no es inconducente, podemos dejar de lado los desacuerdos sobre qué propiedad importa más y explorar sistemas económicos mejores comprendiendo que ambas son deseables.

La propuesta vale, en principio, para casi cualquier desacuerdo plausible entre cuáles son las propiedades más deseables de un sistema económico.

Dijimos, también, que la respuesta debe ser un sistema implementable y robusto. Tanto la robustez como la implementabilidad del sistema dependen de cómo se modelan los factores extraeconómicos y de cómo se comporta el sistema en cuestión en relación al esperable error de modelado.

Parte del problema de encontrar un mejor sistema económico es empíricamente resoluble, y parte es informáticamente resoluble. Como observaremos en las partes dos y tres de este libro, los sistemas económicos conocidos funcionan tan mal que tenemos buenos motivos para suponer que existe una alternativa mejor desde cualquier valoración plausible de las propiedades económicas.

El principal obstáculo, entonces, no se encuentra en el aspecto subjetivo de cuánto valorar cada propiedad deseable. El principal obstáculo es que hoy existen desacuerdos profundos sobre cómo funciona la población humana. Además, nadie sostiene que su modelo de la humanidad sea absolutamente verdadero, todos reconocen las idealizaciones.

Por este motivo, no es suficiente demostrar que tienen errores de modelado.

La pregunta es cuánto error hay en dichos modelos, y cómo reaccionan los sistemas económicos frente a tales errores. En la segunda parte del libro trataremos estos problemas con mayor detenimiento. Sin embargo, podemos adelantar dos puntos, que serán debidamente justificados en las partes 2 y 3, y que son difíciles de ver al mismo tiempo sin la adopción de un enfoque informático:

  • Los errores en los supuestos que vimos en la economía de mercado son suficientes para que el mercado lleve, en la realidad, a la concentración del poder económico y la destrucción del medio ambiente.
  • Los errores en los supuestos del sistema soviético son suficientes para que el sistema soviético tienda, en la realidad, al autoritarismo.

El problema bien planteado

El primer paso para dar la discusión entre sistemas económicos correctamente es evitar valoraciones extrínsecas de las propiedades deseables de los sistemas económicos.

Para repasar qué quiere decir esto: en el primer capítulo, vimos cómo las restricciones en el espacio de sistemas económicos posibles podrían causar ciertas dependencias entre propiedades.

Por ejemplo, si el sistema soviético es considerado socialista pero no libre y el sistema de mercado es considerado libre y capitalista, y además estos son los únicos sistemas posibles, entonces se puede decir que el socialismo causa el sometimiento y que defender las libertades personales es capitalista.

Esto llevaría, por ejemplo, a que las personas que defienden las libertades individuales se opongan al socialismo, por asociarlo al autoritarismo.

Como la informática abrió el espacio de búsqueda de sistemas económicos, el primer paso para pensar el futuro es despojarse de las valoraciones extrínsecas de las propiedades de los sistemas económicos.

Si no hacemos valoraciones extrínsecas, el socialismo es una propiedad deseable de los sistemas económicos, porque la equidad de poder económico es deseable. No es lo único deseable. También son deseables las libertades personales y la justicia (como la definimos el primer capítulo, que cada quién merezca lo que tiene, sea como sea que esto se interprete). Para algunas personas, la equidad económica puede causar injusticia en ciertos casos. Sin embargo, esto no quiere decir que el socialismo sea malo, simplemente que la justicia también es importante, y que a veces, para algunas personas, es incompatible con el socialismo[17].

Si tras la exploración del conjunto de sistemas económicos descubrimos que las libertades individuales y el socialismo son incompatibles, entonces tendremos que volver a discutir sobre prioridades. Sin embargo, por ahora, lo sensato es encarar el problema científico que tenemos frente a nosotros.

La pregunta más tentadora es la siguiente:

¿Qué sistema económico es el mejor, de todos los posibles, y factible de implementar, dadas la tecnología, la población y los recursos actuales?

Dicha pregunta asume que las propiedades deseables ya están definidas y ponderadas. Como es un problema de optimización sobre un sistema complejo, es prácticamente imposible de resolver.

Sin embargo, podemos plantear un problema menor y mucho más alcanzable:

¿Qué sistema económico es una buena alternativa, entre todos los posibles y factibles de implementar, dadas la tecnología, la población, y los recursos actuales?

“Una buena alternativa” quiere decir: mejor que la economía de mercado y que el sistema soviético, para diversas posturas de economía política plausibles y que no hagan valoraciones extrínsecas de las propiedades económicas.

Al comienzo de este capítulo, adelantamos dos aserciones, que pueden parafrasearse como:

  • En la práctica, la economía de mercado lleva a la concentración de poder económico y a la destrucción del medio ambiente.
  • En la práctica, el sistema soviético lleva a la pérdida de libertades individuales.

Aunque ambos hechos parecen obvios, es importante justificarlos por dos motivos.

  • Históricamente, rechazar a la economía de mercado significaba apoyar al sistema soviético, y viceversa. Como ambas acusaciones son muy fuertes, los defensores de cada sistema económico negaban la acusación que se les hacía de manera casi inconsciente, por temor a la alternativa.

  • Entender por qué y cómo se dan ambas tendencias no es trivial. El estudio de las mismas, así como la comprensión de los factores sistémicos que las causan, ofrece pautas de diseño para una buena alternativa.

Para ser una buena alternativa a los sistemas conocidos, hace falta muy poco:

  • No implicar una tendencia al autoritarismo.
  • No implicar la tendencia del poder económico a concentrarse.
  • No implicar la tendencia al colapso ambiental.
  • No implicar incompatibilidades con otras propiedades deseables básicas (de otro modo, extinguir inmediatamente a la especie humana sería una buena alternativa, porque cumple con los primeros tres ítems).

Recordemos que para que un sistema sea una buena alternativa debe ser factible e implementable hoy, desde el estado actual de las cosas (es decir, dadas la población, la tecnología y los recursos con que contamos).

Es el problema científico más importante del presente

El problema de encontrar una buena alternativa al sistema económico actual es científico.

Una vez acordada la definición de qué es “una buena alternativa”, encontrarla es un problema científico que tiene dos aspectos, uno empírico y otro informático.

El aspecto empírico es el de determinar un modelo plausible de los factores extraeconómicos (población, recursos, tecnología).

El aspecto informático es el de explorar el conjunto de sistemas económicos y su interacción con el modelo de los factores extraeconómicos, así como la robustez de los distintos sistemas ante pequeños cambios en los modelos de los factores extraeconómicos.

Ambos procesos deben llevarse a cabo en conjunto: como el funcionamiento de los factores extraeconómicos depende del sistema económico que llevan a cabo, hace falta corroborar empíricamente las hipótesis de funcionamiento para distintos sistemas[18].

El problema de encontrar una buena alternativa al sistema económico actual es el problema científico más importante de este momento.

Si es cierto que el mercado, en sí, lleva al colapso ambiental, la investigación más importante para preservarlo no está en las energías limpias y renovables ni en los automóviles eficientes. Si es cierto, la investigación más prometedora para salvar a la mayor cantidad de gente no es la de terraformar marte, es la de encontrar una buena alternativa al mercado.


Si es cierto que el mercado, en sí, causa la concentración de poder económico, la investigación que más vidas salvaría no es la cura del cáncer. La mayor parte de las muertes por enfermedades se debe a enfermedades curables, y la falta de acceso a las curas se debe a la desigualdad económica. La investigación que más vidas salvaría es encontrar una buena alternativa al mercado.

Por un sinfín de motivos, este es el problema más importante de la ciencia actual. Lamentablemente, no se acerca ni remotamente a ser el problema más atendido.

Es un problema científico complejo. Requiere mucho trabajo. Sin embargo, no supera en complejidad a otros problemas científicos que están en agenda, como el de encontrar una teoría unificada de la física o el de caracterizar rigurosamente cómo funcionan las células.

Es posible, incluso, que este problema sea de un nivel de complejidad mucho menor, similar a la de algunos que la humanidad ya resolvió. Por ejemplo, el de establecer un protocolo que logra que internet funcione correctamente sin un control central, o el de diseñar algoritmos que regulan el contenido de las redes sociales para que sus usuarios las utilicen durante la mayor cantidad de tiempo posible.

La izquierda y la derecha

Para concluir, revisemos qué quieren decir los calificativos de izquierda y derecha desde esta nueva concepción de la economía política.

Siendo caritativos con ambas posturas, e ignorando posiciones abiertamente malvadas como el fascismo, podemos entender a la izquierda y la derecha de la siguiente manera:

  • La izquierda como la presión por mejorar propiedades deseables del sistema para mejorar al sistema como todo.

  • La derecha como la presión por evitar que la mejora de alguna propiedad deseable traiga efectos adversos que acaben por empeorar el sistema como todo (por empeorar el rendimiento de otras propiedades deseables a tal punto de que la bondad del sistema acabe por disminuir)[19].

Cuando la discusión era entre el mercado y el sistema soviético, el ejemplo más ubicuo era: la izquierda quería mejorar el socialismo (entendido como equidad en el poder económico) y la derecha advertía que eso llevaría a la pérdida de libertades individuales, y se rehusaba a tal cambio.

Hoy en día, por los motivos que hemos mencionado, hay propiedades deseables que eran incompatibles y ya no lo son. Así, se abre una línea de investigación para tratar el cambio de sistema económico. Si el problema se trabaja responsablemente, la causa de encontrar una buena alternativa al actual sistema económico será adoptada por personas de todo el espectro político (tanto de izquierda como de derecha).

Ahora bien, supongamos que hay dos personas que viven en una economía de mercado, y sólo conocen como alternativa al sistema soviético. En este caso particular, ambos entienden que cuando uno dice “soy de izquierda” se refiere a que apoya el sistema soviético, y que cuando el otro dice “soy de derecha” se refiere a que apoya al sistema de mercado (en ambos casos, puede simplemente tratarse de una defensa del mal menor).

En el mismo ejemplo, al ampliar el conjunto de alternativas conocidas, decir “soy de izquierda” deja de implicar el apoyo del sistema soviético, y decir “soy de derecha” deja de implicar el apoyo de la economía de mercado.

Comenzamos este libro observando que la discusión acérrima sobre qué propiedades de los sistemas económicos hay que priorizar es fútil hasta investigar el conjunto inexplorado de alternativas.

Ahora podemos observar que, una vez abierta esta línea de investigación, la discusión acérrima entre izquierda y derecha se transforma en dos pautas de trabajo que son compatibles entre sí: hay que mejorar el rendimiento en distintas propiedades deseables, pero además, hay que asegurarnos que eso no implique un empeoramiento significativo del rendimiento en otras al punto de que termine por empeorar el sistema como todo.


Parte II

Los paradigmas políticos de siglos anteriores son obsoletos


Capítulo 4: El liberalismo ya no sirve

Hemos visto que el funcionamiento de los sistemas económicos depende del funcionamiento de los factores extraeconómicos (población, recursos y tecnología) porque los primeros se implementan sobre los últimos.

En general, las defensas de los sistemas económicos conocidos (y los desacuerdos sobre cuál de ellos es mejor) parten de modelos diferentes de cómo funciona la sociedad humana. Estos dos modelos son el liberalismo (o modelo neoclásico) y el marxismo (o materialismo dialéctico[20]).

En lo que resta del libro veremos por qué tanto el mercado como el sistema soviético tienen grandes problemas en su funcionamiento. Además, observaremos que los modelos de cómo funciona la sociedad que apoyan ambos sistemas suelen ser ciegos ante los problemas de los mismos.

Para comenzar, notemos que ambos modelos fueron desarrollados antes de que existiera la informática, y mucho antes de contar con métodos formales para estudiar sistemas de interacciones y estructuras complejas.

Decir que los marcos teóricos más importantes de la economía política son inadecuados es mucho menos disparatado de lo que parece. Es simplemente considerar que un modelo adecuado de la sociedad debe ser capaz de comprender interacciones y estructuras complejas.

Una afirmación menos obvia es que hoy podemos establecer modelos adecuados que sirvan para pensar la economía política, pero que a su vez sean útiles, factibles de construir e inteligibles.

 

Habiendo redefinido el problema de la economía política a la luz de la informática, dedicaremos la parte 2 de este libro a exponer los problemas del sistema soviético y de la economía de mercado a partir de los errores de modelado del liberalismo y el materialismo dialéctico. En el capítulo 6 observaremos que dichos errores de modelado no sólo eran esperables, sino también invisibles e inevitables cuando se desarrollaron dichas teorías, porque las herramientas de modelado con que contaban no permitían establecer marcos teóricos más rigurosos.

Dedicaremos la parte 3 del libro a defender la segunda (y menos obvia) afirmación, del modo más efectivo: mostrando un modelo más adecuado para pensar la economía política y la historia.

El liberalismo ya no sirve

El liberalismo, como posición en economía política, es la idea de que el libre mercado es el mejor sistema económico implementable. Por lo tanto, el liberalismo afirma que no hay que intervenir sobre el libre mercado.

Como ya hemos visto, los supuestos de buen funcionamiento del libre mercado son idealizaciones, por lo que sabemos que el mercado de competencia perfecta nunca se dará en la realidad. Si el liberalismo sólo propusiera no intervenir sobre los mercados perfectamente libres, no tendría ningún peso en la realpolitik, porque tales mercados no existen ni existieron jamás.

El liberalismo propone una idea más: el libre mercado cuenta con cierta robustez. Recordemos que esto significa que si los errores en la caracterización de los factores extraeconómicos son pequeños, la economía de mercado sigue siendo la mejor alternativa, y por lo tanto tampoco habría que intervenir sobre la misma.

Hay diferentes tipos de liberalismo, según qué errores en la caracterización de los supuestos extraeconómicos se consideran suficientemente pequeños como para que la mejor opción sea no intervenir.

Por ejemplo, el liberalismo clásico admite que cuando hay monopolios, el error en los supuestos de modelado del mercado liberal es demasiado grande (que exista una sola empresa es muy distinto a que existan infinitas). En dichos casos, sostiene que la falta de intervención económica es peor que la intervención económica, y que lo correcto sería desarticular el monopolio. No establece pautas para que los monopolios no se formen[21] más allá de prohibir actos de colusión y corrupción[22].

La Escuela Austríaca y el Neoliberalismo son movimientos liberales que niegan que el surgimiento de monopolios implique un error en los supuestos del mercado perfecto lo suficientemente grande como para justificar la intervención económica. Siguen afirmando que lo más eficiente es dejar la organización económica a merced de la oferta y la demanda. Esto no es porque no crean que los monopolios lleven a estados subóptimos. La suboptimalidad de los monopolios en relación al mercado perfecto está bien caracterizada en sus modelos. Es, en cambio, porque creen que los efectos de intervenir sobre los factores extraeconómicos para acercarlos más a los supuestos del mercado perfecto son peores que la suboptimalidad que implica la existencia de los monopolios.

Para algunos miembros de la Escuela Austríaca, como Hayek[23], intervenir es peor que no hacerlo por la complejidad del sistema económico, que para él, implica la alta probabilidad de que intervenir torpemente sobre el sistema traiga efectos adversos. Podemos pensar, como ejemplo ilustrativo, en la medicina: el cuerpo funciona de manera muy compleja. Hasta que el funcionamiento del cuerpo pudo comprenderse en mayor nivel de detalle, una abrumadora porción de los procedimientos médicos dejaban a los pacientes en peor estado que las propias enfermedades. Esto sucedía precisamente porque el cuerpo era más complejo que lo que podía comprender la medicina, y por lo tanto, muchas intervenciones médicas eran desinformadas y torpes. A partir del renacimiento, esta tendencia comenzó a revertirse, y hoy la mayoría de las intervenciones médicas son, aunque sin duda perfectibles, netamente positivas. Que las intervenciones médicas sean riesgosas y puedan salir mal no implica que la medicina nunca sea buena.

Ahora bien, mientras los órganos pueden observarse a simple vista, la macroeconomía no: sólo puede verse a través de modelos y relevamiento de información. En la época de Hayek, no existían internet ni el modelado de sistemas complejos, por lo que es comprensible que él creyera que el conocimiento de la economía nunca alcanzaría un nivel de detalle suficiente como para permitir intervenciones económicas exitosas.

Para algunos miembros del movimiento neoliberal, como Nozick, intervenir es peor que no hacerlo por la inmoralidad misma de alterar la distribución de la propiedad. Notemos que mientras posturas como la de Hayek se basan en afirmaciones empíricas que hoy, a la luz de las nuevas herramientas, pueden superarse, la postura de Nozick es incompatible incluso con la posibilidad de pensar un sistema económico mejor, ya que eso necesariamente alteraría el régimen actual de propiedad[24].

Desde aquí, sobre la base de la exposición llevada a cabo los primeros tres capítulos, vamos a tratar al liberalismo como modelo predictivo y asumir que la equidad económica es una propiedad deseable, aunque no la única. Esto quiere decir que no vamos a tratar el liberalismo de Nozick. Tampoco trataremos los argumentos de Hayek y la Escuela Austríaca, que por la época en que trabajaron, y las técnicas de modelado que existían en ese entonces, consideraban imposible establecer modelos plausibles de la economía. El modelo liberal más difundido en el presente es el llamado modelo neoclásico[25].

Como vimos, el modelo predictivo liberal tiene distintos dominios de aplicabilidad. Para decir que el liberalismo ya no sirve, vamos a afirmar que el mercado liberal, como sistema económico, no sirve, porque sus supuestos de modelado implican grandes errores predictivos en cualquier dominio real de aplicación.

En este capítulo, sólo vamos a considerar dos argumentos que ya son conocidos por la tradición liberal. En sí, son insuficientes para afirmar que el mercado, como procedimiento para resolver el problema económico, no sirve. Sin embargo, sugieren que es insostenible en el tiempo. Uno de ellos es que el libre mercado lleva, en la práctica, a la destrucción del medio ambiente. El otro está relacionado con la capacidad de automatizar tareas intelectuales, planteada en la agenda político-económica de este siglo, y afirma que sería indeseable que este proceso se lleve a cabo en un contexto de mercado liberal.

Además, haremos una observación, sin explicarla: que el mercado ha llevado históricamente a la concentración de poder económico. Una explicación afirmaría que esto es inherente a la dinámica de mercado y mostraría cómo. La mayoría de las explicaciones de este fenómeno provienen de la tradición marxista. Muchas veces, tales explicaciones no son convincentes para quienes apoyan la economía de mercado, porque parten de supuestos que son factiblemente disputables por quienes no están dispuestos a creer en las conclusiones de tales teorías, como por ejemplo la teoría de que el valor de las cosas es la cantidad de tiempo de trabajo que toma en hacerlas una sociedad organizada.

El centro de la crítica a la mercado se dará en la parte 3 de este libro, en que se explica la tendencia a la concentración de poder en el mercado, de un modo distinto al que expone tradición marxista. Su exposición se posterga, porque todavía resta hacer una crítica a la posición marxista para justificar el nuevo enfoque en toda su fortaleza. En la parte tres, demostraremos que el mercado tiende naturalmente a la inequidad extrema partiendo de supuestos que admitiría cualquier economista liberal. A su vez, observaremos que el modelo expuesto allí no sólo explica la concentración de poder en el mercado, sino que ofrece una explicación más convincente de cómo se dieron los cambios entre sistemas económicos y cómo funciona, en general, la explotación.

Este capítulo sirve principalmente como motivación del análisis posterior, y de la necesidad de repensar la economía política en general.

Antes de adentrarnos en esta segunda parte: casi todas las personas que se interesan por la economía política se posicionan a favor del mercado o a favor del sistema soviético, porque hasta ahora estas eran las únicas opciones posibles. En muchos casos, la preferencia tomaba la forma de mal menor. Cuando existían sólo esas dos alternativas, el ataque a una funcionaba como una defensa de la otra. Por este motivo, siempre fue difícil admitir que el sistema que uno consideraba el mal menor también tenía problemas estructurales. Es muy difícil superar los prejuicios pre-informáticos, y por lo tanto, es esperable que exista cierta resistencia a admitir la crítica expuesta contra el liberalismo o contra el materialismo dialéctico. Quizás el hecho de que se critique abiertamente a ambas ayude a confrontar esa resistencia. Es importante tener en cuenta las observaciones de la primera parte del libro para afrontar el análisis posterior con la mayor apertura posible.

Si los sistemas fueran perfectos, serían perfectos

Comencemos dando un paso atrás, a fin de darnos una idea intuitiva sobre cómo podría fallar la economía de mercado y cómo podría fallar el sistema soviético.

Si los sistemas económicos presentados en el primer capítulo funcionaran perfectamente, tanto la economía soviética como la economía de mercado serían perfectamente socialistas, en el sentido de que el poder económico estaría repartido equitativamente:

  • En un mercado perfecto, las diferencias de propiedad entre individuos son insignificantes (en relación a la cantidad de propiedad existente en el sistema, y por lo tanto, la capacidad de cualquier individuo de mejorar sus condiciones de vida).

  • En un sistema soviético perfecto, las decisiones tomadas por el comité central reflejan la voluntad de la población.

Sin embargo, hay una diferencia sustancial en cuanto a cómo se distribuye el poder en cada caso, que puede verse con el siguiente ejemplo ilustrativo:

Supongamos que tenemos 4 personas que deben decidir qué hacer con los recursos disponibles. Pueden hacerlo mediante un mercado perfecto o mediante un sistema soviético perfecto.

En un contexto de mercado perfecto, dividen los recursos entre los cuatro, de manera que las diferencias de propiedad sean insignificantes. Por ejemplo, reparten los recursos equitativamente entre los 4, y le dan plena potestad a cada uno sobre qué hacer con su parte.

En un contexto de sistema soviético perfecto, deciden qué hacer en una asamblea en la que todos tienen igual poder de decisión sobre la totalidad de los recursos.

En ambos casos, cada persona tiene ¼ del poder de decisión sobre los recursos, pero bajo dos mecanismos diferentes de distribución. Mientras que en el mercado cada uno tiene toda la decisión sobre ¼ de los recursos, en el sistema soviético cada uno tiene ¼ de la decisión sobre todos los recursos.

Teniendo esta idea en mente, podemos imaginarnos el siguiente funcionamiento para cualquier cantidad n de personas:

  • En el sistema soviético perfecto, cada persona tiene 1/n de la decisión sobre qué hace el sistema en su totalidad (es decir, sobre el 100% de las partes del sistema). 

  • En el mercado perfecto, cada persona tiene el 100% de la decisión sobre el 1/n del sistema económico. El funcionamiento del sistema total se define como la suma de lo que suceda con la propiedad y el trabajo de cada uno de los individuos. En el mercado perfecto, cada individuo tiene plena potestad sobre qué hace con lo propio, y se asume que las diferencias en la propiedad de cada uno son insignificantes.

Esta presentación de ambos sistemas es abstracta en el sentido de que en principio hay muchos otros sistemas a los que aplicaría cada una de estas descripciones. Por ejemplo, votar cada decisión económica directamente (sin soviets) funcionaría del primero de estos modos, y un sistema en que se dividan los recursos entre las personas pero que no permita intercambio de bienes o servicios funcionaría del segundo.

Veamos que ambos casos abstractos pueden implicar igualdad de poder, y sin embargo, suboptimalidad.

Caso 1: Que cada quién tenga 1/n de la decisión sobre qué hace la totalidad del sistema puede ser subóptimo para la sociedad.

Supongamos que hay 10 personas. 6 de ellas quieren una remera roja y 4 de ellas quieren una remera azul.

Supongamos que la decisión sobre la economía tiene sólo 3 opciones:

  • Producir 10 remeras rojas.
  • Producir 10 remeras azules.
  • Producir 5 remeras rojas y 5 remeras azules.

Las 6 personas que quieren remeras rojas votarían producir solamente remeras rojas, porque esta es la única opción que garantiza que todos ellos queden satisfechos.

No importa qué voten las otras cuatro, se producirán 10 remeras rojas.

Esto causará que 4/10 de la población quedará insatisfecha.

La opción de producir mitad y mitad habría hecho que sólo 1/10 de la población quedara insatisfecha.

En este ejemplo particular, vemos que votar sobre la totalidad puede, en casos específicos, ser subóptimo. En términos generales, esto se da cuando las técnicas de votación o las opciones de decisión disponibles no están a la altura de la complejidad del problema.

Caso 2: Que cada quién tenga la totalidad de la decisión sobre qué hace 1/n del sistema puede ser subóptimo para la sociedad:

Un ejemplo es claro: si se divide el problema económico entre todas las personas, cada una con sus propios recursos disponibles, y no se permite el intercambio, cada persona tomaría toda la decisión sobre qué hace 1/n del sistema. Sin embargo, al no haber intercambio posible, no se llevaría a cabo ningún tipo de producción compleja, el sistema perdería eficiencia, y casi toda la producción sería de subsistencia.

El sistema también puede ser subóptimo si es posible el intercambio, como sucede en el caso de mercado. La suboptimalidad en contextos de mercado está ampliamente estudiada desde la teoría de juegos, por la posible tendencia a equilibrios de Nash subóptimos.

Veamos qué significa esto:

Como el mercado está integrado, el beneficio que una actividad le supone a una persona depende de la actividad que lleve a cabo el resto. El beneficio que yo obtenga de producir caramelos o sombreros depende de cuánto está dispuesto a pagar el resto por caramelos o sombreros.

En casos en que los beneficios que supone cada actividad para una persona depende de la actividad del resto, es muy probable que el sistema varíe mucho antes de estabilizarse. Si otra persona cambia sus actividades, entonces cambia la actividad que me conviene hacer a mí, por lo que yo cambiaré de actividad, y alteraré las actividades convenientes para otras personas. Esto no siempre sucede indefinidamente: los sistemas pueden tener configuraciones estables, es decir, situaciones en las cuales a nadie le conviene cambiar de actividad (siempre y cuando nadie más cambie de actividad, que nadie haría porque a nadie le conviene). Estas situaciones se llaman equilibrios de Nash.

En muchas ocasiones, el mercado tiende, en la práctica, a equilibrios de Nash subóptimos. Veamos un ejemplo muy difundido:

Tenemos dos ferreteros que deciden a qué altura de una calle poner su local.

Si la calle tiene 1000 metros, el óptimo social es que pongan un local en el metro 250 y otro en el metro 750. De ese modo, la distancia que tendrá que caminar cualquier comprador será de 125 metros en promedio.

En esa configuración inicial, desde el metro 0 hasta ell metro 500, los consumidores acudirán al primer local por ser este el más cercano, y del metro 500 en adelante acudirán al segundo.

Ahora bien, si en tal circunstancia el primer ferretero decide llevar su local al metro 350, cooptará parte del mercado del otro ferretero (pasaría a ser el ferretero más cercano para todas las personas que viven desde el metro 0 hasta el metro 550). Le convendría hacerlo.

El único modo para el segundo local de revertir la pérdida asociada a la mudanza del primero es mudarse al metro 650. Además, si se acerca incluso más al metro 500, pasaría a cooptar parte del mercado del local 1.

La configuración estable es que los dos locales se encuentren exactamente en el metro 500.

La nueva distancia que los compradores deberán caminar en promedio será de 250 metros, el doble que la óptima del sistema.

La tragedia de los comunes y el colapso ambiental

El primer argumento en favor de la insostenibilidad del mercado liberal es que, en la práctica, causa el colapso ambiental.

Uno de los supuestos idealizados del mercado perfecto es que todos los recursos necesarios para la vida están repartidos entre las personas.

Esto no sucede en la realidad. La diferencia no es menor: la atmósfera, los mares y el medio ambiente en general son recursos comunes. ¿Cómo se comporta el mercado ante los recursos comunes?

En el siglo XIX, William Foster Lloyd publicó un artículo, que fue popularizado por Garrett Hardin en 1968, en que se trataba un concepto al que hoy llamamos “tragedia de los comunes”. El concepto se ilustra de la siguiente manera:

Un campo es compartido por varios pastores. En él, el pastizal tiene una capacidad límite, es decir, no puede abastecer más que una cantidad limitada de cabezas de ganado. Si esta se supera, el pastizal se agota y desaparece, de manera que desde ese entonces toda vaca quedaría sin comida. Ningún pastor sabe exactamente cuál es el límite del campo.

Si los pastores buscan su beneficio individual, siempre aumentarán el tamaño de su rebaño. Esto es porque percibirán todo el beneficio de adquirir una nueva cabeza de ganado, mientras que el costo se repartiría entre todos los pastores, porque el recurso que cuesta es común. El beneficio que percibe el pastor individual por aumentar en una cabeza de ganado es mucho mayor que el costo que él percibe.

Además, cada pastor sabe que el resto de los pastores están aumentando el tamaño de sus rebaños, por ese mismo motivo. Entonces, cada uno sabe que el problema ambiental no se resolverá incluso si ellos mismos dejan de aumentar el tamaño de su rebaño. Lo más conveniente, entonces, es sacar todo el provecho que se pueda antes de que el campo colapse.

Esta dinámica se da en la economía de mercado constantemente. Los ríos se contaminan y la atmósfera se calienta. Muchas fábricas arrojan sus desechos a los ríos. La tecnología que resolvería ese problema no es un mejor filtro, o mejor logística para la basura, ni energías renovables. Todas esas tecnologías existen y no resolvieron el problema. La tecnología necesaria es un sistema económico que resuelva la tragedia de los comunes.

Desde la economía de mercado, se llama “externalidad negativa” al costo de una actividad privada que se reparte en toda la sociedad. El mercado liberal sólo tiene un modo de responder de manera robusta a las externalidades negativas: la privatización. Su solución a la tragedia de los comunes es que no haya recursos comunes.

Es difícil privatizar la atmósfera o el agua. Por otra parte, ¿cómo podría repartirse algo tan irremediablemente integrado y complejo como un ecosistema? Si el “recurso común” son biomas en equilibrio, ¿qué se puede repartir?[26]

Incluso si existiera la posibilidad de efectuar esas privatizaciones, y suponiendo que el mercado tiende a concentrar la propiedad[27], ¿la privatización llevaría al monopolio del aire? ¿cómo proteger la propiedad privada en ese caso?

Automatización y mercado

Como segundo ejemplo que sugiere la insostenibilidad del mercado, podemos imaginarnos la siguiente pregunta: ¿qué pasaría en caso de que la inteligencia artificial (IA) fuera capaz de reemplazar la mayoría de las tareas que llevamos a cabo los seres humanos? ¿Qué sucedería con las personas que no tienen propiedad sobre recursos naturales ni sobre inteligencias artificiales o robots? ¿Qué comerían las personas cuyo sustento principal es su trabajo?

El clásico argumento liberal es que van a encontrar algo para hacer, lo que puede parafrasearse como “para el resto del sistema va a ser mejor darte algo en intercambio por tu trabajo que no hacerlo”.

El argumento liberal es inductivo: siempre que hubo desarrollos tecnológicos en la historia, las personas se adaptaron y se crearon trabajos nuevos. Por ejemplo, las máquinas que reemplazaban el trabajo manual requerían de operarios e ingenieros.

En su libro “21 Lecciones para el Siglo XXI”, Yuval Noah Harari responde con el siguiente razonamiento: los seres humanos llevan a cabo tareas manuales y/o intelectuales. No existen más ámbitos de trabajo productivo humano. Antes, se automatizaban sólo tareas manuales, y la gente encontraba tareas intelectuales para hacer. Hoy, todavía podemos encontrar tareas intelectuales y/o manuales a llevar a cabo que aún no puede hacer la inteligencia artificial. Sin embargo, si la inteligencia artificial fuera suficientemente poderosa, eliminaría la posibilidad de que una persona compitiera con ella en cualquier actividad productiva.

Si esto sucede, a ningún dueño de robot le convendrá pagarle más a un obrero que lo que le cueste conectar el robot a la pared: una suma que no alcanzaría para comer.

Si tal nivel de desarrollo de la IA fuera posible, no sería bueno llegar a él en un contexto de mercado liberal. Si la propiedad sobre los recursos naturales y sobre la tecnología siguieran sus tendencias actuales de concentración, la propiedad privada de los mismos podría llevar al sistema menos democrático y más desigual de la historia humana: pocas personas con el poder de producir a bajísimo costo, y una enorme mayoría sin siquiera su trabajo que vender, a merced de las migajas que ofrezca la incipiente aristocracia informática.

Sobre la concentración de poder en el oligopolio informático, podemos hacer la siguiente reflexión: Cuanto más información tienen las redes sociales sobre una población, más poder tienen sobre su democracia, equidad y soberanía[28], es decir, mayor poder de manipular la opinión pública. Este poder se da sobre la sociedad como totalidad porque su poder de aplicación se debe, en gran medida, a la capacidad de uso de técnicas de big data. A nivel individual, el poder que ejercen estas redes suele ser mucho menor.

Entonces tenemos la siguiente externalidad negativa: El costo de entregar nuestros datos a tales empresas es asumido por toda la sociedad, mientras que el beneficio de usar una aplicación que nos facilita la vida, y de ahorrarnos la lectura de sus términos y condiciones, es individual. A nivel sistémico, la tendencia a la destrucción del medio ambiente sigue la misma dinámica que la concentración de poder político en las redes sociales privadas. Por ese motivo, como veremos en la parte 4, la solución a ambos problemas es muy similar.

Problemas sistémicos

De manera ilustrativa, podemos observar una serie de crisis a las que la economía de mercado ha llevado sostenidamente. En los próximos capítulos, argumentaremos que dichos problemas son estructurales y sistémicos, inherentes a la economía de mercado.

Crisis ambiental: En 2021, se estima que la huella de carbono de veinte de los multimillonarios más ricos es ocho mil veces más grande que la de las mil millones de personas más pobres. Además, el 1% más rico emitió el doble de carbono que el 50% más pobre en el mismo año[29]. Por otra parte, la dinámica de tragedia de los comunes lleva sistemáticamente a la deforestación, la contaminación del aire y el agua y el calentamiento global. Naturalmente, las personas más pobres son quienes más sufren el impacto de la crisis ambiental.

Concentración de poder y desigualdad: Entre 1995 y 2021, el 1% más rico acumuló casi 20 veces más riqueza que el 50% más pobre. En 2021, las 10 personas más ricas tienen más que las tres mil millones más pobres (casi la mitad del planeta)[30].

Ineficiencia sistémica: En la economía de mercado liberal, los monopolios son capaces de obtener ganancias extraordinarias. Esto incentiva a varias empresas de desarrollo tecnológico y farmacológico a patentar o mantener secretos sus desarrollos, a fin de impedir la competencia y obtener los beneficios de ser monopolistas. La práctica de comprar patentes de tecnologías complementarias a la que desarrolla una empresa con el único fin de que no se produzcan es corriente. Además, existe un incentivo comercial para desarrollar dispositivos de obsolescencia programada[31], lo cual magnifica el daño ambiental.

Pérdida de soberanía sobre la red: Todas las personas que usan redes sociales acuerdan, en los términos y condiciones de las mismas, a ser espiadas. En 2022, para usar una cuenta de Facebook, acordamos que la empresa pueda, entre muchas otras cosas, acceder a nuestro historial de navegación y nuestros mensajes privados[32]. Además, las redes tienen el incentivo comercial de que los usuarios pasen la mayor cantidad de tiempo posible en ellas. Una práctica corriente es intentar gatillar nuestros circuitos de recompensa, lo cual tiende a generar prácticas adictivas. Para las empresas, esto es beneficioso. En 2014, Facebook llevó a cabo un experimento con las emociones de más de seiscientas mil personas, en que se mostraba contenido distinto a diversas personas para observar qué tan capaces eran de manipularlas. Concluyeron que mucho. Las redes sociales de Facebook siguen siendo las más usadas.

Estas tendencias son motivadas por la dinámica del mercado.

Como los fenómenos económicos son fenómenos sociales, es fácil depositar las culpas en las personas. Si se busca defender al mercado, se puede explicar cualquiera de estos fenómenos apelando solamente a las intenciones humanas, a la corrupción, los sobornos, la pereza y la maldad. Como las intenciones de las personas son tan variables e impredecibles, todos los errores predictivos de los modelos económicos pueden, en última instancia, explicarse a partir de ellas.

Hemos visto cómo la crisis ambiental puede explicarse a partir del propio funcionamiento del mercado, como un fenómeno sistémico. El modelo de la tragedia de los comunes no sólo es mejor por ser más explicativo de un fenómeno tan ostensible como la crisis ambiental, en que la explicación alternativa no sería capaz de justificar por qué casi todos los gobiernos y empresarios son sistemáticamente tan corruptos como para arrojar desechos al río. Además de explicar mejor un fenómeno de gran escala, en que la explicación alternativa parece improbable, ofrece una línea de trabajo: modificar la dinámica subyacente. La explicación alternativa sugiere luchar por la concientización y apelar a la bondad de empresarios y gobiernos, opción que sistemáticamente ha dado resultados pobres.

Encontraremos explicaciones sistémicas a los siguientes tres ítems (concentración de poder, ineficiencia sistémica y pérdida de soberanía sobre la red) en la parte tres de este libro, al analizar qué es y cómo funciona el capital, y notaremos que las tres se explican desde un mismo modelo sorprendentemente simple. Volveremos sobre los problemas de apelar a las intenciones humanas para explicar fenómenos sociales de gran escala en el capítulo 11, cuando observemos la importancia de los modelos a la hora de pensar cambios sistémicos.

Retroalimentación positiva de diferencias de poder

Una idea intuitiva de por qué el mercado tiende a concentrar el poder, pero insuficiente como explicación, puede expresarse de la siguiente manera.

Ya hemos mencionado que en el mercado perfecto, las personas tienen 1/n del poder de decisión sobre el funcionamiento del sistema económico (porque tienen aproximadamente 1/n de la propiedad existente).

Si el poder de decisión sobre el sistema económico incluyera poder de decisión sobre la distribución de ese poder de decisión, entonces cualquier diferencia de poder tendería a retroalimentarse. Ante cualquier mínima diferencia, alguien tendría un poco más de decisión sobre cómo se distribuye el poder, lo cual permitiría que se otorgue un poder mayor, magnificando la diferencia de poder. Esto implicaría, asimismo, la disminución del poder del resto de las personas.

Esta explicación es insuficiente porque el poder de decisión sobre la actividad efectiva de un sistema económico no necesariamente implica poder de decisión sobre cómo se tomarán nuevas decisiones. Por ejemplo, un sistema económico en que cada persona recibe y cultiva su parcela de tierra sin intercambiar nada con el resto distribuye el poder de decisión, pero como nadie vende o compra su tierra, nadie tiene el poder de alterar cuánto poder de decisión tiene el resto.

El acercamiento aquí presentado es simplemente ilustrativo. En la parte 3 veremos por qué se concentra el poder apelando a dinámicas específicas y empíricamente comprobables de cómo funciona la economía de mercado.

Tenemos un problema a resolver

En este capítulo, hemos mencionado una serie de crisis de importancia considerable. Sugerimos que se trata de problemas inherentes a la dinámica de mercado, pero no lo hemos justificado fehacientemente (a excepción del caso de la crisis ambiental).

Las observaciones sirven, sobre todo, como motivación: si estas crisis son tan evidentes, lo epistemológicamente responsable es buscarles explicaciones sistémicas. Como lo detallaremos en el capítulo 11, una explicación que se base en intenciones humanas que coinciden a gran escala, en sectores específicos de la población, es implausible si no se explica por qué tales intenciones tienden a coincidir.

La tradición de pensamiento más fuerte que sostuvo críticas sistémicas a la economía de mercado fue la marxista. Sin embargo, las revoluciones que se efectuaron desde dicha teoría siempre llevaron al sistema económico soviético, y siempre que éste último se implementó en grandes escalas tendió al autoritarismo. Por otra parte, todos los cambios de sistema económico asociados a la tradición marxista requirieron tomas de poder violentas.

Por esos dos motivos, la mayor parte de occidente se rehúsa a buscar alternativas a la economía de mercado.

Marx nunca escribió sobre cómo funcionaría un sistema comunista. Históricamente, todas las revoluciones marxistas que gobernaron más de un lustro tendieron al autoritarismo. El trotskismo, tradición marxista y crítica del autoritarismo, nunca pudo implementar sus ideas a gran escala. Todos estos fenómenos requieren un análisis y una explicación sistémicas.

De la misma manera que para con las crisis asociadas al mercado, es irresponsable intentar explicar los problemas del marxismo a partir de peripecias de intenciones humanas, sobre todo si se presentan de modo tan ostensible y sistemático.

En los próximos capítulos, veremos que los problemas de implementación del socialismo marxista son informáticos, y estrictamente, de modelado. Pueden rastrearse hasta los orígenes del materialismo dialéctico.

Cambiar de sistema económico es urgente. Para ello, es fundamental aprender de los aciertos y errores de la tradición marxista.


Capítulo 5: El materialismo dialéctico tampoco

Si el liberalismo ya no sirve, el materialismo dialéctico tampoco.

Antes de adentrarnos en las críticas al materialismo dialéctico (también llamado marxismo o marxismo ortodoxo[33]) es preciso volver a distinguir algunos términos:

  • El socialismo es una propiedad deseable de los sistemas económicos.
  • El sistema soviético es un sistema económico que buscó ser socialista.
  • El materialismo dialéctico es un modelo de la historia y la sociedad, crítico de la economía de mercado, que afirma que el sistema de mercado capitalista terminará con la llegada de una revolución socialista.

El materialismo dialéctico predijo que la revolución socialista era inevitable. Casi dos siglos después, la mayoría de los Estados funcionan bajo economías de mercado. Predijo que las revoluciones socialistas serían obreras y se darían en los Estados de capital más desarrollado, pero estas fueron campesinas, y se dieron en Estados de poco o insignificante desarrollo del capital. Nunca trató el problema de cómo se organizaría un sistema económico socialista. Como veremos, todos estos fenómenos tienen que ver con sus límites de modelado.

Sin embargo, hasta ahora, el materialismo dialéctico dio la teoría revolucionaria más contundente sobre qué es y cómo funciona el capital. Esto llevó a que todas las revoluciones socialistas se hicieran desde el marco teórico del materialismo dialéctico.

En este capítulo, analizaremos el principal problema de los experimentos socialistas del siglo XX: la burocratización y el autoritarismo.

Rastrearemos el origen de tales problemas hasta el modelo del materialismo dialéctico, a fin de establecer las pautas que deberá cumplir un marco teórico alternativo.

Una revolución copernicana

Antes de proseguir, es importante hacer algunas aclaraciones. Lo que aquí llamamos “materialismo dialéctico” no abarca toda la obra de Marx. Sin embargo, sí es el modo más difundido de sistematizar su trabajo. Es la presentación esquemática por antonomasia de la posición marxista. Además, es la presentación del marxismo que mejor se ajusta a la lógica de modelado formal que existía en el siglo XIX, por lo que es comprensible que casi toda formalización de la dinámica de clases presentada por Marx cobrara la forma del materialismo dialéctico[34].

Hay una cuestión todavía más central en el trato que haremos del materialismo dialéctico, que se explica bien desde una distinción introducida por Imre Lakatos en la epistemología: Las teorías tienen un núcleo firme, que son sus afirmaciones principales, y un cinturón protector, formado por afirmaciones que no son centrales y que, de llevar a predicciones erradas, pueden modificarse sin que esto implique descartar del todo la teoría.

Por ejemplo, la astronomía geocéntrica tenía un núcleo firme: la tierra se consideraba estática, y se consideraba que todo movimiento de los cuerpos celestes debía explicarse a partir de rotaciones alrededor de la tierra que siguieran la forma de esferas.

Dicha teoría encontró una serie de problemas predictivos, debidos a observaciones celestes difíciles de adaptar al modelo geocéntrico, como los movimientos retrógrados de los planetas. Estos problemas podían resolverse preservando el núcleo firme geocéntrico si se complejizaba la descripción de los movimientos celestes mediante los llamados “epiciclos”[35]. La capacidad de ajustar exactamente cuáles y cuántas eran las rotaciones esféricas formaba el “cinturón protector” de la astronomía ptolemaica.

Cuando Copérnico propuso el modelo heliocéntrico, tanto el movimiento retrógrado de los planetas como los diversos problemas predictivos con que se había topado el modelo geocéntrico, ya habían sido respondidos por este. Habían sido respondidos, pero mediante la añadidura de epiciclos. El gran valor de la teoría copernicana fue ofrecer un nuevo núcleo firme, que explicaba todas las observaciones de manera mucho más simple: la tierra giraba alrededor del sol.

Las críticas que haremos al materialismo dialéctico se dirigen a su núcleo firme. En particular, a la teoría del valor trabajo como explicación de la explotación, y a la afirmación de que los fenómenos políticos y culturales son determinados por las relaciones de explotación así definidas[36].

El modelo que predijo que la revolución se haría en Alemania se actualizó con el Leninismo, que ajustó la teoría para explicar por qué se daría en Rusia. Asimismo, el problema de la burocratización de la revolución se actualizó con el Trotskismo, que propuso la necesidad de llevar a cabo una revolución internacional, y de poner en práctica un proceso de revolución permanente. El hecho de que la mayoría de los trabajadores no sean marxistas, a diferencia de lo que predecía el materialismo dialéctico, fue explicado desde enfoques culturales como el concepto de hegemonía de Gramsci.

La tendencia del capital a concentrarse y acumularse tiene diversas explicaciones desde la tradición marxista. Muchas de ellas no coinciden entre sí, y la mayoría son de un alto nivel de complejidad[37].

Además de ser un modelo que eventualmente trajo nuevas y mejores predicciones, la revolución copernicana comenzó como un cambio de perspectiva: ofreció un nuevo núcleo firme, capaz de explicar todas las observaciones desde un mismo modelo, innovador y mucho más simple. La parte 3 de este libro toma el mismo enfoque. Por todos los motivos aquí mencionados, dirigiremos las críticas al núcleo firme del materialismo dialéctico.

Finalmente, podemos plantear tres preguntas nuevas (es decir, surgidas en el estadio actual del desarrollo tecnológico), que no solo atacan directamente el núcleo firme del marxismo, sino que además ofrecen pistas de cómo construir la alternativa.

  1. Las plataformas digitales acumulan datos de sus usuarios. Estos datos pueden ser vendidos y/o utilizados para fortalecer las estrategias de marketing y las campañas políticas, entre muchas otras aplicaciones. No trabajamos para generarlos, son un efecto colateral de nuestra actividad en redes. Desde el núcleo firme del marxismo, no tienen valor, y por lo tanto la acumulación de datos por parte de las plataformas no es una relación de explotación.
  2. Si todo el capital se automatiza, y todos los trabajadores son excluidos de la producción, la desigualdad será mayor que en cualquier otro momento de la historia. Sin embargo, desde la teoría del valor trabajo, no habrá explotación, porque no habrá trabajo.
  3. Existen empresas de software en las que todos los empleados son dueños de sus propias computadoras, trabajan desde su casa y pagan su propia conexión a internet, luz eléctrica, etc. En ese caso, tanto los instrumentos para trabajar como los insumos de la producción son exclusivamente de propiedad de los empleados. Sin embargo, estas empresas tienen dueños y generan ganancias (lo que la tradición marxista llamaría plusvalía). ¿Cómo puede ser?

La tercera pregunta es crucial, porque sugiere una respuesta: hace falta pensar en los modos de organización y los incentivos materiales para la toma de decisiones. Como lo argumentaremos, estas cuestiones fueron secundarias para la tradición marxista, y son fundamentales para entender la historia.

De qué se trata el materialismo dialéctico

El materialismo dialéctico sostiene tres tesis principales[38]:

  1. La economía se puede modelar con dos entidades en interacción.
  2. El mismo modelo es predictivo de la cultura.
  3. El mismo modelo es predictivo de la historia.

Como lo detallaremos en el próximo capítulo, en el siglo de Marx no era posible modelar sistemas dinámicos de más de dos partes en interacción[39]. Era esperable que si Marx quería modelar la economía, la cultura y la historia, su modelo dinámico y formal sería de dos partes.

El primero de los puntos trata sobre el modelado de la economía como una relación entre dos clases sociales. Para Marx, la economía de mercado podía modelarse entendiendo la relación entre la burguesía y el proletariado. Desde su marco teórico, el capital se define de manera relacional (entre las clases). A esto se refiere el concepto de dialéctica.

El segundo punto alude a la noción de la determinación de la superestructura de una sociedad (es decir, a las instituciones políticas, religiosas, culturales, ideológicas) por la estructura económica de la misma (entendida del modo recién mencionado). A esto se refiere el concepto de materialismo.

El tercero refiere a la consigna de que la historia es la historia de la lucha de clases. El argumento es que si la evolución de la economía puede comprenderse desde el modelo biclase[40] y la cultura está determinada por la economía, entonces tanto el futuro económico como el futuro cultural pueden predecirse desde este modelo. Por este motivo, el materialismo dialéctico es una teoría sobre cómo se mueve la historia.

La economía se puede modelar con dos clases

Para el modelo del materialismo dialéctico, hay dos tipos de personas: los burgueses y los proletarios[41].

Los burgueses son las personas que tienen propiedad de medios de producción. Los medios de producción son las fábricas, las tierras, los insumos de producción, las máquinas y el dinero para pagar salarios, que permiten que otras personas trabajen y produzcan valor.

Los proletarios son las personas que no tienen propiedad de medios de producción, es decir, personas cuyo único modo de acceder a medios de vida (comida, agua, casa, etc) es vendiendo su fuerza de trabajo.

Los proletarios sólo pueden vender su fuerza de trabajo a burgueses, porque los otros proletarios no son capaces de comprarla.

Los burgueses sólo compran la fuerza de trabajo de los proletarios: al tener la propiedad de los medios de producción, los demás burgueses no necesitan trabajar, y por lo tanto no son contratables.

Un burgués contrata a muchos proletarios, y cada proletario trabaja para un solo burgués.

Como en la producción los burgueses sólo interactúan con proletarios, y los proletarios sólo con burgueses, el sistema tiene una estructura bipartita[42].

Como las relaciones productivas son:

  • Entre personas de distintas clases.
  • Equivalentes (en todas ellas el burgués alquila la fuerza de trabajo del obrero, y en ese sentido, toda relación productiva funciona de ese mismo modo).

Entonces se puede modelar el sistema con una entidad (la burguesía), que interactúa con otra entidad (el proletariado). Este nuevo modelo es el resultado de colapsar a todos los burgueses en un solo nodo y a todos los proletarios en un solo nodo. Podemos pensar este modelo como la superposición de nodos y relaciones equivalentes[43] (superponer todas las relaciones de trabajo, todos los burgueses y todos los proletarios).

Observemos dos cosas:

  • Como todas las relaciones productivas eran equivalentes entre sí y el nuevo modelo es el resultado de superponer nodos entre sí, la relación entre ambas clases (superposiciones de nodos) es equivalente a la relación entre cada burgués y cada proletario[44].
  • Al superponer a los burgueses y los proletarios en dos entidades, mucha información compleja sobre la estructura del sistema productivo se pierde. Por ejemplo, la heterogeneidad entre proletarios y entre burgueses. Además, si el sistema no fuera realmente bipartito, es decir, si existieran conexiones importantes entre burgueses o entre proletarios, estas se ocultarían con la superposición.

Antes de continuar, siempre es preciso observar lo siguiente: considerar que esto es un buen modelo de la realidad no es sinónimo de afirmar que ningún burgués trabaja o que los proletarios no poseen nada más que su fuerza de trabajo. Está claro que tanto el modelo biclase como la estructura bipartita de la economía de mercado son idealizaciones. Como lo expusimos en casos anteriores, afirmar que un modelo es bueno significa que el modelo es robusto ante su error, es decir, que el error que implica la idealización es lo suficientemente leve como para no llevar a errores predictivos garrafales.

Una vez constituidas como entidades la burguesía y el proletariado, se establecen los conceptos de capital, de plusvalía o plusvalor y de explotación, basándose en la equivalencia estructural de la relación productiva entre un obrero y burgués individuales y la relación entre la burguesía y el proletariado como clases.

Esta relación, que se supone equivalente entre individuos de distintas clases y entre clases como totalidades, puede ejemplificarse del modo siguiente:

El burgués compra los insumos para hacer zapatillas por 200 pesos.

Paga un salario de 10 pesos a 10 zapateros. Hechas las zapatillas, estas tienen un valor de 600 pesos.

El burgués puso 300 pesos y se quedó con 600. La diferencia entre ambos se llama plusvalor o plusvalía. Para la teoría, que considera que lo único que genera valor es el trabajo, el plusvalor es el valor producido por el trabajo de los obreros que se quedó el burgués. Se llama explotación capitalista a esta relación productiva, y explotación en general a toda relación productiva en que una parte obtiene plusvalor a costa de la otra.

Como la relación entre un burgués y un proletario es estructuralmente equivalente a la relación entre la clase obrera y la clase capitalista, podemos decir que la clase capitalista explota a la clase obrera.

Para esto último, hace falta una observación más: la explotación entre un burgués y un proletario puede explicarse apelando a la diferencia de dinero que gana cada uno tras la producción y venta. Esto es porque existe todo un sistema económico “afuera” de la relación entre un burgués y un proletario, en que se compran los insumos y se venden los productos, que genera un sistema de precios a partir del cual se puede explicar la explotación fácilmente con el ejemplo anterior.

Sin embargo, no hay un sistema económico “afuera” de la relación entre la burguesía y el proletariado. Entre la burguesía y el proletariado ocupan todo el mercado, y por lo tanto, no habría un mercado “afuera” de eso. Por ese motivo, la relación de explotación entre ambas no puede definirse apelando al dinero que gana cada parte después de la venta[45]. Para sortear esta dificultad, y preservar la equivalencia estructural, hace falta una definición de valor independiente del sistema de precios.

Marx desarrolló, en El Capital, la teoría del valor-trabajo. Afirmó que el valor de cambio (precio) de una cosa oscilaba alrededor del valor-trabajo (horas de trabajo que tomaría construirla). Esto cumple un rol importante para el uso de la teoría, ya que justifica la equivalencia estructural.

Sin embargo, se aleja de los principios materialistas de la teoría. Por un lado, el trabajo se define como trabajo social abstracto, lo cual requiere una serie de construcciones metafísicas que no todo el mundo está dispuesto a aceptar (el tiempo de trabajo promedio que tomaría la sociedad organizada en construir cierto producto). El trabajo, asimismo, se asume útil (se asume como premisa que el trabajo que genera valor es inteligente y útil, sin dar pautas de cómo definir, identificar o diseñar trabajo útil e inteligente).

El trabajo, definido de esta manera, se transforma en una entidad abstracta. Es más difícil convencer a alguien de creer en la teoría del valor trabajo cuando es necesario hacer tantas idealizaciones para que el modelo cuadre.

Aún en el caso de admitir la definición de “trabajo” como trabajo social abstracto útil e inteligente, hay dos enfoques posibles para con la teoría del valor-trabajo. La primera es tratarla como una propuesta ética o una estipulación. En tal caso, se consideraría que la teoría está simplemente mostrando cómo entiende ella el valor y la justicia, sin hacer afirmaciones empíricas. La segunda es tomarla como una proposición empírica, que podría corroborarse o falsarse. Para ello, hace falta más que decir cómo se entiende el valor: hace falta una predicción empírica que pueda ser cierta o errada. Por ejemplo, hace falta afirmar que los precios de las mercancías tienden a equilibrarse alrededor de valores proporcionales a las horas de trabajo social inteligente que tomaría llevarlas a cabo. El problema de la afirmación es que por un lado no ha sido corroborada (por ejemplo, el precio del petróleo se debe más a su escasez y utilidad que al trabajo que toma extraerlo), y por otro, es que fácilmente puede ser infalsable (como la definición de “trabajo” es idealizada y condicional a su utilidad y organización, siempre puede redefinirse de manera que se ajuste a las observaciones). Mostraremos los problemas de ambas concepciones cuando tratemos los límites del materialismo dialéctico para diseñar sistemas económicos.

Además, la teoría del valor trabajo es insuficiente para describir asimetrías de poder importantes de la actualidad. Los datos que generamos al usar plataformas digitales son poder que se acumula en las empresas informáticas, y no son algo que hayamos trabajado para generar.

Sin embargo, la teoría del valor trabajo permitió explicar la relación de explotación como una relación entre clases, representativa de una relación de explotación entre cada obrero y cada burgués. Con ella, se podía describir toda relación de explotación desde una misma fórmula, porque no necesitaba apelar al sistema de precios. No sólo fue fundamental para llevar a cabo una lectura crítica de la realidad, sino también para hacer una descripción general de cómo funcionaría la historia.

Antes de continuar, analicemos algunas objeciones factibles a la idealización de la fábrica:

La primera objeción es que el plusvalor es el valor producido por el trabajo de los obreros sobre los insumos del burgués, y que retribuye su contribución al proceso productivo. Desde este modelo, la respuesta es que los insumos del burgués crecen exponencialmente gracias a la plusvalía. Extendiendo esta dinámica hacia el pasado, se infiere que estos fueron generados a partir del trabajo obrero y la plusvalía. Un burgués puede empezar con pocos insumos y llegar a tener muchísimo dinero. Estas respuestas se resumen en la consigna “el capital es trabajo cristalizado”. Dicho en otras palabras, que el burgués haya “puesto los insumos” no era necesario, porque todo el valor fue generado por trabajo obrero, incluso el de los insumos. Desde esta perspectiva, afirmar que el burgués “puso los insumos” no quiere decir más que “se apropió de los insumos anteriormente”.

Otra objeción que puede hacerse es que los obreros y el capitalista pactaron esta relación, y que a ambos les convino. Esta observación, que es cierta, ignora la asimetría en capacidad de negociación entre ambas partes, tanto por la diferencia en número (hay un burgués y muchos proletarios) como en el hecho de que los proletarios tienen la urgencia de comer.

Una objeción interesante es que el burgués organizó el trabajo obrero, volviéndolo más eficiente, y que el plusvalor es la recompensa por el aumento de eficiencia que implica tal organización. Cuando Marx define el trabajo como trabajo inteligente o trabajo organizado admite que, en el sistema de mercado, el motor de dicha organización es la relación de los obreros con la burguesía.

En la parte 3 de este libro, en que presentemos el modelo del capital como red social, trataremos nuevamente la asimetría de negociación entre los dueños de las empresas y sus empleados, así como la valorización del trabajo debido a su organización, junto a las consecuencias macroscópicas de ambos fenómenos.

Algunas respuestas que podría ofrecer el marxismo ortodoxo a la objeción de la organización son:

  • Que, en realidad, los obreros organizaron su propio trabajo.
  • Que el modelo es una idealización, y que el trabajo de organizar la producción de zapatillas es casi nulo comparado con el beneficio que el burgués obtiene.
  • Que pese a que en este ejemplo el burgués sí organizó a los obreros, el modelo podría extenderse: por ejemplo, el burgués puede pagarle a otra persona para que organice el trabajo obrero, como lo hacen los accionistas en una sociedad. En ese caso, el burgués sigue pudiendo obtener dinero sin trabajar. Ese dinero es plusvalor, producto de explotar trabajo ajeno. Esta extensión del modelo permitiría dilucidar que la relación salarial, de por sí, implica explotación, y que trabaje o no el burgués, parte de su ganancia se debe a la explotación del trabajo ajeno.

El concepto de capital se define a partir de la relación entre burguesía y proletariado, o equivalentemente, entre cada burgués y cada proletario: el capital sería el dinero, la maquinaria y los insumos del burgués, pero no tomados como materia, sino como el poder de extraer valor, es decir, como condición necesaria y suficiente para establecer la relación de explotación.

De esta manera, la economía se modela con un sistema de dos clases.

Este modelo es predictivo de la cultura

Es claro que la estructura bipartita de la economía es una idealización, y que si nos ponemos estrictos, no es verdadera. De la misma manera que en el caso liberal, se considera que el error por idealizar no lleva a mayores errores predictivos.

Marx mismo observó que existe la competencia tanto entre obreros como entre capitalistas[46] y trató extensamente las complejidades de la sociedad no comprendidas en el modelo de dos clases.

Sin embargo, no introdujo la complejidad en el modelo. Al analizar esta complejidad desde distintos ángulos, concluyó que el modelo bipartito era suficiente.

Intereses irreconciliables

En el modelo bipartito, la interacción entre burguesía y proletariado es de oposición. Los intereses de la burguesía y el proletariado son diametralmente opuestos, porque se definen desde el concepto de explotación (porcentaje del valor generado por los obreros que se queda el burgués).

Desde el modelo marxista, los burgueses quieren explotar más a los obreros para maximizar sus ganancias, y los obreros quieren ser menos explotados.

Esto quiere decir que una tecnología que mejore la capacidad productiva de la fábrica sólo afecta a los intereses de las clases en tanto afecta a la explotación. Si el burgués se queda con más porción de la ganancia, el obrero es más explotado incluso si el trabajador obtiene un mejor nivel de vida a partir del desarrollo tecnológico.

Por ejemplo, si un obrero gana 20 pesos por producir latas que se venden a 30 pesos, el plusvalor que obtiene el burgués es de 10 pesos. Si un desarrollo tecnológico permite que el obrero produzca más latas con el mismo trabajo, de manera que estas se puedan vender a 100 pesos, el obrero es más explotado incluso si pasa a ganar 50 pesos. En el segundo caso, el plusvalor es de 50 pesos (la mitad del valor producido), mientras que en el primero es de 10 pesos (un tercio del valor producido).

Observemos que en tiempos de Marx, en la práctica, mayores niveles de explotación solían implicar peores niveles de vida para los trabajadores, con lo cual, no se presentaban grandes errores de modelado en su momento. Por este motivo, incluso si en la realidad los trabajadores sólo buscaran vivir mejor, y no pensaran nunca en el plusvalor tal cual lo define el marxismo, las predicciones de ambos modelos habrían sido las mismas.

Sin embargo, entrado el siglo XX, tras el desarrollo de la línea de ensamble, con el taylorismo y el fordismo, aumentó el poder adquisitivo medio de la clase obrera, y trabajadores de todo el mundo apoyaron proyectos políticos que proponían la armonía entre clases.

La armonía de clases afirma que los intereses de burgueses y proletarios no son diametralmente opuestos, sino que pueden alinearse. Esto no es posible si ambos piensan en la explotación: si sólo importa qué porcentaje de la ganancia se lleve cada uno, hay un juego de suma cero, en el sentido de que todo lo que gane una parte es algo que otra parte pierde. Sin embargo, sí es posible la alineación de intereses en caso de que cada parte busque obtener un mayor poder adquisitivo.

Esto podría dar la pauta de que a los obreros les importa más vivir mejor que ser menos explotados (en los términos en que la teoría marxista define explotación), y de que a los burgueses les importa más tener más dinero que explotar más a los obreros. En el siglo XIX, el correlato empírico de ambos pares de afirmaciones era el mismo, y por lo tanto, la teoría del valor-trabajo y la asociación de los intereses de clases con la relación de explotación definida por el marxismo se ajustaba a la experiencia.

Ya desde la segunda mitad del siglo XX, los motivos aquí mencionados podrían haber servido como argumentos para retomar una teoría más intuitiva del valor, asociada a la utilidad y escasez de las cosas. Sin embargo, no se contaba con un marco que sostuviera tal teoría del valor y que al mismo tiempo describiera adecuadamente los problemas estructurales del sistema. Por ese motivo, el materialismo dialéctico siguió siendo la teoría crítica del sistema más popular.

Interacciones endógenas

Marx advirtió que existían otras interacciones más allá de la de explotación entre burgueses y proletarios. Entiende, por supuesto, que existían interacciones entre burgueses y burgueses y entre proletarios y proletarios.

Estas interacciones serían endógenas a las clases sociales, y en el gráfico del modelo bipartito, aparecerían como flechas laterales:

Sin embargo, desde la óptica del materialismo dialéctico, estas interacciones endógenas no niegan la eficacia del modelo bipartito[47]. Esto es porque se consideran únicamente de dos tipos, que podríamos llamar “alineadas” e “insignificantes”:

  • Interacciones aditivas: Interacciones cuyo efecto es fortalecer la oposición entre burgueses y proletarios y que, por lo tanto, están alineadas con el modelo bipartito.
  • Interacciones insignificantes: Interacciones cuyo efecto sería el contrario, pero que para Marx eran demasiado débiles y localizadas como para afectar, a nivel macroscópico, la habilidad predictiva del modelo bipartito.

Interacciones aditivas:

Para la teoría marxista, tanto entre burgueses como entre proletarios existe una forma de interacción preponderante. Entre burgueses, esta es la competencia, y entre obreros, la sindicación.

Ambas fueron analizadas extensamente por Marx. Sin embargo, estas interacciones no se introdujeron en el modelo bipartito del materialismo dialéctico, precisamente porque el análisis que hizo Marx de las mismas concluyó que estas no sólo no negaban, sino que fortalecían la estructura bipartita de la sociedad.

Marx menciona que los capitalistas compiten entre sí. Afirma, además, que esta competencia hace que naturalmente deban explotar más a los trabajadores[48]. Por lo tanto, la competencia entre capitalistas cumpliría el rol de fortalecer la dinámica de explotación. Los capitalistas, al competir entre sí, tenderían a explotar más a los obreros.

Los proletarios, por su parte, buscarían sindicarse. Esta dinámica (entre obreros) tampoco se introduce en el modelo materialista dialéctico (porque este es bipartito y toma a los obreros como un todo). Asimismo, sirve para justificar el modelo bipartito.

La dinámica es la siguiente: los obreros notan que sin ellos la fábrica no puede funcionar, con lo cual, si se organizan y hacen huelgas pueden reducir la explotación que sufren.

Notan, además, que sus reivindicaciones se fortalecen si se organizan entre fábricas.

Como los obreros buscan reducir su explotación, notan que sus intereses personales se alinean con los intereses colectivos de la clase obrera a medida que se sindican.

Eventualmente, los obreros observan que todos ellos están en la misma situación, y que el único modo de hacer desaparecer la explotación es tomar los medios de producción. Entonces, la interacción preponderante entre obreros también lleva a que estos busquen, en conjunto, ser menos explotados.

Las interacciones preponderantes entre obreros y entre capitalistas, entonces, pueden ser olvidadas, porque quedarían contempladas suficientemente en el modelo materialista dialéctico.

Además, justifican el modelo bipartito al punto de permitirnos ignorar complejidades estructurales en la composición del proletariado[49].

Interacciones insignificantes:

Otras interacciones son, para el materialismo dialéctico, demasiado débiles como para afectar a nivel macroscópico la oposición entre burgueses y proletarios.

Marx observó, por ejemplo, que los obreros no siempre tienden a sindicarse, es decir, que no siempre creen que su interés personal se alinea al interés colectivo. Por ejemplo, a veces los obreros compiten entre sí.

Recordemos que los agentes de la historia son clases. Sólo se habla de individuos para justificar la predictividad del modelo de biclase. En el Manifiesto Comunista, al explicar cómo el proletariado adquiere un funcionamiento homogéneo mediante la sindicación, que permite aplicar el modelo de clases, Marx afirma que “el proletariado pasa por diferentes etapas de desarrollo”, que “al principio, la lucha es establecida por obreros aislados”, y advierte que “esta organización del proletariado en clase [...] es socavada por la competencia entre los propios obreros”. Luego, sin dar demasiadas explicaciones, afirma: “Pero surge de nuevo, y siempre más fuerte”.

No explica cómo se socava ni cómo surge de nuevo y más fuerte. Simplemente lo afirma. Se advierte que hay dinámicas complejas entre trabajadores que pueden afectar localmente la predictividad del modelo bipartito. Sin embargo, acontecen dos cosas:

  1. Marx no contaba con las herramientas para modelar interacciones complejas entre muchos agentes. Como veremos, las herramientas de modelado de esa época sólo permitían pensar en términos de dos clases. Esto impedía que Marx pudiera predecir qué dinámicas macroscópicas resultarían de las interacciones complejas que observaba, porque no tenía la capacidad de establecer un modelo formal capaz de predecir fenómenos emergentes[50]. Esta capacidad no existiría hasta el desarrollo de la computación y el modelado multiagentes.

  1. Por el motivo anterior, la predicción de Marx sólo podía basarse en generalizaciones empíricas establecidas en el momento en que él escribía. Su conclusión fue que estas interacciones (desconocidas, no modeladas) no afectan la predictividad del modelo por mera observación de su entorno: a pesar de ellas, los obreros en su época seguían organizándose y participando en partidos comunistas.

Estas dinámicas complejas no fueron modeladas, pero hasta unos cien años después del trabajo de Marx, no habrían implicado grandes errores predictivos a nivel macroscópico.

Marx concluyó, entonces, que toda interacción endógena es o bien insignificante o bien fortalecedora del modelo económico bipartito.

Estas interacciones endógenas, además, contribuirían a la formación de la conciencia de clase. La conciencia de clase es análoga a la teoría del valor-trabajo, en el sentido de que ambos conceptos hacen que la relación entre la burguesía y el proletariado, además de equivaler estructuralmente a la relación de cada burgués con cada proletario, la equivale dinámicamente: así como la teoría del valor-trabajo permite justificar la aplicabilidad del mismo modelo de explotación en ambas escalas, la conciencia de clase permite justificar la asimilación del interés, la agencia y la voluntad de cada obrero con el de toda la clase obrera. Son hipótesis que cumplen el rol de fundamentar la aplicabilidad del modelo biclase a pesar de la complejidad del mundo.

Emergencia de la cultura

Observamos que para Marx la relación principal entre burgueses y proletarios es de oposición por explotación, y que esta relación subsume a todo el resto. Además, como vimos, esta relación puede ser representada con el modelo de la fábrica con el que definimos la plusvalía.

El modelo bipartito sería predictivo de la cultura por eso: la interacción más importante es la de oposición entre burguesía y proletariado, de intereses diametralmente opuestos e irreconciliables. Con la teoría del valor-trabajo y el concepto de conciencia de clase, Marx modela la economía apelando sólo a dos clases. Ahora son las clases, en sí, los agentes a partir de los cuales se describe la dinámica del sistema.

En ese contexto se introduce el materialismo. Afirmarse materialista es afirmar que la cultura, la ideología, y los aspectos simbólicos del mundo están determinados por el mundo material.

Ahora bien, el materialismo puede ser de distintos tipos. De hecho, el consenso científico actual es materialista; el supuesto básico de las neurociencias y la psicología es que los pensamientos de una persona están determinados por la actividad de su sistema nervioso. En términos de modelado, esa “determinación” no quiere decir más que si dos sistemas nerviosos están exactamente en la misma configuración, los pensamientos que tiene cada uno son exactamente los mismos.

Dado que la cultura, la ideología y los aspectos simbólicos del mundo se apoyan en los pensamientos de las personas, y que los cerebros son materiales, el consenso científico es que los fenómenos culturales están determinados materialmente.

Por este motivo, el materialismo no es una tesis disparatada.

Ahora bien, podemos imaginar situaciones en que dos trabajadores ganen la misma cantidad de dinero, tengan el mismo puesto y respondan al mismo patrón. Esta descripción económica del obrero también es material, pero más abstracta que la descripción física. Que sea más abstracta quiere decir que dos personas pueden tener distintas configuraciones físicas, es decir, distinta forma de la nariz, distintos sistemas nerviosos, distintas posiciones de átomos en el cuerpo, pero la misma descripción económica (mismo patrón, mismo puesto, etc).

Dos trabajadores que ganan la misma cantidad de dinero, tienen el mismo puesto y responden al mismo patrón  pueden pensar cosas diferentes. En este segundo tipo de materialismo se ignora información detallada del sistema nervioso que es crucial para determinar los pensamientos. Si llamamos “materialismo económico” a la creencia de que los fenómenos económicos determinan el pensamiento, esta sí parece ser una tesis disparatada, al menos tomada literalmente.

El materialismo dialéctico es materialismo económico. Desde ese modelo, toda acción cultural, ideológica, estatal o política está determinada por la economía. Además, la descripción de la economía que hace es más abstracta aún, ya que el modelo bipartito es de oposición entre clases, y no considera a los individuos. De esto se trata el materialismo dialéctico.

Ahora bien, como ya hemos visto, cualquier idealización parece disparatada. Debemos evaluar al materialismo dialéctico de acuerdo a su capacidad predictiva.

Lo que afirmaba Marx es que el modelo de dos clases predecía bien, en general, a los fenómenos culturales, y que estos podían explicarse apelando simplemente a cuestiones concernientes a la lucha de clases.

 

En otras palabras, la idea era que la generalización permitiría obviar todas las complejidades que sucedían entremedio, confiando en que sus efectos se disiparían a nivel macroscópico (como lo mencionamos el ítem anterior). Estos supuestos se justificaban mediante la generalización empírica de las tendencias culturales del siglo XIX.

Imaginemos que los dos obreros que ganan lo mismo y tienen el mismo puesto están en la misma asamblea. Escuchan que se duplicará el sueldo para su puesto. En esta situación, sí podemos predecir que sus pensamientos probablemente serán similares. Si la asamblea es suficientemente larga, y en ella se anuncian varias noticias importantes y concernientes a su trabajo, nuestro materialismo económico será, durante un tiempo, relativamente predictivo de los pensamientos de los obreros: compartirán alegrías, tristezas, furia y reflexiones.

Sin embargo, después de que termine la asamblea, el mismo materialismo dará muy malos resultados. Es muy probable que una vez que lleguen a su casa su secuencia de emociones sea distinta. La convergencia entre sus pensamientos se debía a factores coyunturales.

El único modo de comprender por qué se acertó primero y se falló después es notando la idealización que se llevó a cabo, la complejidad que se decidió ignorar, y buscando refinar, detallar, y complejizar más el modelo.

Una cosa es decir “tomo al obrero en su descripción económica, sin tener en cuenta la complejidad de la configuración de sus neuronas, porque esto me sirve ahora”. Otra muy distinta es decir “se puede predecir qué piensa un obrero sólo atendiendo a su descripción económica”.

La primera afirmación nos advierte que el modelo sirve mientras dure la asamblea, y después quizás no. Incluso nos remite a preguntarnos por qué sirve durante la asamblea, e intentar explicar por qué es predictivo a partir de modelos que incluyan a las neuronas.

La segunda, no sólo no nos advierte que va a dejar de servir, sino que en caso de dejar de servirnos, no vamos a poder siquiera explicarnos por qué ya no nos sirve. El modelo mismo nos dice que nunca debemos preocuparnos por las neuronas.

El materialismo dialéctico no sólo obvió mucha complejidad de la interacción entre personas. La eliminó del modelo. Eliminar a las personas y sus interacciones de la ontología[51] impide notar cuándo, y por qué, el modelo ya no es aplicable. Además, esta eliminación dificulta la comprensión del error predictivo, y por lo tanto, su capacidad de corregirlo.

Por este motivo es que en este capítulo hicimos una reconstrucción del materialismo dialéctico desde los individuos: para poder comprender exactamente cuál es el origen de sus errores predictivos.

Muerto Marx, apareció la línea de ensamble y se complejizaron los roles de producción. Surgieron gerencias asalariadas, Estados de Bienestar, ideologías que buscan la armonía de clases, y que gozaron de apoyo masivo, y redes sociales. El materialismo dialéctico perdió gran parte de su capacidad predictiva cultural, y su ontología no permite siquiera explicar por qué.

Este modelo es predictivo de la historia

Como ya lo hemos mencionado: si la evolución de la economía puede comprenderse desde el modelo biclase y la cultura está determinada por la economía, entonces tanto el futuro económico como el futuro cultural pueden predecirse desde el mismo modelo.

La historia sería el resultado de la lucha de clases, que siempre tomaría la misma dinámica abstracta en distintas formas concretas[52]. Esto quiere decir que todas las épocas se modelarían relativamente bien desde un modelo bipartito (de dos clases) y el concepto de explotación.

De esta manera, el modelo surgido para explicar la explotación capitalista podría aplicarse a toda la historia anterior.  Se considera, sin embargo, que los sistemas económicos anteriores a la economía de mercado eran visiblemente complejos[53], y que tenían muchos estamentos diferentes.

En cada etapa de la historia, uno de esos estamentos se alzaba contra sus explotadores, los destruía, transformaba el sistema económico y comenzaba a explotar al resto de los estamentos, que ahora cambiaban de nombre cuando el sistema se reconfiguraba.

La economía de mercado, cuando escribió Marx, no era tan compleja como ahora. Marx entendió a la simplificación como un rasgo connatural al sistema de mercado[54]. Ahora sólo había dos clases, la burguesía y el proletariado, lo cual justificaba la utilización del modelo biclase. Tanto la explotación como la tendencia al alzamiento de la clase obrera se explicarían desde ese mismo modelo.

La conclusión de ello era que si la clase obrera se alzaba y destruía a la burguesía no quedaría otro estamento que explotar. En el prólogo de Engels a la edición alemana de 1883 del manifiesto, se afirma: “la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases”.

Este sería el fin de la historia, al menos de la historia entendida como la historia de la lucha de clases.

El materialismo dialéctico no permite diseñar sistemas económicos

El modelo bipartito es abstracto.

Esto implica que la clase es una caja negra: en el modelo formal, la ontología incluye sólo a las clases sociales. Los individuos se subsumen en el modelo, y toda complejidad interior y endógena es invisible.

Como los entes son las clases, el modelo no permite tratar relaciones entre individuos.

La relación caracterizada por el modelo es la de explotación. Sólo se puede afirmar que la burguesía pone los insumos y las máquinas, y que los obreros trabajan organizadamente. Recordemos que en la definición de trabajo con que Marx define la teoría del valor-trabajo, se incluye a la organización como característica intrínseca del mismo. El trabajo social del que habla Marx es, de por sí, trabajo organizado, trabajo inteligente.

Como la clase es una caja negra, el modelo no está preparado para afirmar “este obrero hace X, este otro obrero hace Y, etc”. No permite inquirir sobre el procedimiento que lleva a cabo la economía.

La organización del trabajo, entonces, pasa a ser otra de las cajas negras del materialismo dialéctico: se subsume en la propia definición de trabajo.

Varios intérpretes han observado que Marx nunca habló de cómo se organizaría una economía socialista. Esto no fue por falta de tiempo. El materialismo dialéctico no permite diseñar sistemas económicos porque su propia ontología no permite hablar de ellos.

Además, el modelo ni siquiera lo considera necesario. Si el trabajo se define como trabajo social organizado, para que la economía funcione sólo hace falta trabajar.

Así como tomar a la organización como rasgo definitorio del trabajo impide formular ciertas preguntas, tomar al trabajo social organizado prácticamente como un sinónimo de valor impide formular otras preguntas. ¿Qué significa diseñar la producción social de manera eficiente, si por definición el trabajo siempre genera la misma cantidad de valor[55]?

Por último, un argumento en favor de la teoría del valor trabajo es que, eventualmente, los precios de mercado se estabilizarían en valores proporcionales a la cantidad de horas de trabajo social que llevaría producir las mercancías. El argumento es, por lo menos, disputable. Está claro que existen productos de precios altos cuya producción toma poco trabajo, como es el caso del petróleo, valorable por su escasez pero de fácil extracción.

Sin embargo, si existiera una tendencia a largo plazo a la proporcionalidad entre los precios de mercado y las horas de trabajo insumidas, tendría una fácil explicación desde la maximización de la rentabilidad: El principio equimarginal implica que para optimizar el dinero obtenido en relación a las horas de trabajo destinadas, se debe disponer el tiempo de manera tal de encontrarse en una situación en que, a nivel local, el tiempo dedicado a cualquier actividad genere exactamente la misma cantidad de dinero[56]. De esta manera, la tendencia a la proporcionalidad entre precio y horas de trabajo en el mercado quedaría explicada sin necesidad de postular una equivalencia entre valor y trabajo.

El materialismo dialéctico no permite diseñar sistemas políticos

Dado que la clase es una caja negra, lo único que el materialismo puede hacer es si la clase obrera toma el poder o no. No dice cómo se organizaría la vida social y política entre individuos porque su ontología tampoco lo permite.

Nótese que, en el análisis verbal que justifica el modelo bipartito, la interacción preponderante entre trabajadores es de colaboración. Esto lleva a esperar cosas buenas de la sociedad para cuando la clase obrera tome el poder. Que no se pueda hablar de cómo se organizará el poder entre individuos no es un problema grave si se espera que estos colaboren entre sí y no se comporten de manera mezquina.

Además, el modelo ni siquiera considera necesario diseñar un sistema político. Dada la tesis principal del materialismo dialéctico, la superestructura de una sociedad (y como parte de de ella, la organización política) queda determinada por su estructura (más precisamente, por la descripción económica que el modelo bipartito puede hacer de la misma, es decir, por la relación de poder económico entre las clases sociales).

Desde dicha óptica, es suficiente con que la clase obrera tome el poder: toda la superestructura quedará determinada, incluido el modo de gobierno y el sistema político.

Al igual que para con el sistema económico, el modelo no ve siquiera una decisión a tomar.

Lo que hace al autoritarismo es la falta de robustez de los modelos

Como lo hemos mencionado, no hubo experimento socialista en el siglo XX que durara más de un lustro y no haya devenido en autoritarismo y burocratización.

Existe la idea de que el socialismo causa el autoritarismo. Si nos remitimos exclusivamente a la observación anterior, no parece una conclusión tan disparatada. Esto llevó a muchos defensores de la economía de mercado a tomar socialismo y democracia no sólo como propiedades incompatibles, sino como antónimos.

Sin embargo, no todo el autoritarismo del siglo pasado fue socialista. En América Latina, 18 países sufrieron gobiernos autoritarios prolongados. De entre ellos, sólo el cubano fue socialista, y el socialismo ni siquiera tuvo el monopolio de las dictaduras en ese país.

Es cierto que todos los experimentos socialistas fueron autoritarios.

También es cierto que todo sistema económico en una situación de falta de robustez económica fue autoritario. En otras palabras, fueron autoritarios todos los sistemas económicos implementados sobre factores económicos lo suficientemente alejados de los supuestos idealizados que predecían su buen funcionamiento. El concepto de “suficientemente alejado” es relativo a la robustez[57] de cada sistema.

La explicación de por qué la falta de robustez de un sistema económico implica el autoritarismo es clara: si la población se aleja de los supuestos idealizados que predecirían el buen funcionamiento del sistema (por ejemplo, si en el mercado los individuos dejan de querer respetar la propiedad privada de los más ricos, o si en el sistema soviético los individuos no quieren llevar a cabo el trabajo que se espera de ellos), hace falta algún mecanismo que corrija ese error. De otro modo, el sistema económico se cae. Este mecanismo no forma parte del sistema económico per se (si lo fuera, el sistema sería robusto). Los sistemas económicos faltos de robustez tenderían a crisis estructurales si no pudieran corregir dicha falta con algún mecanismo extraeconómico. La falta de robustez que surge por cuestiones de actividad humana debe corregirse ajustando la actividad humana. Los modos extraeconómicos más directos que conocemos de “corregir” la actividad humana son la persuasión y la obligación. La persuasión extraeconómica[58] se traduce en propaganda y la obligación en autoritarismo.

Los mecanismos extraeconómicos son mecanismos opacos de control, en el sentido de que no figuran en los modelos económicos. Los modelos económicos no incluyen dichos mecanismos de control de manera transparente: son mecanismos de control que aparecen por necesidades prácticas, y en general son indeseables. No figuran en los modelos idealizados. Esto los vuelve peores: al ser opacos e invisibles para los modelos, son muy difíciles de tratar, discutir y modificar.

Podemos resumir el problema en dos consignas:

  1. Sin un mecanismo opaco de control, un sistema que no es robusto desaparece. Llamamos mecanismo explícito de control a los mecanismos de respuesta y/o planes de contingencia que están inscritos en el modelo formal de un sistema. Llamamos mecanismos opacos de control a los mecanismos de control que no lo están (en este caso, extraeconómicos). Si un sistema no es robusto de por sí, o bien se derrumba ante sus errores de modelado, o bien apela a algún mecanismo de control que no forma parte explícita del modelo.

  1. Donde no se pone atención, gana el hábito. En términos de sistemas económicos y políticos, esto quiere decir que lo que no está explícita y formalmente diseñado, lo hacemos automáticamente, del modo que acostumbramos. Los mecanismos de control habituales para la actividad humana son la coerción y la persuasión, pero la persuasión no es robusta a gran escala. La respuesta automática a la falta de robustez de un sistema es el autoritarismo.

Dicho esto, no es clara la relación entre socialismo (entendido como equidad económica) y autoritarismo. Recordemos el capítulo 1: el tamaño del conjunto de sistemas económicos concebibles hace absolutamente inverosímil a la creencia de que en ninguno de ellos pueda existir el socialismo sin autoritarismo.

En términos epistemológicos, lo adecuado sería descartar al socialismo (que es una propiedad de los sistemas económicos) como factor explicativo del autoritarismo, y adoptar la falta de robustez como su explicación (otra propiedad de los sistemas económicos).

Esto es por dos motivos:

  • Principio de mayor explicatividad: La explicación del autoritarismo a partir de la falta de robustez de los sistemas económicos sirve para explicar los autoritarismos acontecidos tanto en los sistemas económicos de mercado como en los sistemas soviéticos.

  • Principio de economía explicativa: Por el principio de economía explicativa, o de “Navaja de Ockham”[59], lo epistemológicamente correcto es no postular una relación causal entre socialismo y autoritarismo si ya existe una explicación suficiente y más abarcativa.

Sin embargo, resta explicar por qué la economía de mercado pudo funcionar en muchos casos sin autoritarismos mientras que esto nunca sucedió para las economías socialistas. Como veremos a continuación, esto es porque el sistema soviético no es un sistema robusto, y porque el materialismo dialéctico llevó a que las revoluciones socialistas que se hicieran desde su marco teórico fueran soviéticas.

El materialismo dialéctico llevó al sistema soviético

Como hasta ahora la crítica más contundente del capitalismo se llevó a cabo desde el materialismo dialéctico, todas las revoluciones socialistas lo adoptaron como marco teórico.

Como vimos, el materialismo dialéctico sólo podía decir que la clase obrera controlaría la economía. Sin embargo, no contaba con las herramientas ni la ontología para detallar cómo.

En el ítem anterior, advertimos una consigna: donde no se pone atención, gana el hábito.

La organización obrera habitual es la asamblea. Sin embargo, es imposible sostener asambleas muy grandes. En la organización obrera, el problema del tamaño de las asambleas se resuelve mediante delegaciones (se subdivide la asamblea, y cada una de ellas envía un delegado en representación). El hábito lleva a que para controlar una economía se utilice el sistema soviético.

El sistema soviético es constitutivamente poco robusto

El sistema soviético controla la economía desde arriba y de manera centralizada. El soviet supremo tiene la última palabra sobre las decisiones, porque representa a toda la población. Tiene la potestad de asignar tareas a los demás soviets, y la responsabilidad de velar por los intereses de toda la población.

En el capítulo 2, habíamos dicho que los supuestos sobre las personas para que el socialismo sea óptimo son:

  • Que estas son capaces de abarcar la economía; es decir, que pueden efectuar cálculos que optimicen el rendimiento de la economía.
  • Que estas son comunicadoras perfectas; es decir, que los delegados son capaces de representar de manera objetiva y no sesgada lo que se discutió en cada soviet.
  • Que estas son buenas; es decir, que llevan a cabo los cálculos y la comunicación honestamente.
  • Que se pueden conformar; es decir, que el sistema se equilibra, o en otras palabras, que eventualmente todos los soviets llevan a cabo la actividad dispuesta por su soviet inmediatamente superior. 

Sin embargo, el sistema soviético no es robusto ante el error de modelado en sus supuestos.

El sistema no es robusto ante la falta de conformabilidad:

Como la economía está altamente integrada y llena de interdependencias complejas y no lineales, es sumamente dañino para el sistema que un soviet no cumpla su parte. El sistema soviético no tiene planes de contingencia explícitos ante esta problemática[60]. El materialismo dialéctico supone que sólo hace falta trabajar. Como para la teoría marxista la producción quedaba simplificada por el capitalismo, no existía siquiera una elección importante sobre de qué trabajar: las tareas productivas se complejizaron después del desarrollo del modelo bipartito. En el siglo XIX, se trataba principalmente de trabajo fabril, relativamente mecánico. El sistema soviético no es robusto ante la variabilidad de voluntades y la falta de conformidad para con las tareas asignadas. Por lo tanto, requiere de algún mecanismo opaco de control para que las personas cumplan su actividad. Recordemos que donde no se pone atención gana el hábito, y que el mecanismo de control habitual para hacer cumplir una conducta es la coerción.

El sistema no es robusto ante la comunicación imperfecta ni la falta de bondad

Por otra parte, uno de los supuestos de buen funcionamiento del sistema soviético es que los delegados son perfectos comunicadores y buenos. A veces, las personas no son buenas. Nunca son perfectas comunicadoras.  Esto causa que a medida que se sube en la jerarquía de soviets, quedan sobrerrepresentadas las interpretaciones de la realidad de los delegados de mayor rango en las decisiones finales.

Dada la falta de robustez frente a la conformabilidad, el soviet supremo tiene el deber de restringir las libertades de los soviets de base si quiere que el sistema funcione. Esto es porque la propaganda no es suficiente como mecanismo para garantizar la conformidad. Una vez que el soviet supremo tiene la potestad de restringir las libertades de otros soviets, el sistema no tiene mecanismos de contingencia ante la posibilidad de que el comité central se vuelva “malo”. Esto lo hace poco robusto ante el error en ambos supuestos.

En la parte 3 de este libro, al estudiar la teoría general de la explotación que ofrece el nuevo marco teórico, volveremos a analizar el autoritarismo del sistema soviético.

El estalinismo estaba en Marx

Hemos expuesto dos observaciones:

  1. El materialismo dialéctico es un modelo de los factores económicos y extraeconómicos que lleva a implementar un sistema soviético.

  1. El sistema soviético parte de supuestos idealizados sobre la sociedad, y es poco robusto ante sus idealizaciones. En la práctica, esto lleva sistemáticamente al autoritarismo.

Hay tendencias del materialismo dialéctico que se proponen evitar la burocratización y el autoritarismo modificando la voluntad y actividad de la población en lugar de rediseñando el sistema. Depositar los problemas de los modelos en las intenciones humanas es común, como lo hemos mencionado el capítulo anterior, y trataremos en profundidad en el capítulo 11.

En lugar de afinar el sistema económico soviético para adaptarse al funcionamiento de la población, hay quienes buscaron afinar el funcionamiento de la población para ajustarse al sistema soviético.

El Che Guevara hablaba del hombre nuevo, y buscaba que toda la población llegara a un nivel de conciencia socialista tal que cumpliera el rol que se le asignara con honor, sacrificio y placer.

El Trotskismo hablaba de revolución permanente, y buscaba evitar que los roles jerárquicos del sistema soviético se burocratizaran con más control obrero, o en otras palabras, con más sistema soviético.

Tanto el Che como Trotsky murieron sin haber implementado sus proyectos. Exigir cambios a cómo funciona la población es poco robusto, y también tiende a ser autoritario. Exigirle peras al olmo es autoritario[61], por más educación y concientización que acompañe la exigencia.

En el siglo XX, no había más alternativas que el sistema soviético y la economía de mercado. Varios militantes socialistas consideraron que el deseo de libertades individuales era pequeñoburgués[62].

Argumentaron, con diversas variaciones, que sólo se piensa en las libertades políticas cuando se tiene la panza llena. A continuación, priorizaron el socialismo y la eliminación de la pobreza extrema a la existencia de libertades individuales.

Querámoslo o no, hoy la mayoría de las personas elige la opción contraria.

Por suerte, como lo hemos adelantado en los primeros capítulos, ese dilema es un dilema del siglo XX.

La revolución no se hizo en Alemania

La noción de explotación marxista hablaba de cómo se distribuía el valor producido entre explotadores y obreros en términos relativos, no en términos absolutos.

Para ese modelo, un obrero que gana bien es más explotado que uno que gana mal si el burgués que contrata al primero gana mucho más que el burgués que contrata al segundo.

Como la revolución la harían los obreros más explotados, decía Marx, la harían allí donde el capitalismo estaba más desarrollado: en Alemania.

Esto no sucedió.

De hecho, las revoluciones socialistas nunca fueron obreras. Siempre fueron de mayorías campesinas, muchas veces lideradas por élites “ilustradas”.

Lenin puso un parche a la teoría: introdujo el imperialismo como relación de explotación capitalista, que predecía que la revolución se haría en países sometidos bajo relaciones imperialistas, como Rusia.

En la clase obrera internacional del siglo XXI, las posturas revolucionarias son minoritarias. Esto es contrario a las predicciones del materialismo dialéctico sobre la formación de la conciencia de clase.

Además, como lo hemos mencionado, como la clase es una caja negra, no permite entender por qué la predicción es equivocada, y por lo tanto, no permite diagramar estrategias revolucionarias para el contexto actual.

El marxismo introduce el concepto de alienación, así como el concepto de hombre nuevo o de revolución permanente, en otro intento de ajustar la realidad a la teoría y no al revés: el problema, se afirma, no estaría en que el modelo bipartito con la clase como caja negra sea poco predictivo de qué quieren los trabajadores, sino de que los trabajadores no saben lo que quieren en realidad. No son marxistas porque están alienados, no saben lo que quieren, y fueron engañados por los medios masivos de comunicación. Como conclusión, no habría que cambiar el modelo para establecer un mejor plan revolucionario. Simplemente haría falta concientizar a la clase obrera de su alienación.

El materialismo dialéctico tiene fecha de caducidad

Si el argumento de Harari sobre la automatización del trabajo que citamos en el capítulo anterior es cierto, el trabajo humano podría transformarse en una parte prescindible de la producción.

La explotación caracterizada por Marx trata estricta y únicamente sobre el reparto del valor resultante del trabajo humano.

Un sistema económico en que la burguesía es dueña de todo, tiene acceso a robots que hacen el trabajo, y el resto de la población queda a la deriva de la voluntad de esa misma burguesía es un sistema que, en términos marxistas, carece de explotación.

Esta posibilidad implica, además, la posible disolución de la dialéctica de clases, es decir, de las categorías de “burguesía” y “proletariado”, y de todos los aspectos concernientes al modelo bipartito (incluído el capital y la historia misma), sin necesidad de que esta disolución se de por una revolución socialista.

En el capítulo 3, veremos algo incluso más extraordinario al presentar la teoría unificada de la historia: es altamente probable que en el próximo siglo el propio capitalismo disuelva la propiedad privada, y que esto contribuya a la concentración de poder más que a su distribución.

Marx no abrazaría el materialismo dialéctico

Marx observó injusticias estructurales en la economía de mercado. Trabajó con los mejores modelos que existían en su época para caracterizarlas, con el objetivo de transformarlas.

Fue consciente de la importancia de contar con una teoría efectiva sobre el funcionamiento de la sociedad y la economía, así como de una explicación de por qué las cosas están mal a fin de poder corregirlas, y construyó el mejor modelo posible a partir de las herramientas conceptuales que existían en el siglo XIX.

Marx entendió la importancia de modelar para intervenir sobre la realidad. Por esto llama socialismo científico a la militancia basada en el materialismo dialéctico, en oposición al socialismo utópico, que buscaba el socialismo sin un plan riguroso que se basara en un modelo preciso de cómo funcionan la economía y la sociedad.

Sin embargo, y sobre todo, Marx no abrazó las teorías que heredaba de su tradición, sino que buscó actualizarlas[63].

Su causa no era un marco teórico, su causa era la lucha contra la injusticia y la búsqueda de un futuro mejor: su causa era el socialismo. En función de su causa, construyó el mejor marco teórico posible con las herramientas disponibles en su momento. Hoy, las herramientas disponibles son otras.

Desde la tradición marxista, se llama “revisionista” a las posturas que critican las propuestas centrales de la tradición marxista.

Antes de que la informática redefiniera la economía política, nadie distinguía entre los sistemas económicos y sus propiedades. No quedaba claro cómo establecer un marco teórico revolucionario por fuera de la teoría marxista, ni se era consciente de la amplitud del espacio de sistemas económicos concebibles. Cuando los sistemas económicos conocidos eran solo dos, ser revisionista era visto como sinónimo de ser reformista, o en otras palabras, de no ser revolucionario. Esto es porque implícitamente implicaba una defensa de la economía de mercado (que era la única alternativa al sistema soviético).

La fobia al revisionismo llevó a una porción no insignificante de la tradición marxista a practicar la exégesis antes que la crítica, y el acercamiento religioso antes que el científico frente a los conceptos centrales de la teoría.

Después de la informática, la sinonimia práctica entre “revisionismo” y “connivencia para con la economía de mercado” desapareció.

Hoy contamos con las herramientas para afirmar que, si es cuidadoso y bienintencionado, el revisionismo será más revolucionario que la ortodoxia.


Capítulo 6: Si podemos decir esto es porque estamos sobre hombros de gigantes.

Si podemos hacer críticas tan duras al materialismo dialéctico es porque estamos de pie sobre  hombros de gigantes.

Como lo hemos visto en el capítulo 2, el funcionamiento de un sistema económico depende del funcionamiento de los factores extraeconómicos sobre los que funciona. Cualquier defensa de cualquier sistema económico se basa en un modelo de cómo funciona la sociedad. Por estos motivos, la historia de la economía política es una historia sobre el modelado.

Hemos mencionado que hubo límites en las “cajas de herramientas” de modelado, tanto del liberalismo como del materialismo dialéctico. En este capítulo veremos cuáles fueron esos límites y por qué estos ya no existen.

Además, haremos algunas observaciones sobre la situación económica y política actual, como cabos que pueden atarse a partir de la perspectiva informática, a fin de redefinir qué es el capital (en la parte III), y en consecuencia, qué es la revolución (en la parte IV).

Cuando las herramientas de modelado son limitadas, se busca ajustar los modelos a las observaciones del mejor modo posible. Esto llevó a que tanto el liberalismo como el materialismo dialéctico propusieran modelos que se ajustaban relativamente bien a la economía de sus tiempos. Como lo hemos observado en el caso del materialismo dialéctico, los límites de esos modelos no permitían notar que estos perderían aplicabilidad a medida que el sistema económico evolucionara. En la parte III de este libro, al presentar una nueva definición del concepto de capital, veremos una explicación de por qué Smith vio lo que vio al mirar a la economía de mercado, por qué Marx vio algo diferente, y por qué, en este momento, los modelos que ellos tenían ya no se ajustan a la realidad de manera fiel.

La historia del modelado formal tiene tres grandes etapas

La historia del modelado formal de sistemas dinámicos tiene tres grandes etapas[64], relacionadas con el tipo de sistemas que podían modelar las herramientas formales con que se contaba.


Estas tres etapas son llamadas:

  • Modelado de sistemas simples: Sistemas de una o dos partes interdependientes.
  • Modelado de sistemas de complejidad desorganizada: Sistemas de infinitas partes que funcionan como si fueran independientes entre sí.
  • Modelado de sistemas de complejidad organizada: Sistemas de tres o más partes interdependientes.

Veremos de qué se trata cada una de ellas, y cómo el materialismo dialéctico se asocia a la primera, el modelo económico liberal a la segunda[65], y con qué herramientas contamos hoy para dar el paso a la tercera.

La siguiente tabla resume los puntos que expondremos a continuación. El llamado modelo networkista será desarrollado desde la parte III de este libro. En este capítulo, estableceremos apenas una serie de observaciones preliminares.

Característica de modelos

Ontología

Paradigma de modelado

Expresión en economía política

Simplicidad.

Interacciones lineales o de dos partes.

Ecuaciones diferenciales.

sVII

Materialismo dialéctico.

sXIX

Complejidad desorganizada.

Infinitas partes, independientes[66].

Mecánica estadística

sXIX

Modelo liberal o neoclásico.

sXX

Complejidad organizada.

Varias partes, interdependientes.

Modelos multiagentes

sXX

Modelo networkista

sXXI

Todo comenzó con Newton

El primer gran paradigma de modelado formal de sistemas dinámicos es de sistemas simples.

Como la ciencia moderna, comenzó con Newton. Newton fue el primero en describir el movimiento de los objetos “sublunares” (terrestres) y “supralunares” (espaciales) a partir de las mismas leyes. Mostró que los astros siguen las mismas leyes de movimiento que una piedra pateada o un proyectil arrojado.

Para poder llevar a cabo esa tarea, tuvo que inventar un nuevo método para describir el movimiento: el cálculo diferencial. Tras el éxito unificador que había tenido en la física, todas las disciplinas científicas intentaron modelar sus objetos de estudio desde el mismo método[67]. Este paradigma de modelado que ocupó a toda la ciencia por más de dos siglos no era capaz de comprender el movimiento de más de dos partes interdependientes[68].

Veamos qué significa esto.

La versión introductoria de la física de Newton tiene dos grandes fórmulas. La primera es la celebérrima:

Ella afirma que la suma neta de las fuerzas que actúan sobre un cuerpo son iguales a la masa por la aceleración de dicho cuerpo.

La segunda fórmula explica cómo funciona la atracción gravitatoria:

Esta afirma que la magnitud de la fuerza gravitacional entre dos cuerpos es igual a:

  1. La suma de las masas de ambos cuerpos ( y ).
  2. Dividida por el cuadrado de la distancia entre los mismos ().
  3. Multiplicada por una constante  llamada la “constante de gravitación universal”.

Con estas dos fórmulas, ya podemos saber cuál será la aceleración de cualquier conjunto de cuerpos en cualquier momento. Para ello, sólo hace falta saber su masa y su posición. Dada dicha información, la segunda fórmula calcula la fuerza gravitatoria que se aplica a cada cuerpo, y luego la primera obtiene la aceleración de los cuerpos a partir de las fuerzas calculadas.

Ahora bien, la aceleración cambiará instantáneamente apenas los cuerpos se muevan, porque entonces sus posiciones van a haber cambiado, y por lo tanto habrán cambiado las fuerzas que actúan sobre ellos (de las cuales depende la aceleración). No es fácil describir el movimiento de un cuerpo así. La genialidad de Newton fue dar un método para ello.

Notemos que la aceleración es la tasa de cambio de la velocidad, y la velocidad es la tasa de cambio de la posición. Todas ellas cambian inmediatamente al cambiar la posición.

Si contamos con la velocidad y la posición de los distintos cuerpos en cualquier instante, las fórmulas de newton nos permiten saber, para ese instante:

  1. La tasa de cambio de la velocidad (es decir, la aceleración, que se calcula con las fórmulas que ya vimos[69]).
  2. La tasa de cambio de la posición (que es la velocidad, con la que por hipótesis ya contamos).

Esto forma un sistema de ecuaciones diferenciales, que es el nombre que se le da a la descripción de cómo se mueve un sistema a partir de cómo funciona la tasa de cambio de sus variables, y es cerrado, lo que quiere decir que si sabemos el valor de todas las variables del sistema (en este caso, la velocidad y la posición), vamos a saber las tasas de cambio de todas ellas (en este caso, la aceleración y la velocidad, respectivamente).

Newton inventó un método para predecir cómo van a moverse las variables de sistemas de ecuaciones diferenciales cerrados: la integración.

Lamentablemente, el método de integración sólo funciona de manera general para sistemas de hasta dos partes[70].

El método era más poderoso que cualquier otro conocido. No tardó en ser aplicado a sistemas de cualquier tipo. Su impacto caló hondo en el pensamiento moderno.

Hasta fines del siglo XIX, los principales modelos formales del movimiento eran de hasta dos entidades en interacción dinámica interdependiente. El materialismo dialéctico surgió a mediados del siglo XIX y forma parte de esta familia de modelos. Analiza a la sociedad desde un modelo formal que considera tan sólo dos entidades en interacción: la burguesía y el proletariado[71].

La mecánica estadística y el modelo neoclásico

El modelado de sistemas de complejidad desorganizada nace con la mecánica estadística. Como ya lo mencionamos, esta surgió a fines del siglo XIX, después de que escribiera Marx.

Los modelos de complejidad desorganizada son de infinitas partes, todas ellas independientes entre sí. En el mundo real, nada es independiente de nada, y ningún sistema que queramos modelar se compone de infinitas partes. Sin embargo, muchas cosas se pueden modelar bien si las tomamos como si tuvieran infinitas partes de comportamiento independiente. En otras palabras, se trata de idealizaciones, que en ciertos casos son útiles.

Veamos de qué se trata esto adentrándonos en cómo surgió la mecánica estadística. Podemos entender su surgimiento como un giro conceptual que permite aplicar la ley de grandes números a las partículas de gas.

La ley de grandes números nos permite saber qué va a pasar con un sistema de muchas partes en que el comportamiento de cada una de ellas es independiente.

Por ejemplo, si tiramos una moneda 10 veces y queremos saber cuántas de ellas saldrán cara. Notemos que cada una de las monedas funciona de manera independiente, todas ellas tienen 50% de probabilidades de salir cara sin importar qué salga el resto.

Naturalmente, no podemos estar seguros de cuántas monedas saldrán cara. Lo que podemos hacer es decir cuál es la probabilidad de que 1 moneda salga cara, cuál es la probabilidad de que 2 monedas salgan cara, etc... y con eso tener una distribución de probabilidad de cómo se comportará el sistema.

Por ejemplo si tiramos sólo dos monedas, sabemos que hay cuatro opciones posibles:

  • Que la primera y la segunda salgan cara.
  • Que la primera y la segunda salgan cruz.
  • Que la primera salga cara y la segunda cruz.
  • Que la primera y la segunda salgan cruz.

De estas cuatro, sólo en una salen dos caras, por lo que la probabilidad de que salgan dos caras es de , o del . Por el mismo motivo, la probabilidad de que no salga ninguna cara también es del . La probabilidad de que salga exactamente una cara, en cambio, es de , o del , porque hay dos opciones de las cuatro que cumplen esta condición.

Si graficamos esto, tenemos:

Si repetimos los mismos cálculos para 10 monedas, obtenemos:

Notemos que en este segundo caso la probabilidad de que salgan entre 4 y 6 caras es del 65%.

Por último, si hiciéramos lo mismo para 100 y 1000 monedas, tenemos:

Cuanto más monedas tiramos, la campana se vuelve más fina, lo que implica que tenemos mucha más confianza sobre cuántas de ellas van a salir cara:

Cuando la cantidad de monedas que tiramos tiende a infinito, la campana se vuelve infinitamente “fina”, o en otras palabras, será seguro que exactamente la mitad salgan cara.

Lo que sucedió es especialmente interesante:

  • Teníamos un sistema de muchas partes (monedas arrojadas).
  • El comportamiento de cada una de ellas era impredecible (50% de probabilidades de salir cara o cruz).
  • A medida que creció la cantidad de partes, el sistema se volvió muy predecible.

La ley de grandes números “cancela” la incertidumbre de las partes a la hora de predecir los fenómenos macroscópicos. Se puede usar cuando las partes son muchas y tienen un comportamiento independiente.

La mecánica estadística surge de aplicar este tipo de leyes estadísticas a las partículas de gas. El único problema es que la trayectoria de una partícula de gas no es independiente de la trayectoria del resto.

Una partícula de gas, en el vacío, viajaría en línea recta. Sólo cambia de dirección cuando se choca con otra partícula. Su trayectoria es absolutamente dependiente de la del resto.

Sin embargo, nosotros podemos mirar una sola partícula de gas, sin prestar atención al resto. En lugar de pensar “la partícula se mueve recto y cambia su rapidez y dirección al chocar con otras partículas” podemos pasar “la partícula va cambiando de dirección y rapidez al azar, al interactuar con el resto del gas”.

Con este cambio de perspectiva, los comportamientos determinísticos e interdependientes de las partículas de gas pasan a verse como comportamientos aleatorios e independientes. Esto es porque en lugar de pensar en interacciones entre cada par de partículas se observa cómo se comporta cada una de ellas frente a una construcción conceptual: el resto de las partículas.

Se asume que las probabilidades del movimiento azaroso de cada partícula funcionarán de manera similar. Esto es porque el gas no tiene ningún tipo de estructura, o en otras palabras, porque el sistema es absolutamente “desorganizado”. Un pequeño error en la caracterización de cada partícula de gas es insignificante, porque las partículas de gas son muchas y no tienden a generar estructuras complejas.

Una vez hecho eso, se puede aplicar razonamientos como la ley de grandes números, y obtener conocimientos muy seguros sobre cómo funciona el gas como sistema sin pensar en sus partículas.

Por ejemplo, se pueden predecir la ley de entropía, la ley de difusión, la tendencia al equilibrio termodinámico de un sistema y la ley de Boyle. Esta última, por ejemplo, muestra cómo se relacionan el volumen y la presión de un gas si su temperatura se mantiene fija (cuanto más comprimido está el gas, más presión ejerce).

Veamos un gráfico representativo del fenómeno:

Notemos que la ley de Boyle describe un comportamiento sumamente simple de un sistema de muchísimas partículas. Cada partícula de gas es, en la realidad, dependiente del resto, pero la desorganización del sistema permite sacar esta conclusión determinística y simple sobre cómo funcionará el sistema entero.

Si se intentara predecir el movimiento de un pez a partir del mismo tipo de  razonamientos, la conclusión de la ley de difusión sería que las partículas del pez se distribuirán muy pronto en el estanque, de manera equitativa. Los átomos del pez, al igual que el dinero o los recursos en una sociedad, están muy lejos de distribuirse equitativamente.

El modelo básico de la mecánica estadística que hemos presentado sirve siempre y cuando cada parte se asuma absolutamente independiente del resto, lo cual sólo es correcto si el sistema no es capaz de formar ningún tipo de organización, es decir, si las partes no son capaces de agregarse en estructuras complejas.

Con el tiempo, la mecánica estadística evolucionó, al punto de considerar estructuras, dependencias y heterogeneidad de partes. Sin embargo, los razonamientos basados en la independencia de partes y la ley de grandes números siguen siendo utilizados en sistemas carentes de estructura. Para ser precisos, nos referiremos a este tipo de modelos como modelos “termodinámicos básicos”.

Antes de que existiera la vida, la ley de difusión podía aplicarse correctamente a las moléculas que existían en el mar, porque estas todavía no habían formado, ni formarían durante mucho tiempo, estructura compleja alguna. Pero la idealización del modelo termodinámico básico no sólo considera que tales moléculas no están formando estructuras complejas, sino que además no pueden formar estructuras complejas. Si modeláramos la sopa primordial desde la termodinámica básica, habríamos predicho que nunca surgiría la vida.

La economía liberal se fundó usando las herramientas de modelado de la termodinámica básica. Así como cada partícula de gas se considera independiente a cada una de las otras individualmente, y se modela como algo que interactúa con “el resto de las partículas”, en el modelo liberal los individuos comercian con “el mercado”[72].

El concepto de competencia perfecta asume que cada individuo comercia con un mercado en el que hay prácticamente infinitas partes comerciando.

Volviendo a la ley de Boyle, imaginemos que tenemos una caja con dos compartimentos, diferenciados por un separador. En cada uno de los compartimentos hay un gas diferente. El separador puede ser deslizado por la presión que ejercen los gases.

Como el volumen de cada compartimento depende de la posición del separador (en un caso positivamente y en el otro negativamente, si la medimos desde el extremo izquierdo), la ley de Boyle describiría la presión que cada gas ejerce sobre el separador de la siguiente manera:

Observemos que el sistema tiene exactamente la misma forma que el celebérrimo gráfico de “oferta y demanda” propuesto por el neoclasicismo. Si ahora aumenta la temperatura del Gas 1, esto hará que ejerza más presión sobre el separador, llevando a un corrimiento de la curva:

El sistema tiene la misma forma que el modelo neoclásico de la modificación de precios.

Recordemos que los modelos de gases ideales y de termodinámica básica no sólo fallan en la predicción de cómo funciona un pez, sino que además predicen que el pez nunca va a existir.

Análogamente, el modelo neoclásico sólo puede aplicarse correctamente en caso de que no existan estructuras productivas macroscópicas, y una vez aplicado, predice que estas nunca van a aparecer.

En el capítulo anterior observamos que la distribución de la riqueza es extremadamente desigual. El modelo neoclásico niega que haya desigualdades estructurales. Esto no es producto de mera necedad, es esperable por motivos de modelado:

  • El modelo neoclásico no puede ver estructuras de poder y desigualdad porque no puede ver estructuras.

  • No puede ver estructuras porque se construyó asumiendo que no las hay.

A diferencia del pez, los fenómenos económicos no pueden verse a simple vista. Sólo pueden ser observados a través de algún modelo. Por lo tanto, una vez que se está usando el modelo neoclásico, es muy difícil soltarlo.

Más adelante, veremos que la economía liberal trabaja con excepciones:

  • Comprende que existen los monopolios.
  • Comprende que existen los equilibrios de Nash y las externalidades.
  • Comprende que existen las empresas.

Aunque estos puntos demuestran que la economía está lejos de comportarse como un gas, precisamente porque importan las interacciones entre partes y porque el sistema sí puede formar estructuras complejas, no comprometen el modelo fundamental del liberalismo. Son tratadas como excepciones localizadas, no como evidencia contra el modelo.

Como veremos, las empresas son los peces de la economía, y la concentración de capital es la evolución biológica que sucede ante los ojos de quien sigue modelando el mar desde la mecánica de fluidos. Como siempre habrá una parte del océano que seguirá siendo sólo agua, el modelo idealizado de fluidos siempre tendrá algún que otro éxito predictivo. Esta es una de las razones por las cuales el modelo más difundido del mercado es el modelo neoclásico.

Para ilustrar la importancia de este fenómeno, veamos una metáfora:

Supongamos que llevo a mi perro al veterinario porque noto síntomas de alguna enfermedad. Espero que el veterinario se haya formado en biología y fisiología caninas, y eventualmente diga algo como  “este órgano no está funcionando del modo que debería, voy a curarlo”.

Si el veterinario tuviera puestos los lentes de la termodinámica básica, no curaría al perro. No vería la enfermedad, ni siquiera vería al perro como un perro. Vería un conjunto de átomos que, a nivel local, parecen vibrar al azar. Concluiría que si aplicamos el principio del laissez faire, los átomos se van a difundir y equilibrar, y flotarán equitativamente en la habitación, como espolvoreados por una mano invisible.

Por mi parte, buscaría inmediatamente a otro veterinario.

Al perro lo podemos ver, pero la economía es grande. Hay quienes la quieren curar desde los lentes de la termodinámica básica.

La informática y la complejidad organizada

Hacia el siglo XX, aparecieron las computadoras. Esto permitió modelar la interacción de sistemas de 3 o más partes de dinámica interdependiente por primera vez.

Recordemos por qué la técnica de Newton podía modelar hasta dos partes:

  • La aceleración de los cuerpos cambia en todo momento, porque depende de su posición, y esta cambia en todo momento.
  • La velocidad de los cuerpos cambia en todo momento, porque depende de su aceleración, y por el motivo anterior, esta también cambia en todo momento.

¿Qué sucedería si la velocidad no cambiara todo el tiempo?

Por ejemplo, si el cuerpo se moviera a un metro por segundo en una dirección ¿cómo puedo predecir qué posición va a tener próximamente?

Si se mueve a un metro por segundo, en un segundo va a haber recorrido un metro. Su nueva posición va a ser la posición inicial más la distancia recorrida durante un segundo. A una velocidad de 1  durante 1  se recorre 1 . Esto es porque la velocidad multiplicada por el tiempo transcurrido a esa velocidad es igual a la distancia recorrida.

En términos generales, tendríamos que la posición después de  segundos será dada por la posición inicial  más la distancia recorrida en  segundos, que se calcula multiplicando la velocidad por el tiempo ():

El problema es que la velocidad no permanece estable, cambia en todo instante. Por esto, vimos que Newton desarrolló el método de integración. Sabemos las velocidades en cada instante, pero un instante dura cero segundos. La integración permitía sortear ese obstáculo y simular sumas de valores infinitesimales (como si sumáramos  para una duración de  de “un instante”).

Como lo hemos mencionado, no es posible integrar un sistema de más de dos partes.

Sin embargo, hay otro modo de sortear el obstáculo:

  1. Las computadoras permiten hacer muchas sumas muy rápidamente.
  2. Aunque no sea posible sumar valores realmente infinitesimales sin integración, como lo requeriría el sistema que cambia la aceleración y la velocidad constantemente, sí es posible sumar valores tan pequeños como queramos.

Si tenemos una computadora a mano, podemos simular la integración haciendo como si las velocidades y aceleraciones permanecieran constantes durante períodos muy cortos de tiempo. Estos periodos pueden ser tan cortos como queramos, lo que nos permite reducir el error predictivo.

Este método es llamado integración numérica, y fue el primer acercamiento que tuvo la humanidad a lo que hoy llamamos sistemas complejos. Muy pronto, ese método afloró en todas las disciplinas.

Con la computadora, nacía la posibilidad de estudiar sistemas de complejidad organizada, es decir, sistemas en que las partes son heterogéneas e interdependientes, sin el requisito de que el número de partes sea tan grande que toda interacción se considere insignificante.

Sin embargo, todavía faltaba una pieza para entender la complejidad. La integración existía desde mucho antes que las computadoras. El modelado multiagentes, sin embargo, es nativo digital, y crucial para estudiar los sistemas complejos.

Modelos multiagentes y fenómenos emergentes:

Tras el surgimiento de los modelos computacionales y la capacidad de trabajar con sistemas de complejidad organizada, nacieron otros enfoques para tratarlos.

Uno de ellos fue el de los autómatas celulares. Estos modelos programaban partes sumamente simples que hacían emerger patrones complejos.

El ejemplo paradigmático es el Juego de la Vida del matemático John Conway, y es sumamente simple.

Se toma una cuadrícula, en que cada celda es una “célula”. Puede estar viva (ser negra) o muerta (ser blanca). El sistema evoluciona en turnos discretos, en que cada célula funciona con las siguientes reglas:

  • La célula estará viva en el próximo turno si:
  • Tiene exactamente tres vecinas vivas (esté o no viva ella misma).
  • Tiene dos vecinas, y ella misma ya está viva.
  • En cualquier otro caso, estará muerta el próximo turno.

Pese a la simplicidad de sus partes, el sistema podía mostrar comportamientos sumamente complejos[73]. Por primera vez, se podía modelar el fenómeno de la morfogénesis, o de la evolución de estructuras complejas a partir del comportamiento dinámico de partes simples.

Este tipo de modelos elucidaron un fenómeno fundamental: partes simples podían hacer emerger estructuras complejas a partir de su interacción. En sistemas así, los modelos de complejidad desorganizada no funcionarían: errores simples en partes idealizadas implicarían grandes errores predictivos a nivel macroscópico.

Además, ofrecían un modo nuevo de afrontar los problemas. En el caso del juego de la vida, por ejemplo:

  • Intentar describir el fenómeno macroscópico en toda su complejidad es muy difícil.
  • Sin embargo, describir el funcionamiento de sus partes componentes no lo es.

Esto daba lugar a un nuevo enfoque: el modelado multiagentes. En lugar de intentar modelar el fenómeno macroscópico, se podía modelar cada una de sus partes, y predecir el funcionamiento del sistema a partir de la interacción de las partes simples en una computadora.

Esta técnica de modelado es llamada modelado desde abajo o bottom-up[74]. Funciona del siguiente modo:

  1. Modelar las partes simples (observar su funcionamiento localmente y modelarlo. Se llevará a cabo alguna idealización, porque no hacerlo es imposible).
  2. Conectar, en un mismo modelo, los modelos de las partes simples, y ejecutarlo para observar el resultado que produciría su interacción (esto no se podría hacer sin computadoras).
  3. Evaluar si el comportamiento macroscópico del modelo es similar al comportamiento macroscópico del sistema complejo que se pretendía modelar en un principio. De no ser así, buscar una idealización diferente de las partes simples.

Tenemos buenos motivos para pensar que para los sistemas complejos que queremos tratar (la sociedad, la economía, o en otros casos la biología) este enfoque dará buenos resultados.

El argumento está expuesto en detalle en el libro Sistemas y Perspectivas, de esta misma colección, pero la idea intuitiva es la siguiente:

  1. Si la estructura no fuera robusta ante el ruido de sus partes simples, no existiría como tal (colapsaría).
  2. Entonces, si es robusta ante el ruido en sus partes simples, existe alguna idealización de las mismas que es predictiva del comportamiento macroscópico del sistema.
  3. En conclusión, si nuestros modelos de las partes simples y sus interacciones son predictivos y robustos a nivel local, es probable que alguna idealización cercana de las mismas sirva también para predecir el funcionamiento del sistema macroscópico (o es, en su defecto, que es más probable que falten piezas al modelo a que las partes ya modeladas tengan grandes errores).

La informática, la teoría general de sistemas y la teoría de la complejidad se dedican a tratar sistemas de complejidad organizada.

Una buena alternativa

Hemos visto que el liberalismo y el materialismo dialéctico tienen límites de modelado. En el momento en que se desarrollaron, las técnicas de modelado no permitían modelar sistemas complejos y de estructuras dinámicas como lo es la sociedad.

Los límites de modelado de ambos marcos teóricos acarrean consecuencias prácticas indeseables: uno porque no puede ver la desigualdad estructural, lo cual lleva a la preservación del statu quo, y el otro porque no puede percibir interacciones económicas complejas entre individuos, lo cual lleva a problemas tanto estratégicos como de implementación de un sistema alternativo.

Hoy nos encontramos en una nueva etapa de la historia del modelado. Así como la informática amplía el espacio de búsqueda de los sistemas económicos, amplía enormemente el espacio de búsqueda de los modelos de la economía y la sociedad.

De la misma manera que con los sistemas económicos, el objetivo no es encontrar el modelo óptimo. Necesitamos una buena alternativa, cuyos límites no sean tan restrictivos como los de los marcos heredados de siglos anteriores.

Una buena alternativa debería permitirnos:

  • Por un lado, comprender la estructura de la economía de mercado, y cómo ésta evoluciona, a fin de obtener un diagnóstico de los mecanismos que llevan a la desigualdad estructural, y  en consecuencia, una línea de trabajo para corregirla. El modelo neoclásico no lo logra.

  • Por el otro, debería comprender esta estructura en su complejidad, para no perder capacidad predictiva, a fin de poder diseñar estrategias de cambio de sistema económico acordes a la realidad actual, y diseñar un sistema económico robusto que no requiera de autoritarismos. El materialismo dialéctico no lo logra.

Con que cumpla ambas condiciones mejor que los modelos anteriores, ya tendremos un marco teórico satisfactorio desde el cual trabajar para construir el futuro.

En resumen necesitamos:

  • Un modelo capaz de considerar interacciones económicas y extraeconómicas complejas entre individuos.
  • Un modelo que ofrezca una estrategia factible para cambiar de sistema económico.
  • Un modelo que permita diseñar un sistema económico robusto.

A continuación, veremos algunas consideraciones fundamentales para delinear una buena alternativa.

Si tiene un modelo predictivo desde abajo, el sistema es robusto

Si un sistema tiene un modelo desde abajo que es predictivo a nivel macroscópico, entonces el sistema es robusto ante la variabilidad de sus partes simples.

El razonamiento también se expone en Sistemas y Perspectivas, pero la idea es la siguiente:

  1. El modelo desde abajo idealiza las partes simples. Esto implica que sostiene errores de modelado para con cada una de ellas.
  2. Si el sistema no fuera robusto ante la variabilidad de sus partes simples, la idealización de las partes simples implicaría grandes errores predictivos del sistema macroscópico.
  3. En conclusión, si la interacción de las partes simples idealizadas reproduce de manera fiel al comportamiento macroscópico del sistema, entonces el sistema es robusto ante la variabilidad de sus partes simples.

Esto quiere decir que si el diseño de un sistema económico alternativo es desde abajo,, entonces el sistema económico será robusto ante la variabilidad de sus partes simples.

Un ejemplo de esto es el mercado, que es robusto ante la actividad variable de los individuos, y por lo tanto no siempre requiere autoritarismos. Cuando los requiere, es por otros motivos, asociados a la concentración de capital, la pobreza generalizada y la insatisfacción social, y funciona como mecanismo para garantizar, preservar o facilitar la acumulación de capital[75].

La emergencia y la robustez

La economía de mercado no surgió a partir de la toma del poder estatal. Emergió[76].

No nació con las revoluciones burguesas después de la ilustración. Creció de a poco, desde el siglo XII.

Nació con el comercio de cereales y granos en Europa continental, que permitía a los viajeros obtener ganancias.

Desde abajo, se desarrolló el intercambio de mercado, y eventualmente, la venta del trabajo de ciertas personas a otras personas que poseían insumos (y, que, además de tener insumos, tenían contratada a otra gente que producía de manera organizada, lo cual, como veremos, es sumamente importante).

Eventualmente, las personas que se organizaban mediante el mercado comenzaron a concentrarse, por fuera del orden establecido, de manera paralela al régimen feudal, en Burgos o ciudades. Nacía, de ese modo, el régimen burgués.

La economía de mercado emergió.

Los sistemas que emergen hasta niveles macroscópicos son robustos. De otro modo, las esperables peripecias durante el proceso de emergencia llevarían a su colapso. Si los sistemas emergen, no son frágiles.

Los sistemas frágiles sólo se pueden implementar desde arriba, porque no podrían emerger en un entorno que no esté minuciosamente controlado para que puedan hacerlo.

Los sistemas que emergen no necesitan autoritarismo para existir, precisamente porque son robustos.

Como lo veremos en mayor detenimiento, el materialismo dialéctico, sólo puede ofrecer una estrategia de cambio de sistema: la toma del poder estatal, y la consecuente implementación del nuevo sistema desde arriba.

El mercado tiene estructura

A pesar de que el modelo liberal sostiene lo contrario, el mercado tiene estructura.

  1. La ontología del liberalismo incluye dos tipos de actores en el mercado: el individuo y la empresa[77].

  1. En el modelo, se tratan como si fueran entidades independientes, que “flotan” en el mercado de competencia perfecta.

  1. Nosotros sabemos que una empresa es un agregado de individuos, y que tiene estructura. Además, sabemos que la estructura de las empresas es dinámica. Estas pueden crecer y quebrar, cambiar su composición de individuos, evolucionar. La propia ontología del sistema afirma que los individuos pueden formar estructuras complejas.

Sin embargo, en el modelo macroscópico liberal, las empresas y los individuos se toman como entidades separadas e independientes. No se estudia a la empresa como una estructura dinámica de individuos, porque eso requeriría un modelo de complejidad organizada.

Hablan de empresas, pero defienden la optimalidad del mercado desde el modelo de la competencia perfecta, como si una cosa no implicara que la otra es incorrecta.

Como veremos, muchos de los problemas del propio modelo liberal han sido observados por la misma tradición liberal. Esto es porque la hegemonía económica tiene dos tipos de incentivos monetarios, uno para el sector público y otro para el sector privado:

  • Sector público: En el sector público, el incentivo monetario más fuerte en occidente es para la preservación del sistema de mercado, y a su liberalización. Esto es porque el capital más concentrado es el más beneficiado por el mercado liberal, y además, el más capaz de prestar incentivos materiales a la defensa del sistema económico vigente (por ejemplo, financiamiento de proyectos de investigación).

  • Sector privado: En el sector privado, el incentivo más fuerte es dar consejos que permitan a las empresas ganar dinero y competir.

El incentivo público de la economía lleva a sostener el modelo de competencia perfecta. El incentivo privado, a comprender la complejidad del mercado, al menos a nivel local.

De esta manera, la economía liberal trabaja con los conceptos de empresa, de externalidad, de equilibrio de nash, de efectos de red[78] y otros.

Sin embargo, en lugar de establecer un modelo desde abajo de la economía que integre los elementos de complejidad que ellos mismos observaron, mantienen el modelo macroscópico de la competencia perfecta, precisamente por el doble sistema de incentivos.

Lo sorprendente, y que veremos en la parte III, es que podemos obtener un modelo muy útil de los problemas estructurales del mercado apelando simplemente a fenómenos ya observados por la tradición liberal, mediante un modelo desde abajo, que infiere propiedades macroscópicas a partir de la interacción compleja de las partes simples.

La tradición marxista nunca hizo esto porque considera que su modelo ya es satisfactorio.

  • El modelo materialista dialéctico sólo proyecta el cambio de sistema económico mediante la toma del poder estatal.
  • Para que esto suceda, sólo haría falta que la clase obrera adquiera conciencia de clase.
  • Una vez tomado el poder estatal, no haría falta diseñar un sistema económico.

El principal incentivo para su modelo es que sea comprensible, para contribuir a la formación de conciencia de clase y a la eventual toma de poder. No se busca que el socialismo emerja desde abajo, como lo hace el mercado, ni se observa la necesidad de diseñar un sistema económico robusto, porque el materialismo dialéctico no permite hacer esas consideraciones.

El networkismo nace de poner esta serie de problemas sobre la mesa. Como veremos, la solución ya estaba ahí: sólo hacía falta conectar los puntos.

El socialismo funcionó en escalas pequeñas

En Cuba, en la Unión Soviética, en Vietnam y China, el socialismo no emergió. Primero se tomó el estado y después se organizó la economía mediante el sistema soviético. Estos estados se burocratizaron y no funcionaron sin autoritarismos.

Sin embargo, los Kibutz, las comunas hippies y un sinfín de cooperativas funcionan bajo el método asambleario (que podemos entender como un soviet uninivel).

La Comuna de París funcionó tan bien que la burguesía francesa debió regar de sangre el suelo parisino, invadida por el terror al socialismo.

¿Por qué funcionó bien en escalas pequeñas?

El soviet y la asamblea son tecnologías de organización poco escalables. Esto quiere decir que funcionan bien en escalas pequeñas, pero no en escalas grandes.

La información que se transmite verbalmente pierde calidad (como en el juego del teléfono descompuesto, los sistemas que requieren muchas delegaciones sobrerrepresentan la opinión de los delegados más jerárquicos).

Por otra parte, cuanto más grande es la economía, más variabilidad hay entre actividades económicas posibles y necesarias, y por lo tanto, más se siente la pérdida de libertades personales[79] (es más visible que se reduce el campo de acción posible).

Además, cuanto más grande e integrada es una economía, más interdependencias contiene y más requiere que cada individuo cumpla su rol (si estamos en el medio del campo y el de al lado no planta papas, yo puedo plantar papas perfectamente, pero si somos mil personas en una ciudad y la gente en el campo no planta papas, nos vamos a morir de hambre). Entonces, a mayores escalas, el sistema soviético requiere más autoritarismo.

Existen otros factores psicológicos que llevan a que tengamos tendencias a la colaboración en grupos y escalas relativamente pequeñas[80].

Por último, la asamblea verbal permite organizar muy flexiblemente la producción en pequeñas escalas, pero se vuelve inutilizable a grandes escalas (es imposible tener una asamblea de diez mil personas).

Tenemos algunas consideraciones esperanzadoras para el proyecto socialista:

  • El diseño de procedimientos y sistemas escalables es una tarea usual en la informática.

  • Si un sistema emerge hasta niveles macroscópicos sin hacer uso de mecanismos opacos de control, es escalable por definición, al menos hasta la escala a la que emerge naturalmente. De otro modo, no emergería.

Iniciativas desde abajo: los movimientos sociales

Como lo hemos mencionado, parte del poder del mercado tiene que ver con que emergió desde abajo. Eso implica que es un procedimiento escalable y robusto, y por lo tanto, que puede existir sin autoritarismos, y que es más resistente al colapso que el sistema soviético.

Sin embargo, ya existen iniciativas desde abajo que aparecen contra las estructuras de desigualdad a las que lleva el mercado.

Las redes de tecnologías libres y abiertas, los espacios makers y espacios hackers surgen contra la obsolescencia programada, el secreto industrial y el sistema de patentes.

Los comedores populares, las redes de comercio justo, el cooperativismo y las apuestas por la producción comunitaria aparecen contra el desempleo estructural, las asimetrías en el comercio y la pobreza extrema.

Las iniciativas surgidas y consolidadas desde abajo son más robustas. Además de los motivos ya mencionados, podemos observar que:

  • Muchas veces, los enfoques desde arriba son más torpes, por ignorar elementos complejos de la dinámica de un sistema. Por ejemplo, en casos específicos, la imposición de un salario mínimo puede llevar al aumento del desempleo o del empleo informal.
  • Otras veces, son menos duraderos. En Latinoamérica, por ejemplo, la política suele seguir oscilaciones entre proyectos de centroizquierda y centroderecha. Esto hace que todas las iniciativas dependientes del color político del gobierno de turno sean poco duraderas.
  • Las redes tejidas desde abajo, sobre todo si se diseñan de manera sostenible, duran mucho más que los gobiernos.

La juventud del siglo XXI observa, además, problemas políticos en las iniciativas y lógicas de pensamiento que surgen desde arriba. Por ejemplo, desde corrientes feministas, se ha relacionado a las propuestas del marxismo ortodoxo con lógicas patriarcales. También podemos rastrear esto a problemas de modelado.

El problema en la revolución Cubana, machista, patriarcal y homofóbica, no es únicamente de error humano. De la misma manera que la burocratización soviética, no proviene únicamente de intenciones humanas ni se corrige con mera autocrítica. Está condicionada por la lógica de pensamiento del tipo de modelos a partir de los que se observa la sociedad.

La lógica detrás de la determinación de la superestructura por la estructura es exactamente la misma que la determinación del género por el sexo. Parte de una tesis materialista, sobre la cual hay consenso, que afirma que la identidad personal está determinada por el cuerpo (porque los fenómenos psicológicos están determinados por el sistema nervioso). Luego, de la misma manera que en el ejemplo de los obreros con el mismo patrón y mismo sueldo que expusimos en el capítulo anterior, la determinación del género por el sexo hace una abstracción de la materia que sólo el cromosoma 23. Como en el caso presentado en el capítulo anterior, ignora la complejidad de la relación y establece una generalización empírica, que supone una relación lineal inexistente y altamente falible.

Las nuevas izquierdas fomentan la pluralidad, la diversidad y las iniciativas desde abajo. Asimismo, varias iniciativas desde abajo son motivadas por grupos y corrientes feministas, en contra de la tendencia a las lógicas patriarcales presente en varias jerarquías, entre ellas la del sistema soviético.

Estas iniciativas son, a veces, criticadas por el marxismo ortodoxo, porque considera que carecen de proyección revolucionaria. Es cierto que una buena parte del activismo en movimientos sociales no proyecta cambiar el sistema económico.

Sin embargo, que logren o no es simplemente cuestión de que puedan integrarse y emerger, como lo hizo el mercado en el seno de la sociedad feudal.

Si logran hacerlo, el sistema emergente y resultante no requerirá autoritarismos.

Que logren integrarse y emerger es un problema de robustez, eficiencia y escalabilidad. Estas son cuestiones informáticas y concernientes al diseño de sistemas.

Las redes sociales

Habiendo sugerido cómo se puede modificar la estrategia revolucionaria (tema que se tratará en la parte IV de este libro),  terminaremos este capítulo con algunas observaciones básicas que permiten desarrollar la nueva teoría sobre el capital, como diagnóstico de cómo funciona la economía de mercado, y como teoría general de la historia de los sistemas económicos.

La primera observación que haremos es la del funcionamiento de las redes sociales.

Las redes sociales son redes (es decir, grafos no dirigidos, que ya hemos definido como un diagramas de puntos y conexiones) en que los nodos (puntos) son personas, y las conexiones refieren a cualquier relación entre ellas. Una red social representa cualquier relación o conjunto de relaciones entre personas.

Notemos que una red social tiene estructura y es compleja. Ni el materialismo dialéctico ni el modelo neoclásico pueden incluir redes sociales en su ontología.

Cuando hablamos cotidianamente de redes sociales nos referimos a las redes sociales digitales. Estas son sólo la porción de las redes sociales en que las relaciones tratadas se apoyan en plataformas digitales[81]. En lo que resta del libro hablaremos de redes sociales cuando nos refiramos a las redes sociales en general, y de redes sociales digitales cuando nos refiramos a estas últimas en particular.

Las redes sociales tienen una característica particular: los efectos de red.

Se llama efecto de red al aumento del valor de un servicio o una plataforma cuanto más gente la utiliza.

En el caso de las redes sociales digitales, por ejemplo, el valor que ofrece una plataforma es la conectividad. Una red con 100 usuarios es más valorable que una red con dos, porque la utiliza más gente, y por lo tanto, permite conectarse con más gente.

Los efectos de red llevan al surgimiento de monopolios. Esto es porque la plataforma con más usuarios es la más valorable, lo cual genera un ciclo de retroalimentación que lleva a que una plataforma tenga a todos los usuarios: la gente tiende a usar la plataforma que más usuarios tiene, lo que lleva a que tenga aún más usuarios, amplificando la tendencia hacia el monopolio.

Existe cierta competencia posible, porque las personas pueden usar más de una plataforma al mismo tiempo. Aún en ese caso, la tendencia es a que exista una plataforma usada por todos los usuarios. Por otra parte, la atención limitada de las personas lleva a que la gente no suela usar más de dos plataformas.

Los efectos de red son poderosos. Las plataformas de Meta (antes Facebook) siguen siendo las más usadas, incluso después del escándalo de venta de datos de Cambridge Analytica y los puntos mencionados el capítulo 4:

  • Diseño intencionalmente adictivo.
  • Permiso de ver nuestro historial de navegación.
  • Permiso de ver nuestros mensajes privados.
  • Experimentos exitosos de control y poder sobre la opinión pública.

En definitiva, esto sólo puede darse porque el perjuicio de dejar de usar Facebook es, para la mayoría de las personas, mayor que el de no hacerlo y seguir arriesgándose al uso abusivo de datos personales.

Que las redes sociales digitales más usadas sigan siendo de Meta se puede explicar de dos maneras:

  • Observando la estructura del sistema, notando que el efecto de red impide la competencia, y que esa situación explica los fenómenos observados.
  • Ignorar por completo la estructura del sistema y depositar la explicación en decisiones humanas de consumidores que eligen libremente darle todo el poder que tiene a Meta.

El modelo liberal no ve la estructura porque se construyó asumiendo que esta no existe[82].

Los sistemas económicos

Una persona sola, en el medio de la tierra, produce poco y nada. A lo sumo, si establece un proceso de agricultura, esta será de subsistencia. Muy probablemente deberá sostenerse mediante la caza y la recolección, difíciles de llevar a cabo en soledad.

Cien personas, sobre la misma tierra, son capaces de producir mucho más. La división de tareas y la agricultura organizada permite que no sólo cubran los bienes de subsistencia, sino también la producción de algunas herramientas y piezas de vestimenta.

Diez mil personas ya forman una incipiente civilización.

Los sistemas económicos forman efectos de red, siempre y cuando la producción esté organizada de manera integrada. Cuantas más personas están integradas en la producción, mayor es la productividad per cápita alcanzable.

El esperanto se diseñó para ser más fácil de aprender que el inglés, pero nadie lo hablaba. El valor de un idioma se encuentra en la cantidad de gente con la que nos permite comunicarnos. Incluso si realmente es un idioma más fácil de aprender, tiende a desaparecer por fenómenos de red.

Incluso si la economía soviética fuera más eficiente que la de mercado, es esperable que la productividad cubana sea menor que la de un país integrado al sistema económico internacional.

Hay islas de eficiencia en el mercado

Un sistema económico de una sola persona es soviético para una asamblea de una sola persona, y es de mercado para un mercado de una sola persona.

Para una sola persona, ambos sistemas convergen.

Cuando hay diez personas, ya existe una diferencia. ¿Qué sistema económico es más eficiente para diez personas?

Supongamos que un avión se estrella de camino a un congreso de economía liberal. Los diez sobrevivientes que logran nadar hasta la costa se encuentran en una isla deshabitada, completamente desconectados del resto del mundo.

Deben sobrevivir.

Tienen dos opciones:

  • Dividir la tierra y los recursos, para luego pactar un medio de intercambio indirecto, y desde entonces interactuar mediante tratos bilaterales a través de un mercado.

  • Reunirse para dividir las tareas y colaborar para hacer un fuego, construir refugios y buscar comida coordinadamente.

Sólo escogerán la primera opción si están muy comprometidos con la idea de que el mercado siempre es el modo más eficiente de organizarse.

Para diez personas, el procedimiento más eficiente es el de la asamblea. Para dos personas también, y para cincuenta personas, también. Estas asambleas generan efectos de red en la producción hasta un número limitado de personas, lo que quiere decir que su productividad per cápita crece hasta cierto punto óptimo y luego comienza a disminuir. A partir de cierto número de gente, la asamblea no es un modo de organización más eficiente que el mercado (como lo hemos observado, la asamblea es un sistema de organización poco escalable).

Por otra parte, observemos que hoy existen, al interior del mercado, corporaciones que incluyen varias fábricas, cada una de las cuales produce alguna pieza de un producto más elaborado. Por ejemplo, hay corporaciones que producen automóviles en que una fábrica produce engranajes, la otra motores, la otra los neumáticos, etc. Entre las distintas fábricas, no comercian; se envían los paquetes directamente. La producción de cada fábrica no se lleva a cabo para venderse en el mercado, sino para enviar los paquetes a otras fábricas[83].

Estas corporaciones no organizan su funcionamiento interior a partir de las leyes del mercado. Lo hacen desde organizaciones y estructuras explícitas.

Mantener la organización explícita es costoso. Esto es evidencia de que en la escala en que funciona la corporación, su modo de organización explícito es más eficiente que el mercado en términos de productividad. Como la organización explícita es costosa, si dicha estructura no fuera más eficiente que el mercado, no existiría.

Las más grandes de estas corporaciones tienen tecnologías de organización y comunicación dedicadas. Desarrollan sistemas de seguimiento, modelos computacionales y estadísticos, y dedican mucho esfuerzo a la mejora de sus técnicas de organización explícita, a fin de volverla más escalable y más eficiente que el mercado.

Tanto las asambleas como las corporaciones funcionan mejor que el mercado en alguna escala, pero en escalas diferentes. Las grandes corporaciones cuentan con tecnologías de organización más escalables que las asambleas, es decir, que preservan el efecto de red de la productividad hasta mayores escalas.

¿En qué se diferencian una empresa y un sistema económico?[84]

Hay empresas sin activos “materiales”

Existen empresas en el sector de servicios que no poseen activos materiales. Por ejemplo, hay empresas en el sector de servicios en que los empleados son dueños de las herramientas y los insumos que se utilizan en la producción. Por ejemplo, es posible que los empleados de una empresa de software trabajen desde su casa, paguen su propia conexión a internet y electricidad, y sean dueños de las computadoras que usan para programar.

Sin embargo, estas empresas tienen dueños que perciben beneficios. Desde la teoría marxista, son empresas en las cuales existe plusvalía.

Si los insumos y el instrumental ya son propiedad de los empleados, ¿qué significa tomar los medios de producción en ese caso? ¿Y por qué no sucede de manera inmediata?

¿Violaría la propiedad privada? ¿Sería inmoral para quienes creen en ella?

La respuesta a estas preguntas apela exclusivamente a factores concernientes a la estructura de las organizaciones y a los sistemas de incentivos que guían la actividad económica de los individuos. Por este motivo, es aplicable de manera general, de un modo que permite comprender la historia económica con una claridad sin precedentes.

Hacia un nuevo marco teórico

Hasta aquí, hemos hecho las siguientes observaciones:

  1. El problema de la economía política es un problema de diseño de sistemas.
  2. Para diseñar y evaluar sistemas económicos hace falta un modelo de los factores extraeconómicos, que incluyen a la sociedad humana.
  3. El materialismo dialéctico sostiene un modelo simple de la sociedad, mientras que el liberalismo sostiene un modelo de complejidad desorganizada.
  4. Ambos modelos son incapaces de observar los problemas del sistema económico que suelen defender.
  1. El modelo liberal no es capaz de incluir estructuras de poder en su ontología.
  2. El modelo materialista dialéctico no es capaz de tratar relaciones de poder entre individuos por fuera de la relación de clases.

Los problemas efectivos de cada sistema son invisibles para los modelos que los defienden, y como lo hemos visto, esto se debe a cegueras que van más allá de los modelos en sí: se encontraban en las técnicas de modelado disponibles en el momento en que los modelos se construyeron.

El materialismo dialéctico no habló de sistemas económicos porque, desde su modelo, no hacía falta hacerlo.

Con el liberalismo sucede algo más curioso aún. No hablaba de sistemas económicos porque no veía la discusión como una discusión posible, no veía que existiera algo como los “sistemas económicos” en el sentido en que los presentamos aquí.

Esto es porque:

  • Modela a la sociedad como si fuera un gas ideal, es decir, un sistema de máxima entropía. El mercado sería absolutamente carente de estructura. En términos sistémicos, es lo mismo que nada, un no sistema.

  • Entiende al mercado como un hecho natural, no como un procedimiento contingente que la sociedad lleva a cabo.

  • Al comienzo de este libro, hemos dicho que los sistemas económicos son soluciones generales al problema económico, es decir, procedimientos que definen la actividad económica efectiva. Como el liberalismo no ve al mercado como procedimiento estructurado y contingente, sino como un fenómeno natural, tendiente al equilibrio, y de máxima entropía, no considera siquiera la posibilidad de que existan procedimientos alternativos. Para el liberalismo, si no es mediante el mercado, las soluciones al problema económico sólo pueden ser particulares, (no procedimientos de cómo responder a qué hacer, sino respuestas efectivas de qué hacer[85]). Es frecuente que los liberales distingan, por ejemplo, la “economía de mercado” a las “economías planificadas”. Esto tiene que ver con límites informáticos: no pueden distinguir la planificación explícita y efectiva de la ejecución de procedimientos alternativos al mercado[86].

Por último, hemos hecho dos observaciones esperanzadoras:

  1. Desde la hegemonía económica, existe una serie de observaciones que ven estructura, al menos a nivel local:
  1. Las empresas forman parte de su ontología. Consideran que los monopolios son algo que puede aparecer[87].
  2. Se comprenden los equilibrios de Nash y las externalidades negativas.
  3. Se comprenden los efectos de red.

  1. Desde la contrahegemonía, hay iniciativas de izquierda desde abajo: los movimientos sociales. Hoy no proyectan escalar hasta reemplazar al sistema económico, porque se organizan de manera principalmente verbal, y dicha tecnología de organización es poco escalable. Sin embargo, el hecho de que puedan desarrollar esa capacidad depende estrictamente de resolver un problema informático. Como lo hemos visto, los sistemas económicos que emergen de manera “silvestre” son robustos y no requieren de autoritarismos, al menos hasta la escala hasta la cual emergen.

Como ya lo hemos adelantado, se puede comprender mucho del sistema global si se retoman las observaciones hechas a nivel local por la economía hegemónica y se reconstruye la ontología en un modelo que permita comprender la dinámica de sus estructuras.

Con esto dicho, presentaremos qué es el capital y por qué se concentra, en un modelo simple y que se puede enriquecer fácilmente, para luego adentrarnos en qué significa la revolución y cómo podemos hacerla. En el camino, ofreceremos un modelo de la historia económica que ofrece una claridad sin precedentes sobre las diversas etapas de cambio de los sistemas económicos y sobre el estado actual del sistema económico.


Parte III

Podemos reescribir El Capital


Capítulo 7: El capital es una red social

Estamos en condiciones de entender la economía, su historia y su futuro desde un nuevo marco teórico, más explicativo, abarcativo y esperanzador.

Hemos dicho que el mercado es un sistema económico, o en otras palabras, un procedimiento que define la actividad económica efectiva de una sociedad. Recordemos que el procedimiento de mercado se basa en las negociaciones: en él, cada persona produce bienes y servicios con el tiempo y los recursos que tiene disponibles, y los intercambia con otros individuos mediante transacciones negociadas y atómicas[88].

En la práctica, la economía de mercado no organiza toda su actividad a través del mercado, porque no toda interacción tiene la forma de un intercambio negociado. Como lo hemos observado en el capítulo anterior, las empresas organizan su actividad interna mediante procedimientos relativamente estables. Tienen organigramas, oficinas de investigación operativa, áreas de trabajo, reuniones regulares, planes de contingencia ante diversos desafíos, estrategias a largo plazo y jerarquías en los puestos de trabajo. Tienen redes de comunicación interna, métodos automáticos de planificación y optimización de procesos, protocolos de seguridad y métodos de toma de decisiones.

Hechas estas observaciones, veremos de qué se trata nuestra tesis de que el capital es una red social.

En este capítulo, presentaremos brevemente la concepción del capital como red social. Analizaremos su utilidad para comprender la historia económica en los capítulos posteriores con mayor detenimiento.

Formamos redes por no ser perfectamente racionales

Sabemos que el mercado (tal cual lo hemos definido en la parte I) es subóptimo: en la práctica, no siempre lleva a la mejor actividad económica efectiva. Esto es por varios motivos. Algunos de ellos son:

  • Los individuos no son perfectamente racionales,
  • Los individuos no tienen atención perfecta,
  • Existen los equilibrios de Nash,
  • Los individuos no poseen información perfecta.

Esto implica que, al menos matemáticamente, existen modos de organización más eficientes que el mercado (un ejemplo trivial es la organización que dictaría el mercado si acaso los individuos fueran perfectamente racionales y tuvieran atención perfecta).

Como las personas tienen atención limitada, no pueden negociar todo. Esto quiere decir que aunque en principio sean capaces de negociar cualquier cosa, no son capaces de negociar todo al mismo tiempo. Podemos pensarlo en analogía con un arquero de fútbol intentando atajar diez remates simultáneos. Puede elegir bloquear cualquier pelota, pero no puede atajarlas a todas.

En respuesta a la incapacidad de negociar todo todo el tiempo, se cristalizan ciertas negociaciones. Por ejemplo, se pacta con un proveedor de madera una compra mensual a precio y cantidad estables, o se fijan los honorarios de un contador hasta el próximo aviso. Al pactar ciertas transacciones estables, liberamos espacio de nuestra atención que podemos dedicar a otras cosas. De esta manera, vamos tejiendo vínculos sociales que nos permiten aumentar nuestra productividad, sin los cuales no podríamos llevar a cabo ningún tipo de producción compleja.

Los individuos perfectamente racionales sólo interactúan mediante transacciones negociadas inmediatas y atómicas. Análogamente, las moléculas de un gas ideal sólo interactúan mediante colisiones perfectamente elásticas y no forman estructuras.

Si fuéramos perfectamente racionales y atentos, estos vínculos estables no existirían. Si fuéramos capaces de negociar siempre todo, nos convendría que los precios y acuerdos fueran flexibles. De esa manera, tendríamos la libertad de disponer nuestros recursos de manera óptima sin ningún tipo de trabas.

Además, construir estos vínculos implica cierto costo (al menos temporal). Por lo tanto, si las redes no aumentaran nuestra productividad, estos vínculos no existirían. Las redes productivas son producto de nuestra limitada capacidad de atención e información.

Así como el materialismo dialéctico barrió una serie de problemas bajo la alfombra en el concepto de “trabajo organizado”, el modelo neoclásico lo hizo con el concepto de “empresa”. Las empresas son el principal motor de nuestra economía, y son redes productivas cuyos vínculos aumentan la productividad de las partes.

La mayoría de la actividad económica que vemos, y que el neoclasicismo atribuye a la interacción de individuos racionales, es en realidad un comportamiento de redes, que no existirían si fuéramos individuos perfectamente racionales.

Así como las clases sociales son una caja negra para el materialismo dialéctico, las empresas son una caja negra para la macroeconomía neoclásica. Como veremos, estas cajas negras son la caja de pandora de la economía liberal. Al abrir la caja negra y ver cómo funciona, descubriremos los problemas estructurales del mercado como sistema.

Las islas de organización explícita en el mercado

Algunas formas de organización conocidas son más efectivas que el mercado, pero sólo hasta ciertas escalas. Un ejemplo de esto son las asambleas, que como lo mencionamos en el ejemplo de la isla desierta, funciona mejor que el mercado para grupos pequeños de personas.

La suboptimalidad del mercado abre vetas de optimización:

  • Si las personas conocen procedimientos productivos que les son más efectivos que el mercado, pueden decidir implementarlos.
  • Estos procesos productivos mejores son tecnologías de organización que se implementan siempre y cuando superen en productividad a la interacción directa con el mercado (porque cuesta atención y energía llevarlos a cabo).
  • Un procedimiento productivo puede involucrar a distintas cantidades de personas.
  • Un procedimiento productivo puede ser mejor que el mercado en una escala pero no en otra. La asamblea, por ejemplo, sólo es mejor que el mercado en muy pequeñas escalas.

Los procedimientos productivos que surgen en respuesta a dichas vetas de optimización son las empresas o firmas:

  • La mayoría de los individuos no interactúan directamente con el mercado para producir, sino que se agregan en empresas.

  • Las empresas no son entidades independientes de los individuos, como lo considera la ontología liberal. Son agregados de individuos con estructura, que organizan sus tareas mediante procedimientos productivos más eficientes que el mercado en la escala en que se dan.

  • Para muchos individuos es más eficiente participar en alguna empresa que no hacerlo.

El mercado no funciona únicamente como un gas ideal o un fluido. Es un medio en el cual existen las empresas, que son islas de organización explícita en su interior.

Continuando la metáfora de la mecánica estadística, las empresas son como macromoléculas de individuos, que se agregan y desagregan, que pueden formar estructuras y organismos. Las empresas “flotan” en el mercado. Preservan su estructura, pese a que preservarla sea costoso.

La economía tradicional se ha dedicado a entender, con niveles de rigor crecientes, la mecánica de un fluido. Perfeccionó su conocimiento de corrientes y flujos, de turbulencias, a través de enfoques estadísticos cada vez más rigurosos. El éxito de dichos estudios es evidente, y la disciplina proyecta un futuro de creciente fidelidad econométrica y predictiva.

Sin embargo, no es suficiente saber de termodinámica para entender un estanque. Los peces y su evolución han de ser comprendidos como organismos.

El modelo biológico más modesto echa más luz sobre los organismos que el modelo termodinámico más elaborado que hayamos hecho.

A veces, la turbulencia más compleja no es más que el aleteo de un pez.

Si la economía de vanguardia es la mecánica de fluidos de complejidad creciente, aún necesitamos de la biología para terminar de comprender el estanque.

A diferencia del estanque, el mercado no es accesible a simple vista. Los seres humanos hemos evolucionado para que ver el pez como un organismo nos sea automático. Sin embargo, la ontología en el mercado no está dada. Por suerte, ya están disponibles todas las herramientas para construir un modelo modesto, y fácil de enriquecer, sobre qué son las empresas y qué es el capital.

El efecto de red en la productividad depende de la tecnología de organización

Como el mercado es imperfecto, es subóptimo. Esto implica que, para cualquier escala, existen procedimientos más eficientes que el mercado.

Para algunas escalas, ya conocemos procedimientos más eficientes que el mercado.

El problema es que muchos procedimientos que conocemos no son escalables: las asambleas, por ejemplo, son modos de organización más eficientes que el mercado sólo hasta escalas muy pequeñas. Las organizaciones verticales, como las empresas, son más eficientes hasta escalas mayores.

Tanto la asamblea como el modo de organizar el trabajo de cualquier empresa es una tecnología de organización. Llamamos “tecnología de organización” a la forma de las empresas, es decir, a cómo estas organizan su producción. Como veremos, la capacidad de mostrar efectos de red en la productividad depende de la tecnología de organización disponible.

Hay procedimientos que no se pueden llevar a cabo sin ciertas máquinas, y hay procedimientos que ni siquiera se conocen. Por ejemplo, la organización empresarial que hoy es usual no se conocía cuando comenzaba la civilización, y el uso de técnicas computacionales para organizar la actividad empresarial no se conocía durante el siglo XIX.

Para que un procedimiento sea posible tiene que existir tecnología: tanto de las herramientas y las máquinas necesarias para llevarlo a cabo, como el conocimiento del procedimiento en sí, que como ya hemos mencionado, es una entidad informática (por definición, al tratarse de un procedimiento).

Recapitulando:

  • Existen islas de organización explícita que funcionan al interior del mercado, pero que no organizan su interior mediante el mercado, llamadas empresas.
  • Estas islas son más productivas que el mercado a nivel local.
  • Distintas empresas tienen distintas tecnologías de organización.

Tanto el mercado como las empresas son procedimientos productivos. Las empresas son los procesos de organización productiva distintos al mercado llevados a cabo por agregados de individuos, en contextos de mercado[89].

Tanto el mercado como las empresas son procedimientos llevados a cabo por individuos, sobre recursos y tecnologías disponibles. Difieren en su funcionamiento, del mismo modo que tanto el pez como el resto del estanque están hechos de moléculas, pero su funcionamiento es diferente.

Con esta imagen en mente, podemos describir cómo funcionan las empresas:

Sabemos que las empresas son agregados de individuos. Son estructuras costosas, lo que implica que sólo existen porque aumentan la eficiencia productiva de quienes participan. Veamos qué significa esto, y qué variables afectan a la productividad de las empresas.

Para comenzar, debemos considerar a qué nos referimos por “productividad”. Vamos a analizar la productividad de la empresa en tanto organización, es decir, la productividad de la red productiva de individuos.

Para medir la productividad de la red organizada de individuos, definiremos a la productividad como el valor real neto que esta genera. En otras palabras, el valor real que se reparte entre los integrantes de la empresa, tanto en forma de salarios para sus empleados como en forma de ganancias para sus dueños, una vez cubierto todo otro costo.

La intuición detrás de definirlo de esta manera es la de analizar el valor productivo de la organización de individuos per se. Esto es todo el valor real que queda una vez descontada la amortización de capitales, los alquileres, los préstamos tomados y sus intereses, etc. El valor real restante es el valor que fue generado por la organización de individuos.

Por tratarse de valor real, la productividad de una empresa depende, entre otras cosas, del mercado en que funciona: en ese mercado compra sus insumos, pide sus préstamos, vende sus productos, y obtiene sus ganancias. Es en ese mismo mercado que los salarios y las ganancias de los empresarios tienen capacidad de compra. Todos estos factores adquieren su valor real en dicho mercado.

Observemos que esta definición de empresa es funcional o informática. La unidad que llamamos empresa es la red productiva autónoma, de estructura interior relativamente fija y organizada de manera alternativa al mercado. Dicha definición no equivale a la de las empresas como personas jurídicas. Existen casos de personas que se integran a una empresa (por asimilarse a su red productiva de manera estable), sin por ello adoptar una relación contractual de empleado-empleador. Bajo la definición aquí presentada, diremos que la persona tercerizada forma parte de la empresa, aunque no sea el caso a nivel contractual.

En principio, podemos identificar 3 variables que afectan a la productividad de una empresa[90]:

  • Tamaño del mercado: Cuanto más grande es el mercado en que se encuentra, mayor será la productividad de la empresa, por los efectos de red en la producción que se deben al tamaño del sistema económico. Nos referimos principalmente a la cantidad de personas que participan en el mercado, pero la cantidad de recursos y tecnología disponibles en el mismo también influyen.
  • Tamaño de la empresa: Cuántas personas participan de una empresa afecta a su productividad.
  • “Forma” de la empresa: Qué tecnologías organizan la producción de la empresa afecta a su productividad. Incluye tecnologías implementadas materialmente (i.e. máquinas) y tecnologías de organización (procedimientos que organizan la producción).

Si fijamos el tamaño y la forma de la empresa, la productividad per cápita de la misma crecerá a medida que crece el tamaño del mercado al que pertenece:

Por ejemplo, nuestra empresa puede ser:

  • Una cooperativa de 50 personas que se organiza mediante una asamblea.
  • Una persona aislada.
  • Una empresa de estructura jerárquica y organigrama tradicional en la que participan 500 personas.

En cualquiera de los casos anteriores, la productividad de la empresa aumentará conforme aumente el tamaño del mercado en que la misma funciona. En otras palabras, decimos que el mercado genera efectos de red sobre la productividad de las unidades productivas que se integran a él.

Podemos asumir que el efecto de red se detiene en cierta escala por algún factor limitante (recursos disponibles, capacidad productiva de la propia empresa, etc).

Si fijamos el tamaño del mercado, podemos preguntarnos cómo varía la productividad según el tamaño y la forma de una empresa. Desde aquí, suponemos que hay un mercado fijo que funciona como medio en que las empresas producen. Esto es, por supuesto, una idealización.

En primer lugar, pensemos qué pasaría si la empresa organizara interior igual que su exterior, mediante el mercado. Por definición, esta empresa no diferenciaría entre sus empleados y las personas de afuera. Sería algo así como una “no empresa” o una “empresa sin forma”. La productividad per cápita de una empresa de cualquier tamaño sería exactamente la misma que la de cada persona produciendo aisladamente (es decir, sin asociarse a ninguna red) en un contexto de mercado. Este valor, como lo hemos visto, depende del tamaño del mercado. Llamemos productividad freelancer a la productividad de una persona aislada en un contexto de mercado. Si fijamos el tamaño del mercado, la productividad per cápita de los freelancers es idéntica para cualquier cantidad de personas, porque por definición los freelancers no forman estructuras productivas estables.

Un freelancer, a nivel funcional, es una persona que no establece negociaciones o transacciones prolongadas con nadie. Observemos que muchas personas que son freelancers a nivel jurídico no lo son a nivel funcional, por estar adheridos a empresas de manera estable (categoría que incluye a las plataformas de conectividad).

Sobre esta base, podemos imaginarnos qué pasaría con empresas de forma muy rudimentaria, como las asambleas. Su modo de organización interna ya no es indistinguible del mercado que funciona en su exterior.

Sabemos que en escalas pequeñas, producir en una cooperativa de organización asamblearia suele ser más eficiente que producir como freelancer (por ejemplo, por la capacidad de licuar gastos en marketing o contaduría, y por la capacidad de dividir tareas de manera estable). Sin embargo, sabemos que a medida que crece la escala, el beneficio per cápita de organizarse mediante una asamblea se vuelve menor, hasta el punto en que dicha forma de organización pasa a ser menos eficiente que la producción freelancer. El gráfico sería el siguiente:

  • Una asamblea de una persona es tan productiva como un individuo aislado.
  • Una asamblea de 20 personas mejora en productividad a lo que pueden hacer los individuos aislados (pueden compartir gastos en marketing, contabilidad, etc. y dividir tareas de manera eficiente).
  • Una asamblea de un millón de personas no puede siquiera funcionar, porque no alcanza el tiempo para que hable todo el mundo, y por lo tanto es peor que la producción de freelancers.
  • Para cierta cantidad de personas (pongámosle A), una asamblea de esa cantidad de personas tiene la mayor productividad per cápita que pueden alcanzar las asambleas (para el mercado en cuestión).
  • Para cierta cantidad de personas (pongámosle B), una asamblea de esa cantidad tiene la misma productividad per cápita que la producción freelancer, y toda asamblea de mayor tamaño tiene menor productividad per cápita.

Diremos que la asamblea genera efectos de red en la productividad hasta el punto óptimo de A. Esto quiere decir que hasta que la asamblea llega a tener la cantidad de personas A, la productividad per cápita aumenta conforme aumenta la cantidad de personas que se integran a ella.

El desarrollo tecnológico permite encontrar procedimientos para organizar la producción que son más eficientes que las asambleas.

La productividad per cápita varía respecto de la cantidad de personas según la forma que tenga la empresa. Por ejemplo, una cadena de montaje es una tecnología de producción más eficiente que el mercado (es decir, que la producción freelancer[91]) hasta escalas mayores:

  • Genera efectos de red en la productividad hasta escalas mayores.
  • Permite alcanzar una mayor productividad per cápita óptima.
  • Podemos asumir que en algún momento comienza a funcionar peor que la producción aislada, aunque no es necesario que ello suceda.

Recapitulando:

Una vez fijado el tamaño del mercado, se fija la productividad de un individuo aislado en dicho mercado (la productividad freelancer).

Además, en dicho mercado, cada tecnología de organización tiene asociada una curva de productividad per cápita sobre la cantidad de personas. Estas curvas tienen:

  • Un punto óptimo de productividad per cápita.
  • Un rango de cantidad de integrantes en el que muestran efectos de red en la productividad (que es el rango que va desde una persona hasta el punto óptimo de productividad per cápita)[92].

La forma de las curvas es general para cualquier tecnología de organización. Si la productividad de la empresa tiene una capacidad de carga (es decir, alguna cota máxima, debida a algún factor limitante), la curva de productividad tendrá forma sigmoidea respecto de la cantidad de personas (que, dicho simplemente, significa “curva con forma de S”). Por lo tanto, la productividad per cápita tendrá un punto óptimo, lo cual puede observarse gráficamente. Veamos un ejemplo[93]:

El capital es la capacidad de poseer una empresa

Hemos observado que una empresa es:

  • Una isla de organización explícita en el mercado:
  • Existe en un contexto de mercado.
  • No organiza su interior mediante el mercado sino a partir de alguna tecnología de organización diferente.
  • Es de mayor eficiencia local que el mercado:
  • La productividad per cápita de una empresa es mayor que la de un individuo aislado (freelancer) en dicho mercado.
  • Es una red social:
  • Es una red de personas (es decir, una estructura de conexiones humanas), y su valor principal es la estructura y organización de las mismas.
  • Muestra efectos de red en la productividad, que están acotados por la tecnología de producción disponible (es decir, tanto el punto óptimo de productividad per cápita como el rango en el que muestran efectos de red dependen de la tecnología productiva).

Recordemos que esto extiende la noción tradicional que tenemos de empresa. Esta definición es sistémica, no contractual. Lo que hace a la empresa es la isla de estructura organizativa en el contexto de mercado, lo cual incluye relaciones tercerizadas pero sostenidas, relaciones extrasalariales, cooperativas y formas de organización mediadas por plataformas digitales.

Dada esta definición, diremos que el capital es el potencial de poseer, preservar y sostener una empresa. Esto es una extensión de las definiciones anteriores de capital.

Por ejemplo, tanto la capacidad de ofrecer salarios como la de tener maquinaria permite crear y preservar una empresa. En muchos casos, los salarios funcionan como el “pegamento” que mantiene unidas a las empresas. 

En muchas empresas de servicios, el capital es la capacidad de preservar la organización. Ese es el rol que cumple, por ejemplo, el salario. Por lo demás, pueden funcionar sin más activos que la organización de la empresa. No hace falta que el capital se dé en forma de insumos o maquinaria. Estudiaremos esta cuestión en mayor profundidad en el capítulo siguiente.

Muchas redes productivas que involucran relaciones extrasalariales entran dentro de esta definición de capital. Por ejemplo, las plataformas digitales que organizan el trabajo de conductores o repartidores son organizadoras, aunque su red se de por fuera de la estructura salarial o de empleo tradicional. El salario es sólo uno de los modos en que se manifiesta el capital. No es necesario el intercambio de dinero o materia para que el capital exista.

El capital es la capacidad de organización[94]. En los próximos capítulos, veremos que la capacidad de organización está dada nada más y nada menos que por la organización misma, y que por lo tanto, el capital es una red social.

La propiedad privada del capital es la propiedad privada de las empresas. Veremos cómo funciona en el próximo capítulo.

Que el capital sea una red social quiere decir que el capital no depende de posesiones materiales, sino que es poder sobre organizaciones humanas. Estudiaremos las dinámicas y mecanismos a partir de los cuales se manifiesta ese poder y cómo puede revertirse.

En los próximos capítulos, veremos las consecuencias prácticas y teóricas de concebir al capital de esta manera, expondremos su riqueza explicativa y comprensividad de fenómenos históricos y actuales en relación a las dos grandes teorías anteriores, y ofreceremos una nueva concepción de las revoluciones a la luz de este modelo.


Capítulo 8: Por eso se concentra

El hecho de que el capital funcione como una red social explica cómo y por qué este tiende naturalmente a concentrarse. Además, enriquece nuestra comprensión de una serie de relaciones y dinámicas de poder que fueron tratadas por las teorías anteriores, pero que desde esta perspectiva adquieren explicaciones más simples y generales.

Si la tecnología de or[a]ganización fuera perfecta, la dinámica sería idéntica a la de las plataformas de conectividad

Como primer acercamiento a la dinámica de concentración del capital, imaginemos que existe una tecnología de organización perfecta[95] que genera un efecto de red monótonamente creciente en la productividad:

Supongamos, por simplicidad, que el porcentaje de ganancias de los dueños de las empresas es fijo, y que todos los empleados ganan lo mismo. Por ejemplo, supongamos que los dueños se quedan con un 10% de la productividad total de las empresas y reparten el 90% restante entre los empleados equitativamente. De esta manera, cada empleado recibiría una cifra equivalente al 90% de la productividad per cápita de la empresa. El ejemplo posterior vale, sin embargo, para cualquier porcentaje de ganancia empleadora: podríamos pensar que los dueños de las empresas se quedan con el 0% y reparten todas las ganancias equitativamente entre los empleados.

Si el porcentaje de ganancias de los dueños es fijo y todos los empleados ganan lo mismo, los salarios en cualquier empresa serán proporcionales a la productividad per cápita de la misma. Con una tecnología de organización perfecta, la producción funcionará exactamente como las redes sociales digitales o las plataformas de conectividad[96]. Veamos por qué:

  1. A todas las personas les convendría trabajar en la empresa en que más gente trabaja, porque es la de mayor productividad per cápita, y por lo tanto, la que ofrece mayores salarios.
  2. Por el motivo anterior, las empresas pequeñas perderían a su gente y las más grandes crecerían, aumentando aún más la conveniencia de trabajar en las empresas mayores.
  3. El sistema se volvería primero oligopólico y luego monopólico. El monopolio sería el único equilibrio estable del sistema.

Ahora bien, sabemos que el porcentaje de ganancias de los dueños de las empresas no es fijo. Como primer acercamiento al funcionamiento de las relaciones salariales, observemos cómo funcionan los beneficios a los usuarios de plataformas de conectividad. En lo que resta de esta sección, para simplificar el modelo, supondremos que las personas son usuarias de una sola plataforma por servicio. En otras palabras, suponemos que deben elegir entre competidores en lugar de usar más de una plataforma al mismo tiempo para un mismo servicio. En la práctica esto no es así, pero la realidad se le acerca: las personas tenemos atención limitada, por lo que si somos usuarios de varios servicios digitales (por ejemplo de plataformas de compra-venta, de plataformas de reparto, de redes sociales digitales, etc), para la mayoría de los mismos utilizamos una sola plataforma, y para el caso de unos pocos solemos utilizar a lo sumo 2. En el capítulo 10 veremos qué pasa cuando podemos usar más de una plataforma al mismo tiempo. Por el momento, supongamos que esto no es posible.

Cuando surge un nuevo servicio que podría cubrirse por una plataforma de conectividad[97], todas las empresas que buscan cubrirlo ofrecen importantes beneficios. Tales beneficios se dirigen tanto a sus potenciales usuarios como a los usuarios que recomiendan la plataforma a nuevas personas[98]. En un principio, esta es una de las principales inversiones de la empresa. Muchas veces, la empresa funciona a pérdida durante este proceso, y se busca que el beneficio a los usuarios sea el máximo posible. Esto es porque los usuarios son el principal valor de las plataformas, y porque los efectos de red generan monopolios naturalmente. Se trata de un juego de todo o nada, una dinámica de matar o morir: las empresas que no logran una posición monopólica desaparecen. Por lo tanto, todas deben crecer a toda costa y a la mayor velocidad posible. Podemos llamar “etapa de bonificaciones” a esta etapa de crecimiento en que las plataformas se ven obligadas a ofrecer importantes beneficios a sus usuarios.

Una vez que el segmento del mercado en cuestión se monopoliza, los beneficios a los usuarios merman y las tarifas se disparan. Por un lado, esto es para recuperar las pérdidas sostenidas durante la etapa de adquisición de clientes. Por otra parte, es porque el efecto de red, al haber eliminado la competencia, permite que los precios y las comisiones puedan dispararse sin temor a perder los clientes. Podemos llamar “etapa de usufructo” a la etapa del crecimiento en que desapareció la dinámica de matar o morir y las plataformas pueden dedicarse al usufructo.

Las tarifas podrían aumentar hasta el punto en que al usuario le sea indiferente usar la nueva tecnología y no usarla.

Por ejemplo, una aplicación de compraventa es una tecnología que añade valor a la sociedad: corrige los problemas de información en el mercado. En el mercado real, a diferencia del mercado de competencia perfecta, las personas no tienen información perfecta sobre los productos disponibles. Una aplicación de compraventa brinda, categoriza y ordena la información disponible, lo que mejora el rendimiento de las compras para los individuos. Con los productos ordenados por la relación precio-calidad, las compras requieren menos tiempo de investigación para la obtención de buenos tratos. En principio, la mejoría que obtienen los individuos es cuantificable, y su valor es idéntico al índice máximo de comisiones toleradas en caso de que el servicio de compraventa sea monopólico. Esto es porque las personas seguirán usando una plataforma de compra-venta hasta que sus comisiones sean tan altas que les resulte indistinto comprar algo utilizando la plataforma que comprarlo sin utilizarla.

Asumiendo que la empresa busca maximizar su ganancia, el resultado del monopolio absoluto es que el beneficio social de la nueva tecnología desaparece[99].

Como la empresa monopólica puede modificar sus bonificaciones y tarifas de manera prácticamente inmediata, la existencia del monopolio no recupera una situación de competencia. Esto es porque el monopolio tiene la capacidad de disminuir las tarifas ante cualquier surgimiento de un potencial competidor. Dados los efectos de red, la capacidad de reducir tarifas tanto como se desee permite que el monopolio siempre se posicione como la mejor opción. El equilibrio estable del sistema es que el beneficio social de la nueva tecnología desaparezca pero con el perjuicio de que, a diferencia de la situación previa a que la tecnología surgiera, el segmento ya está tomado por un monopolio.

El efecto de red genera el margen de usufructo:

Supongamos que la población tiene 110 personas, y que por algún motivo puede surgir un competidor con 10 usuarios a la plataforma principal. Por el efecto de red, el máximo beneficio a los usuarios que puede ofrecer la red de diez usuarios es mucho menor que el máximo beneficio que puede ofrecer la de cien usuarios. Por lo tanto, la plataforma de 100 usuarios podría cobrar tarifas hasta que estas sean tan altas que resulte indistinto usar la plataforma de 100 a la de 10 usuarios.

Esto genera un margen de usufructo, que es la diferencia entre el valor que una plataforma podría ofrecer (por efectos de red) y el valor que la mejor alternativa ofrece efectivamente.

El margen de usufructo, en este caso, es el valor máximo que pueden tomar las tarifas para que a los usuarios les siga conviniendo usar la primera plataforma. Dicho margen permite que la plataforma preserve su monopolio, porque en cualquier momento puede ajustar las tarifas de manera que a nadie le convenga utilizar una alternativa, desarticulando la capacidad de competir. Por este motivo, el margen de usufructo de una plataforma de conectividad tenderá a ser equivalente al beneficio que genera la misma.

Volviendo al ejemplo imaginario en que existe una tecnología de organización perfecta, podríamos imaginar que el beneficio de pagar salarios equivalentes al reparto de ganancias entre todos los trabajadores es análogo a los beneficios ofrecidos por las plataformas de conectividad en sus etapas de crecimiento. De la misma manera, una vez logrado el monopolio, la empresa triunfante podría reducir sus salarios.

¿Hasta cuándo podría reducirlos? Si la empresa monopolizó la producción, esto quiere decir que ocupa todo el mercado, es decir, que desplazó al mercado como tecnología de organización de la producción. La alternativa no sería producir como un freelancer integrado al resto del mercado, sino producir por fuera del sistema productivo de manera unipersonal. La productividad de una persona aislada es meramente de subsistencia y prácticamente nula. Por lo tanto, el margen de usufructo será equivalente al beneficio de la producción integrada, en relación a la producción de subsistencia. De esta manera, los salarios podrán equiparar un valor equivalente a la producción de subsistencia.

Con el desarrollo tecnológico, el capital se concentra

Hemos visto que las empresas muestran efectos de red acotados por la tecnología productiva, y que para el caso idealizado de tecnología productiva perfecta el capital tiende a concentrarse en un monopolio. Veamos qué sucede cuando la tecnología de organización no es perfecta.

Igual que como lo hicimos en el comienzo del ítem anterior, imaginemos que el porcentaje de ganancias de los dueños de las empresas es fijo y que todos los trabajadores ganan lo mismo (o en otras palabras, que el margen de usufructo es fijo). De esta manera, los salarios serán proporcionales a la productividad per cápita de la empresa.

Supongamos que tenemos un mercado en el que participan 12 personas.

Supongamos, además, que existe una sóla tecnología de organización productiva llamada T1, cuyo punto óptimo de eficiencia per cápita se da cuando la siguen exactamente 3 personas.

Dado que los salarios son proporcionales a la productividad per cápita de las empresas, los individuos se agregarán en empresas de 3 personas organizadas bajo T1.

Una vez que las personas se agregaron en grupos de 3, el sistema estará en equilibrio. A nadie le convendrá cambiar de empresa, porque la productividad per cápita de una empresa de 2 o 4 personas es menor que en una empresa de 3.

Supongamos que después de que el sistema se haya estabilizado aparece una nueva tecnología llamada T2, mejor que T1, cuyo punto óptimo de eficiencia es de 4 personas.

Lo primero que sucede es que el equilibrio se rompe: a todos les conviene cambiar de empresa, a fin de agregarse en grupos de 4 personas organizadas mediante T2. De esa manera, producirán en una empresa de mayor eficiencia per cápita, y por lo tanto, mejorarán sus condiciones salariales. El sistema se estabilizará en su nuevo punto de equilibrio:

Con este ejemplo ilustrativo, mostramos cómo el desarrollo tecnológico genera una tendencia a que cada vez existan menos empresas. Intuitivamente, podemos pensar que el desarrollo tecnológico nos “acerca” al ideal de tecnología de producción perfecta, que como lo hemos mencionado, tiende a generar el monopolio absoluto.

Sin embargo, para este ejemplo, hemos asumido que el margen de usufructo era fijo. Veamos cómo se determina dinámicamente el margen de usufructo de las empresas (que es, a fin de cuentas, la relación entre los salarios y las ganancias obtenidas por los dueños de las mismas).

Capital privado y relaciones salariales

Que una empresa sea de propiedad privada implica que un individuo o grupo de individuos tiene la potestad[100] de decidir:

  • Cómo se reparte la productividad per cápita de la empresa entre todos los individuos que la componen (en forma de salarios y ganancias de los dueños).
  • Qué individuos tienen permitido trabajar en la empresa.
  • Qué tecnología de producción utiliza la empresa.

Para este modelo, asumimos que una empresa de propiedad privada busca maximizar su ganancia, que es la diferencia entre la productividad total y la que se reparte entre los empleados en forma de salarios. Para simplificar este ejemplo, vamos a seguir asumiendo que los salarios son iguales para todos los trabajadores.

Supongamos que la tecnología de producción T1 funciona del siguiente modo:

  • Si 2 personas producen bajo T1, su productividad per cápita es de 8 pesos al año.
  • Si 3 personas producen bajo T1, su productividad per cápita es de 10 pesos al año.
  • Si 4 personas producen bajo T1, su productividad per cápita es de 9 pesos al año.
  • Cualquier otra cantidad de personas produciendo bajo T1 obtendrá una productividad per cápita menor que 8 pesos al año.

Supongamos que el sistema comienza con todas las empresas organizadas de manera estable bajo T1, y veamos cómo evoluciona el margen de usufructo en este caso. Para esto, supondremos que las ganancias de los empresarios comienzan siendo nulas, para evaluar cómo tenderían a evolucionar.

Como los salarios ahora pueden decidirse por los dueños de la empresa, ahora hacen falta dos cosas para que el sistema se encuentre en un equilibrio de Nash[101]:

  • Que a los trabajadores no les convenga cambiarse de empresa.
  • Que a los dueños de las empresas no les convenga modificar los salarios.

Para los empleados, este caso comienza siendo igual al anterior. A nadie le convendría cambiarse de empresa porque esto reduciría la productividad per cápita. En una empresa de 4 empleados, el salario máximo que se podría pagar es de 9 pesos (que es la productividad per cápita de 4 personas).

Ahora bien: no hace falta que los dueños paguen 10 pesos de salario. Cualquier empleado que se vaya de la empresa ganará como máximo 9 pesos. Por lo tanto, con tal de que una empresa pague cualquier valor mayor a 9 pesos de salario (redondeando, 9 pesos[102]) mantendrá a sus trabajadores. De esta manera, la ganancia de la empresa pasará a ser de 3 pesos.

[b]

Para saber en qué valor se estabilizarán los salarios, podemos razonar qué pasaría si hubiera sólo 2 empresas, llamadas A y B. Asumiendo que:

  • Los trabajadores de una buscarían trabajar en la otra si esta ofrece salarios más altos.
  • Las empresas buscan maximizar sus ganancias.

Supongamos que A comienza pagando un salario de . La ganancia que obtiene inicialmente es de  pesos, porque la productividad de 3 trabajadores es de 30 pesos, y A debe pagar 3 salarios.

Si B paga un salario de  pesos, A podría contratar un trabajador más con tan sólo pagar más de . Si esto sucede, la nueva ganancia de A sería de , porque la productividad de 4 trabajadores es de 36 pesos, y A deberá pagar 4 salarios.

Por lo tanto, A aumentará su ganancia al pagar un sueldo de  pesos siempre que , o en otras palabras, siempre que

Gráficamente, esto divide el plano en dos regiones:

Ahora bien, B también quiere mejorar su situación y aumentar sus ganancias. Siguiendo el mismo razonamiento de manera inversa, a B le convendrá pasar a pagar un salario de  pesos siempre y cuando

Añadiendo esta información, el plano se divide en 4 regiones:

Estas cuatro regiones muestran tendencias distintas a nivel salarial:

  1. Si el sistema está en la región 1:
  • B paga mucho mejor que A, por lo que puede bajar sus salarios sin perder trabajadores. Esto aumentaría su ganancia, por lo que B disminuirá sus salarios.
  • A sabe que sus trabajadores querrán irse a B porque B paga salarios más altos, y porque a B le convendrá tomarlos por cualquier salario levemente mayor al que paga A. Para no perder a sus trabajadores, A deberá aumentar sus salarios.
  1. Si el sistema está en la región 2, la situación es inversa a la primera:
  • A tenderá a disminuir sus salarios.
  • B tenderá a aumentar sus salarios.
  1. Si el sistema está en la región 3, ninguna de ambas empresas podrá sostener sus ganancias si contrata un nuevo trabajador por el mismo salario. Ambas saben que pueden pagar salarios levemente más bajos que la otra empresa, porque ella no tomará a un nuevo trabajador. Paulatinamente, ambas empresas disminuirán sus salarios.
  2. Si el sistema está en la región 4, ambas empresas aumentarán sus ganancias si pasan a pagar un salario levemente mayor al que paga la otra empresa, porque le permitiría contratar un nuevo trabajador, y el aumento sería rentable. Paulatinamente, ambas empresas aumentarán sus salarios.

Si graficamos con una flecha la dinámica de cada región, podemos observar que hay un punto de convergencia salarial:

El salario convergerá en 6 pesos, que es el punto que hace indiferente a la ganancia en una empresa de 3 y de 4 personas. Las empresas ganarán 12 pesos al año:

Una vez que el sistema se estabilizó, supongamos que surge una nueva tecnología de producción T2:

Lo primero que sucede es que se rompe el equilibrio estable. Ahora cualquier empresa que contrate una nueva persona va a generar 48 pesos. Esto le será conveniente siempre que su ganancia aumente, lo cual sucederá siempre que lleve los salarios a cualquier valor menor a 9 pesos: en total, pagaría 36 pesos a sus 4 empleados, y seguiría obteniendo una ganancia de 12 pesos.

Sin embargo, las otras empresas no querrán perder a un empleado. Una empresa de 2 empleados podrá pagar como máximo un salario de 8 pesos (si lleva sus ganancias a 0), y no podrá sobrevivir frente a empresas que quieran contratar a un cuarto empleado por 9 pesos (por lo tanto, perderá a toda su gente).

Con esta lógica, todas las empresas pasarían a pagar 9 pesos. Hecho esto, y contando con 3 empleados, su nueva ganancia pasará a ser de 3 pesos.

Como una empresa de 4 personas generará 48 pesos, y ahora las empresas pasaron a ganar 3 pesos, será conveniente prometer salarios de 11 pesos a condición de añadir un trabajador: en total, se pagarían 44 pesos de salario, y esto podría aumentar la ganancia de 3 a 4 pesos.

En el nuevo escenario, cualquiera que ofrezca menos que 11 pesos quebrará, porque en caso de perder a una persona no podrá pagar más de 8 pesos de salario y terminará por perder a toda su gente. Para no quedar en desventaja, todas las empresas tenderán a prometer salarios de 12 pesos. Una vez que eso sucede, las empresas se agregarán en grupos de 4 personas del modo presentado en el ejemplo anterior.

A medida que el sistema se estabiliza, los salarios tenderán a bajar de nuevo[103]. En este ejemplo, en que el desarrollo tecnológico se da lentamente y en etapas discretas e inmediatas, podemos notar claramente cómo genera ciclos de bonificación y usufructo. En la realidad, estos cambios no son discretos ni inmediatos, por lo que estas dinámicas no siempre se dan de manera tan clara.

De esta manera, el desarrollo tecnológico causa la concentración del capital. Asimismo, causa oscilaciones salariales que, como veremos, pueden corresponderse con los períodos de crisis y crecimiento en la economía de mercado.

Como lo hemos mencionado en los ejemplos anteriores, a medida que crece la concentración de capital, la competencia desaparece y, por lo tanto, las ganancias y el poder de los propietarios de las empresas pasan a ser prácticamente absolutos (hemos visto que en el caso del monopolio la alternativa es producir en soledad, y por lo tanto los salarios pueden disminuir indefinidamente).

Extensiones al modelo

Antes de continuar, es preciso mencionar una serie de extensiones que podrían llevarse a cabo sobre el modelo presentado en el punto anterior, a fin de representar la economía con mayor precisión y fidelidad.

La primera modificación que podemos hacer al ejemplo anterior es modelar la heterogeneidad entre los individuos tanto en la población como al interior de las empresas. Con esta modificación, algunas personas pueden adquirir relevancia estructural en las empresas, por dedicarse principalmente a organizar la producción (es decir, porque su trabajo es formar parte de la tecnología de organización), como es el caso de los cargos administrativos, gerenciales, o cada vez más, de los llamados “científicos de datos” y profesionales de la investigación operativa. Para una empresa, perder a dichos individuos es perder la tecnología de organización que estos ofrecen. En otras palabras, forman una parte fundamental del capital, y por lo tanto, sus salarios están ligados materialmente a las ganancias empresariales. Estas personas tienen los intereses directamente ligados a los de los dueños de las empresas por motivos sistémicos[104].

Otras extensiones factibles de estudiar:

  • Los individuos no sólo tienen incentivos materiales, sino también otras motivaciones.
  • Los individuos no tienen atención ni información perfecta.
  • El acceso a la información es asimétrico entre las empresas y los empleados.
  • Las acciones no son inmediatas.
  • Los eventos no son inmediatos.
  • Irse de una empresa tiene un costo para los individuos.
  • Reorganizar la producción a partir de una nueva tecnología de organización tiene un costo para la empresa.
  • El sistema es ruidoso.
  • Las empresas muestran niveles de robustez que varían según su escala.
  • Distintas formas de las empresas muestran variaciones de robustez distintas según su escala.
  • El sistema es heterogéneo.
  • Existen distintos tipos de empresa.
  • Existen individuos con distintos patrones de consumo.
  • Etc.

Estos factores añaden complejidad al modelo. Algunos magnifican y otros atenúan las dinámicas observadas.

Por ejemplo, la heterogeneidad de las empresas implica que no todas tienen el mismo tamaño. Sin embargo, el desarrollo tecnológico en cada tipo de servicio tiende a favorecer la concentración del capital a partir de las dinámicas observadas.

De esta manera, el modelo del capital como red social puede extenderse con otros modelos sobre los individuos y las redes sociales, provenientes de la aplicación de modelado multiagentes, la teoría de juegos y la teoría de grafos a la sociología, la epistemología social y las dinámicas de influencia.

La propiedad privada de las empresas sin activos “materiales”

En el modelo anterior, faltó explicar una cosa: por qué las empresas pueden tener dueños. Recordemos que hacia el final del capítulo 6 planteamos un desafío: ¿Cómo puede haber ganancias empresariales en empresas en que los empleados son dueños de los insumos y las máquinas que se utilizan para producir? ¿Qué significa “tomar los medios de producción” en ese caso, y por qué no sucede inmediatamente?

Adelantamos que la respuesta a estas preguntas, por su generalidad, permitiría comprender el funcionamiento del sistema económico actual, así como la historia económica, con una claridad sin precedentes.

Desde el capítulo anterior, describimos el funcionamiento de las empresas a partir de una perspectiva exclusivamente funcional, apelando apenas a los factores concernientes a su organización: por un lado, la productividad que generan las organizaciones (en relación a la cantidad de integrantes en relación a la tecnología de producción) y por otro lado, los incentivos materiales de dueños y empleados.

Nuestra definición de empresa es suficiente para explicar por qué las empresas pueden tener dueños. Observemos que la propiedad privada de una empresa es un equilibrio de Nash estable:

  • La primera persona en desobedecer a los dueños podrá ser expulsada por los mismos (por hipótesis, el resto de la gente obedece a los dueños).
  • Producir en el marco de la empresa es más conveniente que ser expulsada.
  • A nadie le conviene ser la primera persona en desobedecer a los dueños.
  • Se genera una dinámica de consenso en la obediencia a los dueños de la empresa[105].
  • La tendencia a “obedecer” está limitada por el margen de usufructo: una empresa puede exigir obediencia siempre y cuando esto implique un costo menor al margen de usufructo de la misma, es decir, a la diferencia entre la productividad per cápita de la empresa y el salario esperado en la mejor alternativa.

Observemos que el fortalecimiento de una organización de propiedad colectiva (por ejemplo, el aumento de su productividad o la convocatoria de nuevos miembros) es una externalidad positiva: el beneficio es percibido por todos los integrantes, mientras que el costo es asumido sólo por la persona que lleva a cabo la actividad. Por este motivo, hay incentivos materiales mayores para asumir un rol de liderazgo al fundar o fortalecer una empresa que a establecer la propiedad colectiva de la misma. Asimismo, en las empresas de propiedad privada los incentivos individuales para el fortalecimiento de las redes son más robustos que en las de propiedad colectiva. Esto es porque en el caso de las últimas, como el fortalecimiento es una externalidad positiva, su desarrollo depende del compromiso de los miembros de la empresa. Por estos motivos, la mayoría de las empresas de gran escala son de propiedad privada[106].

La forma general del usufructo: el liderazgo de redes

Las dinámicas de poder en torno al capital no son más que un caso particular de una dinámica más abarcativa, la gestión privada de redes sociales o el liderazgo de redes, que incluye y explica casi todas las formas estructurales de explotación humana. Observemos que no aplica sólo a las empresas tal cual las hemos definido; existe una dinámica similar siempre que:

  • Existen organizaciones lideradas: hay personas, o alguna entidad, obedecida por las personas que se integran a las organizaciones.
  • Las organizaciones son útiles: generan algún tipo de utilidad, sea productividad en el caso de las empresas, conectividad en el caso de diversas plataformas digitales, o utilidad de cualquier tipo.
  • Las organizaciones presentan efectos de red: la utilidad per cápita de las redes es indefinidamente creciente, o creciente hasta cierto punto óptimo.

Esta dinámica funciona, de manera general, de la siguiente manera:

  • Los líderes pueden hacer usufructo de las redes[107] (es decir, apropiarse parte de la utilidad de las redes). El resto de la utilidad es repartida entre sus integrantes.
  • Cada red ofrece un beneficio efectivo a sus integrantes. Si todos ellos ganan lo mismo, el beneficio efectivo es la utilidad per cápita de la red menos el porcentaje usufructuado por los líderes de la misma.
  • Cada persona puede decidir a qué red asociarse, a fin de maximizar el beneficio efectivo que percibe.

El margen de usufructo per cápita es la diferencia entre la utilidad per cápita de pertenecer a una red y el beneficio efectivo esperado de agregarse a la mejor red alternativa. Este se define dinámicamente, de manera análoga a cómo se define el margen de usufructo en las empresas o las redes sociales.

Algunas observaciones:

  • El liderazgo se preserva de manera estable, porque obedecer a los líderes es un equilibrio de Nash[108], siempre que el costo de la obediencia sea menor al margen de usufructo de la red. Diremos que el liderazgo genera consenso siempre que se encuentre dentro del margen de usufructo de la red. Un consenso es una creencia o actitud conservada y protegida por un equilibrio de Nash estable (por ejemplo, el idioma o la creencia en el dinero).
  • Enfrentar el poder de los líderes sobre la organización es una externalidad positiva al interior de la red. El beneficio de hacerlo es compartido por toda la red, mientras que el costo es asumido por quien busca repartir el poder del líder.

Por plantearse en términos generales, el modelo es de aplicabilidad múltiple. Esto permite comprender el usufructo en empresas sin activos materiales, de un modo que permite comprender una serie de dinámicas de poder actuales.

Permite comprender el usufructo de datos en plataformas de conectividad, así como el usufructo en relaciones extrasalariales, como lo son las plataformas de reparto o de compra-venta.

Observemos que el sistema soviético, como sistema de representación mediante asambleas y delegados, se presta a que existan dinámicas de liderazgo como las presentadas aquí. Cuando las redes son más grandes, el margen de usufructo de dicho liderazgo es mayor. Desde la interpretación marxista de la explotación, el usufructo por parte de los comités centrales en los soviets y el usufructo en las empresas eran fenómenos sustancialmente distintos. Desde nuestra perspectiva, ambas formas de usufructo son la misma: el liderazgo de redes.

Otro caso de pertinencia actual son los sindicatos, que generan efectos de red en cuanto a fuerza de representación y capacidad de protección y defensa de sus trabajadores. Si un sindicato adquiere dinámicas de liderazgo, estas tienden a preservarse según el margen de usufructo del sindicato en cuestión (que a su vez depende de la existencia de sindicatos alternativos y el tamaño relativo de los mismos). Observemos que:

  • Las centrales obreras tienden a seguir dinámicas “soviéticas” (de asambleas con delegaciones). Esto facilita el surgimiento de dinámicas de liderazgo de redes.
  • Las llamadas “burocracias sindicales” tienden a preservarse cuando existe unidad sindical (como sucede en Argentina con las centrales obreras), porque el margen de usufructo es mayor cuando no existen sindicatos alternativos.
  • De la misma manera, estas burocracias tienden a desaparecer cuando los sindicatos se desagregan (como sucedió en Argentina a fines de los años 60), porque el margen de usufructo disminuye[109].
  • Por los efectos de red que generan, los sindicatos tienden a agregarse, y esto tiende a retroalimentar las dinámicas de gestión de redes.

Como lo hemos observado varias veces, hay empresas de servicios funcionan prácticamente sin activos más allá de la organización. En estos casos, “tomar la empresa” sería sinónimo de dejar de obedecer al líder. Ello no violaría las leyes de propiedad[110]. En este caso, el capital está protegido únicamente por la dinámica de consenso que implica la gestión de redes sociales. Recordemos que, además, la ganancia que puede obtener el capital está limitada por el salario que ofrecen otras empresas.

Otra dinámica que se sostiene por liderazgo de redes sociales es la capacidad de establecer bloqueos económicos. El mercado, como lo hemos visto, genera efectos de red: su productividad per cápita es creciente según crece su cantidad de integrantes. Si existe un líder internacional que decide con qué países es lícito comerciar, a nadie le conviene desobedecer su mandato. La dinámica de redes solidifica el consenso del sometimiento ante el líder.

Ahora bien, si el líder no tiene alcance sobre todos los países, sino apenas sobre la mitad del mundo, su capacidad de establecer sanciones se verá limitada por el hecho de que los países expulsados de su red social podrán integrarse a otras. Esto explica que en el siglo XXI haya mucho más acatamiento internacional de las sanciones económicas norteamericanas que durante la guerra fría. Asimismo, explica por qué los Estados Unidos de Norteamérica tienen más capacidad de imponer su voluntad política y económica sobre otros países que en épocas anteriores (la obediencia es mayor, por el crecimiento del margen de usufructo).

Observemos que esta dinámica explica una nueva utilidad de los tratados de libre comercio entre países periféricos que pretenden enfrentar las asimetrías de poder internacionales: si se garantiza la pertenencia a un mercado de cierto tamaño, se reduce el margen de usufructo de los líderes del mercado internacional, y por lo tanto la necesidad de obedecer sus imposiciones económicas. Sin embargo, los bloques económicos basados en la confianza y el compromiso mutuo tienen ciertos límites, que observaremos en el capítulo 10.

En la antigüedad, el tamaño de un ejército generaba un efecto de red sobre el tiempo esperado de supervivencia en batalla. Si no hay ejércitos alternativos cerca, un líder puede ser sumamente tiránico. Si hay otros ejércitos, es posible que los súbditos se rebelen en alianza con otros ejércitos y se subordinen ante otros líderes. Sin embargo, como lo hemos visto, el margen de usufructo se define dinámicamente, y por lo tanto la tiranía de los líderes cercanos es un facilitador de la propia tiranía. Los mismos efectos de red que llevan a las plataformas a ofrecer beneficios a los nuevos integrantes llevaron a los tiranos a castigar a sus desertores. Cuando hay efectos de red, los triunfos y las pérdidas se retroalimentan. En el próximo capítulo, estudiaremos las complejidades de estas dinámicas en mayor profundidad.

A nivel sistémico, todos los fenómenos antes mencionados son uno mismo. Los efectos de red pueden generar y retroalimentar asimetrías de poder y explotación. Como la descripción es aplicable a todo momento de la historia, permite comprender la evolución entre los sistemas económicos desde un único modelo. En el próximo capítulo, expondremos una teoría unificada y general de la historia social y económica basada en la dinámica de liderazgo de redes.

Concluimos esta sección con una observación etimológica: el término Economía proviene de la unión de dos términos griegos, oikos y nomos.

En la antigua Grecia, se llamaba oikos a las organizaciones productivas autónomas. Estas incluían a un núcleo familiar, a sus animales, sus esclavos, sus granjas y sus herramientas.

Nomos es el término griego para Ley. Etimológicamente, la economía es el estudio de las leyes que regulan el comportamiento de los oikos, es decir, de las organizaciones útiles.

Nuestro análisis es económico no sólo por tratar las relaciones de producción y distribución de bienes y servicios, sino también en un sentido etimológico. A diferencia de los enfoques basados en el individuo y en la clase, el enfoque basado en las organizaciones es estrictamente “económico”: es el estudio de las leyes que describen el funcionamiento y la evolución de los oikos u organizaciones útiles.

Este modelo explica mejor la competencia encarnizada entre capitalistas

La tradición marxista afirma que la competencia entre capitalistas es encarnizada, es decir, que obliga a las empresas a competir a tal punto que genera fricciones violentas. En el diccionario de economía política de Borísov, Zhamin y Makárova se afirma que la competencia “actúa como fuerza coercitiva externa que obliga a los productores particulares [...] a ampliar la producción, a aumentar la acumulación, etc”, y que “con la competencia la producción y el capital se concentran y se centralizan”. Afirma, además, que “bajo el capitalismo monopolista, las formas de lucha competitiva se hacen más diversas” y “sus métodos, más crueles y rapaces”.

Ahora bien, para la tradición marxista, el mecanismo principal de la competencia comparte el dominio de análisis con el observado por Adam Smith: la competencia está principalmente basada en las ventas[111]. Por ello, parte algunos supuestos propios del modelo competencia perfecta. En el caso de la competencia perfecta, la competencia funcionaría así:

Supongamos que hacer un producto cuesta 4 pesos. Si la empresa A lo vende a 5 pesos, otra empresa B puede venderlo a 4.5 pesos. En ese caso, A se no podría vender nada y B ganaría 0.5 por producto vendido. Para no quedarse sin ganancias, A pasa a vender el producto a 4.25 pesos. Ahora es B quien se queda sin ganancias.  El sistema tiende a que todas las empresas vendan el producto en un precio equivalente a su costo.

Los dueños de las empresas tendrían el incentivo de innovar para reducir sus costos. En principio, esto permitiría generar ganancias (si me cuesta 3 pesos producir un producto y al resto le cuesta 4, puedo venderlo a 4 en el mercado y asegurarme un peso de ganancia). Además, tendrían el incentivo de innovar para no quebrar (si producir me cuesta 4 pesos y alguien vende a 3.5, necesito bajar mis costos o quebraré). Como lo veremos a continuación, este último punto depende del supuesto de competencia perfecta y es fundamental para la explicación marxista de la centralización del capital[112].

El modelo de competencia perfecta de Adam Smith no explica la concentración de capital (puesto que asume que hay infinitas empresas y que estas tienden a no percibir ganancia alguna). La tradición marxista asume los supuestos de Adam Smith para explicar la centralización del capital: las empresas que no pueden competir por las ventas tienden a quebrar, y eso llevaría a que el capital se centralice[113].

Una primera observación que podemos hacer es que la cantidad de bienes y servicios que se pueden ofrecer en el mercado son potencialmente infinitos. Existen ciertos productos que son necesarios para todo el mundo, a los que podríamos llamar commodities o mercancías. Dichos productos son muy demandados y es posible que exista mucha competencia por su oferta.

El análisis de Marx está centrado en las mercancías. Sobre las mercancías, existe una importante presión por competir para no quebrar.

Sin embargo, con la complejización del sistema productivo, la diversidad de las personas, la flexibilidad de la producción y el aumento de la capacidad de compra real de la población llevó a que existiera demanda de un sinfín de productos diversos, de nicho o levemente populares. A este segundo grupo de productos se lo suele llamar “cola larga” o long tail. Como en la cola larga hay muchos productos y cada uno es de baja popularidad, hay muy poca necesidad de competir por las ventas. Intuitivamente, siempre puede encontrarse algún nicho nuevo al cual vender.

Los productos de nicho o de baja popularidad son llamados de “cola larga” porque si dibujáramos un gráfico de barras que muestre:

  • Cuánto se vende cada producto en el mercado,
  • Con los productos ordenados según cuántas ventas tienen (de manera que las barras más altas queden a la izquierda y las más bajas a la derecha),

Dicho gráfico tendería a tener la siguiente forma:

Tomar una estrategia de cola larga es producir productos de nicho o levemente populares para no tener que competir por los productos más buscados. La existencia de la cola larga implica que la competencia basada en ventas no explica la concentración del capital: en un mercado de cola larga, la presión por reducir los precios es ínfima comparada con la que existía para las mercancías.

El factor que hace a la supervivencia de una empresa en el mercado de cola larga no es la existencia de demanda sin cubrir, sino la capacidad de organizar la producción para abastecer dicha demanda de manera que sea preferible para los trabajadores. Como caso paradigmático, para el año 2006 casi el 60% de las ventas de Amazon eran libros que ni siquiera figuraban en las librerías tradicionales[114]. El éxito concentrador del capital de Amazon se debe al efecto de red en la productividad que permite su tecnología de organización, no a la competencia por las ventas.

En los tiempos de Marx y Adam Smith, los autores observaban la competencia entre commodities, porque la capacidad productiva de su momento no permitía atacar la cola larga. Atacar la cola larga es fácil desde los años 70, a partir del auge del toyotismo y el aumento de la flexibilidad productiva[115]. Hoy, la teoría de la competencia basada en las ventas no puede explicar la centralización del capital, porque si la productividad real de la población aumenta, la diversificación productiva en las empresas permitiría evitar la tendencia del capital a concentrarse. En cambio, la competencia basada en compras (es decir, la competencia por la oferta de mejores condiciones de trabajo en un contexto de dinámica redes sociales que analizamos al comienzo del capítulo) sí explica la tendencia del capital a concentrarse[116].

Aunque la existencia de la cola larga echa por tierra la explicación de la concentración de capital mediante la competencia por las ventas, podemos observar que dicha explicación es limitada también para el caso de las commodities:

  • En un contexto de competencia perfecta, una firma que innova y reduce los precios de venta podría desplazar inmediatamente a todo el resto de las empresas. Así, la concentración del capital sería prácticamente inmediata. Si este modelo fuera explicativo, en la práctica la concentración de capital sería muy veloz. Esto no sucede: la tendencia a la acumulación de capital es lenta.

  • Si en un mercado de competencia perfecta cualquier empresa pudiera esperar sin quebrar a que otra innove para innovar después, nadie innovaría. Esto es porque innovar es un costo, y en contextos de competencia perfecta no existe incentivo a la innovación (porque la ganancia en las empresas siempre tiende a cero).

Ahora bien, si no hubiera competencia perfecta (por ejemplo, en un contexto oligopólico en que todas las empresas obtienen ganancias) no habría urgencia de competir. Si el precio de mercado es mayor al costo de producción de las empresas, ninguna de ellas está coercionada a competir ni corre el riesgo de quebrar al no hacerlo. Al contrario: si vendo un producto a 4 pesos y producirlo me cuesta 3, bajar el precio me perjudicaría. Esto es porque no estoy seguro si eso aumentaría mis ventas (porque es posible que otras empresas también tengan un margen de ganancia que podrían reducir en respuesta) pero sí estoy seguro de que reduciría mis ganancias por venta. Este efecto se ve magnificado porque ninguna empresa tiene productividad infinita y ningún consumidor tiene información perfecta. Por un lado, no hay riesgo significativo de quebrar si otro reduce sus costos. Por otro, el incentivo para bajar los precios es bajo. El incentivo de reducir los costos es simplemente para maximizar la ganancia, no para evitar la quiebra.

La conclusión del párrafo anterior en el caso de los oligopolios no habría una competencia encarnizada (en el sentido de que no haya lugar para todas las empresas y que por lo tanto deban luchar hasta la muerte para sobrevivir). Cada empresa competiría “consigo misma” intentando maximizar sus ganancias. El modelo de competencia basado en ventas no implicaría una dinámica de “matar o morir” en contextos de oligopolio. La tradición marxista observó que la competencia encarnizada, en lugar de desaparecer, es amplificada en el caso de los oligopolios. El modelo de competencia basado en compras (es decir, basado en la dinámica de liderazgo de redes) explica esta observación.

De esta manera, la competencia encarnizada sólo se justifica, desde el modelo marxista, si la burguesía tiene una sed irrefrenable de ganancias y está dispuesta a cualquier cosa por aumentarlas. Como dicha competencia no puede explicarse sistémicamente, se acude a una explicación basada en las intenciones humanas, desde la crueldad y ambición burguesas.

El modelo de competencia basada en compras explica la concentración de capital, expresa la naturaleza coercitiva de la competencia. La dinámica de efectos de red es tal que en cada ciclo de mejora tecnológica algunas empresas quebrarán y otras podrán sobrevivir. La explicación de la crueldad ambiciosa se reemplaza por una explicación sistémica, similar a la de la tragedia de los comunes: el funcionamiento del sistema lleva naturalmente a la competencia violenta. Dejar de ser inescrupuloso no evitará que el resto deje de serlo, así como detener el crecimiento del propio ganado no implica que el resto lo haga. El daño sistémico de la competencia inescrupulosa es una externalidad negativa. Esto quiere decir que no hace falta ser malvado para hacer el mal. Cualquiera que no contribuya a concentrar el capital será removido de su puesto o quebrará, y ello no evitará la tendencia del capital a concentrarse. El sistema lleva a la lucha encarnizada del mismo modo que la tragedia de los comunes lleva a la contaminación de los ríos y los mares. No hace falta explicarlo desde una sed irrefrenable de ganancias de ningún ser malévolo.

Hay otra diferencia predictiva entre el modelo basado en las ventas y el modelo de los efectos de red sobre la productividad:

  • En el modelo de competencia basado en las ventas, los salarios tenderían a bajar durante los periodos de gran desarrollo tecnológico. Esto es a fin de poder competir por las ventas con otras empresas que logran reducir sus precios por implementar tecnologías de organización más eficientes. La necesidad de reducir costos para el resto de las empresas generaría una tendencia salarial a la baja.

  • En el modelo de competencia basado en compras los salarios tenderían a subir durante los periodos de gran desarrollo tecnológico. Esto es a fin de sobrevivir y poder acaparar la capacidad de crecimiento que el nuevo desarrollo implica. Hemos llamado “etapas de bonificación” a los períodos en que  las diversas redes ofrecen grandes beneficios a sus participantes a fin de acaparar los efectos de red (y sobrevivir a las etapas de desarrollo tecnológico).

En tiempos de taylorismo y fordismo, por ejemplo, los salarios tendieron a subir, con el caso paradigmático de la implementación del 5 dollar day por Ford.

En conclusión, el modelo de competencia basado en ventas que adoptó Marx no explica la centralización del capital de manera tan precisa como el modelo de competencia basado en compras: el liderazgo de redes.

El surgimiento del imperialismo

En el capítulo anterior, identificamos tres factores que hacen a la productividad de la empresa: el tamaño del mercado, el tamaño de la empresa y la forma de la empresa. En este capítulo hemos tratado principalmente los dos últimos puntos, y mostrado cómo las empresas compiten entre sí al interior del mercado.

Ahora bien, si el universo de individuos y recursos está dividido en distintos mercados, todas las empresas que se encuentren en el mismo mercado serán beneficiadas si el tamaño de su mercado aumenta. Además, como el tamaño del mercado genera efectos de red sobre la productividad, la dinámica entre los mercados también sería de matar o morir y de competencia encarnizada.

Sin embargo, es preciso hacer la observación siguiente: pese a que todas las empresas que comparten un mercado son beneficiadas si el tamaño de dicho mercado aumenta, el esfuerzo individual por aumentarlo funciona como una externalidad positiva: si el costo es asumido por una sola empresa el beneficio sería adquirido por todas, por lo que a ninguna empresa le convendría ser la primera. Cuando las empresas son pequeñas, el equilibrio de Nash lleva a que ninguna empresa lo haga por su propia cuenta. Sin embargo, la tendencia del capital a centralizarse tiene dos efectos:

  1. Cuanto más grande es una empresa, mayor será su beneficio si el mercado crece (aumentar la productividad un 20% genera 20 pesos para una empresa que produce 100, y 200 pesos para una empresa que produce 1000).
  2. Cuantas menos empresas hay, hace falta ponerse de acuerdo con menos individuos para superar el equilibrio de Nash mediante una coordinación centralizada.

De esta manera, una vez que el mercado llega a una etapa oligopólica o monopolista, las empresas pueden coordinar su actividad mediante una autoridad central (el Estado) para aumentar el tamaño de su mercado. ¿Cómo pueden hacerlo?

En principio, el tamaño del mercado se puede controlar de dos maneras:

  1. Dinámica de liderazgo de redes sociales: Como ya hemos visto, la obediencia está supeditada a que sea más costoso incorporarse a una red alternativa que obedecer al líder de la red en que se está. Aunque hoy los mercados siguen una dinámica de liderazgo tras el triunfo de la gobernanza de los Estados Unidos sobre el mercado internacional, hasta principios del siglo XX existían varios mercados en disputa. Cuando hay redes sociales en disputa, sus líderes buscan ofrecer máximos beneficios a los nuevos integrantes, precisamente por la dinámica de matar o morir que implican los efectos de red. De esta manera, se hacía prácticamente imposible exigir obediencia exclusivamente por dinámicas de consenso.

  1. Mecanismos opacos de control: Cuando una dinámica de consenso no es suficiente para preservar el poder, se puede acudir a mecanismos opacos de control: la violencia y la obligación. Si el margen de usufructo dado por el beneficio de comerciar en un mercado internacional es muy pequeño, no es suficiente para garantizar la obediencia. En dichos casos, sólo garantizan su poder quienes acuden a mecanismos opacos de control. Dada la dinámica de matar o morir, el sistema lleva a que las diversas naciones acudan a mecanismos opacos de control, al menos hasta que alguna red sea lo suficientemente grande como para poder ejercer su poder exclusivamente mediante dinámicas de liderazgo de redes sobre la productividad y la integración comercial.

Como adelanto del próximo capítulo, podemos observar que lo que desde una perspectiva es un mecanismo opaco de control, desde otra puede ser un mecanismo explícito. Si en un modelo se considera a la coerción y la violencia como elementos de control económicos, no se trata de mecanismos opacos. En el capítulo siguiente observaremos cómo funcionan las transiciones históricas entre mecanismos de control, y entre ellas, cómo las relaciones de poder internacionales dejaron de basarse en el dominio militar y pasaron a tratarse fundamentalmente de relaciones de liderazgo de redes sobre la productividad.

Por qué Marx y Smith vieron lo que vieron

Para el modelo de competencia perfecta, las ganancias empresariales tenderían a ser nulas (como lo hemos mencionado, la competencia por las ventas llevaría los precios al costo de producción). Cuando escribió Adam Smith eran tiempos de rápido desarrollo tecnológico, y por lo tanto, gran potencial de crecimiento.

En periodos de rápido desarrollo tecnológico, se valora más la concentración de capital que la ganancia, por la presión hacia el crecimiento que implica la existencia de efectos de red. Cuando el desarrollo tecnológico es rápido, el aumento constante del rango en que las empresas pueden mostrar efectos de red en la producción genera una tendencia constante a la reinversión y la optimización.

Ahora bien, la tendencia de los efectos de red a eliminar la competencia y centralizar el capital no pudo ser observada. Cuando las empresas todavía son pequeñas y el desarrollo de las tecnologías productivas es relativamente incipiente, el tamaño de las empresas está acotado y la tendencia a la oligopolización es menos ostensible. Además, dado que los sistemas económicos son complejos y ruidosos, esta tendencia era, en un principio, prácticamente imperceptible.

Para Marx, el sistema generaría una tendencia a la baja de salarios. Consideraba que la competencia por las ventas implicaba la necesidad de reducir los costos de producción, y que como efecto de dicha necesidad los salarios tenderían a reducirse. La observación parecía corroborarse empíricamente, puesto que en su época la producción estaba incorporando mucha mano de obra nueva. La integración económica internacional producida por la tecnología de los barcos de vapor permitió que Europa accediera a la producción agrícola de países periféricos, lo cual llevó a grandes cambios demográficos en Europa, entre ellos una oleada inmigratoria de los campos a las ciudades.

Por el exceso de oferta laboral, y porque las tecnologías productivas de entonces no requerían mano de obra calificada, el capital pudo desarrollarse en un contexto de poca competencia por los trabajadores. Esto explica la baja generalizada de salarios: la tendencia de los salarios a subir en instancias de rápido desarrollo tecnológico (debida a la competencia por las compras) se compensó con creces con el aumento de la oferta laboral[117].

Por otra parte, el modelo del capital como red social genera una interpretación de los ciclos económicos, en que los periodos de crisis y crecimiento son efectos de las etapas de bonificación de usufructo: En las etapas de rápido desarrollo tecnológico predomina la bonificación, y en etapas de menor desarrollo tecnológico predomina el usufructo. Estas leves tendencias se amplifican por sus efectos en la capacidad de compra en el mercado. Las etapas de bonificación aumentan el consumo, generando mayor productividad para las empresas, mientras que las etapas de usufructo tienen el efecto contrario. Además, como los procesos económicos son lentos, cuando la dinámica de liderazgo de redes destruye a las empresas que ya no pueden sostener a sus trabajadores (aquellas que mueren en la dinámica de matar o morir que implica el liderazgo de redes), el desempleo crece, generando una tendencia salarial a la baja y disminuyendo el poder adquisitivo de la población. Cuando esto sucede la productividad real disminuye aún más (por la consecuente disminución del consumo), y acontecen los periodos de crisis.

Corrimientos hacia la izquierda del punto óptimo de productividad per cápita

Para concluir, es preciso hacer una observación. Hemos expuesto la tendencia natural del capital a concentrarse a partir del desarrollo tecnológico. Como lo hemos visto, dicha tendencia está supeditada a que, con el desarrollo tecnológico, el punto óptimo de productividad per cápita alcance su nuevo máximo para una cantidad de personas mayor que la anterior.

Sin embargo, es posible que esto no siempre suceda. Por ejemplo, podemos imaginar el surgimiento de una nueva tecnología (T2) que alcance un punto óptimo de productividad per cápita mayor que la tecnología anterior (T1) para una cantidad menor de personas. En su defecto, podemos imaginar que una nueva tecnología (T3) alcanza un punto óptimo de productividad per cápita menor que la tecnología anterior (T1), pero para una cantidad menor de personas, y que para dicha cantidad de personas T3 ofrece mayor productividad per cápita que T1.

Desarrollos tecnológicos de este tipo podrían generar excepciones locales a las tendencias del capital a concentrarse.

Como caso de estudio, podemos pensar el caso del toyotismo para ofrecer una nueva interpretación del auge del capitalismo financiero y del neoliberalismo en la década del ‘70.

El modelo toyotista permitió reducir los costos de producción y producir bajo demanda. Esto permitió atacar la cola larga de la demanda (lo cual disminuyó la necesidad de competir por los precios de venta) y permitió reducir los riesgos asociados a la producción en masa.

La nueva tecnología productiva ofreció una alternativa a la producción en cadena fordista, dependiente de la escala y de mano de obra cuantiosa, dada por la producción especialista y la mano de obra flexible. De esta manera, corrió el punto óptimo de productividad per cápita hacia la izquierda de manera excepcional.

Esto generó la posibilidad de que crecieran muchas empresas relativamente pequeñas en detrimento de las empresas de mayor tamaño. En consecuencia, invertir en empresas incipientes se tornó más beneficioso que invertir o reinvertir en las empresas mayores para los grandes capitales. Además, como las empresas incipientes eran numerosas, era menos predecible cuáles crecerían y cuáles no. De esta manera, los movimientos de dinero entre empresas incipientes según su nivel de éxito se tornarían una parte sustancial del crecimiento monetario para los grandes capitales. Por tales motivos, el capital concentrado comenzó a dedicarse en mayor grado al llamado capitalismo financiero. Dicha tendencia se magnificó porque la volatilidad en los valores de las acciones de las empresas incipientes generó una nueva gran oportunidad de ganancias, que también fue alcanzable para individuos con menor capacidad de constituir empresas propias[118].

De la misma manera, el corrimiento a la izquierda del óptimo de productividad per cápita influyó en el surgimiento del neoliberalismo. Como lo hemos visto, dicho corrimiento generó un nuevo crecimiento en la cantidad de empresas de tamaño considerable. Esto revirtió una tendencia general que se había reflejado en el surgimiento de los Estados de Bienestar: la concentración del capital. Veamos por qué.

Recordemos que la productividad per cápita de las empresas depende del poder adquisitivo del mercado en el que participan. Además, el poder adquisitivo en el mercado depende de los salarios que ofrezcan las empresas. Por lo tanto, pagar salarios altos es una externalidad positiva para las empresas.

En general, se responde a las externalidades positivas mediante algún organismo de control central. En el caso económico, suele tratarse del Estado. Ahora bien, la tendencia a la coordinación suele depender inversamente del número de partes y positivamente del beneficio esperado por cada una de ellas en coordinar. Cuando las partes son muchas es más difícil coordinarlas, y si ninguna ganaría mucho a partir de la coordinación, la tendencia es a que esta no se de. A medida que el capital se concentra, las empresas son cada vez menos. Además, los aumentos de eficiencia son cada vez más impactantes. Por este motivo, es esperable que la concentración de capitales haya influido en el surgimiento de los Estados de Bienestar.

Sin embargo, el aumento en el número de las empresas, la tendencia a su disminución en tamaño, y la consecuente tendencia de los grandes capitales a dispersarse en el capitalismo financiero revirtió la tendencia de los Estados de Bienestar a conservarse durante décadas. Volveremos a tratar la cuestión de los Estados de Bienestar en el capítulo 10, y veremos algunas tendencias presentes y futuras del mercado en el próximo capítulo.

Observemos que a pesar de excepciones como el toyotismo, es esperable que la tendencia general de los óptimos de productividad per cápita sea de correrse hacia la derecha. Toda curva de productividad per cápita se encontraría por debajo de la curva de productividad idealizada:

Esperamos que la curva de productividad per cápita de una tecnología perfecta sea monótonamente creciente porque a mayor número de personas, mayor la capacidad de especialización y concentración de los participantes, y por lo tanto, mayor es el potencial productivo. Por lo tanto, es esperable que el desarrollo tecnológico genere una tendencia general del punto óptimo de productividad per cápita a correrse hacia la derecha.

Hacia un modelo continuo de la historia

A lo largo de este capítulo hemos expuesto la forma general del usufructo; el liderazgo de redes. Sin embargo, el usufructo ha cobrado diversas formas particulares a través de la historia. La capacidad de comprenderlas desde un mismo patrón nos permite comprender la historia económica a partir de un modelo unificado.

Al describir las diversas etapas de la historia desde un mismo modelo, las transiciones entre las mismas dejan de ser discontinuidades. Antes, como las distintas etapas se comprendían desde modelos distintos, existían momentos de quiebre, discontinuidades, puntos críticos en el tiempo. Estos puntos no podían pensarse a partir de ningún modelo, porque se trataba precisamente de los momentos de cambio entre los mismos.

Dichos puntos, llamados "revoluciones", siempre fueron vistos como instancias de "borrón y cuenta nueva". La descripción de las diversas etapas de la historia desde un mismo modelo permite entender las revoluciones ya no como discontinuidades o quiebres, sino como dinámicas precisas, claras y prolongadas, que forman parte de la teoría unificada de la historia.

Comprender a las revoluciones ya no como quiebres sino como procesos precisos y claros permite diseñarlas de manera adecuada.


Capítulo 9: La historia es la historia de la disputa de redes

Hay 3 grandes concepciones de la historia económica. La liberal, basada en individuos, la marxista, basada en clases, y la networkista, basada en redes.

En el capítulo 6, expusimos la relación entre cada una de estas 3 ontologías y las técnicas de modelado de sus tiempos. Como lo hemos mencionado, el modelado basado en individuos y el basado en clases no son idóneos para tratar con la evolución de un sistema complejo como lo es la sociedad. Los sistemas complejos se componen de redes.

El sentido común detrás de la historia basada en individuos es hija de los modelos de gases ideales. Desde esta perspectiva el mercado es un sistema de máxima entropía, y por lo tanto, se concibe como “natural”: salvo que exista alguna perturbación o modificación artificial y foránea, el funcionamiento de la economía tendería a ser el del mercado de competencia perfecta. Análogamente, los gases ideales tenderían a aumentar su nivel de entropía rápidamente, a no ser que alguien circunscriba su movimiento, los encierre en un recipiente o introduzca otra restricción al funcionamiento “natural” del sistema.

Las interpretaciones liberales de la historia nacen del sentido común de los gases ideales y la termodinámica básica. El mercado habría nacido con la civilización, y se habría encontrado con una serie de restricciones artificiales a su libre funcionamiento: las relaciones de servidumbre feudal, la esclavitud, las diversas formas de despotismo y otros modos de intervención estatal y coercitiva. La historia de la economía sería una historia de progreso, en que las sociedades cada vez más ilustradas o civilizadas pondrían fin a cada una de esas ataduras hasta llegar al mercado irrestricto. Habiendo arribado al sistema natural, libre de todo impedimento, la historia económica habría terminado. El mercado sería para la economía lo que la muerte térmica es para el universo.

El sentido común detrás de la historia basada en clases nace de la construcción de modelos simples. El requisito de simplicidad lleva a considerar a las clases, y no a los individuos, como los agentes de la historia. Como lo hemos observado en el capítulo 5, tiene como elemento indispensable a la conciencia de clase, es decir, la hipótesis de que las clases de individuos actúan en unidad para defender sus intereses comunes. La historia económica sería el resultado de ciclos de dominio y sublevación de clases subalternas. En alguna instancia de desarrollo de los sistemas económicos, una clase dominada adquiriría conciencia de clase, tomaría el poder estatal y organizaría la economía a su imagen y semejanza una vez adquirida la posición dominante.

Eventualmente, la clase que se sublevaría sería la clase obrera. Al asumir que no existen más clases que la burguesía y el proletariado, la última sublevación pondría fin a la historia económica.

La concepción basada en es crítica de la ingenuidad de la concepción basada en individuos.

Afirma que considerar que la sucesiva liberación de ataduras es un mero efecto de una ilustración gradual es omitir factores clave. Sostiene que debe entenderse como un efecto del funcionamiento de la economía, y como resultado de la interacción y disputa de distintos intereses económicos. Sin embargo, como lo hemos adelantado en el capítulo 5, la explicación económica que ofrece en respuesta es por lo menos perfectible.

En este capítulo, ofreceremos una alternativa a la concepción de la historia económica basada en clases, a partir del modelo de liderazgo de redes.

Espartaco son los otros

Supongamos que hay un sistema esclavista compuesto de 1000 esclavos y un amo. Los esclavos no tienen armas y el amo tiene una escopeta con 6 balas.

Desde un análisis en términos de clases, los esclavos estarían mejor si se sublevan. Una probabilidad de morir de menos del 1% es preferible a una vida entera privada de libertad en paupérrimas condiciones de trabajo[119].

Ahora bien, si analizamos el problema en términos de individuos, a ningún individuo le conviene ser el primero en sublevarse. Recordemos que, al interior de las redes, enfrentar el poder de los líderes es una externalidad positiva, y por lo tanto, el equilibrio de Nash sería de no sublevarse.

La conciencia de clase pronosticaría que los individuos actuarían en favor de los intereses de su clase en lugar de sus intereses individuales. Sin embargo, en los casos en que existe una divergencia entre los intereses globales de un gran conjunto de individuos y los intereses de cada uno de los mismos, suele primar el interés individual. Como ejemplo sustancial, recordemos la tragedia de los comunes presentada en el capítulo 4: la primacía de los intereses locales por sobre los comunes por equilibrios de Nash es tal que genera la destrucción del medio ambiente por parte de la humanidad.

Cuando escribió Marx, la mejor posibilidad que tenía un trabajador de aumentar su salario real era la sindicación. La proporción de capataces contra obreros fabriles era muy baja, por lo que la probabilidad de que un obrero se volviera capataz era insignificante. Por ello, el único modo factible de aumentar el sueldo propio era el de organizarse y presionar por el aumento del salario base del propio puesto de trabajo.

Hoy, que el sistema económico aumentó en complejidad y existen roles de remuneraciones muy diversas, para la mayoría de los individuos la esperanza más inmediata de obtener mejoras salariales no es la de sindicarse, sino la de capacitarse y competir por mejores puestos de trabajo. Cuando se formuló la teoría marxista, la conciencia de clase era predictiva, pero no por virtud propia sino porque los intereses colectivos coincidían con los incentivos locales e inmediatos de los individuos. Hoy, que dicha propuesta perdió su predictividad, desde el materialismo dialéctico se acude al concepto de alienación para explicar los límites de la teoría[120].

¿Por qué desaparece la esclavitud, si no es por sublevación? Un caso de estudio interesante es la guerra civil de los Estados Unidos, en que los estados del norte, industrializados y expectantes de abolir la eslcavitud, enfrentaron a los estados del sur, agricultores y usuarios de intensiva mano de obra esclava.

Para el marxismo, a los Estados del Norte les habría convenido materialmente atacar a los estados del sur para expandir el llamado modo de producción capitalista. Ahora bien, como lo hemos visto, la necesidad natural del mercado a expandirse tiene diversas explicaciones desde el materialismo dialéctico. Siguiendo la taxonomía expresada en el capítulo anterior, podemos diagramar por lo menos dos interpretaciones: una basada en las ventas y otra basada en las compras[121].

Desde la interpretación basada en las ventas, el capital tiene una necesidad imperiosa de conseguir nuevos mercados constantemente, a fin de aumentar la demanda de las mercancías que produce. La necesidad de ampliar los mercados permitiría a las empresas sobrevivir al ahogo de la competencia por las ventas, que obliga a reducir costos si no se logra encontrar nueva demanda. Además, sería necesario para evitar las crisis asociadas a la sobreproducción capitalista, que es la incapacidad de vender las mercancías producidas, una amenaza para la supervivencia del capital.

La abolición de la esclavitud transformaría la mano de obra esclava en mano de obra asalariada, y por lo tanto implicaría un influjo de consumidores al mercado norteamericano que cubriría la necesidad creciente de demanda.

Dicha interpretación es implausible por un motivo particular: el costo de transporte de productos textiles es menor que el del algodón. El algodón, como materia prima, ocupa más espacio que la vestimenta. Además, la vestimenta contiene el valor agregado por la manufactura. Por lo tanto, puede transportarse mucho más valor en un volumen fijo si es en forma de productos textiles que si es en forma de algodón, y por ende, el costo de transporte se diluye mucho más en el caso de los productos textiles.

Dado que aún existían varios lugares en el mundo a los que los Estados Unidos no vendían textiles, si el factor principal fuera la competencia por las ventas, habría sido más conveniente integrar al llamado modo de producción capitalista a regiones más lejanas que a los estados del sur. De esta manera, se preservaría una fuente cercana de algodón barato, manteniendo cortas las distancias del transporte de materia prima, y vendiendo los productos manufacturados a mercados lejanos con el beneficio del transporte barato.

La interpretación basada en las compras, en cambio, ofrece una interpretación plausible de la conveniencia material del norte respecto de la abolición de la esclavitud en los estados del sur: la abolición de la esclavitud habría permitido el influjo de mano de obra para las fábricas del norte en detrimento de las plantaciones.

Las plantaciones, como organizaciones útiles del sur, no poseían tecnologías productivas capaces de competir a nivel salarial con las fábricas del norte. Sin la esclavitud, a los ciudadanos libres les sería más conveniente trabajar para las fábricas, que eran capaces de ofrecer salarios mayores que las plantaciones.

La coerción, entonces, funcionaba como membrana protectora para las organizaciones útiles del sur, en el sentido de que era un mecanismo opaco de control que les permitía contener a su gente y preservarse. Cuando existe la coerción, a cada esclavo individual le conviene acatar las órdenes y permanecer en la plantación. Erradicar la esclavitud rompería la “membrana protectora” de los oikos del sur. En biología, se llama lisis al proceso de ruptura de las membranas de las células.

La erradicación de la esclavitud sería, entonces, un proceso de ecólisis: rompería la membrana protectora de los oikos del sur, de manera que (ya sin coerción de por medio) los ciudadanos libres del sur migrarían a las fábricas del norte que ofrecerían mayores salarios. Veamos en mayor detalle cómo funciona la ecólisis.

La ecólisis es la forma general de las “revoluciones” económicas

Recordemos que el liderazgo de redes se da sobre redes útiles. Sin embargo, las utilidades sobre las cuales las redes funcionan fueron distintas en diversos momentos de la historia. La ecólisis describe de manera general cómo se dan los saltos en los procesos de cambio entre las mismas.

Supongamos que hay dos utilidades funcionando en un momento determinado de la historia, la capacidad de hacer uso de la fuerza y la productividad. Los feudos, por ejemplo, contaban tanto con una fuerza militar propia (que podía servir para la defensa y para la coerción) como con tierras cultivables. Cada una de ambas utilidades tendría su propia curva de utilidad per cápita. Imaginemos que en un momento determinado tienen su punto óptimo para una misma cantidad de personas (A):

La utilidad per cápita de las redes sería la suma de ambas utilidades, y por lo tanto, la utilidad acumulada per cápita también tendría su punto óptimo en A.

Como lo hemos tratado en el capítulo anterior, la curva de utilidad acumulada generaría una tendencia a que las redes sean de tamaño A.

Supongamos que ahora alguna de las redes adquiere una tecnología productiva T2, mejor que la tecnología anterior T1. De esta manera, su curva de productividad per cápita mejora, mientras que la curva de utilidad per cápita dada por la fuerza se mantiene estable:

Esto generaría una nueva curva de utilidad acumulada, que tendría una forma como la siguiente:

Notemos que el punto óptimo de la utilidad acumulada en T2 no es exactamente A. Como la curva de productividad per cápita de T2 es creciente cuando la coerción alcanza su punto óptimo, la suma de ambas utilidades corre el punto óptimo de utilidad acumulada hacia la derecha y hacia arriba:

Esto permitirá que la red que adquirió una mayor tecnología crezca en detrimento del resto:

Sin embargo, los líderes de la red que obtuvo la mejor tecnología no pueden explotar su máximo potencial. Observemos que aunque el punto óptimo de utilidad per cápita se encuentre en A’, la suma total de utilidad en la red es mayor en el punto B. Aunque la utilidad per cápita es un poco menor, la cantidad de personas es mucho mayor, y por lo tanto, la utilidad total sobre la cual usufructuar es mucho mayor en B.

Sin embargo, como la utilidad per cápita sufre un pronunciado y prolongado descenso a partir de A’, la red de mayor tecnología productiva, que compite con la utilidad acumulada de T1, no puede crecer hasta el tamaño B. 

El pico en A’ debido a la posibilidad de coerción, funciona como “membrana protectora” de las redes más pequeñas, y restringe el crecimiento de la red de mejor productividad.

Ahora bien, si la empresa de tecnología T2 eliminara la coerción del sistema, la única curva de utilidad per cápita que regularía el tamaño de las redes sería la de T2:

De esta manera, la red de tecnología T2 competirá con la red de tecnología T1 únicamente en torno a la productividad per cápita:

De esta manera, podrá alcanzar un tamaño mucho mayor en detrimento del resto de las redes.

Aunque la eliminación de la coerción en el sistema implique que la nueva red pueda usufructuar menos utilidad de cada individuo, también implica la posibilidad de alcanzar tamaños mayores, y por lo tanto, de ampliar su usufructo total.

Alcanzada cierta tecnología productiva, la dinámica de crecer o morir que implican los efectos de red lleva a que la ecólisis sea una pieza fundamental de la dinámica de crecimiento de las redes.

Una vez concluido el proceso, la utilidad principal de las redes se termina por modificar:

Como resultado, las redes tendrán como resultado una modificación de su fuente principal de utilidad. En términos del materialismo dialéctico, el modo de producción habrá cambiado. Por ejemplo, la forma de producción esclavista o feudal se habrá transformado en la llamada forma de producción capitalista.

Sin embargo, el proceso no es el resultado de la sublevación de una clase subalterna, sino de la dinámica de liderazgo de redes, en que las redes de mayor capacidad de crecimiento llevan a cabo un proceso de ecólisis. Estos saltos generan mayores concentraciones de poder que las que existían anteriormente.

El fin de la esclavitud y de los lazos de servidumbre pueden comprenderse como instancias del proceso de ecólisis. Asimismo, la serie de independencias sucedidas en el siglo XX también pueden ser comprendidas de esta manera. Tras la política aislacionista de los Estados Unidos en la primera guerra mundial, el país norteamericano había desarrollado su industria y la conservaba de manera intacta. Además, las naciones de Europa tenían dominio coercitivo de colonias alrededor de todo el mundo, que funcionaba como membrana protectora de sus redes de intercambio. Por ello, los EEUU tenían mayor potencial de crecimiento por liderazgo de redes sobre el mercado internacional si la utilidad principal del sistema se restringía a la productividad.

Tras la primera guerra mundial, los Estados Unidos impulsaron la política de autodeterminación de los pueblos expuesta en los 14 puntos del presidente Woodrow Wilson. Esta política se radicalizó tras la segunda guerra mundial, cuando los Estados Unidos ensayaron formas de liderazgo de redes que apelaban exclusivamente a relaciones comerciales y financieras a través del Plan Marshall. Algunos fenómenos históricos, como la revolución pacífica de la India, pueden comprenderse con facilidad si se considera la ecólisis impulsada por los Estados Unidos.

La ecólisis es un concepto útil para revisar la historia del sistema actual. La burguesía europea se conformó en el siglo XII a partir del comercio de granos y otros bienes entre distintas regiones. El nuevo modo de producción creció desde abajo. Los comerciantes comenzaron a concentrarse en burgos, ciudades cuya actividad principal era comercial (de las cuales adquiere su nombre la burguesía). Las llamadas “revoluciones burguesas”, que para el materialismo dialéctico son puntos de quiebre en que una clase oprimida se sublevó contra una clase opresora, no fueron más que procesos de ecólisis. Las instancias de violencia que alteran el funcionamiento de la economía son de conquista de las redes más pequeñas por parte de las redes más poderosas a partir de la desarticulación de sus membranas protectoras.

Por tanto, proyectar la revolución socialista como una sublevación de la clase obrera no sólo es materialmente implausible, por requerir la superación de un equilibrio de Nash mediante la coordinación de una cantidad extraordinaria de personas, que deberían actuar en contra de sus intereses personales y en favor de sus intereses colectivos. Es, además, contraria al patrón que siguen las revoluciones de la historia. Las revoluciones suelen darse cuando el nuevo sistema preexiste y surge desde abajo.

Antes de continuar, es preciso hacer algunas observaciones sobre el proceso general de la ecólisis:

  1. Para las redes, sólo es conveniente llevar a cabo un proceso de ecólisis cuando su tecnología productiva es sustancialmente mejor que la del resto. Si no es el caso, lo conveniente es conservar la membrana protectora. No hacerlo la pondría en desventaja frente al resto.

  1. Para las redes de gran tecnología productiva, llevar a cabo un proceso de ecólisis es una externalidad positiva. Por lo tanto, no suele ser suficiente que exista una red con potencial de beneficiarse de la ecólisis para que esta suceda, sino que hace falta también alguna forma de coordinación entre redes interesadas en llevarla a cabo. Como ya lo hemos mencionado al tratar los Estados de bienestar y el imperialismo, la coordinación es más factible entre pocas redes que entre varias personas sometidas, tanto por la cantidad reducida como porque para las personas sometidas la mera conversación subversiva es un riesgo y una externalidad positiva, cosa que no sucede para el caso de las redes.

  1. La ecólisis no necesariamente elimina por completo la utilidad preexistente de todas las redes. Una vez que las redes que la llevaron a cabo satisfacen su potencial de crecimiento, la existencia de los mecanismos opacos de control en el resto de las redes puede serles conveniente por diversos motivos.

  1. Por un lado, retiene el avance de otras redes de gran tecnología productiva sobre las redes pequeñas restantes, de manera que las redes que ya satisficieron su potencial de crecimiento conservan su poder relativo. Durante la guerra fría, por ejemplo, los Estados Unidos se abstuvieron de disputar el autoritarismo de los países que lindaban con el campo socialista, porque funcionaba como membrana protectora que detenía el avance de la red comercial de la URSS.

  1. Por otro lado, permite la conservación de formas de producción que no podrían darse sin mecanismos opacos de control. En los Estados Unidos, por ejemplo, la abolición de la esclavitud permitió abastecer de mano de obra al norte. Sin embargo, se conservaron en el sur las leyes de Jim Crow, que permitieron la preservación de formas de esclavitud de facto en menores escalas hasta bien entrado el siglo XX.

  1. Es posible que una gran mejora en la tecnología productiva de ciertas redes implique la necesidad de que se profundice la coerción en otras. Si una red se sostiene únicamente por su productividad, y en un momento deja de ser competitiva porque el resto de las redes adquiere niveles de productividad sustancialmente mayores, deberá apoyarse en mecanismos opacos de control para preservarse. Por ejemplo, a fines del siglo XIX la producción agrícola en los países del cono sur se vio amenazada por el avance de la tecnología de producción industrial en el Paraguay. En consecuencia, las redes agrícolas pequeñas de Argentina, Uruguay y Brasil se vieron amenazadas por el desarrollo del país limítrofe. En consecuencia, impulsaron una guerra que diezmó la población paraguaya y destruyó la tecnología adquirida[122]. Otro caso de interés es el autoritarismo de posguerra en España, una nación de tecnología productiva considerablemente menor que la de sus vecinos europeos tras la segunda guerra mundial, que requirió del autoritarismo para conservar el poder de sus redes económicas.

  1. La exposición de la ecólisis que ofrecimos en este punto se basa en las formas distintas de utilidad que pueden ofrecer los oikos. Sin embargo, como lo hemos mencionado en el capítulo pasado, a veces salir de las redes tiene un costo extra al de entrar en las mismas. Dicho costo también puede funcionar como membrana protectora, y por lo tanto, es susceptible de ecólisis.

  1. Las revoluciones por sublevación existen, pero son la excepción y no la regla. Sólo se dieron cuando el margen de usufructo de las redes era mínimo, y por situaciones críticas. En estos casos, la externalidad positiva de enfrentar a los líderes de la red era de costo prácticamente nulo, precisamente por la anulación del margen de usufructo. Es por este motivo que las revoluciones marxistas sólo se dieron en países autoritarios y de economías campesinas. Muchas veces, dichos países conservaron el autoritarismo por ser este una membrana protectora[123], debido a que las revoluciones también fueron lideradas, y los nuevos sistemas preservaron el liderazgo de redes.

  1. No todo enfrentamiento armado es un proceso de ecólisis. Por ejemplo, si una red cuya utilidad principal es la coerción tiene estructura jerárquica (de árbol[124]), superado cierto tamaño puede ser conveniente para el líder de un subárbol separarse de la misma[125]. El tamaño del subárbol depende del tamaño del árbol original, así como del tamaño de otros árboles cercanos.

En términos generales, los procesos de ecólisis se dan cuando:

Existe una membrana protectora, es decir, una dinámica que desde el punto de vista de una forma de utilidad genera mecanismos opacos de control que restringen el movimiento de las personas entre distintas redes.

A alguna red le es conveniente deshacer dicha membrana protectora para todas o la mayoría de las redes, a fin de poder fagocitarlas. Como resultado del proceso, la cantidad de redes se reduce, y por lo tanto, el poder se concentra.

Cómo evolucionaron las concepciones de poder

Durante el feudalismo, se asociaba el poder a la posesión de tierra. Durante el mercantilismo, la posesión de metales preciosos cumplía ese papel. Durante el llamado capitalismo, el poder pasó a asociarse con la productividad industrial.

Cada una de las nuevas concepciones de poder incluía a la anterior pero veía algo que la anterior no: una forma de valor subyacente, que explicaba por qué las previas concepciones de poder habían funcionado en el pasado, pero que no eran más que un indicador de una forma de poder más profunda.

Cuando se pudo obtener grandes sumas de plata y oro a partir del comercio y la venta de productos manufacturados además de por las relaciones de dominio feudal, los comerciantes observaron que lo que hacía importante a la posesión de la tierra era la capacidad de obtener dinero. Tras la conquista de América, el dinero que otorgaban el comercio y la manufactura fue mucho mayor que el de la posesión de tierras. Como resultado, quienes conservaron la noción obsoleta de poder fueron relegados a un segundo plano.

Un fenómeno similar sucedió cuando Gran Bretaña comenzaba la revolución industrial. El Imperio Español, con un poder sin igual desde el punto de vista mercantil dado por su capacidad de usufructuar los metales preciosos de las Américas, sufrió un largo proceso de decadencia mientras Gran Bretaña se centraba en el poder subyacente, la productividad y la industria.

Hoy tenemos la capacidad de observar que la industria y la productividad también son indicadores de una fuente de valor más profunda y subyacente a todas las otras: las redes sociales, es decir, las redes de conexiones humanas[126]. En consecuencia, el poder tiene la forma del liderazgo de redes.

Hay dos grandes indicadores económicos actuales de este fenómeno:

El primero es el auge de las criptomonedas, cuya tecnología fue diseñada explícitamente sobre la base de mecanismos de formación de consenso. Este puso en evidencia que el dinero adquiere su valor a partir del consenso. Al surgir un sinfín de monedas que compiten entre sí, se pone en evidencia que el dinero adquiere valor por las redes de personas que creen en él, y que preserva su valor precisamente por los efectos de red que implica el consenso en la creencia del dinero.

Como lo hemos observado en el capítulo 4, las 10 personas más ricas poseen la misma cantidad de dinero que casi la mitad del planeta. Por cómo se distribuye el dinero, a la enorme mayoría le convendría que todos ellos pasen a creer en una moneda nueva, repartida equitativamente entre las personas[127]. Si pensamos exclusivamente en términos de intereses de clases, podrían generarse fuertes cambios en la economía sin necesidad de tomar las armas: simplemente haría falta comenzar a usar una moneda nueva y de distribución equitativa, todo el mundo al mismo tiempo[128].

Sin embargo, a nadie le conviene ser la primera persona en descreer del dólar en favor de una nueva moneda, porque esto le significa un perjuicio material inmediato. La desigualdad en la posesión de dinero funciona como margen de usufructo es permitida por el efecto de que implica la integración productiva (permita por el dinero como medio de intercambio indirecto).

El segundo es el auge de varias empresas del oligopolio informático, que actualmente inyectan grandes sumas de dinero en el crecimiento de plataformas digitales con el único objetivo de construir y generar redes de usuarios. Varias de estas empresas funcionan perdiendo dinero durante grandes periodos de tiempo. Otras empresas son superavitarias, pero tienen grandes brazos deficitarios que deben su funcionamiento a la inyección de dinero, y se destinan a la integración de usuarios y la construcción de redes.

Asumir que el objetivo principal de estos procesos es recuperar el dinero después es cometer el mismo error que el imperio español ante el auge de la industria. Las redes dan valor al dinero, no al revés. El poder subyacente son las redes.

El dinero está destinado a desaparecer, y con él, todo el poder del llamado capital financiero. El oligopolio informático no persigue dinero, está jugando al juego subyacente, y construyendo liderazgo de redes de calibre mayor que cualquier otro momento de la historia[129].

Por qué desaparecerá el dinero

Así como lo hemos hecho para comprender la tendencia del capital a concentrarse, para entender por qué el dinero está destinado a desaparecer basta con observar cómo funcionan las plataformas de conectividad. En ellas, los efectos de red no están restringidos por el desarrollo de la tecnología productiva, y por lo tanto funcionan como indicador de las dinámicas y tendencias económicas que el desarrollo tecnológico futuro habilitará.

La pregunta que nos compete es la siguiente: ¿Por qué las plataformas de Facebook (Meta) tienden a ser monopólicas, mientras que las plataformas de correo electrónico no?

En ambos casos se trata de plataformas de conectividad. Sin embargo, tienen una diferencia. Como lo hemos visto, las plataformas de Facebook sólo permiten a sus usuarios comunicarse con otros usuarios de la misma plataforma. Por lo tanto, el efecto de red sobre la conectividad está asociado a los usuarios de la misma plataforma, y la tendencia general del sistema es hacia el monopolio.

En cambio, las plataformas de correo electrónico permiten el envío de mensajes entre plataformas de correo electrónico sin impedimento alguno. Todas ellas siguen un protocolo de intercomunicación, públicamente conocido, que permite que usuarios de diversos servicios de mail se comuniquen entre sí.

De esta manera, la conectividad no está asociada a cada plataforma, sino al protocolo de intercomunicación que todas ellas cumplen. Por ese motivo, no existe una tendencia natural al monopolio sobre las plataformas de correo electrónico.

Notemos que, sin embargo, el protocolo de intercomunicación sí genera efectos de red, y por lo tanto, sí puede monopolizar el servicio. Si una empresa posee menos de la mitad de los usuarios de plataformas de correo electrónico y abandona el protocolo de intercomunicación, sus usuarios encontrarán más conectividad en caso de pasar a utilizar cualquier plataforma que cumpla el protocolo.

Por lo tanto, cuando ninguna empresa tiene a más de la mitad de los usuarios del servicio, a todas les es conveniente preservar el protocolo de intercomunicación. En dichos casos, seguir el protocolo de Mail es un equilibrio de Nash estable que resulta en una dinámica de consenso.

Sin embargo, cuando una plataforma posee más de la mitad de los usuarios del servicio, le es conveniente abandonar el protocolo de intercomunicación. En un primer momento, sus usuarios perderán parte de su conectividad. Sin embargo, esto no llevará a que sus usuarios se cambien de plataforma, puesto que ahora el protocolo de intercomunicación ofrecerá una conectividad incluso menor. Además, en la nueva situación, a todos los usuarios de otras plataformas de correo electrónico les convendrá trasladarse a la más grande, cuyo abandono del protocolo de intercomunicación implica que adoptarla aumenta la conectividad de los usuarios.

Una vez que una plataforma tiene más de la mitad de los usuarios de un servicio, el abandono de los protocolos de intercomunicación le permite alcanzar y preservar una posición monopólica. Ese es el principal motivo por el cual las plataformas de Meta permiten intercomunicación entre sí, pero no con plataformas de otros dueños.

Como lo hemos observado en el capítulo 7, el mercado es el medio en que funcionan las empresas, islas de organización explícitas en su interior. El dinero funciona como medio de intercambio entre empresas. Hemos observado que tanto el tamaño del mercado (como conjunto de empresas que comercian entre sí) como el tamaño de las empresas al interior de un mercado muestran efectos de red.

Desde la concepción del capital como red social, podemos observar que el dinero cumple el rol de un protocolo de intercomunicación entre las empresas, que permite la integración productiva entre varias empresas a través del mercado.

Para ninguna empresa es conveniente abandonar el uso de una moneda común, porque esto implicaría abandonar la integración productiva con el resto de las empresas que pertenecían al mismo mercado. Por lo tanto, la creencia en el dinero genera una dinámica de consenso.

Sin embargo, en el momento en que alguna empresa alcance tecnología productiva y cantidad de integrantes suficientes, dejará de serle conveniente aceptar una moneda común[130]. Si deja de comerciar con el resto de las empresas, su productividad disminuirá, pero la productividad del resto de las empresas disminuirá más aún[131].

Como resultado, las personas que formaban parte de otras empresas tendrán un fuerte incentivo para pasar a producir en la empresa mayor, resultando en una fuerte tendencia al monopolio.

El dinero es un protocolo de intercomunicación productiva, y los efectos de red dictan que dado cierto nivel de concentración de poder es más conveniente abandonar los protocolos que seguirlos.

En el capítulo anterior, tratamos el auge del capitalismo financiero en los años 70. La desaparición del dinero implicará la desaparición del mismo.

Observemos que el llamado “capital financiero” es dinero, y como tal, ofrece valor real que es dependiente del mercado en el que funciona. Funciona permitiendo que empresas pequeñas alcancen el potencial de su tecnología. Antes de llegar al punto óptimo de productividad per cápita de su tecnología, es posible que una organización no pueda ofrecer a sus empleados utilidades competitivas en el mercado por sí misma (por tener una productividad per cápita menor a los salarios competitivos en el mercado). En un mercado integrado, dicho margen puede superarse con una inversión de dinero. Esta inversión de dinero es conveniente para la empresa si le permite alcanzar un tamaño tal que aumente su productividad per cápita a tal punto de volverla sustentable y pasible de usufructo. De esta manera, las tasas de interés asociadas a los préstamos o las inversiones iniciales pueden cubrirse con el aumento de productividad per cápita y la capacidad de usufructo. El retorno a la inversión depende, en última instancia, de la capacidad de usufructo en un contexto de liderazgo de redes, y de la sostenibilidad de las empresas en un contexto de liderazgo de redes. Como ha sido observado por Hilferding, el capital financiero acelera y potencia la concentración de capitales, y es una pieza fundamental en cómo esta se da efectivamente, pero el mecanismo subyacente que la genera es el desarrollo tecnológico en un contexto de disputa de redes.

A medida que se reduce la cantidad de empresas, la diversificación de las inversiones deja de ser estable. Cuanto menos empresas hay, más significativa es la relación entre el crecimiento de una y la disminución de otra. De esta manera, se vuelve más conveniente la victoria de las organizaciones sobre las cuales se posee un mayor porcentaje. Por lo tanto, los accionistas tenderán a concentrar sus inversiones en las empresas cuya victoria les sería más favorable. A partir de cierto nivel tecnológico, mermará la autonomía del funcionamiento del sistema financiero respecto de la dinámica de disputa de redes.

Por último, una vez que desaparezca el dinero, el capital financiero morirá con él.

El origen networkista del Estado y la civilización

Con esto en cuenta, podemos revisar las interpretaciones del materialismo dialéctico sobre el surgimiento de la explotación. Cuando la tecnología de producción era muy precaria, el efecto de red en la productividad sólo se presentaba para muy pocas personas. El “margen de usufructo” era prácticamente nulo. Si un líder acaparaba la producción de la red social, para sus integrantes era más beneficioso irse y armar una nueva que quedarse. La tradición marxista llama comunismo primitivo a ese estadio de la producción.

Cuando surgen tecnologías de producción más desarrolladas, que permiten sostener el efecto de red hasta números mayores de personas, los líderes de dicha producción tienen un margen de usufructo mucho mayor. Si la productividad per cápita de trabajar con otras mil personas es 5 veces mayor que la de producir de a 10, que un tirano se quede con un tercio de la producción es más conveniente que el ostracismo de la red.

El origen del Estado no está en la propiedad de las cosas, como afirmó la tradición contractualista, sino en la dinámica de liderazgo de redes.

Cuando no hay restricciones de movilidad, el factor principal que permite la existencia de usufructo son los efectos de red. El estado antiguo no surge para subordinar, como lo afirmaba Engels, sino por la capacidad de subordinación que implica el liderazgo de redes. Si la alternativa es la producción y la vida en soledad, el margen de usufructo es sumamente alto.

En algo acertó el contractualismo: El Estado puede sostenerse por un contrato, pero este es tan libre como la firma de términos y condiciones en las redes sociales digitales. Es un contrato que conlleva la coerción implícita de los efectos de red[132].

Las últimas décadas incluyeron una serie de descubrimientos antropológicos que sorprendieron a la comunidad antropológica. La datación de Göbekli Tepe, un centro de reunión prehistórico, cerca del 10 000 a.c, es decir, antes de la revolución neolítica, y la crisis del Consenso Clovis respecto del surgimiento de américa por el descubrimiento de poblaciones americanas de antigüedades mucho mayores a las previamente reconocidas sugieren que existían grandes redes sociales grandes y coordinadas desde mucho antes del surgimiento de la agricultura.

El auge de la agricultura, entonces, fue permitido por el margen que ofrecían los efectos de red de las formas de organización previas al neolítico. Ese margen es lo que permite invertir tiempo en agricultura, que tarda en rendir frutos.

La historia de la economía es la historia de las tecnologías de organización productiva, de su evolución, su crecimiento, su robustez y flexibilidad, su colapso sucesivo[133], así como la historia del liderazgo sobre las mismas.

El futuro de la economía

El análisis económico hecho hasta aquí nos permite comprender las tendencias actuales y futuras del sistema económico con mayor claridad. En particular, la dinámica de liderazgo de redes nos permite comprender con mayor claridad algunas tendencias actuales de la economía:

  • La caída generalizada del poder adquisitivo real en las últimas décadas.
  • La tendencia al ensilamiento tecnológico y al secreto industrial sostenido desde las últimas décadas.
  • La función histórica que cumplen la flexibilización laboral y el proyecto de establecer un ingreso básico universal.

Asimismo, nos permite predecir algunas de sus tendencias futuras (además de la desaparición de una moneda común, que ya hemos mencionado). En particular, la disolución de diversas formas de propiedad privada, y la transición a un sistema similar al despotismo.

Regresión salarial

En el capítulo anterior mostramos cómo tienden a evolucionar los salarios a partir del desarrollo tecnológico. Hemos visto que el margen de usufructo es la diferencia entre la productividad per cápita de una red y el salario que ofrece la mejor red alternativa, y que por lo tanto, los salarios de una red tienden a equiparar los de la mejor red alternativa.

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Además, hemos mencionado que el margen de usufructo mínimo es la diferencia entre la productividad per cápita de una red y la productividad per cápita de la mejor red alternativa.

Con esta información, podemos evaluar cómo evolucionan los salarios y las ganancias para un mercado de tamaño fijo a medida que mejora la tecnología productiva.

En un principio, el desarrollo tecnológico permite el desarrollo de empresas relativamente pequeñas. Los salarios se determinarán a partir de dinámicas como las descritas en el capítulo anterior. Los salarios en una empresa cualquiera (la coloreada de la izquierda) tenderán a equivaler a los de la mejor alternativa (la empresa coloreada de la derecha).


La productividad per cápita de la empresa de la izquierda será más alta que el salario ofrecido por la empresa de la derecha. Ambos valores serán relativamente bajos, porque la tecnología productiva aún es rudimentaria y las empresas son pequeñas:

A medida que las empresas crecen en tamaño y el desarrollo tecnológico se acelera, tanto la productividad per cápita de las empresas como los salarios que estas ofrecen tenderán a aumentar.

        

Esta tendencia puede continuar, generando un aumento sostenido de la productividad per cápita de las empresas y de los salarios de las mismas.

        

Sin embargo, a partir de un momento, el desarrollo tecnológico generará una tendencia a la disminución de los salarios. En un sistema idealizado y de transparencia absoluta, este momento se dará a partir de que una empresa ocupe a más de la mitad de las personas[134].

A partir de ese momento, el crecimiento de la empresa de la izquierda implica el detrimento de la empresa de la derecha. Como el salario de la empresa izquierda tiende a equivaler al salario de la empresa derecha, y la empresa derecha comienza a disminuir su utilidad per cápita a partir de cierta instancia de desarrollo tecnológico por efectos de red, los salarios de los integrantes de la red comenzarán a disminuir.

        

En el capítulo anterior vimos que una vez que se monopolizaba algún servicio, el beneficio social del mismo desaparecía.

A nivel productivo, podemos esperar una tendencia futura similar. La tendencia natural del sistema permitirá que la empresa triunfante emita salarios similares a la producción de subsistencia.

        

De esta manera, mientras el desarrollo tecnológico permite el aumento continuo de la productividad per cápita, no sucede lo mismo con el salario. El poder adquisitivo de la sociedad, así como su nivel de vida, tenderán a disminuir a partir de cierto punto óptimo.

El desarrollo de la economía tiene, entonces, dos grandes etapas. Una primera etapa, a la que podríamos llamar “schumpeteriana” en honor a J. Schumpeter, se destaca por un desarrollo tecnológico pujante que se traduce en beneficios para la población. Durante esta etapa, la destrucción creativa (que podemos asociar a la dinámica de crecer o morir que implican los efectos de red) se traduce en beneficios a los trabajadores.

Empero, a diferencia de lo que habría predicho Schumpeter, el éxito de este sistema no destruye el emprendedurismo sino que lo radicaliza (a medida que decrece el número de empresas, para cada una de ellas es más importante innovar). Sin embargo, a partir de cierta instancia, el emprendedurismo y el desarrollo tecnológico se traducen en la precarización social y la disminución del poder adquisitivo de las personas.

 

El marxismo ortodoxo predecía una disminución sostenida de los salarios, basándose en el análisis de la competencia basada en las ventas, la necesidad de reducir los costos de producción y el aumento de la explotación.

La tradición liberal, a partir de la noción de competencia perfecta, predecía que el desarrollo tecnológico se traduciría directamente en beneficios al poder adquisitivo de las personas mediante la reducción de costos que implicaba en la producción.

A diferencia de lo que predecía la tradición neoclásica, desde que existe el sistema la desigualdad creció radicalmente. A diferencia de lo que predecía el materialismo dialéctico, desde que existe el sistema el salario medio aumentó sostenidamente.

Desde el networkismo se comprende la evolución que efectivamente se está dando. Aunque el poder adquisitivo creció sostenidamente desde el siglo XIX por lo menos, se estancó en las últimas décadas, y ya parece estar viendo un retroceso.

Ensilamiento tecnológico

Aunque a medida que se reduce la cantidad de empresas cada una tiene mayores presiones por innovar, esta tendencia tiene una contraparte que es la reducción del desarrollo tecnológico públicamente accesible. A medida que se desarrolla el sistema, el desarrollo de la tecnología se tiende a ensilar, a llevarse a cabo sin intercambio ni comunicación, a signarse por el secreto industrial.

Los efectos de red sobre la producción causan dos efectos:

  1. El aumento de productividad que implica una nueva tecnología para una empresa crece cuanto más grande es la empresa (en términos absolutos, aumentar la productividad un 20% genera más ganancia en una empresa grande que en una empresa chica).
  2. El perjuicio de que otra empresa crezca es mayor a medida que el capital se concentra (porque cuanto más concentrado está el capital, mayor es la tendencia a que el crecimiento ajeno implique el riesgo de la propia disminución).

Si una empresa desarrollaba una nueva tecnología en el capitalismo temprano, cuando la mayoría de las empresas eran pequeñas, lo mejor era patentarla de manera accesible y obtener ganancias por el uso que el resto haría de ella. El beneficio de usarla ella misma sería cientas de veces menor que el beneficio asociado a que la use todo el resto. Con cobrar una comisión muy baja, el beneficio de compartirla sería mayor que el de no hacerlo.

En el capitalismo tardío, en que el capital está mucho más concentrado, si una empresa desarrolla una nueva tecnología, lo mejor que puede hacer es sólo usarla ella misma. Como el capital está concentrado, el beneficio obtenido será mayor que si la empresa fuera pequeña. Además, que otras empresas obtengan la misma tecnología sería perjudicial.

El desarrollo tecnológico también sigue efectos de red. La comunicación científico-tecnológica aumenta la capacidad de desarrollo técnico. La compartimentación y el ensilamiento son muy dañinos para el desarrollo científico - tecnológico, y son efectos naturales de la concentración del capital.

Ecólisis futuras

Hemos observado que las ecólisis implican, a nivel local e inmediato, mejoras tanto en la libertad como en el nivel de vida de los individuos. Sin embargo, hemos observado también que tienen la contrapartida de generar grandes saltos en la concentración de poder.

Además, hemos notado que aunque el desarrollo tecnológico se haya traducido en mejoras del nivel de vida hasta ahora, estamos viviendo un punto de inflexión que implica su futuro retroceso a medida que el poder se continúe concentrando.

Para predecir las ecólisis futuras basta observar las membranas protectoras que existen en la actualidad. Algunos ejemplos son:

  • Horarios laborales fijos y de jornada laboral completa: Los trabajos ocupan 40 horas semanales. Nuestra jornada laboral tiene una duración similar a la de la edad media, y gran parte de ese tiempo y trabajo es improductivo. Se ha intentado explicar este fenómeno desde distintos marcos teóricos. Sin embargo, podemos observar que se trata de una membrana protectora. Si los horarios laborales de las empresas fueran flexibles, podríamos trabajar un rato en cada una. Esto haría que fuera mucho más fácil cambiarse de trabajo: no haría falta abandonar el propio para probar uno nuevo, ni ocuparíamos tanto tiempo en entrevistas laborales que podrían intercambiarse por algunas horas de prueba[135]. De esta manera, las empresas que ofrecen horarios laborales flexibles o jornadas laborales disminuidas pierden su membrana protectora.

  • Atadura a algún puesto de trabajo: Las personas tienen una presión por tener un ingreso constante, dado que deben cubrir sus medios de vida. Esto restringe su capacidad de abandonar una empresa, y por lo tanto, su capacidad de búsqueda de mejores puestos de trabajo.

  • Propiedad privada de los recursos, las máquinas y los insumos: Por más que otras empresas tengan más gente y tecnología productiva, la propiedad privada de ciertos recursos, tierra o máquinas permite la supervivencia y el ingreso de productores pequeños, que les garantiza por lo menos la productividad asequible con dichos elementos.

Desde el auge de la revolución informática, y la consecuente concentración de poder en el oligopolio informático:

  • Las empresas del oligopolio informático suelen ofrecer mayores niveles de flexibilidad salarial. Además, la reducción de la jornada y/o semana laboral forma parte del debate y la agenda política internacional de la última década. En ambos casos, se trata de un proceso de ecólisis en torno a los horarios laborales fijos y de jornada laboral completa.

  • De la misma manera, la introducción del debate en torno a la posibilidad de tener una renta básica universal (o salario básico universal, o ingreso básico incondicional) se trata de un proceso de ecólisis sobre la atadura a los puestos de trabajo por la necesidad de tener un ingreso estable.

  • Podemos proyectar ecólisis futuras sobre diversas formas de propiedad privada, llegado el punto en que las empresas sean de tal tamaño que deban avanzar sobre la misma para aumentar su poder. Un ejemplo factible podrá ser la abolición (o distribución) de la propiedad privada de los grandes latifundios en el hemisferio sur una vez que la tecnología de producción agraria alcance un grado de desarrollo suficiente[136]. Recordemos que la liberación de los lazos de propiedad no limitan, sino que acrecentan la concentración de poder por liderazgo de redes (las personas somos libres desde que se abolió la esclavitud, y esto acrecentó la concentración de poder.

La situación debería ser alarmante para cualquiera que se afirme revolucionario. Si no encontramos una solución sistémica a la concentración de poder a través del liderazgo de redes, algunas reivindicaciones históricamente socialistas podrían acelerar la concentración de poder en pocas manos y el deterioro generalizado del nivel de vida.

Despotismo ilustrado

La monopolización del poder absoluta generará un margen de usufructo casi total. Sin embargo, la dinámica de matar o morir que impone la disputa de redes habrá desaparecido.

Por lo tanto, la presión por el usufructo (que debe destinarse a la reinversión y el crecimiento de las redes) habrá desaparecido también.

El margen de usufructo absoluto implica, también, un margen de beneficencia: sin obligación de reinvertir y crecer, la empresa triunfante podrá, si lo desea, darnos condiciones de vida mejores que la subsistencia.

Por otra parte, el fin de la competencia resolvería el problema de la tragedia de los comunes que mencionamos en el capítulo 4, y por lo tanto, también habrá desaparecido la tendencia sistémica a la destrucción ambiental. Para ese entonces, podrá ser detenida si los líderes de la red triunfante así lo desearan.

El resultado del proceso será el despotismo más pronunciado de la historia.


Si los líderes así lo desean, será despotismo ilustrado.

El fin del mercado

El mercado tiene islas de organización explícita en su interior a las que llamamos empresas. Son islas de organización de la producción, pero no del consumo. Sus insumos son adquiridos en el mercado, y las ventas se efectúan a través de él. Cada empresa decide cómo dirigir su producción y cómo repartir el valor real que es fruto de la misma.

Hemos dicho que los sistemas económicos son procedimientos que responden al problema económico, y que las empresas funcionan en el mercado como islas de estructura que siguen procedimientos explícitos, diferentes al mercado. En cierto senido, las empresas funcionan como subsistemas económicos: al interior del mercado, son pequeños sistemas que organizan la producción a su manera.

Si una empresa se conduce de manera vertical o mediante un sistema de asambleas y delegaciones, en cualquier caso será considerada parte de la economía de mercado. Ahora bien, si un procedimiento económico organizado de estos modos deja estar fuertemente integrado al mercado, se lo suele considerar un sistema económico diferente[137].

Esto es porque los modelos anteriores no permitían hablar de estructuras productivas complejas. Para el materialismo dialéctico, el sistema económico quedaba definido por la clase que detentara el poder. Para el neoclasicismo, no había estructura en el mercado, con lo cual no había paralelo posible entre el concepto de empresa y el de sistema económico alternativo. Desde la perspectiva informática, en que el sistema económico es un procedimiento, pueden tratarse las relaciones entre procesos, su abstracción y su anidamiento, de manera rigurosa y bien definida.

En la imagen anterior, una sola empresa pasa a quedar excluida del mercado. Sigue organizando su producción y la distribución del valor real producido. Pasa a funcionar como un sistema económico autónomo. Cuando existe una sola empresa, el mercado cesa de existir, porque el mercado funciona como interacción comercial entre empresas. A medida que se reduce la cantidad de empresas, la cantidad de interacciones a través del mercado se reduce también.

Si el mercado es un fluido, como lo ha tratado la economía tradicional, las empresas en su interior crecen como cristales. Cuantas menos empresas existan, menos estructuras independientes habrá en el mercado, y menos sobrevivirá de la naturaleza del fluido. Cuando una empresa abarque la totalidad, se habrá cristalizado el sistema entero y el mercado habrá desaparecido.

Cuando las empresas son muchas y pequeñas, parte de la dinámica del fluido se preserva. A medida que son menos y más grandes, la dinámica del fluido desaparece:

El materialismo dialéctico predijo que el fin del mercado sucedería por una revolución obrera, debida al aumento de la explotación capitalista.

Como lo hemos mencionado, para el materialismo dialéctico el sistema económico está determinado por la clase que detenta el poder. Considera, por tanto, que el mercado sólo podría desaparecer si es por una revolución obrera.

La concentración del capital implica en sí el fin del mercado. Hoy es cada vez más frecuente la utopía del trabajo robot (que aboliría la plusvalía por abolir el trabajo humano, sin necesariamente abolir las desigualdades estructurales), y cada vez menos frecuente la de la revolución obrera.

El mercado va a desaparecer, pero no por sublevación de clases oprimidas.

Con el desarrollo tecnológico, los efectos de red en la productividad harán desaparecer al mercado pase lo que pase. La semilla de su propia destrucción no es, como afirma el marxismo, la explotación capitalista, la contradicción entre clases, o alguna tendencia general de las tasas de ganancia.

Su vulnerabilidad son las vetas de eficiencia que implica su imperfección, vetas en que se posa y nace la verdadera semilla de su destrucción: la empresa.

La empresa, como organización explícita, como efecto de red, como sistema localmente alternativo, brota y crece en el seno del sistema. Así como el feudalismo desapareció por la emergencia del mercado y el efecto de red que este generaba, el mercado dará lugar al crecimiento paulatino de uno nuevo en su interior, que crecerá hasta desplazarlo.

Si las tendencias actuales continúan, el sistema futuro se organizará mediante liderazgo de redes.

El desarrollo tecnológico lleva a que la organización de la economía sea explícita. Si la empresa que triunfa es de propiedad privada y sigue una dinámica de liderazgo, el nuevo sistema económico será vertical. Como toda red social, al haber logrado el monopolio, tendrá la capacidad de ejercer un despotismo cruento. Cualquiera que defienda al mercado contra la organización económica vertical debe batallar contra esa posibilidad.

La situación no es fácil. Hemos visto cómo las dinámicas de consenso y los equilibrios de Nash llevan tanto a la concentración de capital como a la preservación de las dinámicas de liderazgo. ¿Qué podemos hacer?

Por suerte, los efectos de red son hackeables. Habiendo estudiado sus mecanismos, podemos trabajar para que, cuando el juego de concentración de capital termine, la última empresa en pie sea un sistema económico socialista.

Para ser socialista, es necesario que el nuevo sistema no esté regido por liderazgo de redes.

Hasta la informática, toda organización alternativa al mercado de la economía dependía del procesamiento de información que hicieran personas. Esto llevó a que, históricamente, las empresas y las redes productivas en general siguieran dinámicas de liderazgo (incluido el sistema soviético).

Después de la informática, podemos organizar explícitamente la producción sin que esto implique dinámicas de liderazgo, y por lo tanto, podemos romper con las asimetrías de poder que el materialismo dialéctico fue incapaz de destruir. Si es bien diseñada, hoy podríamos tener de “líder” a una plataforma que determine los procesos productivos de manera transparente y democrática.

No toda organización es liderada. El mercado, por ejemplo, es un procedimiento que se organiza de manera descentralizada. Los procedimientos y sistemas cuya organización es emergente y descentralizada no requieren dinámicas de líder de ningún tipo, y por lo tanto, no necesariamente generan la capacidad de explotación.

Diseñar una plataforma adecuada, y luego superar la enorme desventaja de comenzar tarde en la disputa por efectos de red será uno de los problemas más difíciles que enfrentó la humanidad. Hay un sistema económico, una serie de empresas, y un sentido común ya constituidos, cada uno de los cuales funciona con su propio efecto de red. Sin embargo, es el problema más importante de la historia, porque de él depende el futuro de la humanidad. Afortunadamente, entender cómo funciona la disputa de redes nos permite cambiarla.


Capítulo 10: Podemos hackear el capital

Terminamos el capítulo anterior sugiriendo la posibilidad de hackear el capital.

En este capítulo, ofreceremos las pautas de cómo hacerlo.

Comenzaremos observando los problemas más importantes de las estrategias de distribución de poder más frecuentes, y los límites asociados a pensar el problema desde arriba. Luego mostraremos de qué manera el sistema es vulnerable, y cómo podemos construir un sistema alternativo.

El dilema de los incentivos

¿Por qué las empresas más exitosas son lideradas? ¿Por qué hay tan pocas cooperativas? Superficialmente, las cooperativas son mejores porque distribuyen los beneficios entre sus empleados, sin usufructo extraordinario de líderes. Por lo tanto, conviene a todos los integrantes. Desde este nivel de análisis, se considera que hay pocas cooperativas por desconocimiento de dicho modo de organización, y se sugiere como solución a la concientización.

El trabajo cuyos beneficios se repartan equitativamente al interior de una organización es una externalidad positiva. En grupos pequeños, las externalidades positivas pueden superarse mediante coordinación central, o castigando a los “polizontes” (personas que perciben el fruto del trabajo ajeno, por recibir lo repartido sin haber puesto su parte de trabajo).

En grupos grandes, la confianza mutua y la tendencia a la colaboración tienden a mermar si no existe un sistema de incentivos que lo evite. En grupos mayores, las personas tienden a conocerse menos, por lo identificar a un polizonte es más difícil que en grupos pequeños. Algunas dinámicas que generan una tendencia a la cooperación (como “tit for tat”, descrita por Robert Axerlod en The Evolution of Cooperation) tienen éxito dependiendo de la tendencia a interactuar varias veces con las mismas personas. En grupos mayores, la frecuencia esperable de reencuentros es menor.

Como sucede en el dilema del prisionero, lo conveniente para el grupo como todo no está necesariamente alineado con lo conveniente para cada uno de sus integrantes. El marxismo, al establecer un análisis basado en grupos, llevó a cabo predicciones basándose en qué era lo conveniente para los mismos. En los casos en que sus incentivos estaban alineados, acertó (por ejemplo, casos de obreros fabriles para quienes la mejor esperanza de aumento salarial se asociaba a la sindicación). En casos en que estaban desalineados, es más predictiva la actividad individual (por ejemplo, casos de baja asistencia laboral y alcoholismo en la URSS).

Las organizaciones lideradas presentan dos beneficios frente a las cooperativas. El primero es que el liderazgo es un fuerte incentivo para el fortalecimiento o la fundación de una red. Mientras que en las cooperativas el trabajo que fortalece la red y mejora la productividad de todos sus integrantes es una externalidad positiva, para los líderes de las organizaciones lideradas siempre es conveniente fortalecer la red (porque sobre una red mayor hay más que usufructuar). El nivel de trabajo y esfuerzo alcanzado por fundadores y líderes de empresas, especialmente en la etapa de la fundación, se debe en gran medida a la esperanza de liderazgo y usufructo posterior. Es improbable encontrar tales niveles de inversión de tiempo si se tratara de externalidades positivas.

El segundo es que el liderazgo permite alinear los incentivos individuales y los organizacionales: si los líderes de las redes son capaces de repartir las utilidades producidas por la red del modo que consideren adecuado, les es conveniente premiar a quienes hagan contribuciones mayores. De esta manera, al alinear los incentivos de los participantes con los incentivos de la red, los líderes obtendrán un usufructo mayor.

La sobrerrepresentación de organizaciones lideradas no depende del grado de concientización, sino de cómo el liderazgo permite alinear los incentivos individuales a los organizacionales. De manera similar, podemos observar que las nociones marxistas de “conciencia de clase” o de “condiciones subjetivas para la revolución” son el resultado de establecer un análisis únicamente basado en qué le conviene al grupo como todo. En lugar de notar los corrimientos entre los incentivos individuales y los grupales, suponen que los casos en que el grupo no actúa en pos de sus intereses comunes se debe a una falta de conciencia de interés común. Lo cierto es que incluso bajo la conciencia de que existe un interés común, si trabajar en pos del mismo es menos conveniente para los individuos que llevar a cabo alguna otra actividad, sigue habiendo externalidades al interior del grupo.

El Leninismo incorporó la importancia del liderazgo en los procesos revolucionarios. Los conceptos de “vanguardia revolucionaria” o de “militancia profesional” introducen el liderazgo en la clase obrera. Las revoluciones lideradas son más factibles, porque el liderazgo permite poner fin a las externalidades, ya que ofrece a los líderes de la revolución los beneficios de organizar la actividad partidaria y eventualmente definir la organización posterior a la toma del estado, y permite “castigar polizontes” mediante el verticalismo militar, y exigir el compromiso para con la revolución mediante la coerción interna. El soviet supremo, que como lo hemos visto, presenta dinámicas de liderazgo, se asocia a los líderes de la revolución marxista.

Para construir un sistema alternativo, es necesario superar el dilema de los incentivos. La posición marxista tiende a ignorar los incentivos individuales, lo cual dificulta la implementación de organizaciones alternativas. Sin embargo, la posición liberal, que resuelve el problema mediante el liderazgo, no ofrece límite alguno al usufructo de los líderes (notemos que, pese a la utilidad del liderazgo, sigue conservando los graves problemas expresados en los capítulos anteriores).  

Observemos que muchas organizaciones que a nivel jurídico son cooperativas sostienen dinámicas de liderazgo a nivel funcional. Esto es notorio especialmente en cooperativas de gran tamaño, como lo es la cooperativa Mondragon, frecuentemente referida por Richard Wolff como ejemplar. Como ya lo hemos mencionado, la dinámica soviética, de organización mediante asambleas y delegaciones, genera naturalmente dinámicas de liderazgo por límites humanos de transmisión y procesamiento de información.  

Una solución parcial al dilema de los incentivos es permitir el liderazgo pero acotar el usufructo posible. Varias cooperativas limitan la diferencia que puede darse entre los salarios de mayor rango y los salarios de rango menor. Dicha estrategia ha sido utilizada por grupos liderados comprometidos con cierta noción de justicia. Por ejemplo, varias tripulaciones piratas, también lideradas, solían limitar el beneficio que obtendría el capitán en relación al del resto de los marineros. La solución es parcial porque depende de algún mecanismo que garantice su implementación, interno o externo a las organizaciones. En principio, dado un margen de usufructo lo suficientemente amplio, o un poder de la organización respecto de otras organizaciones existentes lo suficientemente grande, los mecanismos de implementación podrían perder su utilidad.

Otra solución posible es cuantificar la contribución de cada integrante a la red y ofrecer un beneficio que funcione como incentivo, pero que no esté asociado a la conquista de una posición de liderazgo. Por ejemplo, si la organización se establece no mediante el liderazgo humano sino mediante alguna plataforma informática, las contribuciones pueden ser premiadas mediante alguna función predefinida que incentive las contribuciones sin la introducción del liderazgo. A nivel técnico, esto conlleva varios desafíos complejos:

  • Determinar qué significa fortalecer la red: ¿hacia dónde es conveniente ir? ¿Cómo definirlo de manera democrática y eficiente?.
  • Determinar cómo fortalecerla: una vez definido qué resultados son mejores y qué resultados son peores, ¿qué actividades hace falta llevar a cabo para obtener los primeros?
  • Determinar cómo repartir los beneficios de manera que el reparto sea justo y contribuya al fortalecimiento de la red.

Para concluir esta sección, es preciso hacer una observación. Las religiones han servido como protocolos de organización horizontal. En el capítulo anterior, mencionamos la relación entre el comunismo primitivo y la imposibilidad de establecer márgenes de usufructo debido a límites tecnológicos en la escalabilidad de los efectos de red. Previo a la posibilidad de establecer liderazgo, los protocolos horizontales de colaboración fueron fundamentales para la superación del dilema de los incentivos, y permitieron establecer redes productivas complejas (que eventualmente permitirían el liderazgo y la sedentarización).

En el próximo volumen, titulado “Mucho Texto”, trabajaremos los problemas del activismo. Si hace falta resolver problemas complejos, que requieren capacitacitación en habilidades muy bien remuneradas en el mercado, ¿qué incentivo hay, para los individuos, de contribuir a este proyecto? A fin de cuentas, que sea bueno para la humanidad no implica que los individuos particulares deseen hacerlo. Por otra parte, ¿cómo pasa una teoría acertada a formar parte del sentido común? El camino de la aceptación comunitaria es complejo, y en muchos casos también depende de dinámicas en redes y de incentivos individuales. Trataremos el fenómeno de la religión en mayor detalle en el próximo volumen.

Cómo salvarnos de Facebook

A raíz de los escándalos asociados a la empresa Facebook que ya hemos mencionado, y al creciente efecto sobre la política de las noticias falsas compartidas en dicha plataforma, se abrió un debate en las más altas esferas del Estado y la academia respecto de qué hacer frente a tales problemáticas. La plataforma era privada, pero había adquirido un grado de poder extraordinario. Además, a pesar de los escándalos, muy pocas personas abandonaron por completo las plataformas digitales de Meta (entre ellas, Facebook, Instagram y Whatsapp).

Mark Zuckerberg tuvo que presentarse varias veces ante el senado de los Estados Unidos a prestar declaraciones. La polémica en la academia giraba en torno a una pregunta: ¿Cómo se debía ejercer el control sobre el contenido de las redes sociales? ¿Quién debía ejercerlo?

Hubo diversas posiciones difundidas. Hubo quienes propusieron que la regulación debía ser efectuada por el Estado, a fin de que existiera rendición de cuentas (accountability) ante la sociedad civil. Otros, alegando el principio de libertad de expresión, defendieron que la regulación debía ser privada y efectuada por las propias empresas. Una tercera posición alegó que debía existir auditabilidad externa a Facebook, pero que esta no debía ser llevada a cabo por el Estado (para evitar autoritarismos), y propuso que fuera llevada a cabo por entidades independientes, fundaciones y ONGs.

Todas las posiciones antes mencionadas asumían el control desde arriba: suponiendo que la red sería gobernada por un pequeño grupo de personas, la pregunta pasaba por quién debía gobernarla, y cómo. No se discutía qué fundamenta las dinámicas de poder en la red social y por qué era posible que un grupúsculo tuviera tanto poder sobre todo el resto. En consecuencia, en lugar de atacar las dinámicas causantes de la concentración de poder, la disputa se centró en quién detentaría tal poder, y cómo hacerlo del modo más correcto posible[138].

Hubo una cuarta posición, menos difundida, que proponía introducir un protocolo de intercomunicación (similar al que existe entre servicios de correo electrónico, tratado en el capítulo anterior). Cuando existe el protocolo de intercomunicación, vuelve a existir la competencia. Si se impusiera un protocolo de comunicación entre redes sociales digitales, el problema desaparecería de inmediato. Al desaparecer el efecto de red, desaparece el margen de usufructo, se recuperaría la competencia. Los abusos de poder cometidos por Facebook podría desaparecer sin regulación estatal: el sistema quedaría regulado por la actividad de los usuarios, desde abajo, a la vieja usanza del laissez faire y la mano invisible.

Mientras que toda otra posición analizaba el sistema desde arriba, encontrar la cuarta solución requirió un análisis del problema desde abajo. Hacía falta entender las dinámicas locales que generan la concentración de poder como fenómeno emergente. Hacía falta comprender sus mecanismos informáticos para desarticularlos.

El problema con el capital es muy similar. Hasta ahora, las posturas políticas analizaron el problema desde arriba. La tradición Marxista discute cómo ejercer el poder de clase, del mismo modo que la academia discutió cómo regular Facebook. Previo a la informática, era imposible comprender sistemas desde abajo[139]. Hoy, que entendemos los mecanismos locales que hacen al capital y a su capacidad de explotación, podemos desarticularlos desde abajo.

De la misma manera, el enfoque desde arriba del marxismo, que se basó en buscar grupos sociales que compartían intereses a nivel grupal, olvidó la importancia de los incentivos individuales y responsabilizó por sus errores predictivos a distintas formas de falta de conciencia. Los grupos que son agentes de la historia no son los grupos que comparten óptimos sociales, sino los grupos cuyos óptimos individuales están alineados. En otras palabras, los agentes de la historia son las redes, no las clases[140].

La obsolescencia de los paradigmas anteriores llevó a la desilusión generalizada, a la desgana, al entumecimiento de las utopías. Entender cómo funciona el capital desde abajo es más que presentar un modelo teórico. Es refundar la esperanza.

A continuación, veremos por qué es prácticamente imposible enfrentar al capital desde arriba, y cómo podemos salvar al mundo si pensamos el problema desde abajo.

Las revoluciones desde arriba son irrepetibles

Las revoluciones desde arriba son aquellas que pretenden implementar el nuevo sistema “desde arriba”. Esto quiere decir, por ejemplo, primero tomar el Estado para después organizar toda la economía de manera alternativa, o de alguna manera llevar a cabo una sublevación que disuelva las relaciones de poder en un acto determinado.

Fue muy difícil llevar a cabo las revoluciones del siglo XX. Sólo se dieron en países en que no había democracia, altamente campesinos, y en que el mercado no satisfacía necesidades básicas para una gran parte de la población. El capital no estaba lo suficientemente desarrollado, y la explotación se daba sin el margen de usufructo que permiten las dinámicas de liderazgo en redes sociales.

Los países que lograron llevar a cabo procesos revolucionarios enfrentaron bloqueos económicos y burocratización.

Hoy, la toma del estado por la clase obrera es vista como una utopía. Para empezar, porque los trabajadores ya dejaron de estar en una situación en que no tienen nada que perder salvo sus cadenas, como pronosticaba Marx. Más importante que eso, los trabajadores tienen, individualmente, algo que ganar si no sacrifican su tiempo, esfuerzo y vida por los intereses de su clase. Por otra parte, la asimetría armamentística entre los grupos de poder económico y quienes buscan disputarlo es abismal. En último lugar, la tarea de concientización y coordinación de la actividad humana a gran escala que requeriría la “toma del poder por las masas obreras” hoy es mucho más difícil, debido a la propiedad privada de las redes sociales digitales y la tendencia de las mismas a reproducir discursos hegemónicos[141].

La concepción marxista del capital no veía más alternativa que la revolución armada. Desde dicha perspectiva, la estructura y la superestructura estaban acopladas, en el sentido de que el sistema económico estaba determinado por la clase que detentara el poder. Además, la tradición marxista asocia el capital a los insumos, la maquinaria y el dinero, por lo que la toma del capital violaba naturalmente el principio legal de la propiedad privada. Esto implicaba que la toma de los medios de producción estaba intrínsecamente supeditada a la toma del Estado.

Si el capital es la red social, no hay nada concreto que tomar. Con organización, con inteligencia y desde abajo, podemos pensar otros modos de hacer la revolución.

Hasta que existió la informática, las teorías políticas pensaron el cambio de sistemas económicos desde arriba, porque las herramientas de modelado de su época no permitían comprender la complejidad.

Veremos que si el problema se trata desde arriba, no hay solución posible: traerá torpezas en la llevada a la práctica de las ideas y dificultades estratégicas. La ontología macroscópica, que nace desde arriba, y que respeta las fronteras entre estados nacionales, empresas y sistemas económicos, nos vuelve fácilmente gobernables. La ontología macroscópica no ve soluciones porque tiene puntos ciegos. Si miramos el sistema “de cerca”, podemos encontrar vulnerabilidades que “de lejos” no se ven.

Visto desde arriba, El Capital ganó la guerra fría, desarticuló prácticamente toda oposición, conquistó el mundo de internet y parece inamovible. Desde abajo, podemos hackearlo.

La trampa de la frontera estatal

El sistema no permite que el cambio social se lleve a cabo desde el poder estatal. Hemos adelantado algunos fenómenos en el capítulo 6, en el que mostramos algunas torpezas asociadas a las intervenciones desde arriba al tratar el fenómeno de los movimiento sociales. En este caso, observaremos otros problemas sistémicos asociados exclusivamente a la dinámica interestatal.

  1. La capacidad de bloquear económicamente a los Estados rebeldes.

  1. La liquidez del dinero y su capacidad de moverse entre estados.

En principio, existiría un tercer problema en torno al funcionamiento del Estado, que tiene que ver con la capacidad asimétrica de brindar información. Por ejemplo, como el capital concentrado tiene más poder de control sobre la opinión pública que cualquier individuo particular, y las repúblicas representativas constitucionales responden indirectamente a la opinión pública, el capital concentrado tiene mayor capacidad de imponer su agenda. Este tema será expuesto en el próximo libro[142].

Los líderes del mercado pueden bloquear económicamente a los estados rebeldes.

El capítulo anterior, hemos mencionado dos mecanismos a partir de los cuales se puede controlar qué naciones están asociadas a un mercado en particular:

  1. La dinámica de liderazgo sobre el mercado (sanciones económicas impuestas por un país, que son acatadas por el resto de los países pertenecientes al mercado).
  2. La obligación y los mecanismos opacos de control.

El siguiente razonamiento vale para los casos en que el mercado internacional está integrado, y tiene un único líder, como sucede hoy en día.

Cuando el cambio social se basa en la actividad estatal, y se opone a los intereses de la nación que lidera el mercado (por ejemplo, expropiando a los grandes capitales), se enfrenta directamente a la posibilidad de ser bloqueado. Considerando los incentivos materiales de cada parte, dicha actividad llevará a la exclusión del Estado expropiador del mercado internacional.

El estado bloqueado sufrirá la pérdida de productividad real que implica la exclusión del mercado. Si el bloqueo es condicional a la expropiación, el incentivo material directo de los habitantes será el de retribuir los grandes capitales a los líderes del mercado. Por la dinámica de liderazgo de redes, el óptimo local es la preservación de la explotación, de la misma manera que al interior de un régimen tiránico el óptimo local es el de obedecer al tirano.

En las cuestiones estrictamente materiales, el incentivo de los habitantes es contrario a las medidas estatales que se oponen a la capacidad de explotación de la institución que lidere el mercado. Por lo tanto, cualquier gobierno que pretenda enfrentar dichos intereses sólo podrá preservar su poder si acude a mecanismos opacos de control (como la propaganda o el autoritarismo).

A nivel sistémico, tenemos el fenómeno siguiente:

  1. Enfrentar al líder del mercado implica la exclusión del mercado internacional[143].
  2. Eso disminuye considerablemente la productividad del Estado excluido.
  3. Los incentivos materiales de los habitantes se oponen al enfrentamiento contra el líder del mercado (por el margen de usufructo que implica la integración al mercado internacional).
  4. El enfrentamiento sólo puede preservarse con mecanismos opacos de control. Estos, además de indeseables, son poco robustos y poco duraderos.

Como el  margen de usufructo se debe a la relación entre el beneficio de pertenecer a una red y la mejor alternativa posible, existe un modo de reducir este efecto sistémico: los organismos supranacionales y los tratados regionales de comercio. Con ellos, el efecto del bloqueo es menor. Por un lado, porque para el líder del mercado reducir el tamaño de su red puede generar más perjuicio que las medidas adoptadas por los Estados nacionales que actúan coordinadamente. Por otro, porque incluso si todos los Estados fueran excluidos del mercado internacional al mismo tiempo, podrían comerciar entre sí. Al comerciar entre sí, el efecto nocivo de la exclusión será menor, porque la red alternativa será más grande y la red de origen será más pequeña.

Sin embargo, la organización internacional hoy es poco robusta e inestable: cuantos menos países tenga, más pesará la diferencia por efectos de red contra el liderazgo del mercado. Miembro por miembro, las redes pueden ser desarticuladas como por arte de efecto dominó, hasta que sólo queden en ellas los Estados que hayan tendido al autoritarismo.


Observemos que
los bloqueos económicos son medidas que requieren atención. Tanto si se deben a dinámicas de liderazgo de redes como si se deben a mecanismos opacos de control, cumplir un bloqueo requiere atención. Es necesario saber con quiénes no interactuar. Los Estados nacionales funcionan como grandes etiquetas: son una clasificación macroscópica de los individuos y las personas. Si la prohibición de comerciar se describe en el nivel de los Estados nacionales (por ejemplo, no se debe comerciar con Rusia, con Cuba, etc), no es tan difícil procesar dicha información y corroborar si se está comerciando con una institución no debida. Si la prohibición se describiera en el nivel de los individuos (por ejemplo, una lista de personas con las que no comerciar), el bloqueo sería informáticamente infactible, o por lo menos mucho más difícil de llevar a cabo.

Hoy, que casi todo dominio se debe exclusivamente a liderazgos de redes en torno a la productividad, y han desaparecido en gran medida los mecanismos opacos de control, la ontología de los Estados Nación es una categorización que nos vuelve informáticamente gobernables. La capacidad de bloquear económicamente a los países está supeditada a la ontología macroscópica. Tal como lo hemos dicho al comienzo, si miramos el sistema “desde lejos”, no parece haber solución[144].

Enfrentar a los líderes del mercado a nivel nacional causa[145] los bloqueos económicos. Los bloqueos económicos causan autoritarismos.

El alcance nacional de la recaudación genera una tendencia general a la baja de impuestos.

Asumamos un contexto en el que el capital es perfectamente líquido[146], es decir, que puede trasladarse entre países inmediatamente y sin costo alguno, y que todos los Estados tienen los mismos recursos. El capital busca maximizar su ganancia.

Cada Estado puede cobrar una cierta cantidad de impuestos. Para el capital, lo más conveniente es funcionar en el país que cobre impuestos más bajos. Si los Estados necesitan tener capital en sus países, el sistema genera un equilibrio de Nash en que los estados cobran impuestos bajos[147].

Esto es porque cualquier país que cobre impuestos más altos que el resto perderá su capital, y cualquier país que cobre impuestos más bajos atraerá al capital.

Existen algunos fenómenos que, en la práctica, permiten que el cobro de impuestos no sea nulo:

  1. El capital no es perfectamente líquido.
  2. Distintos estados tienen diferentes ventajas comparativas.
  3. Existen externalidades positivas, lo que implica que a las empresas les conviene coordinar su actividad para mejorar su rendimiento.

Sin embargo, el hecho de que las políticas tengan alcance nacional impide que los Estados puedan tomar medidas contrarias a los intereses de los dueños del capital de manera satisfactoria. Una vez que las medidas del Estado son más perjudiciales para los intereses de los capitalistas que el costo de la fuga de los capitales, esta última sucederá.

La fuga de capitales implica menor recaudación impositiva y menor productividad de la población[148], es decir, disminución del nivel de vida. De la misma manera que en el ejemplo anterior, esto sólo puede sostenerse mediante mecanismos opacos de control.

De la misma manera que en el ejemplo anterior, el equilibrio de Nash puede enfrentarse a partir de la coordinación. Si todos los Estados cobraran impuestos altos, todos ellos podrían recaudar más y el capital no se fugaría. Si uno de ellos cobra menos impuestos, perjudicará al resto (que ahora recaudará menos) pero estará mejor (porque recibirá el capital que se fuga del resto de los países). Ahora bien, si el liberalismo se penalizara, los Estados podrían revertir esa tendencia. Sin embargo, la penalización del liberalismo es una externalidad positiva para los Estados individualmente (que asumirían el costo de penalizar individualmente, beneficiando a todo el resto de los Estados). El único modo de superar la tendencia es mediante una coordinación internacional que construya un organismo supranacional que penalice el liberalismo a gran escala. Dicha posibilidad no existe ni siquiera como propuesta.

En principio, tanto el problema de los bloqueos como el de la fuga de capitales podrían resolverse con una democracia de alcance internacional. Su buen funcionamiento estará supeditado al nivel y alcance del control privado sobre la opinión pública, tema que se tratará en Mucho Texto. Sin embargo, podemos adelantar las observaciones siguientes:

  1. Como la atención es limitada, quienes tienen más poder de difundir sus posturas tienen más probabilidad de que estas sean adoptadas por otras personas.
  2. Además, quienes poseen más capital tienen más capacidad de difundir sus posturas.
  3. Por lo tanto, las personas con más capital tendrán mayor poder, incluso sobre Estados democráticos.

En principio, existe la posibilidad de que el capital llegue a estar lo suficientemente centralizado como para que su alcance sobre la opinión pública sea capaz de imponer los intereses del propio capital. Si este umbral se superara, la tendencia a la concentración de capital sobreviviría incluso a la democracia internacional.

Ahora bien, el cobro de impuestos opera sobre el dinero, y como tal no es una solución estable a la tendencia a concentrar el poder dada por el desarrollo tecnológico en contextos de disputa de redes. Recordemos que el dinero adquiere su valor por las redes, y dado cierto grado de desarrollo de las mismas, desaparecerá. Como mecanismo de distribución de poder, la recaudación impositiva está supeditada a la dinámica de mercado. Cuando esta se deteriore, el impacto de los impuestos se deteriorará también.

La trampa de la frontera empresarial

En el apartado anterior, hemos visto como el respeto por las fronteras estatales da ventaja al capital, porque la ontología de los Estados permite la tratabilidad  informática del mercado (si no se pudiera pensar desde las categorías de las fronteras estatales, sería muy difícil bloquear a un conjunto de personas o empresas, o “fugar el capital” de cierto conjunto de personas).

En este apartado, veremos que el respeto por la frontera de las empresas cumple el mismo rol.

En primer lugar, recordemos que Facebook logra el monopolio que tiene, así como su margen de usufructo, precisamente porque no existe un protocolo de intercomunicación entre plataformas. Si este existiera, Facebook perdería el monopolio (puesto que ahora la conectividad estaría asociada al protocolo de intercomunicación, y no a la empresa en sí).

Observemos que en los modelos de adopción que mencionamos hasta aquí, lo único importante era la conectividad. Esto es porque aunque sabemos que existen otros factores que hacen a nuestras preferencias de redes sociales, como la conectividad genera efectos de red de un impacto tan importante, siempre pesa más a la hora de elegir. Cuando pasa a existir un protocolo de intercomunicación, el resto de los factores (como la interfaz gráfica, el manejo de datos personales, etc) dejan de ser insignificantes en relación a la conectividad. Por lo tanto, pasan a ser importantes en la determinación de qué red social adoptará un usuario.

Notemos, además, que el modelo de tendencia al monopolio que hemos utilizado se basaba en una simplificación: los usuarios podían usar una sola plataforma por servicio de conectividad. Esta simplificación no es completamente disparatada, porque las personas tenemos atención limitada. La atención nos significa un costo, y por lo tanto tendemos a tener una plataforma predilecta por servicio, o por lo menos utilizamos una cantidad limitada de plataformas. Sin embargo, no es del todo cierta: En ciertos casos, las personas podemos utilizar más de una plataforma al mismo tiempo para el mismo servicio (como quien utiliza Whatsapp y Telegram, por ejemplo).

El único motivo por el cual Telegram pudo comenzar a ser utilizada por mucha gente es porque las personas no están obligadas a elegir entre una y otra plataforma de manera excluyente. De otro modo, la conectividad habría pesado más que cualquier política de privacidad.

Imaginemos el escenario siguiente: Hay muchas plataformas de mensajería instantánea compitiendo entre sí, con cantidades similares de usuarios (que suelen hablar entre sí y son amigos[149]). Si las plataformas pudieran elegirlo, ¿les convendría que sus usuarios usen una, o más de una plataforma?

Si los usuarios usaran sólo una plataforma, tenderían a quedarse en la misma, porque ahí se encuentran sus amigos.

Si los usuarios pudieran usar más de una, además de usar la que ya tienen, usarían como segunda plataforma aquella que ofrezca mayor conectividad. Sin perder vínculo con sus amigos, todos los usuarios convergerían en la misma segunda plataforma. Eventualmente, cuando todos los amigos de cada persona usen también la segunda plataforma en la que convergió toda la población, todo grupo pasaría a utilizarla como plataforma principal o prioritaria, a tal punto que la primera plataforma ya no tendría ningún valor especial.

En general, las aplicaciones de mensajería instantánea no pueden garantizar que alguien no participe de más de una red. Las empresas, en cambio, sí pueden intentar hacerlo, imponiendo trabajos de 40 horas en que gran parte del trabajo es improductivo. Si una empresa permitiera que su gente trabajara también para otras, la pondría en desventaja frente al resto. Como lo hemos visto en el capítulo anterior, es probable que esta forma de protección sufra un proceso de ecólisis.

En términos de sistemas económicos, es casi imposible pensar la pertenencia a más de un sistema económico al mismo tiempo.

Dicho esto, observemos lo siguiente:

  1. En el modelo de adopción de plataformas de mensajería instantánea comenzamos considerando sólo la conectividad. Si sólo se podía participar en una plataforma, este era el incentivo de mayor impacto, el resto era insignificante.

  1. Sin embargo, cuando extendimos el modelo con la capacidad de participar de más de una plataforma, comenzaron a pesar otros incentivos: las personas que deciden usar Telegram ya no sólo lo hacen por la conectividad. Pueden seguir acudiendo a Whatsapp para obtener la conectividad que necesitan, y usar Telegram por otros motivos.

  1. Si lo pensamos en términos de adopción relativa, podemos pensar dos modelos de adopción distintos. En el primer caso, el modelo de adopción es binario y excluyente (se elige una y una sola plataforma). En el segundo, el modelo de adopción es gradual (se puede usar cada plataforma en distinta proporción).

  1. Para las plataformas de mensajería instantánea, si el modelo de adopción es excluyente, la selección de la plataforma queda determinado por la conectividad. Sin embargo, si el modelo de adopción es gradual, hay otros factores que pesan sobre la adopción, como la interfaz gráfica, las funciones que permite la aplicación y/o la administración de los datos:
  1. Existen otras cosas que nos importan más allá de la conectividad.
  2. Como esta última es tan importante, termina siendo definitoria para el modelo de adopción binario.
  3. Para el modelo de adopción gradual, la proporción de uso de cada plataforma depende de la conectividad y del resto de los factores.

  1. En el modelo de adopción gradual, cuantas más personas usen una plataforma por motivos que van más allá de la conectividad, mejor conectividad tendrá dicha plataforma. De esta manera, se pueden generar ciclos de retroalimentación:
  1. En un principio, la plataforma alternativa sólo es utilizada por los beneficios que no tienen que ver con la conectividad. Sólo la utiliza la gente muy comprometida con dichos beneficios, y en general, se usa en una baja proporción del tiempo.
  2. Cuando ya es utilizada por cierta cantidad de gente, aumenta su conectividad. Así, las personas que no estaban tan comprometidas con sus otros beneficios pueden pasar a utilizarla en una proporción del tiempo un poco mayor.
  3. El ciclo puede retroalimentarse. Cuanto más conectividad ofrece la nueva plataforma, será menos costoso comenzar a utilizarla. Si la red alternativa ofrece beneficios muy ostensibles más allá de la conectividad, y logra capturar la atención de los usuarios[150], será capaz de desplazar a la primera.

Cómo hackear al capital

Previo a la informática, se consideró que los sistemas económicos estaban asociados a los Estados: un sistema económico era algo que llevaba a cabo uno o varios Estados, y un individuo participaba en un sistema económico u otro según el Estado en el que vivía. Naturalmente, era imposible pensar un modelo de adopción gradual para los sistemas económicos.

Además, no se observaba el paralelo entre las empresas y los sistemas económicos alternativos al mercado. Hoy en día, la única diferencia entre una empresa y un sistema económico alternativo es que la empresa se encuentra en un contexto de mercado, e históricamente, los considerados “sistemas económicos alternativos” se encuentran excluidos del mismo. Sin embargo, como lo hemos mencionado, si una empresa escala hasta cristalizar todo el mercado será un sistema económico alternativo.

La afirmación de que históricamente todo “sistema económico alternativo” (por ejemplo, el soviético) estuvo apartado del mercado es en cierta medida discutible, y en cierta medida razonable. Es discutible porque depende de la escala. El sistema soviético, por ejemplo, funciona al interior del mercado en escalas pequeñas, en empresas que se organizan mediante asambleas y delegaciones. Sin embargo, a grandes escalas, es cierto que el sistema soviético nunca funcionó al interior del mercado:

  1. Como es un sistema poco robusto, no se preserva sin mecanismos opacos de control.
  2. De esta manera, sólo es posible implementarlo acudiendo al aparato estatal.
  3. Los Estados que implementaron el sistema soviético fueron bloqueados económicamente, y su participación del mercado se vio restringida.

Notemos que las empresas que implementan el sistema soviético no son ni podrían ser bloqueadas económicamente mediante los mecanismos usuales, porque como ya lo hemos mencionado, el costo informático de hacerlo sería demasiado grande. La capacidad informática de establecer bloqueos económicos se apoya en la coextensividad entre los sistemas económicos y los estados nación.

Ahora bien, si implementáramos un sistema económico socialista como si fuera una empresa, sucederían tres cosas:

  1. No se sufriría el golpe del bloqueo económico.
  2. No se atentaría contra la propiedad privada (lo cual causaría la intervención de las fuerzas coercitivas del estado).
  3. No tendría por qué respetarse el modelo de adopción binario. Las personas podrían dedicar parte de su tiempo a trabajar en dicha empresa (es decir, en el sistema económico socialista, implementado como empresa en un contexto de mercado) y dedicar parte de su tiempo a trabajar en alguna otra.

Recordemos que el capital genera efectos de red asociados a la productividad. Los modelos de selección de empresas utilizados en los capítulos anteriores se basan en el salario (o en otros beneficios materiales asociados a redes sociales). Esto no es porque a las personas no les importe nada más que su poder adquisitivo (u otro beneficio material, como el poder o la jerarquía), sino porque en un modelo de adopción binario, en la enorme mayoría de los casos, los incentivos materiales son los que más pesan a la hora de elegir dónde trabajar, y terminan siendo definitorios.

Sin embargo, cuando nos salimos del modelo de adopción binario de las empresas, y pasamos a considerar la adopción gradual, comienzan a pesar también los incentivos no materiales (simbólicos, morales, ideológicos, etc) de manera significativa. La dinámica es similar a la mencionada en la sección anterior.

Ya existe, hoy, un porcentaje significativo de la población que dedica buena parte de su tiempo a actividades que prestan únicamente incentivos no materiales. Por ejemplo, existe una importante base de personas que dedican varias horas de su tiempo a la militancia política o al voluntariado social.

Dedicar una hora de tiempo a la producción en un sistema económico socialista genera una cierta cantidad de incentivos materiales y una cierta cantidad de incentivos no materiales. Los incentivos materiales dependen de la productividad del sistema, los incentivos no materiales dependen del compromiso ideológico de los individuos para con el proyecto[151].

En un principio, el sistema sólo prestará incentivos no materiales, y sólo tendrá la participación de las personas más comprometidas (es decir, cuyo compromiso sea tan poderoso como para que participar del proyecto les genere incentivos no materiales lo suficientemente grandes como para dedicar algo de su tiempo sin ningún beneficio material).

Una vez que las personas más comprometidas hayan comenzado a participar en el proyecto, el sistema tendrá mayor capacidad de generar incentivos materiales (por el efecto de red asociado a la productividad). La gente más comprometida podrá dedicar más tiempo aún, y la gente menos comprometida con el proyecto podrá acercarse (porque el crecimiento del incentivo material permite que, una vez sumado al incentivo no material, se genere un incentivo total suficiente como para comenzar a participar). De esta manera, el modelo de adopción gradual puede generar un ciclo de retroalimentación.

Si el sistema económico es socialista, podemos asumir que no existe ningún tipo de plusvalía, es decir, que toda la ganancia se reparte entre quienes participan de él. Por lo tanto, podemos esperar que en algún momento, incluso para las personas menos comprometidas ideológicamente con el proyecto, participar del sistema sea más conveniente que no hacerlo, exclusivamente por los incentivos materiales[152].

Una vez superado el umbral de Nash (es decir, el umbral de participación que permite que la participación en el sistema se apoye más en el incentivo no material que en el incentivo material), el efecto de red se puede disparar. El sistema económico socialista podría terminar siendo la empresa que cristaliza el mercado.

El modelo de adopción gradual permite hackear al capital. Lo único que hace falta para comenzar es diseñar el sistema económico socialista que queremos implementar:

  • Si lo logramos, podemos llevarlo a cabo al interior de distintos países, y no podrá ser bloqueado económicamente por el mercado.
  • Por emerger desde abajo y teniendo a la productividad como incentivo principal será robusto, y por lo tanto, no requerirá autoritarismo para preservarse.
  • No requiere la toma del poder estatal ni un cambio radical en la conciencia de la población internacional.

En “Mucho Texto” vamos a tratar el problema de cómo funcionan los incentivos no materiales, y cómo encauzar el compromiso de las personas que destinan tiempo al voluntariado hacia la participación de un sistema económico alternativo. Por lo pronto, basta notar que los incentivos no materiales e ideológicos no son suficientes para modificar el sistema económico si el modelo de adopción es excluyente, pero si el modelo de adopción es gradual, existe la posibilidad de apoyarse sobre los mismos para cambiar el sistema.

Hackear al capital es la mejor opción que tenemos

Es necesario trabajar para modificar el sistema económico. Hemos visto que el mercado causa la concentración de capital, la desigualdad y la tendencia al colapso ambiental.

Sin embargo, las visiones tradicionales de la revolución son infactibles.

La toma del poder estatal por la clase obrera, o las reformas estatales profundas en contextos de mercado, no sólo enfrentan bloqueos económicos y problemáticas sistémicas: para darse, requieren la coordinación de toda la población en una misión común. Hoy en día, además, dicha coordinación depende de que exista un nivel inestable de confianza, porque requiere superar un equilibrio de Nash estable en favor del beneficio individual.

Existen los incentivos no materiales, pero los incentivos materiales pesan más sobre la actividad de las personas. Esperar que las personas lleven a cabo las acciones que causarían el beneficio social por un sentido del honor o de la justicia es depositar demasiada responsabilidad en la intención humana.

La coordinación de los partidos revolucionarios sólo genera incentivos no materiales para la militancia. Para un pequeño porcentaje de la población, dichos incentivos son suficientes para que estas se movilicen. Sin embargo:

  1. Evidentemente, no se llega al número necesario de personas lo suficientemente comprometidas a militar por la revolución por incentivos exclusivamente no materiales.

  1. La militancia que considera que la revolución sólo puede hacerse con la toma de poder estatal no capitaliza el compromiso de sus militantes en la generación de incentivos materiales que se añadan a los incentivos no materiales para generar una retroalimentación por efectos de red[153].

Desde el modelo tradicional, lograr una revolución requiere un esfuerzo enorme. Hace falta convencer a muchas personas de que es posible lograr un sistema económico mejor[154], y que en algún momento la cantidad de gente que esté comprometida con esa idea al mismo tiempo[155] sea capaz de organizarse directamente de un modo que sea materialmente más beneficioso para sus integrantes que el mercado[156].

Por otra parte, hemos visto que ningún cambio de sistema económico de la historia se dio desde arriba. El feudalismo no cayó por la revolución francesa. El mercado burgués apareció en el siglo XII. Si se piensa a las revoluciones socialistas en analogía con la revolución francesa, entonces debería supeditarse la idea de revolución armada a la capacidad de hacer emerger el socialismo.

El materialismo dialéctico sólo permite pensar binariamente la adopción de sistemas económicos. No permite diseñarlos, y como lo hemos visto, esto trae problemas económicos y políticos.

Las revoluciones que se basan en la toma del Estado se pueden detener fácilmente. La asimetría bélica actual para con el poder económico concentrado no tiene precedentes, y para las personas que sí tienen algo que perder, hacer una revolución armada va en contra de sus intereses materiales inmediatos.

Las grandes marchas obreras pueden reprimirse fácilmente. Las políticas macroeconómicas pueden desecharse, los ministerios y las oficinas del estado se pueden desmantelar, los Estados se pueden bloquear económicamente.

Sin embargo, es mucho más difícil enfrentar al socialismo emergente. Si encauzamos nuestra actividad en un sistema económico alternativo, con un modelo de adopción gradual, nadie puede bloquearnos económicamente. No harán falta la violencia ni los mártires. No hace falta ninguna gran batalla entre clases sociales, que hoy sin duda perderían los de abajo.

El enfoque informático invierte la mística rebelde:

Podrán detener la primavera, pero nunca cortarán todas las flores[157].


Parte IV

La revolución es una App


Capítulo 11: Cambiar de perspectiva es revolucionario

Tanto en el capítulo anterior com[d]o en la parte II de este libro tratamos los problemas de los modelos y las ontologías. Hemos visto que pensar la revolución como la toma del Estado, así como pensar el funcionamiento del mercado desde el modelo biclase genera dificultades a la hora de pensar la revolución. Observamos que los modelos que tenemos de la realidad afectan a cómo podemos tratar con ellas.

El materialismo dialéctico no permite diseñar sistemas económicos ni proponer el problema del diseño de un sistema económico. Lo que vemos afecta a lo que podemos hacer.

[e][f]

Hemos hecho un paralelo entre las empresas y los sistemas económicos: ambas son formas explícitas de organización social. La única diferencia es que unas se encuentran integradas a un mercado más grande, y en general llamamos “sistemas económicos” a las organizaciones que no participan de un mercado que las contenga. Esto es producto de las ontologías macroscópicas, en que toda revolución llevada a cabo en un estado nación fue bloqueada.

Hemos considerado que los sistemas económicos pueden permitir un modelo de adopción gradual, lo cual permite que el proceso de toma de poder se apoye en los incentivos que tienen las personas: poco (pero no nulo) peso de incentivos no materiales, y mucho peso de incentivos materiales.

La revolución tradicional era un esfuerzo río arriba: debía enfrentar la corriente, en el sentido de que debía superar varios equilibrios de Nash apoyándose plenamente en las intenciones y el compromiso humanos. Requiere coordinación y compromiso de la clase obrera hasta un número de gente que pueda tomar el poder del Estado. Luego, requiere el compromiso de los delegados superiores de los soviets de no aprovechar el poder que tienen para su propio beneficio. Requiere que cada individuo cumpla el rol que se le asigna. Requiere que la población soporte la peoría causada por los bloqueos económicos. La idea tradicional de la revolución dependía demasiado, para su buen funcionamiento, de las intenciones humanas.

Requería de incentivos no materiales, porque hasta lograr el éxito, ninguno de los pasos hacia la revolución mejoraba los incentivos materiales. Muchas veces, iba incluso en contra de los incentivos materiales, como en el caso de la revolución violenta o de la necesidad de sacrificar mucho tiempo en la militancia. Sin embargo, en general las personas responden menos a los incentivos no materiales que a los incentivos materiales. Por lo tanto, un sistema que dependa casi exclusivamente de los mismos deberá acudir a mecanismos opacos de control para ejercer sus condiciones de funcionamiento. Esto es factible, aunque indeseable, una vez que se tomó el poder estatal. Antes de hacerlo, es prácticamente imposible.

Nuestra nueva concepción es río abajo: Una vez modificada la perspectiva, y comprendiendo los incentivos materiales y no materiales, lo único que hace falta para lograr el cambio de sistema económico es diseñar el sistema económico alternativo. Una vez hecho eso, el modelo de adopción gradual permitirá que escale sin problemas. Ya existe el compromiso militante de mucha gente que dedica tiempo a cambiar las cosas sin ningún incentivo material. Existe, además, la simpatía de mucha gente que aún no dedica el tiempo, pero que frente a un leve incentivo material podrían hacerlo. A partir de cierto número de participación, será más beneficioso para las personas menos favorecidas por el mercado comenzar a producir en el nuevo sistema, lo cual generará un ciclo de retroalimentación irrefrenable en que cada vez aumente más la participación en el sistema alternativo.

Al observar el sistema de cerca y desde una perspectiva sistémica, la revolución deja de ser una tarea titánica y monumental. Lo único que requiere es diseñar las pautas del sistema económico alternativo (que siempre fue un problema a resolver, aunque el materialismo dialéctico lo hubiera barrido bajo la alfombra).

La intención debe ser efecto, nunca causa

Los conceptos de hombre nuevo y de revolución permanente apoyaban el buen funcionamiento del sistema socialista en grandes cambios éticos de la humanidad. El modelo de concentración de capital y del imperialismo que tenía la tradición marxista era el de una burguesía rapaz, de una sed irrefrenable de ganancias.

La revolución marxista requiere de la concientización de las grandes masas obreras. Jamás hubo una revolución armada en contextos en que las grandes masas obreras tuvieran condiciones de vida lo suficientemente razonables como para que el beneficio material de corto plazo de participar de una revolución armada fuera mejor que el de no hacerlo. Una opción es acusar a las grandes masas de alienadas, otra es intentar entender el suceso.

Si la revolución se basa en intenciones humanas que hoy no están presentes, es río arriba. Sólo es río abajo si contempla en modo preciso su funcionamiento actual.

En el capítulo 2, observamos que el buen funcionamiento de los sistemas económicos depende del funcionamiento de los factores extraeconómicos, entre ellos, la población humana. Las intenciones humanas son variables, y afectan al comportamiento del sistema.

Si un modelo no contempla cómo funcionan y cómo surgen las intenciones humanas, estas serán vistas como fenómenos que afectan al sistema, pero que no son explicadas ni predichas por él. Las intenciones serán causas del comportamiento de las cosas, no sus efectos. Si el sistema económico y social es modelado como un sistema abierto dependiente de las intenciones humanas, y no algo que considera cómo estas tienden a evolucionar, es un sistema poco predictivo (porque las intenciones humanas pueden ser variadas), y es un sistema que puede tender al autoritarismo o la frialdad (sugiere que las intenciones humanas son fácilmente modificables, y deposita toda solución en educación o concientización, y en su defecto, en obligación).

Toda explicación de fenómenos macroscópicos basada en intenciones humanas es insuficiente, más aún si se trata de fenómenos sistemáticos. Tanto el materialismo dialéctico como el neoclasicismo desarrollaron sus modelos desde herramientas limitadas, lo cual hizo que explicaran varios fenómenos desde las intenciones humanas. Para el neoclasicismo, la pobreza y la desigualdad son cuestiones de voluntad y educación, y todo enfrentamiento violento al régimen hegemónico es un acto de barbarie y locura. Pa[g]ra el materialismo dialéctico, la rebeldía ante regímenes autoritarios se explica desde la propaganda capitalista y el imperialismo desde la maldad.

Si hay un patrón a gran escala, no hay locura. Toda irracionalidad se encuentra en el modelo. En política no hay locos, no hay infelices, no hay idiotas ni traidores. Hay sistemas que debemos entender.

Esto no es con ánimo de perdonar a quienes hacen daño. Es porque para resolver problemas sistémicos hay que identificar problemas sistémicos. Toda revolución que requiera cambios de intenciones a gran escala es una revolución río arriba. Explicar los males del mundo sin apelar a maldades y avaricias humanas es lo único que permite responder sistémicamente. Ese es el objetivo que cumplen los modelos presentados en este libro.

La diferencia entre lo utópico y lo revolucionario está en la calidad del modelo.

Una vez diseñado el socialismo, emergerá.

Si cambiamos de perspectiva, vemos una batalla que podemos ganar.

Si cambiamos de perspectiva, vemos la única batalla que podemos ganar.


Capítulo 12: Es suficiente que los movimientos sociales escalen como startups

Así como existe una forma general de la explotación estructural, que es el liderazgo de redes, existe una forma general de la rebelión: la escalabilidad de redes. Esta se trata de implementar una red social alternativa que escale hasta suplantar a la que genera la explotabilidad. Se logra mediante la coparticipación (mediante un protocolo de intercomunicación en el caso de las plataformas de conectividad, o la pertenencia al mercado en el caso del socialismo emergente) y mediante la capacidad de adopción gradual.

El mercado surgió por escalabilidad de redes, no por una implementación desde arriba.

Para escalar un sistema alternativo, sólo hace falta diseñarlo.

Si logramos diseñar un procedimiento económico robusto y escalable, resolvemos el problema del autoritarismo y podemos lograr que un sistema socialista emerja en el seno de la sociedad de mercado, así como el sistema actual nació en la sociedad burguesa.

El sistema en cuestión debe alinear los incentivos materiales personales con el bienestar de la población. Eventualmente, debe considerar también a los incentivos no materiales.

El sistema debe ser robusto ante la variabilidad de acción individual, lo cual se logra haciendo que el sistema sea distribuido.

Al permitir un modelo de adopción gradual, en un principio podrá basarse exclusivamente en el incentivo no material de participar en crear un sistema económico alternativo. Eventualmente, por efectos de red, será mejor que el sistema actual y se generará el cambio de fase entre sistemas económicos.

Para el materialismo dialéctico, las etapas de la historia eran: primero un sistema precapitalista, luego el capitalismo, luego la dictadura del proletariado, y por último, el comunismo. La dictadura del proletariado sería un sistema socialista con fuerte presencia estatal, y el comunismo sería uno sin ella, es decir, sin Estado y con equidad económica[158].

Sucedió que ningún país que tenía el capitalismo altamente desarrollado se dignó a dar el paso a la dictadura del proletariado.

Lenin, habiendo observado el fenómeno del imperialismo, puso un parche en el modelo de Marx y propuso un atajo: era posible, en casos como el de Rusia, pasar directamente del sistema precapitalista a la dictadura del proletariado.

Sucedió que ningún país que tenía la dictadura del proletariado altamente desarrollada se dignó a dar el paso al comunismo.

Así como Lenin propuso dar el salto desde los sistemas precapitalistas a la dictadura del proletariado, nuestra línea de trabajo permite saltar del sistema capitalista directamente al comunismo (entendido en sentido en que lo entendió Marx).

Debemos lograr que los movimientos sociales escalen como startups.

Si logramos encauzar la iniciativa de los movimientos sociales en un sistema integrado, robusto y escalable, resolvemos el problema.

Qué hacen las empresas para generar efectos de red

En los libros de introducción a la economía no se habla tanto de la fundamental importancia de los efectos de red en cómo funciona el sistema, porque sería admitir que el sistema está hecho para concentrar el capital y permitir ganancias extraordinarias.

Sin embargo, en los libros de consejos sobre negocios, se habla abiertamente de la importancia de los efectos de red para lograr monopolizar verticales de negocios. La competencia no genera ganancias, lo que hay que buscar es precisamente el monopolio, y los efectos de red son conocidos por lograr eso.

Algunos consejos para lograr efectos de red rápidos son:

  • Atacar primero una vertical, luego ir ampliándose: Amazon comenzó vendiendo sólo libros, después pasó a vender de todo. Es más fácil penetrar un mercado con una punta de flecha fina. En el caso del sistema socialista, esto podría tratarse eligiendo un solo producto o servicio que producir y distribuir por fuera de la dinámica de mercado y el capital. Una vez logrado el monopolio sobre la misma, extenderse al resto de los productos y servicios del mercado.

  • Beneficiar la inclusión de nuevas personas: El sistema deberá dar incentivos materiales a sus participantes. Al principio no podrán ser tan grandes como las empresas, por cómo funcionan los efectos de red. Sin embargo, serán beneficios en fin. La inclusión de nuevas personas mejora la capacidad productiva de toda la red, lo cual debe ser incentivado de modo acorde.

  • Trabajar en estrategias de marketing viral: El desarrollo rápido es fundamental, porque los entornos de efectos de red son carreras. El marketing debe entender su público y comunicar el proyecto del mejor modo posible. En este caso, en el que al principio el beneficio material de participar será menor, deberá incentivarse la participación por beneficios no materiales.

La ampliación de la red requiere un trabajo conjunto e integrado, en relación a muchas áreas distintas. Además, deberá llevarse a cabo en un contexto de mercado. Gran parte del trabajo inicial va a parecerse al trabajo de una startup de tecnología.

El objetivo no es el socialismo en un sólo país ni socialismo internacional, es socialismo en ningún país, socialismo filtrado entre la población, en los celulares de la gente.

El procedimiento a diseñar, robusto y escalable, no debe lograr ser óptimo. Tan sólo debe funcionar mejor que el mercado con ganancias capitalistas. Es un problema difícil, pero no imposible.

Una vez diseñada la alternativa, es simplemente cuestión de escalarla.

Nótese que el diseño del sistema económico alternativo, ciertamente una tarea difícil, no es un requisito exclusivo de esta nueva perspectiva. Es un requisito de cualquier sistema económico alternativo, aunque no lo hayan explicitado.

Esto, que puede parecer una tarea monumental, es por definición necesario: no es que es un paso que necesitamos para que cambiar de sistema económico funcione bien, es lo que significa cambiar de sistema económico: implementar un sistema económico, distinto de este.

Ahora bien, resulta que si pensamos rigurosamente la tarea de cambiar de sistema económico, parte del trabajo necesario, y que hasta ahora habíamos olvidado (diseñar el sistema económico alternativo) es directamente la solución al problema: una vez que lo tenemos, la revolución emergente es prácticamente inevitable.

Reformulando la tesis 11 sobre Feuerbach:

Los revolucionarios, hasta el momento, no han hecho más que intentar tomar de diversos modos los medios de producción, pero de lo que se trata es de organizarlos.


Capítulo 13: La revolución empieza hoy mismo (mergear con el 12)

El objetivo planteado es:

  • Identificar una buena alternativa al sistema económico actual.
[h]

  • Identificar un procedimiento distinto al mercado y al sistema soviético.
  • En términos informáticos, robusto y escalable.
  • Basado en un modelo complejo de la sociedad.

  • Establecer una estrategia para cambiar de sistemas económicos.

  • Aprovechar los efectos de red en un modelo de adopción gradual. Permite dejar de depender del compromiso consciente de la mayoría de la población.
  • Proyectar el cambio desde abajo. Impide las respuestas tradicionales del capital para defenderse.

Ahora bien, la investigación necesaria para llevar a cabo el primer paso toma tiempo. Mientras tanto, el capital tiende a concentrarse, y con él su pode[i]r extraeconómico, especialmente la capacidad de intervenir sobre los discursos socialmente difundidos y  la opinión pública. La concentración de capital puede dificultar cada vez más la capacidad de hackearlo.

Es importante que mientras establezcamos la investigación, el segundo paso no se haga imposible. Por otra parte, si llevamos a cabo el diseño de la estrategia asumiendo ciertas condiciones iniciales, si en el ínterin el mundo se sale de esas condiciones iniciales, nuestra estrategia ya no servirá.[j]

Mientras se trabaja en la investigación, es necesario preservar las condiciones democráticas y minimizar la concentración de poder en el capital, especialmente el capital informático.

Por otra parte, llevar a cabo esta investigación es contraria a los intereses de los capitalistas. Su financiamiento provendrá de individuos privados, de las academias, o de fondos estatales comprometidos.

Por último, dado que hoy existen redes e iniciativas desde abajo que funcionan en ciertas escalas (como las mencionamos, redes de comercio justo, agroecológicas, etc), trabajar con ellas para encauzarlas en alternativas escalables, integradas y robustas al sistema económico actual requiere la preservación de su existencia, que a veces depende exclusivamente de la motivación de sus miembros.

Por estos motivos, la propuesta del enfoque informático y científico respecto de la política no hace desaparecer la importancia de la política tradicional. Es imposible llevar a cabo la primera tarea de manera exitosa sin fuerza en la segunda.

Por lo tanto, distinguimos dos líneas de trabajo a llevar a cabo en constante interacción:

  • Línea técnica: Diseñar una buena alternativa al sistema económico actual.
  • Línea política: Dar la lucha política tradicional, para preservar la democracia frente a la concentración de poder (especialmente informático), contribuir a las iniciativas populares desde abajo, a través de la militancia, la legislación y las políticas públicas.

Sin cualquiera de ambas, salvar al mundo es imposible.

Algunos temas de trabajo sugeridos son:

Para perfeccionar un modelo complejo de la sociedad:

Para un modelo basado en individuos:

  • Incentivos materiales:
  • Teoría de juegos.
  • Teoría de juegos iterada.
  • Incentivos no materiales:
  • Sesgos cognitivos.
  • Influencia social. Cascadas de influencia, epistemología social.
  • Estructura:
  • Estructuras explícitas: ciencia de redes, teoría de grafos.
  • Estructuras emergentes: modelos multiagentes.

Para diseñar sistemas alternativos, robustos, escalables y desde abajo:

Para diseñar sistemas, hay que pensar en términos de sistemas:

  • Ciencia de redes.
  • Teoría general de sistemas y cibernética.
  • Sistemas complejos.

Interfaces con iniciativas actuales

Qué podemos aprender de las iniciativas desde abajo ya existentes (es decir, de los movimientos sociales). Cuáles son sus vicios y cuáles sus virtudes.

Qué iniciativas se pueden incorporar al proyecto de cambiar el sistema desde abajo.

Cómo integrar los distintos movimientos y transformarlos en una alternativa escalable y robusta.

Optimización de procesos productivos y logísticos

Aspectos ecológicos de la economía

[Bibliografía recomendada, organizada por introducciones a cada tema]

En muy resumidas cuentas:

  • Tejer redes
  • Castigar freeriders

Epistemología:

-> Incluir lo que se afirma en la intro de syghtware 1 (al menos la parte de el mercado y el socialismo soviético no funcionaban porque sus herramientas de modelado y de comprensión de mundo no eran suficientes para dar con un sistema complejo).

Hoy necesitamos refactorizar la ciencia (ensilada).

La frontera es la complejidad

No existe una teoría general de la complejidad pero sí una serie de métodos nacidos del seno de la academia, que por su modo de funcionar no va a buscar enfrentar la complejidad (el incentivo económico es a solucionar cosas aquí y ahora, y eventualmente para los problemas complejos se pueden usar algoritmos automáticos que no generan comprensión).

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Para hacer esto necesitamos refactorizar la ciencia (es decir, el ensilamiento de la academia no es suficiente, necesitamos un nuevo marco teórico). Antes de diseñar el socialismo necesitamos un modelo de adopción gradual para una nueva ciencia.

Eso es Syghtware.

Lo que necesitamos es

  1. Diseñar el modo de comunicación de la nueva ciencia (que no será el paper, sino el modelo computacional).
  2. Diseñar el modo de integración de diversos conocimientos y puntos de vista (a partir de la teoría formal de los puntos de vista).
  3. Traducir los conocimientos tradicionales al nuevo lenguaje (“redescubrir”).


[1] Por informática se entiende al conjunto de las ciencias de la información. Esto incluye a la computación como estudio de procesos, a la concepción del software como modelo de la realidad, a la cibernética como el estudio del control y a la teoría general de sistemas, que estudia las propiedades y funcionamientos de los sistemas en general.

[2] La definición aquí presentada es una paráfrasis informática de la propuesta por Marta Harnecker en “Conceptos elementales del materialismo dialéctico”.

[3] En términos formales, las propiedades de los procedimientos podrían definirse como descripciones abstractas de los mismos. En ese caso, aún así diríamos que el socialismo y el capitalismo no son sistemas económicos: son tan abstractos que no responden al problema económico.

[4] En términos informáticos, la diferencia entre sistemas y propiedades puede definirse simplemente como una diferencia entre niveles de abstracción. Sin embargo, como veremos, la distinción expuesta aquí no deja de ser útil.

[5] Vale para hiperplanos de cualquier dimensionalidad.

[6] Recordemos que entendemos a la informática como la disciplina que estudia los procedimientos. En ese sentido, decir que se trata de una entidad informática sólo afirma que se trata de un proceso.

[7] Presentamos un modelo simplificado, basado en los modelos de subastas iteradas ofrecidas en Networks, Crowds and Markets de David Easley y Jon Kleinberg. El punto fundamental es que el mercado funciona a partir de decisiones de individuos sobre qué hacer y negociaciones entre los mismos para intercambiar bienes y servicios por dinero.

[8] Los procedimientos constantes se describen en dos etapas. Una etapa de preparación, que describe las condiciones iniciales del sistema a evolucionar, y una etapa que describe su evolución. La primera etapa se lleva a cabo una vez, al principio, y luego se efectúa la segunda etapa de manera constante e iterativa. Una introducción accesible y amena al modelado de sistemas puede encontrarse en An introduction to Agent Based Modeling de Uri Wilensky y William Rand. 

[9] Filósofos como Rawls no centran sus análisis en los aspectos dinámicos de los sistemas económicos, sino en la justicia distributiva de situaciones particulares. Esto es insuficiente para hacer economía política. Por ejemplo, si un sistema económico amplifica toda desigualdad y siempre evoluciona hacia situaciones injustas, entonces la comparación entre distintas situaciones distributivas inestables es superflua.

[10] Ver, por ejemplo, Sistemas Complejos de Rolando García.

[11] Dada la clasificación de los sistemas en términos de sus propiedades deseables que se propongan.

[12] Un árbol dirigido es un tipo de grafo, y el grafo es un formalismo que sirve, entre otras cosas, para representar la estructura de redes sociales.

[13] La teoría de grafos estudia sistemas de conexiones en general. Algunas aplicaciones políticas son el modelado de relaciones en redes sociales para estudiar flujos de información o el análisis topológico de organizaciones sociales para estudiar propiedades de su forma.

[14] Esto a excepción de las hojas. Técnicamente, las hojas también son subárboles.

[15] Hayek y Von Mises fueron economistas liberales que escribieron sobre la imposibilidad de implementar un sistema económico basado en la planificación central.

[16] La Nueva Política Económica aplicada por Lenin durante la década de 1920 permitía que parte de la organización de la economía se diera mediante el mercado.

[17] Aquí es preciso hacer una observación. Se puede decir que algo es justo de por lo menos dos modos: 1) que las reglas de juego eran las mismas para todos y se cumplieron correctamente a través del tiempo, y 2) que las reglas de juego, en sí, eran justas. Si el juego es elegir al azar quién se queda con toda la riqueza en la tierra, las reglas y probabilidades pueden ser las mismas para todos. Sin embargo, incluso si tales reglas se cumplen a rajatabla, el juego en sí parece conllevar cierta injusticia. Cuando se juzga la justicia de un sistema, hace falta aclarar en qué sentido de justicia se está hablando. Desde la primera interpretación, el mero hecho de que cambien las reglas de juego puede considerarse injusto, lo que haría que todo cambio de sistemas económicos sea injusto y eliminaría cualquier posibilidad de debate. Para comparar sistemas, hace falta comparar las reglas y sus efectos.

[18] Esto último no es trivial, pero no hace falta que la corroboración empírica se haga cambiando el sistema económico de toda la humanidad. Si, por ejemplo, tenemos un modelo sobre cómo funcionan las personas en un sistema económico alternativo, podemos corroborarlo con pocas personas llevando a cabo dicho sistema, y luego validarlo con más personas, etc. Esta posibilidad es compatible con la propuesta de investigación que estableceremos en la parte cuatro.

[19] Hay una exposición de los aspectos rescatables de la izquierda y la derecha basada en investigaciones de psicología moral en el libro “The Righteous Mind” de Jonathan Haidt.

[20] A veces se llama marxismo ortodoxo al materialismo dialéctico, para distinguirlo de las diversas lecturas críticas posteriores.

[21] Observemos que para el modelo de competencia perfecta nunca surgirían los monopolios. Que estos aparezcan, sin embargo, no lleva a una revisión de su modelo. La existencia de monopolios no se toma por el neoclasicismo como evidencia en contra de la teoría, sino como un límite a su dominio de aplicación.

[22] En el capítulo 10 observaremos que sobredimensionar el peso de las intenciones humanas es un rasgo común en los modelos limitados sobre la sociedad. En el libro Mucho Texto analizaremos

[23] Hayek es una de las lecturas más recomendables para cualquier socialista. En “El problema del cálculo socialista”, basado en un artículo de Von Mises, intenta defender que el socialismo es imposible. Refutar sus argumentos no es fácil, pero es indispensable: sólo así podemos repensar el socialismo. Paul Cockshott, computólogo y economista marxista, se dedicó a trabajar en ello. Sin embargo, la solución que propuso para mostrar la posibilidad de planificación económica no puede efectuarse sin pérdida de las libertades individuales (porque supone la asignación de tareas a individuos y su consecuente acatamiento).

[24] Posturas como la de Hayek podrían conceder el supuesto de que el socialismo es una propiedad deseable, pero al mismo tiempo afirmar que es imposible de lograr, o al menos imposible de lograr sin consecuencias desastrosas. Posturas como la de Nozick hacían una defensa moral tan férrea del libre mercado que afirmaban que el socialismo, en sí, era por sí mismo algo indeseable: si la distribución de la riqueza es desigual, buscar igualarla es robar a los más ricos. Para la mayoría de las personas, esta afirmación es implausible. Notemos que cuando Nozick escribía, las alternativas al libre mercado eran menos que las actuales. Ya explicamos desde qué perspectivas el socialismo podría ser extrínsecamente malo. Nozick era principalmente un defensor de la libertad individual, en un contexto en que la alternativa al mercado era el sistema soviético, para ese entonces ostensiblemente autoritario. Probablemente, para Nozick, decir que la distribución de la riqueza estaba mal era otro modo de argumentar en contra de las revoluciones socialistas que acontecían cada vez más cerca de los Estados Unidos.

[25] El modelo liberal clásico se basa en “La Riqueza de Las Naciones” de Adam Smith. Al observar el aumento de productividad que implicaba la especialización y el intercambio, concluyó que la búsqueda del beneficio individual en un contexto de mercado llevaría a situaciones socialmente óptimas. Para el siglo XX, la búsqueda de beneficio económico individual de los países europeos llevó a la primera guerra mundial. Además, la crisis del ‘30 no afectó a Rusia Soviética, y fue superada por Alemania mucho antes que por el resto de europa, entonces bajo el dirigismo nazi. En ese contexto de crisis del liberalismo clásico creció el modelo neoclásico, nacido a principios de siglo XX, que es el modelo de mercado que hoy se estudia en las facultades de economía y analizaremos en este libro.

[26] Dijimos que toda defensa de un sistema económico parte del modelo que sostiene sobre los factores extraeconómicos. Los principales desacuerdos de siglos anteriores provienen de concepciones diferentes de cómo funciona la población. Casi nadie vio a los recursos más que como una cosa quieta esperando a ser extraída. La riqueza y dinamismo de los ecosistemas, así como su complejidad e indivisibilidad no eran algo a considerar. Tanto el mercado como el sistema soviético fueron muy dañinos para el medio ambiente. Hoy, algunas posturas como la economía circular comienzan a incluir consideraciones sobre los recursos y el medio ambiente a la hora de evaluar el buen funcionamiento de los sistemas económicos.

[27] Como ya lo hemos mencionado, no demostraremos este fenómeno hasta la parte 3.

[28] Ver “Delitos proxy” en Cordura 2100, ver “Economía de la Inatención” en Mucho Texto.

[29] Inequality kills 2021, Oxfam.

[30] Inequality kills 2021, Oxfam.

[31] La obsolescencia programada es el resultado de diseñar los dispositivos para que duren poco sin que esto abarate los costos de producción, con el único objetivo de aumentar las ventas.

[32] Los datos fueron tomados de tosdr.org, una organización que rastrea y visibiliza los puntos más llamativos de los términos y condiciones que, por supuesto, nadie lee por completo.

[33] Es más adecuado llamarlo “marxismo ortodoxo” que “marxismo”, debido a que Marx escribió una serie de análisis complejos de la economía que no son fácilmente sistematizables desde el materialismo dialéctico.

[34] Explicaremos este punto en mayor detalle en el próximo capítulo.

[35] Los epiciclos eran órbitas esféricas que orbitaban la tierra, o alguna otra órbita esférica. De esta manera, los movimientos complejos de los planetas podían ajustarse mediante órbitas anidadas, cada vez más pequeñas.

[36] Explicaremos en detalle estas afirmaciones a través del desarrollo del capítulo.

[37] Ver, por ejemplo, las diversas explicaciones catalogadas por Paul Sweezy en “Capitalist Development”.

[38] Nuestra exposición estará centrada en los aspectos informáticos y de modelado de esta teoría.

[39] La mecánica estadística surgió apenas a fines del siglo XIX, y el modelado multiagentes apareció bien entrado el siglo XX. Hasta entonces, los modelos paradigmáticos eran de ecuaciones diferenciales no lineales, que permitían comprender trayectorias de sistemas de hasta dos partes interdependientes. Entraremos en detalle sobre estos puntos en el próximo capítulo.

[40] De dos clases.

[41] En realidad, la teoría habla directamente de la burguesía y el proletariado, pero hacer una reconstrucción de la misma partiendo de los individuos es importante para nuestro análisis posterior.

[42] En teoría de grafos, un grafo bipartito es aquel en que los nodos pueden separarse en dos grupos, de manera que ningún nodo se conecta con otro del mismo grupo, es decir, que todas las conexiones existentes son entre nodos de distintos grupos. El sistema en cuestión es más simple aún: es un bosque (un conjunto de árboles, estructura presentada el capítulo 2), y cada uno de los árboles es una estrella, es decir, que se compone sólamente de raíz y hojas, no tiene ramas largas.

[43] Formalmente, se trata de un homomorfismo cuyas clases de equivalencia son la burguesía y el proletariado.

[44] Hay una leve complejidad sobre este punto, que presentaremos más adelante en el capítulo (y que requiere la introducción de la teoría del valor trabajo para ser superada).

[45] En términos sistémicos, la equivalencia estructural entre cada relación individual de trabajo y la relación de trabajo entre las clases tiene un límite cuando se describe su dinámica concreta. Esto es porque mientras que las relaciones individuales se describen como un sistema abierto (porque los precios aluden a un entorno de mercado, que se encuentra “por fuera” de las relaciones individuales), la relación entre burguesía y proletariado forma un sistema cerrado (porque incluye a toda la economía).

[46] Ver, por ejemplo, Trabajo Asalariado y Capital, de Marx y Engels.

[47] Como lo hemos mencionado, estas relaciones se ocultarían al “superponer” a todos los individuos de una misma clase.

[48] Analizaremos la postura marxista sobre la competencia capitalista en mayor detalle cuando estudiemos la nueva teoría sobre el capital.

[49] Por ejemplo, en el manifiesto comunista, se afirma que la competencia capitalista subsume a todas las profesiones, “toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo caen en las filas del proletariado”. Existiría cierta complejidad, pero a la larga será es insignificante porque las interacciones de tipo 1 tienden a homogeneizar el sistema.

[50] Los fenómenos emergentes son los fenómenos macroscópicos y complejos causados por interacción local de partes más simples. Predecirlos formalmente requiere modelar todas las interacciones complejas de las partes simples, lo cual era imposible antes de que existiera la computación. Para considerar estas cuestiones, el concepto de Irreducibilidad Computacional presentado por Stephen Wolfram es interesante.

[51] La ontología de un modelo es el conjunto de cosas que hay en el modelo. En el materialismo dialéctico, la ontología incluye a las clases sociales y la relación entre las mismas pero no a los individuos ni las relaciones interpersonales, ni a las empresas como entidades heterogéneas.

[52] “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos.” Tomado del manifiesto comunista.

[53] “En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.” Tomado del manifiesto comunista.

[54] “La época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase.  Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado”. Tomado del manifiesto comunista.

[55] Una solución que podría encontrarse es definir el valor-trabajo como el trabajo que le tomaría hacer cierto producto desde alguna instancia patrón, como se construyen los ajustes por inflación al analizar la economía de mercado. De esta manera, podría preguntarse “¿Cuántas horas de trabajo le habría tomado producir este objeto a la clase obrera de 1980?”. Esta alternativa permite volver a hablar de eficiencia pero es inútil por su complejidad. ¿Cuánto le habría tomado a dicha clase obrera producir un Iphone?

[56] Un modo ilustrativo de comprenderlo es el siguiente: si uno no se encontrara en dicha situación, existiría alguna actividad sobre la cual, a nivel local, el uso del tiempo genera más dinero que sobre otra. Entonces, uno podría haber generado más dinero si hubiera usado una hora más de tiempo en la primera actividad y una menos en la segunda.

[57] La robustez de los sistemas económicos fue definida en el capítulo 2.

[58] Hay diversos modos de persuadir que pueden ser internos a los sistemas económicos, como los sistemas de incentivos, que contribuyen a la robustez de los sistemas.

[59] Principio epistemológico que afirma que la simplicidad es un valor en las teorías, y que por lo tanto, en igualdad de condiciones, debería escogerse la explicación más simple.

[60] El mercado tiene una respuesta intrínseca a este mecanismo, ofrecido por los incentivos diferenciales para los diferentes puestos de trabajo.

[61] Ver Responsabilidad Sistémica en Cordura 2100.

[62] Forma parte de las “valoraciones extrínsecas” de las propiedades de los sistemas económicos que tratamos en la parte 1.

[63] Ver “La pregunta que arde” en Cordura 2100.

[64] Originalmente propuestas por Warren Weaver en “Science and Complexity”.

[65] Pese a que el liberalismo de Adam Smith es previo al materialismo dialéctico, el modelo formal del liberalismo es posterior. Este último se desarrolló por la escuela neoclásica a principios del siglo XX.

[66] Técnicamente, se asume que incluso si el comportamiento de las partes fuera interdependiente, los sistemas son tan “desorganizados” que se puede modelar el movimiento de cada una de manera independiente. A continuación veremos de qué se trata esta propuesta.

[67] Marx también se entusiasmó con el cálculo diferencial. Parte de sus reflexiones al respecto están publicadas bajo el título de Manuscritos Matemáticos.

[68] Técnicamente, de más de dos partes de comportamiento no lineal interdependiente.

[69] También es necesario conocer la masa de los cuerpos, pero podemos asumir que esta permanece constante.

[70] Sólo existen métodos analíticos para integrar sistemas de hasta dos ecuaciones diferenciales no lineales. Por ejemplo, como la aceleración se obtiene a partir de una ecuación no lineal, sólo se puede predecir la trayectoria de hasta dos cuerpos en el espacio. Es por esto que el célebre “problema de los tres cuerpos” es analíticamente irresoluble. El sistema solar tiene más de tres cuerpos. Para modelarlo con el sistema de Newton, hay que asumir que no existe gravedad alguna entre los planetas, y que estos sólo son atraídos por el sol. Este tipo de idealizaciones puede generar errores insignificantes como puede generar errores predictivos graves. Del mismo modo, el modelo marxista generó errores predictivos insignificantes en su momento, que hoy son graves.

[71] Si la relación entre el modelado en Newton y Marx se expone en un aula, es recomendable anotar las siguientes variables sigilosamente, una al lado de la otra: la masa m del cuerpo, su aceleración a, el cuadrado de la distancia r con el cuerpo atractor, y la posición x. Hecho esto, se sugiere presentar la relación con el materialismo dialéctico a medida que se subraya la palabra formada “marx”.

[72] Como lo hemos mencionado, esto refiere al modelo económico usado por el liberalismo, es decir, al modelo neoclásico. Recordemos que la escuela austríaca (consciente de la complejidad de la economía, y previa a la informática) se oponía al uso del modelo neoclásico por considerarlo insuficiente.

[73] En inglés, el modelo se llama “Game of Life” de John Conway. No es posible incluir el modelo en las páginas de este libro, pero recomendamos fuertemente detenerse un rato a observar cómo funciona.

[74] Los modelos que no son desde abajo (o bottom-up) son llamados modelos desde arriba (o top-down).

[75] Como el mercado es robusto ante la variabilidad de sus partes simples, no siempre requiere autoritarismos. Sin embargo, no es robusto ante fenómenos generalizados, que sí los requieren. El sistema soviético es centralizado y desde arriba, mucho menos robusto ante la variabilidad de sus partes simples, y, por lo tanto, indisociable del autoritarismo en grandes escalas.

[76] Marx mismo lo mencionó: “Los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en la sociedad feudal”.

[77] Y eventualmente el Estado, tema que trataremos en el capítulo 10.

[78] Explicaremos este concepto más adelante, central para los desarrollos que expondremos en la parte III.

[79] Hemos tratado estos puntos en el capítulo anterior.

[80] En “La evolución de la Cooperación”, Robert Axelrod observa que se tiende a colaborar cuantas más probabilidades hay de reencontrarse, lo cual sucede más en comunidades pequeñas. Tendemos a “portarnos mejor” cuando nos sentimos observados, y somos más reconocidos en comunidades pequeñas. Por último, los seres humanos tendemos a ser conscientes de la estructura social y a ser empáticos con todas las personas para grupos de no más de 250 personas.

[81] Las redes sociales digitales permitieron observar muy bien el fenómeno de la influencia entre individuos, lo cual permitió identificar una serie de patrones de transmisión de discurso. Trataremos este asunto de manera más extensa en Mucho Texto: Cómo la Informática redefine la batalla cultural.

[82] Hemos observado que es frecuente que el modelo liberal deposite en las intenciones humanas la explicación de fenómenos estructurales. Como el modelo no puede ver estructuras, y para el modelo de competencia perfecta las personas son perfectamente libres y racionales, todo fenómeno macroscópico se explica desde las intenciones humanas. Un ejemplo extremo de este tipo de razonamientos es el de acusar a los pobres de no querer trabajar.

[83] Ejemplo tomado del libro “Foundations of Economics” de Yanis Varoufakis.

[84] Ver “Paz en la Granja” y “El Magnate Liberal” en Cordura 2100.

[85] Recordar la distinción expuesta en la parte I.

[86] La distinción sesgada entre economía de mercado y economía planificada, como si los sistemas económicos no se trataran siempre de procedimientos, también fue adoptada por la tradición marxista, que acusó al mercado de anarquía de la producción. El mercado es un procedimiento con un funcionamiento propio, al igual que cualquier otro. Si “anarquía” es falta de ley o de orden, el mercado no es anárquico. No requerir control central es algo valorable, no una limitación. Si “anarquía” es descentralización, la anarquía de la producción es algo que el socialismo debería perseguir.

[87] Muchas veces, la existencia de monopolios se explica a partir de la actividad estatal. El modelo de competencia perfecta no considera que los monopolios podrían aparecer, pero también asume que el estado no participa significativamente de la economía. Como en la realidad el estado sí participa, explican el error predictivo a partir del supuesto que no se da: la ausencia de intervención estatal.

[88] Es decir, inmediatas e indivisibles.

[89] Pueden interactuar con el resto del mercado para adquirir los insumos, vender lo producido y comprar otros bienes, pero en su interior se organizan mediante algún proceso distinto del mercado. En ese sentido, las empresas “flotan” en el mercado.

[90] Cada una de ellas puede desglosarse más aún para establecer un análisis más fino.

[91] Recordemos que nuestra definición de freelancer es funcional y no jurídica. En la práctica, existen muy pocos freelancers a nivel funcional, porque la mayoría de las personas están adheridas a estructuras productivas estables.

[92] En casos excepcionales, si la tecnología de organización es muy eficiente o el mercado es muy pequeño, la productividad per cápita crece hasta ocupar todo el mercado, y por lo tanto, los efectos de red funcionan hasta

[93] La imagen de base fue graficada con GeoGebra, software de código abierto de visualización de funciones matemáticas.

[94] En el capítulo sobre la cooperación de El Capital, Marx observa el valor de la colaboración humana en la función social del capital. Menciona que “el fruto del trabajo combinado no podría alcanzarse por el trabajo individual”, y que dicho hecho es clave para comprender la naturaleza de la explotación. El presente análisis se centra en las dinámicas surgidas a partir de la cooperación, considerando un hecho central: que esta cobra diversas formas en distintas organizaciones. Como lo veremos en los próximos capítulos, esto permite enriquecer el análisis marxista y afinar algunas de sus conclusiones.

[95] Es decir, un modo perfecto de conseguir y alocar recursos, así como de decidir qué producir con ellos.

[96] Las plataformas de conectividad son las plataformas cuyo valor es la conectividad. Además de las redes sociales digitales, la categoría incluye a las plataformas intermediarias o de compra y venta, como Paypal, Über, MercadoLibre, Rappi, etc. Estas empresas generan efectos de red y, por lo tanto, tienden a ser monopólicas respecto de los servicios que cubren.

[97] Recordemos que esto refiere a las plataformas de compraventa, como Ebay o MercadoLibre, servicios de reparto como Rappi o PedidosYa, redes sociales digitales como Facebook, etc.

[98] Observemos que hoy en día muchas empresas, especialmente del sector digital, bonifican a sus empleados por recomendar nuevos perfiles para trabajar en la misma empresa. Este fenómeno es análogo al bono por invitar nuevos participantes a una red social (paypal, por ejemplo, ofrecía dinero a quienes invitaran nuevos clientes a la plataforma). Dicha bonificación es un ejemplo de cómo el capital funciona como una red social.

[99] O, en casos extremos, la nueva tecnología puede generar un perjuicio para la sociedad. Ver “Derechos a Condición de Red” en Mucho Texto.

[100] Que tenga la potestad de tomar la decisión no implica que la tome efectivamente. Por ejemplo, los accionistas de una empresa sólo llevan a cabo los procesos de contratación si la empresa es pequeña.

[101] Recordemos que un sistema se encuentra en un equilibrio de Nash si en caso de que todo el resto de las personas preservan su accionar, a ninguna persona le conviene modificar el propio. En otras palabras, un sistema se encuentra en un equilibrio de Nash cuando para que a cualquiera le convenga cambiar su accionar hace falta que algún otro cambie su accionar primero.

[102] A continuación, estaremos hablando de situaciones en que a una empresa le conviene pagar un valor mínimamente mayor a otro (o mínimamente menor). Por simplicidad, omitiremos la aclaración y mencionaremos directamente el valor en cuestión.

[103] Como ejercicio, recomendamos calcular a qué valor descendería.

[104] La ortodoxia marxista hablaba de una “aristocracia obrera” de trabajadores calificados, “sobornados” por la clase burguesa, receptores de “migajas”, capaces de “corromper su conciencia” (Diccionario de Economía Política de Borísov, Zhamin, Makarova y otros). Desde el modelo biclase, estos traicionan a sus propios intereses. Como lo hemos visto en capítulos anteriores, en la explicación se sobredimensiona la importancia de la intención humana: el error predictivo del modelo se entiende como un error en aquello modelado, el ser humano.

[105] Una respuesta que podría dar el marxismo es que para apropiarse de dicha empresa haría falta dinero suficiente para pagar todos los salarios el próximo mes. Tal observación ataca el síntoma, no el problema: faltaría responder por qué no cualquiera puede tomar un préstamo y hacerlo, o directamente poner una empresa nueva. Si no se considera la dinámica aquí descrita, las explicaciones tenderán a ser psicológicas y ad hoc en lugar de sistémicas. ¿Por qué el banco no me daría un crédito? ¿Por qué no lo tomaría yo?

[106] En los próximos capítulos volveremos a tratar el problema de las externalidades positivas y los incentivos, a fin de mostrar soluciones al dilema aquí planteado.

[107] Usamos “red” como sinónimo de “organización”, por la importancia de los efectos de red en esta dinámica.

[108] Si el resto de la red obedece al líder, a nadie le conviene desobedecerlo, so riesgo de expulsión.

[109] Con la desarticulación de las centrales obreras, y la consecuente disminución del margen de usufructo de los sindicatos, estos se volvieron más combativos, en un proceso que desembocó en el Cordobazo y otros levantamientos obreros.

[110] Observemos que, en este caso, la toma de los medios de producción por parte de los empleados de la empresa no requiere un enfrentamiento con la policía ni con el Estado burgués, sólo un reordenamiento de la producción perfectamente legal. Por lo tanto, la toma del capital no está supeditada a la toma del estado mediante una revolución armada.

[111] Marx afirma, en El Capital, que “la lucha de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías”.

[112] La tradición marxista usa dos términos distintos, “centralización” y “concentración”, el primero para referirse a que la propiedad del capital tiende a distribuirse cada vez en menos manos, y el segundo para referirse a la tendencia del capital a acumularse (es decir, a reproducirse). Desde nuestro modelo, utilizaremos ambos conceptos de manera indistinta.

[113] En El Capital, Marx no explica la tendencia del capital a centralizarse. Afirma que no puede exponer allí “las leyes que rigen [la] centralización [...]”, pero que “la competencia y el crédito [son] sus dos palancas más poderosas”. La competencia referida por Marx es la competencia por las ventas, y en particular, el “abaratamiento de las mercancías”.

[114] Cifra tomada de “The Long Tail”, de Chris Anderson, que hace un análisis sobre la importancia de la distribución de cola larga en el marketing del siglo XXI.

[115] Observemos que el capital está mucho más concentrado hoy que en los años 70.

[116] La competencia basada en compras explica la centralización del capital en tanto que trata sobre la compra de fuerza de trabajo, y esto sucede por la dinámica de los efectos de red. La propiedad sobre otros factores de producción explica la acumulación del capital, pero no su tendencia a la centralización. Por ejemplo, la tierra genera renta, como lo observó David Ricardo. Incluso si el rendimiento del metro cuadrado de tierra fuera mayor cuanta más tierra se posea, el sistema no puede coercionar a que la gente venda su tierra (salvo en casos excepcionales o asociados a mecanismos opacos de control). Las personas, a diferencia de la tierra, pueden decidir para quién trabajar, y esto genera la dinámica que lleva al capital a concentrarse naturalmente.

[117] Para Marx, el salario tendía a equivaler a la producción de subsistencia. Como él consideraba que la alternativa a la producción fabril subordinada al régimen capitalista era la producción en soledad, consideraba que “el capitalista paga el valor de 100 fuerzas de trabajo independientes, pero no la fuerza de trabajo combinada de 100 obreros” (El Capital, Vol I, cap XI: Cooperación). Al considerar la competencia por las ventas como principal interacción entre capitalistas, en lugar de la competencia por los trabajadores, la tendencia salarial apuntaría constantemente hacia valores de subsistencia.

[118] Observemos que sin considerar el corrimiento a la izquierda del punto óptimo en la curva de productividad per cápita es más difícil interpretar por qué la nueva disponibilidad de dólares líquidos debida al surgimiento de la OPEP generó un auge del capitalismo financiero. Sin dicho corrimiento, podrían haberse esperado mayores beneficios si se invertía en empresas mayores, lo cual habría habría constituido posiciones importantes de poder en el mercado y habría requerido menores costos de atención en el movimiento de capitales.

[119] O, en su defecto, para algún número de esclavos la relación entre la probabilidad de morir en la sublevación y el beneficio de adquirir la libertad será lo suficientemente grande para favorecer la sublevación.

[120] Como lo hemos observado en el capítulo 4, es más predictivo observar las redes de incentivos individuales en lugar de los “intereses colectivos”, y es más predictivo observar el poder adquisitivo real obtenido en lugar de la “explotación” (como relación proporcional de la ganancia que obtiene cada parte).

[121] Es decir, en la dinámica de competencia de redes por adquirir nuevos integrantes.

[122] Cabe aclarar que las redes industrializadas de Gran Bretaña también se vieron amenazadas por el crecimiento de la industria en Paraguay, dado que esta disputaría su liderazgo comercial en la región. Fue por ese motivo que Gran Bretaña impulsó y coordinó la actividad de la llamada triple alianza.

[123] Aunado al hecho de que, como lo hemos mencionado, el sistema de organización soviético es de baja robustez y por lo tanto requiere de mecanismos opacos de control. A partir de los conceptos aquí expresados, podemos observar que los mecanismos opacos de control funcionan como membranas protectoras en relación a otras redes (tanto redes existentes como redes que potencialmente podrían surgir).

[124] Hemos presentado estos conceptos en el capítulo 2.

[125] Esto es un problema clásico en la antigüedad, el problema de las comunicaciones como límite a la capacidad de preservar el poder mediante la utilidad de la coerción (por limitar los efectos de red sobre la misma),

[126] Como lo predijo la sabiduría popular, el verdadero tesoro son los amigos que nos hicimos en el camino.

[127] Es preciso observar que actualmente (2022) la distribución de Bitcoin entre las carteras digitales es incluso más desigual que la distribución de dinero.

[128] Ni siquiera hace falta que la adopte todo el mundo de una vez. Con que la adopte más de la mitad de las personas es suficiente, de manera que una vez acontecido ese hito sea más conveniente para el resto pasar a creer en la nueva moneda.

[129] Ese es el ethos comunicado en los Best-Sellers provenientes de esos pagos, como “The exponential organization”, “New Rules For the New Economy” o “From Zero to One”.

[130] Esto no quita que pueda seguir utilizando alguna forma de dinero interna para facilitar la distribución de bienes y servicios en su interior, pero sí la desaparición de una moneda común.

[131] Recordemos que la curva de productividad per cápita depende del tamaño del mercado, porque es allí que la producción adquiere su valor real. Por lo tanto, la dinámica es un poco más compleja que la de los servicios de correo electrónico. No es suficiente ocupar más de la mitad de los integrantes, es necesario que la producción resultante del abandono del mercado permita alcanzar mayores niveles de productividad per cápita de manera autárquica.

[132] Ver “Calor en el Subte” en Cordura 2100.

[133] Podemos pensar la tendencia al colapso de redes de diversos tamaños en analogía con los modelos de avalanchas sobre montoncitos de arena (sandiple models): la forma de la red funciona como la pendiente del montón, porque determina cómo escala la robustez de la red. De la misma manera que con las pilas de arena, los colapsos pueden ser más grandes o más pequeños. A medida que el sistema evoluciona, la forma de las redes se modifica y permite alcanzar tamaños máximos mayores.

[134] Considerando que existen asimetrías de información y de negociación entre las personas y los dueños de las empresas, el punto de quiebre puede ser muy anterior a que una empresa ocupe a la mitad de las personas.

[135] En el próximo capítulo estudiaremos en mayor profundidad de qué manera los horarios laborales son una membrana protectora, cuando observemos los efectos generales de los modelos de adopción gradual.

[136] Esta tendencia no es ajena a los centros de poder del sistema. Un célebre ejemplo es el artículo de 2016 escrito por Ida Auken para el World Economic Forum llamado “Welcome to 2030: I own nothing, have no privacy and life has never been better” que trata sobre esta tendencia.

[137] Ver “Paz en la granja” en Cordura 2100.

[138] Como ejemplo, en el documental “El Dilema de las Redes Sociales” se tratan muchos problemas éticos en torno a las mismas, entre ellos el incentivo para las plataformas de generar adicciones en sus usuarios. Varias de las personas entrevistadas para el documental fueron empleadas por plataformas del oligopolio informático que reconocían su poder extraordinario. Muchos de ellos no discutían si estaba bien que ese poder existiera, sino cómo usarlo de manera responsable. Ese tipo de razonamientos es similar a los del despotismo ilustrado (todo para el pueblo pero sin el pueblo).

[139] Como lo hemos visto en el capítulo 6, el modelado multiagentes surge a partir de la computación.

[140] Los individuos también son agentes de la historia. Sin embargo, su actividad difícilmente es comprendida sin considerar su posición estructural en el sistema. Por su cantidad, es difícil tener en cuenta a todos los individuos, salvo que se omitan aspectos estructurales (como lo ha hecho el neoclasicismo). Además, una vez considerada la estructura social, las redes se presentan como unidad de análisis satisfactoria, como lo hemos mostrado en los capítulos anteriores.

[141] Este fenómeno también será tratado con mayor detenimiento en “Mucho Texto: Cómo la informática redefine el activismo”.

[142] Mucho Texto: cómo la informática redefine el activismo

[143] Ver “Responsabilidad Sistémica” en Cordura 2100.

[144] Ver “Soluciones desde abajo” en Cordura 2100.

[145] En un sentido sistémico: si se da un fenómeno, la dinámica general del sistema lleva a que se de el otro.

[146] Para el argumento de esta sección, por simplicidad, tomaremos al capital como dinero. Hoy en día, en las ontologías más difundidas, el capital se asocia al dinero. En un contexto de mercado, la capacidad de organizar la producción puede adquirirse mediante el dinero (al menos, hasta que una empresa genere un efecto de red tan grande que desarticule la importancia del mercado, en favor de alguna otra dinámica de generación y adquisición de poder y valor). Sin embargo, no debemos perder de vista el análisis expuesto en los capítulos anteriores.

[147] Los impuestos no tenderían a ser nulos, sino a ser lo suficientemente bajos como para garantizar un Estado liberal. El cobro de impuestos se destinaría a cubrir externalidades positivas para las empresas, como la construcción de carreteras o el mantenimiento de las fuerzas de seguridad.

[148] Asumiendo contextos de mercado, en que la organización de la producción se centra en gran medida en el dinero. El Estado podría volverse soviético, lo que traería otros tipos de problemas (incluido el de los bloqueos, mencionado anteriormente).

[149] Esto es un agregado para este ejemplo. Ya no estamos considerando el valor de la conectividad per se, sino valorando de manera diferencial ciertos vínculos.

[150] La adopción gradual depende de que un gran número de usuarios dirija la atención sobre el mismo fenómeno. Como lo hemos mencionado, la atención es un recurso escaso, y por lo tanto, es difícil que varias personas presten atención a una misma problemática. La relación entre atención y política será tratada con mayor detenimiento en Mucho Texto.

[151] En Mucho Texto estableceremos una exposición más rigurosa del funcionamiento de los incentivos materiales y no materiales.

[152] Otra consideración importante es la extrema desigualdad en el sistema de mercado: dado un sistema alternativo, a los estratos más bajos del mercado les convendrá asociarse a él. Por efectos de red, esto aumentará la productividad del sistema alternativo y disminuirá relativamente la de otras empresas. Dicha dinámica generará otro ciclo de retroalimentación.

[153] Esta dificultad se añade a los problemas de implementar un sistema económico desde arriba.

[154] Con la dificultad extra de que los experimentos revolucionarios del siglo XX han sido sistemáticamente autoritarios.

[155] Las personas no suelen preservar el compromiso militante mucho tiempo. El compromiso revolucionario, además, suele ser lentamente mitigado por la influencia de los grandes medios de comunicación.

[156] De otro modo, requerirá autoritarismo para preservarse. Es muy difícil organizar desde arriba la actividad económica directamente de manera exitosa, porque es muy difícil controlar un sistema complejo desde arriba.

[157] La cita original de Neruda, asociada a la ontología macroscópica del materialismo dialéctico, es inversa: “Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera”. Comunica que pese a la muerte de mártires individuales, la gran causa socialista continúa. Desde la perspectiva del networkista, el socialismo se construye paulatinamente, y es más irrefrenable cuanto menos abstracto.

[158] Los países que tenían dictaduras del proletariado se llamaban a sí mismos comunistas, sugiriendo que buscaban llegar a ese estado sin Estado. Era una manifestación de intención, no una afirmación de haberlo logrado.

[a]Aclarar que desde esta sección vamos a hablar de "capitalismo" por simplicidad

[b]aclarar que los salarios pueden bajar aún más todavía

[c]cambiar "coercion" por "Fuerza"

[d]supuesto de atención e información perfecta es análogo al de "trabajo social organizado". Patea el problema bajo la alfombra

[e]Ideología e interpretaciones personales. Dibujos hechos para la clase 2 de RevApp

[f]Intenciones humanas

[g]ver responsabilidad

[h]- Tejer redes

- Penalizar freeriders

- Diseñar un sistema en que los incentivos individuales estén alineados a los globales

[i]Por cómo funcionan las revoluciones, empieza ya mismo

[j]Mechanism Design